Sunday, 22 de June de 2008 por Beauséant

No recuerdo si alguna vez tuvimos un motivo claro para empezar a escribir… la fama, el dinero fácil, ser el blues que hiciese bailar a toda una generación perdida… A saber.
El caso es que ya va para dos años sin dejar de hacerlo, y hemos decidido empaquetarlos de alguna forma por aquello de ir cerrando puertas.
Ahí queda eso(↓) pero… antes de gastar un par de horas en leerlo, piensa que es más que probable que no sea cierta la posibilidad de una segunda vida.
Por motivos de presupuesto hemos tenido que reducir el gasto en los festejos y celebraciones, y sólo hemos dejado el pregón a cargo de Amaral, quien amablemente nos ha dedicado una canción en su último disco:
A la hora de cerrar los bares el artista del alambre habla de la gloria de su propia sombra.
Han pasado demasiados años desde los días dorados cuando fue portada de todos los diarios.
Capital del reino de mentiras llenas,
Todos eran buenos chicos ..Y ahora quien se acuerda…
Y ahora que todo ha acabado Que tu vida cae en picado
¿Quién te va a querer ahora? ¿Quién te va a querer ahora?
La ciudad debía ser Madrid, una de las pocas ciudades a donde todas las almas perdidas regresamos para sentirnos un poco como en casa. Yo estaba en el mismo bar de siempre y un poco más borracho que de costumbre, ella estaba casi al fondo, sentada sin esperar a nadie y con la mirada perdida en una incomoda cerveza, de esas que lucen una rodaja de limón en lo alto. Yo estaba con mi discurso de siempre, pero esta vez estaba más motivado que de costumbre y había adornado hasta lo inverosímil la misma historia que llevo siglos deshilachando, no se la voy a repetir porque ya la habrán leído ustedes en cualquier diario. Tenía a la escasa clientela en vilo de mis palabras, moviendo al unisono las cabezas en la dirección en que mis manos trazaban descripciones de mis hazañas y dibujaban lugares en los que, para que engañarnos, nunca he estado. Ellos viajaban conmigo, sufrían a mi lado y yo, por un pequeño instante, me sentía parte de algo mucho más grande.
Eva escuchaba al fondo con la sonrisa torcida, mucho más hermosa que cuando posa para las fotos y finge ser esa mujer fatal a la que el mundo no le viene grande, quizás por eso supo desde el primer momento que era un embustero, pero no dijo nada. Se limito a seguir sentada con la cerveza en la mano y a mirarme con esos ojos que lo decían todo.
Si todas esas palabras que me acompañan desde hace años fuesen ciertas. Si tan sólo pudiese por un instante ser el protagonista de mis mejores historias nunca te habría dejado marchar…
Ah, que esa canción no tiene nada que ver con nosotros..
Vaya, mira que me extrañaba…
Olviden pues la historia…