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    aves que no saben volar

    Llevaba el traje de un hombre muerto para acudir a una ceremonia a la que no había sido invitado. No importa lo lejos que hayas llegado en la vida ni la velocidad a la que lo hayas hecho, cuando vuelves al lugar donde creciste vuelves a ser ese niño perdido en el mundo lleno de reglas de los adultos. Te dicen que debes arreglarte, que eres un desastre, que toda tu vida es el perfecto reflejo de ese desastre, que tus ropas no son las adecuadas… te dicen todo eso y ni tan siquiera rechistas: acabas vestido con el traje de un hombre muerto. Era de mi talla, pero no…

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    mujer, niña, playa

    Todos los días la misma niña, la misma mujer y una playa distinta, porque la playa cambia con cada ola, con cada pisada que dejamos tras nosotros. Nunca puedes volver a pisar la misma playa de la misma forma que no es posible regresar a los lugares donde creímos ser felices. Madre e hija, parecía el nexo lógico al verlas juntas, pero había algo que no acaba de encajar en esa composición. Quizás los gestos, o la forma de hablar de ella, llena de cariño pero sin ese toque familiar y, porqué no decirlo, de enorme cansancio que parecen arrastrar los progenitores tras todo un día al servicio de unas…

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    cazadores de tormentas (imaginarias)

    Es fácil reconocerlos, aparecen los fines de semana en las zonas de montaña vestidos con ropas de camuflaje y toneladas de equipos electrónicos a sus espaldas. Aunque la verdadera diferencia con el resto de excursionistas ocasionales es la forma en la que se apean de sus vehículos y olfatean el aire, entre nerviosos y confundidos, al tiempo que orientan las fosas nasales en todas las direcciones víctimas de un tropismo que no pueden evitar. Buscan averiguar la dirección del viento que perciben en constante movimiento. Analizan las nubes en formación sobre sus cabezas, los colores, las formas… todos esos pequeños detalles que pasan desapercibidos para los padres con niños que…

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    cartas marcadas

    Mi jefe tiene una amante y, aunque hace todo lo posible por ocultarlo, todos en la oficina lo sabemos y nos alegramos mucho por él. En especial nos alegramos los miércoles, cuando desaparece a media mañana y no vuelve hasta bien entrada la tarde. Y es tanta nuestra alegría que nada más ver desaparecer su coche del aparcamiento, nos lanzamos como un único ente sobre las puertas del edificio para invadir como una plaga bíblica el bar de la esquina. Allí acumulamos cadáveres de cervezas, platos de raciones y montañas de conversaciones sin sentido. El momento del reencuentro en la oficina es algo mágico: nuestro jefe felizmente follado y nosotros…

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    Atenea

    La diosa Atenea asoma la cabeza entre los arbustos al escuchar un ruido. Lleva toda la noche huyendo de la jauría y por primera vez en toda su existencia empieza a sentir algo que, a falta de una palabra mejor y que ella desconoce, bien podría ser el miedo que tantas veces ha visto atrapar a los mortales. Un Dios es tan fuerte como numerosos sean las personas que han decidido creer en Él. En lejanos lugares borrados de los mapas los dioses son un pequeño montón de piedras erigidas por alguien agradecido: un viajero que logró regresar a salvo junto al fuego del hogar, un embarazo complicado que llegó…

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    un cielo color cemento

    La limusina que espera en la puerta hace un extraño contraste con la basura acumulada en las aceras. Al fondo, en el callejón, dos gatos enamorados se retan en la distancia y ella, la chica más bonita de la ciudad, sigue esperando dentro de la casa vestida con un traje de novia prestado. Los vecinos se asoman nerviosos a las ventanas, miran a un lado y al contrario y conjuran nubes de tormenta sobre un cielo color cemento. Alguien enciende una radio llena de canciones tristes y sin ningún motivo las respiraciones comienzan a acompasarse al ritmo de la melodía. Todo tiene el aspecto deslucido de una mala metáfora sobre…

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    diecinueve mil palabras (y setenta fotografías)

    [primera parte] Meter la pata y dejarla ahí. Así, como filosofía de vida. Por eso, supongo, he organizado esta fiesta. Esta puta mierda de fiesta en la que, efectivamente, todos son lo que parecen. Menos mal que estás aquí. A tu manera pero, aquí estás, en una esquina del salón, agarrando fuerte una copa, casi como si fuese un salvavidas. Sé que no querías venir. A decir verdad, hace tiempo que no quieres ir a ningún sitio, ni tienes ganas de nada. Hace tiempo. Y ahora…. Ahora ya no. Ahora es tarde para casi todo. Casi todo. Y no sé porqué me pareció que esta podía ser una buena manera…

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    batíscafo Trieste

    Este año sería diferente, me lo había prometido y lo hice en serio, palabra de scout. Sólo quería divertirme y olvidarme un poco de todo, y cuando digo todo, es todo, incluso de quién soy. Una ingenuidad condenada al fracaso, ahora lo sé: no es posible hacerle un regate a la figura que aparece al otro lado del espejo. Y en esas estoy, poniendo todo mi empeño en no empezar sobria el nuevo año. El problema, siempre hay problema, es que es una de esas horribles fiestas donde no conoces a nadie y recurres al viejo mecanismo de sentirte especial. Más inteligente, menos adocenada que ese grupúsculo de seres grises…

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    un trato justo

    ¿Lo ves?, cada vez que los barbas dan un golpe de estado el pueblo se queda sin papel higiénico. Es una regla de la naturaleza inexorable. Estamos en la terraza del bar mirando la cola inmóvil establecida a las puertas del economato. La gente sostiene sus tarjetas de racionamiento e intercambian cupones como cartas en un casino aunque ninguno parece llevar la mano ganadora. Mi amigo ha puesto todo su empeño en no llegar sobrio al final del da y como siempre que bebe demasiado vuelca su frustración contra los imposibles que nos rodean. Alternativas. A eso se reducía todo, nos habíamos quedado sin alternativas. Los tipos barbudos habían dado…