• leer,  mirar,  otra vida

    somos bruma y olvido

    A veces queremos creer con todas nuestras fuerzas que no necesitamos a nadie en nuestras vidas, que el mundo real con sus tremendas miserias y sus pírricas victorias nos aburre. En el fondo, aunque intentemos darle un toque intelectual para justificarnos, nos creemos mejores que todo eso. No necesitamos ninguno de esos hitos que los supervivientes van tachando en calendarios marcados por otros. Nos engañamos, claro. Algo primitivo y mamífero de nuestro interior nos hace buscar con desesperación un lugar al que pertenecer, ese pequeño rincón donde encajar. Somos víctimas del eterno mito del alma gemela brillando como una luz imposible que se mece en medio de la tormenta. La…

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    un lugar donde nunca hay tregua

    Las casas de los drogadictos acaban siendo un retrato perfecto de la vida de sus moradores. Van acumulando basura, suciedad y miedos en habitaciones que cierran a sus espaldas y a las que nadie vuelve a entrar hasta que llega el desahucio, o la policía, o los pocos familiares que aún aguantan deciden que ya no pueden seguir con ese lastre abrazado a los rodillas. Los familiares, todos tranquilizan sus conciencias. Te hablan de los servicios sociales, de gente que de verdad puede ayudar en el territorio donde ellos han fracasado mil veces. No es así, nunca es así. Sólo buscan el olvido, acallar sus conciencias y empezar a conjugar…

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    aves que no saben volar

    Llevaba el traje de un hombre muerto para acudir a una ceremonia a la que no había sido invitado. No importa lo lejos que hayas llegado en la vida ni la velocidad a la que lo hayas hecho, cuando vuelves al lugar donde creciste vuelves a ser ese niño perdido en el mundo lleno de reglas de los adultos. Te dicen que debes arreglarte, que eres un desastre, que toda tu vida es el perfecto reflejo de ese desastre, que tus ropas no son las adecuadas… te dicen todo eso y ni tan siquiera rechistas: acabas vestido con el traje de un hombre muerto. Era de mi talla, pero no…

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    mujer, niña, playa

    Todos los días la misma niña, la misma mujer y una playa distinta, porque la playa cambia con cada ola, con cada pisada que dejamos tras nosotros. Nunca puedes volver a pisar la misma playa de la misma forma que no es posible regresar a los lugares donde creímos ser felices. Madre e hija, parecía el nexo lógico al verlas juntas, pero había algo que no acaba de encajar en esa composición. Quizás los gestos, o la forma de hablar de ella, llena de cariño pero sin ese toque familiar y, porqué no decirlo, de enorme cansancio que parecen arrastrar los progenitores tras todo un día al servicio de unas…

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    cazadores de tormentas (imaginarias)

    Es fácil reconocerlos, aparecen los fines de semana en las zonas de montaña vestidos con ropas de camuflaje y toneladas de equipos electrónicos a sus espaldas. Aunque la verdadera diferencia con el resto de excursionistas ocasionales es la forma en la que se apean de sus vehículos y olfatean el aire, entre nerviosos y confundidos, al tiempo que orientan las fosas nasales en todas las direcciones víctimas de un tropismo que no pueden evitar. Buscan averiguar la dirección del viento que perciben en constante movimiento. Analizan las nubes en formación sobre sus cabezas, los colores, las formas… todos esos pequeños detalles que pasan desapercibidos para los padres con niños que…