• historia, memoria,  leer,  mirar

    el champán de los viejos tiempos

    El país se enfrentaba a su mayor crisis del último siglo. Las empresas cerraban al ritmo marcado por inversores devenidos en adivinos, las deudas sólo valían el papel en el que se habían impreso y nadie se fiaba de los balances presentados en bonitas carpetas de alegres colores. Era el caos, la voladura sistemática de un sistema nacido para ser eterno. Así lo creían, eterno, de verdad lo hacían. Pobres necios. En la bolsa, cada mañana un puñado de ejecutivos trajeados rechinaban sus dientes. Miraban aterrorizados las gráficas en caída libre y no dejaban de discurrir estrategias y planes para reanimar aquel cachalote varado en la playa y herido de…

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    territorio hostil

    Las ciudades, convertidas en territorios hostiles, no invitan al juego ni a ningún tipo de esparcimiento que no vaya asociado al gasto monetario. Las aceras, cada vez más estrechas, arrinconan a los peatones convertidos en simples espectadores de escaparates o futuros clientes de comercios que prometen satisfacer todo tipo de necesidades. No queda espacio para mucho más, se trata del territorio de los adultos y de su dinero. Sin embargo, cuando los niños entran en ese espacio logran llenarlo con sus juegos. Por un momento consiguen que los adultos cedan y abran la corriente de sus recorridos para dejarles un espacio libre en el que poder seguir siendo niños. Las…

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    una línea de puntos

    En aquellos días todo estaba conectado, al menos así es como lo recuerdo. Cada acontecimiento que se cruzaba en mi camino, cada gesto recibido… todo formaba parte de algo mayor que el universo me permitía vislumbrar en breves fogonazos sin llegar a descubrir el plan completo. Quizás no era eso, quizás me creía más especial de lo que era y no era más que otro adulto asustado de no entender nada. Fue entonces cuando empecé a hacer fotografías. Eran una forma de ordenar todos los componentes de ese caos y trazar la cartografía de algo que aún no tenía nombre pero cuya existencia no me estaba permitido dudar. Acabábamos de…

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    la caída de Roma

    Lo dijeron las vísceras abiertas de los corderos y lo confirmó la ruta trazada por las estrellas sobre la bóveda celeste: cuando los cuervos abandonen el Coliseo, caerá Roma y cuando caiga Roma, caerá el mundo. Qué hay que ser idiota, me dice, para no acertar a distinguir un cuervo de una gaviota. No parece ofendida, se atusa las plumas con indiferencia y continúa con su desahogo. Los cuervos son unos presumidos que no saben nada del trabajo duro. Somos nosotras, las gaviotas, las que vigilamos este puñetero montón de piedras y hacemos que todo funcione. Pero, oye, si tu dices que son cuervos, ¿qué sabré yo de cómo hacer…

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    la chica del pelo lila

    Hace meses que no escribo. Quiero, pero no puedo. O quizá es que no quiero, yo qué sé. Pero, hilvano todo el tiempo historias en mi cabeza. Ayer, por ejemplo, estuve diez minutos en la cocina, contemplando el bodegón que formaban sobre la mesa la taza del café, el paquete de tabaco y el teléfono móvil. Disparo un flash mental y busco, sin querer,  un pie de foto. Esta mañana ha venido al despacho donde trabajo una chica con el pelo lila, ligeramente desteñido ya. Se ha sentado en la mesa que ocupa mi compañero y han estado un rato gestionando asuntos, supongo. No le he prestado más atención que…

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    highway 61

    Dios llegaba tarde, si tal adverbio puede aplicarse a un ser que vive ajeno por completo al tiempo y al espacio. Seamos pues sinceros, Dios había decidido llegar tarde porque le gusta hacer sufrir a los mortales. Esas creaciones tan llenas de miedos y dudas, tan frágiles y tan estúpidas. Cuando eres omnipotente acabas despreciando todo lo que has creado, es inevitable. Un día desaparece el orgullo y sólo deseas aplastarlos con el dedo, disfrutar viendo como corren aterrados en círculos mientras con ojos llorosos no dejan de preguntarse,  ¿qué hemos hecho mal, oh gran Señor?, ¿acaso te has ofendido por ese estúpido becerro de oro, por esa pequeña infidelidad?…

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    schiehallion

    He vuelto a ver al rey de la montaña, me esperaba, como todos los amaneceres, al salir de la tienda de campaña. Ha posado sobre mi sus pequeños y bovinos ojos cargados de odio y después se ha dado la vuelta rumiando el desprecio que siente hacia los estúpidos humanos que mancillamos su territorio. No deberíamos estar aquí, insistía mi amigo. Era el único de nosotros que había nacido en aquella zona y tenía el cerebro agujereado por todas las historias que contaban sus abuelas al calor de los fuegos. Cuentos sobre los espíritus de nobles guerreros reencarnados en aquellos carneros estúpidos que vagaban por las cumbres llenas de niebla……

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    las paredes en Glasgow

    Glasgow, como toda ciudad moderna y orgullosa de serlo, pone a disposición del viajero un buen número de callejones sórdidos y oscuros donde el turista despistado puede ser apuñalado con saña con el único fin de robarle su preciado equipo fotográfico. Vas caminando por la calle principal, Buchanan Street o alguna de nombre parecido, con sus japoneses, sus ruidos llenos de olores y sus escaparates de sueños imposibles y, casi sin remedio, no puedes evitar reparar en un estrecho callejón lleno de porquería, suciedad y turbias miradas que lo mismo acaban con tus huesos en la cama de algún hostal de mala muerte que en la de un hospital donde…

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    trenes a los que nunca subimos

    Todos nuestros sueños eran pequeños y manejables. Como si ya entonces nos diese miedo pedir demasiado a una vida que, incluso desde nuestra recién terminada adolescencia, era fácil sospechar que no sería gran cosa. Como casi todas las vidas, cierto, pero eso es algo que lleva mucho tiempo admitir. Toda una vida en concreto. Y esa vida se nos fue llenado de trenes a los que nunca subimos. Los vimos pasar desde el andén y les dijimos adiós con el pañuelo mientras no dejábamos de soñar en cómo habría sido estar en ellos. Vendrían otros trenes, nos decíamos para darnos ánimos, para no tener que pensar, para… Qué huecas y…