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    una línea de puntos

    En aquellos días todo estaba conectado, al menos así es como lo recuerdo. Cada acontecimiento que se cruzaba en mi camino, cada gesto recibido… todo formaba parte de algo mayor que el universo me permitía vislumbrar en breves fogonazos sin llegar a descubrir el plan completo. Quizás no era eso, quizás me creía más especial de lo que era y no era más que otro adulto asustado de no entender nada. Fue entonces cuando empecé a hacer fotografías. Eran una forma de ordenar todos los componentes de ese caos y trazar la cartografía de algo que aún no tenía nombre pero cuya existencia no me estaba permitido dudar. Acabábamos de…

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    diecinueve mil palabras (y setenta fotografías)

    [primera parte] Meter la pata y dejarla ahí. Así, como filosofía de vida. Por eso, supongo, he organizado esta fiesta. Esta puta mierda de fiesta en la que, efectivamente, todos son lo que parecen. Menos mal que estás aquí. A tu manera pero, aquí estás, en una esquina del salón, agarrando fuerte una copa, casi como si fuese un salvavidas. Sé que no querías venir. A decir verdad, hace tiempo que no quieres ir a ningún sitio, ni tienes ganas de nada. Hace tiempo. Y ahora…. Ahora ya no. Ahora es tarde para casi todo. Casi todo. Y no sé porqué me pareció que esta podía ser una buena manera…

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    batíscafo Trieste

    Este año sería diferente, me lo había prometido y lo hice en serio, palabra de scout. Sólo quería divertirme y olvidarme un poco de todo, y cuando digo todo, es todo, incluso de quién soy. Una ingenuidad condenada al fracaso, ahora lo sé: no es posible hacerle un regate a la figura que aparece al otro lado del espejo. Y en esas estoy, poniendo todo mi empeño en no empezar sobria el nuevo año. El problema, siempre hay problema, es que es una de esas horribles fiestas donde no conoces a nadie y recurres al viejo mecanismo de sentirte especial. Más inteligente, menos adocenada que ese grupúsculo de seres grises…

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    la escena del crimen

    Un dos tres cuatro ochenta y siete. Pulsaciones por minuto. Los aeropuertos me ponen tensa. Los pasajeros con destino Berlín embarquen por la puerta 21. Berlín o la promesa de lo que nunca será. Ha soplado una brisa de aire helado cuando la chica ha pronunciado Berlín por megafonía. Diez años. Berlín y dieciséis promesas rotas. Berlín y ochenta y siete pulsaciones por minuto. Pide champán, te dije, y que sea del caro que va a ser la última vez. Diez años. Dos botellas de clicquot y mucha propensión a empapar en alcohol momentos inefables. Diez. He notado como se metía en mis huesos. El frío. Y ese chico. Ese…

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    la cuenta de los días

    En los tiempos del dictador era imposible saber cuántos días duraría el año. Cuando mi abuela arrojaba alguna de esas frases en medio de las reuniones familiares todos en la habitación componían sus mejores gestos de disgusto y, de forma apenas perceptible, empezaban a caminar hacia atrás hasta que alcanzaban la puerta y me dejaban a solas con esas historias en las que era imposible saber dónde se encontraba la separación entre lo real y lo imaginario. Las ocupaciones principales del dictador, enumeraba mi abuela, eran la caza, asistir a misa y firmar órdenes de ejecución contra los innumerables enemigos de la patria. Enemigos reales al principio, una vez acabada…