coleccionista de momentos

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El trípode se encontraba en un equilibrio precario sobre el terreno, aún húmedo y resbaladizo por las últimas lluvias. El hombre había intentando colocarlo varias veces afianzando con fuerza las patas a la tierra, pero en cuanto se alejaba un paso se vencía hacia un lado o el contrario amenazando con estrellar la cámara contra el suelo.

Creo que estaba a punto de rendirse cuando le ofrecí mi ayuda. Él no hablaba mi idioma ni yo el suyo, pero logramos encontrar una lengua koiné con la que poder establecer algo parecido a una comunicación que completamos con aspavientos y movimientos de cabeza y que era casi tan precaria como su trípode.

Me entregó una sonrisa y puso la cámara calibrada para la escena entre mis manos. Una cámara llena de megapíxeles y con una lente casi tan cara como la propia cámara. Cuando se lo dije, nice camera, sonrió con timidez y me explicó que ese artefacto que había puesto en mis manos era su posesión más preciada. Lo dijo con sencillez, como si fuese lo más normal del mundo dejar en manos de un desconocido algo que de alguna forma resumía toda su vida.

Lo había abandonado todo, fueron sus palabras exactas. Una vida encarrilada, llena de objetivos y con un mapa vital repleto de chinchetas clavadas en cada territorio conquistado. Eso que tantas veces vemos en las películas y que tan falso y manido nos resulta había resultado ser dolorosamente cierto: un día te despiertas y encuentras un hueco enorme donde creías que estaba el corazón. Y cuando eso pasa ya es imposible encontrar consuelo en nada, esa es la parte que nunca nos acaban de contar en las películas.

Él había resultado ser el primer sorprendido, me confesó. Uno nunca abandona las cosas que ha construido con tanto esfuerzo durante una vida. No importa que ya hayas dejado de creer en ellas, ¿verdad?.

Desde ese día lo tuvo claro, decidió dar un portazo a todo lo conocido y empezar a dar vueltas por un mundo que intuía inabarcable en busca de una señal que no acababa de llegar. Trabajaba la madera, me explicó con muchos gestos. Llegaba a un lugar nuevo, reunía el dinero suficiente construyendo, arreglando y creando cualquier cosa que se pudiese hacer con clavos y troncos y después buscaba otro lugar. Sospechaba que si caminaba lo suficiente acabaría llegando a algún lugar.

Entre medias de todo eso buscaba montañas y hacía fotos, no cualquier montaña ni cualquier foto, las montañas le hablaban y él había aprendido a escucharlas.

A mi me pareció un gran plan.

Montañas y cascadas. También le gustaba salir ante las cascadas posando de espaldas ante ellas, como si estuviese midiendo el salto necesario que nunca daría. No le pregunté el motivo, para él parecía importante y las cosas importantes rara vez tienen una explicación.

Llevaba unas cien, me dijo con algo de orgullo y a mi me parecieron muchas, creo que nunca he hecho cien fotos sobre un mismo tema, le confesé.

En algún momento entre todas esos paisajes y cataratas surgió de mis labios el nombre Ansel Adams. Sus ojos se encendieron como aferrados a ese nombre y la comunicación entre nosotros comenzó a ser más fluida. El espíritu de Ansel había decidido ayudar a dos creyentes en apuros.

Le conté mi sueño recurrente dónde Ansel veía mis fotografías sin poder articular una palabra y sin dejar de mirarme, como si algo muy importante se hubiese escapado entre mis manos, algo que ya no podría recuperar.

Él me dijo que sus sueños también estaban plagados de muertos y que también le miraban en un mudo reproche. Aún no había logrado esquivarlos, daba igual al sitio al que fuese y la velocidad a la que lo hiciese, ellos siempre estaban allí, en el punto de destino, esperándole como si no se hubiese movido del sitio.

Al decirlo intentaba entregarme una sonrisa, pero algo había flotando en el fondo de sus ojos que me decía que todos esos muertos que llevaba a sus espaldas eran algo más que una metáfora.

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14 Replies to “coleccionista de momentos”

  1. Las fotografías que compartiste son fascinantes, realmente uno siente que se traslada a ese lugar y momento exacto.
    Es interesante el conectar hilos con alguien que no conocíamos hasta entonces, ver que no hay verdaderas barreras cuando hay pasión, interés o amor por algo que se comparte. Suena a una experiencia que valdría la pena repetir, aunque las personas y circunstancias sean irrepetibles…
    Los viajeros no siempre inician una travesía por vivir la vida loca o por huír, usualmente es para encontrarse, como si su esencia trascendental estuviese fuera, en otra parte. Y no, es que vayan a encontrar una cueva con un cofre del tesoro en donde hay un corazón de cristal para llenar su pecho vacío, es la misma travesía la que les ayuda a forjar la llave mágica para hallar respuestas, y muchas veces esa respuesta no es reproducible con la palabra, a veces es una certeza, una sensación, un lugar.

    Me encantó leerte.

  2. Me han encantado el texto y las imágenes, También he leído la historia que enlazas, la del sueño, y me ha encantado esta frase: “como buscando algo que no hubiese aparecido en el encuadre, algo que hubiese escondido fuera de la fotografía sólo para mi.”

    Y mientras leía tu texto me he acordado de un libro de Christopher Morley en el que el personaje emprende también un peculiar viaje, cargado de simbolismo, y en el que flotan las mismas cuestiones que aquí, si no he entendido mal; es decir, que aquello que buscamos (a nosotros mismos) no está fuera sino dentro de nosotros, y que el viaje que realizamos hacia el exterior es en realidad hacia nuestro interior. Aunque sea necesario ese viaje exterior para comprender.

  3. Creo que no hay sitio donde uno pueda viajar sin llevarse determinado equipaje detrás. Me encanta viajar, conocer lugares nuevos, diferentes costumbres, pero no soy de hacer fotografías, a veces lo pienso pero ninguna foto capta el momento, así que no las hago… manías supongo.
    Me ha gustado tu texto, y como siempre que paso por aquí, me quedo pensando en mil cosas.

    Un beso y buena semana.

  4. Muchas gracias, +*+.Kadannek.+*+. Es verdad, al final la comunicación, cuando existe un interés sincero, acaba por surgir aunque sea a trompicones. Siempre me han fascinado las personas que viajan solas, se nota los que llevan poco tiempo haciéndolo porque enseguida intentan hablar con la gente, explicar cosas… los que llevan más tiempo suelen quedarse en un rincón metidos en sus pequeñas burbujas y hace falta algo muy concreto, como la historia de estas fotos, para sacarlos de ahí.

    Y sí, de alguna forma todos los viajes suponen una forma de encontrarse. Incluso cuando se hacen para subir la enésima foto a la red social, tienen una pequeña parte de búsqueda interior en la que lo importante es más el camino que el inicio y el final.

    Un placer que compartas tus ideas aquí.

    A veces me pasa, Ángeles, sé que no soy alguien especial, pero algunos libros, canciones y fotos que fueron hechas para mi. Una tontería, me dice mi lado racional, pero no le hago mucho caso 😉
    Creo que no podría explicarse mejor, el viaje que realizamos hacia el exterior es en realidad hacia nuestro interior. Aunque sea necesario ese viaje exterior para comprender. Y, como decía por ahí arriba, quizás esa búsqueda se haga mejor en soledad…

    Si te paseas por este sitio, Alma, verás que pocas fotos son localizables porque las fotos que todos conocemos ya se hicieron, y se hicieron mucho mejor de lo que yo podría hacerlas. Me gustan las fotos que son de un sitio, que yo sé que son de un sitio y un momento concreto, pero que podrían ser de cualquier lugar. Para mi las fotografías son la excusa perfecta para alejarte del ruido, de las cosas obligatorias y centrarte en las pequeñas insignificancias que al final son las divertidas…
    Me alegra dejarte pensando, escribo para aclarar mis dudas y es bueno compartirlas.
    Un abrazo.

  5. No viajo no me gusta antes lo hacía… viaje por el mundo con él de la mano.
    Me gustan mis sueños los momentos compartidos dentro de la belleza diaria de lo que es la naturaleza y la vida. Me cuesta entenderte …
    A veces tus escritos no son claros para mí… tienen nebulosas, lloviznas, brumas de mares no recorridos …vacilas, te metes, sales te cobijas, duermes en la palabras …estallas dentro de una soledad que siento… si casi la toco… Tu palpitar lo pintas con brochas grandes….
    Que yo no te entienda no quiere decir que tus escritos no sean bellos.
    Tiene la belleza del sabor de la sal, cuando te metes en el mar y las olas te revuelcan….
    Abrazos desde el maravilloso atardecer de un Miami resplandeciente

  6. Ya ves, Toro Salvaje, vivimos atrapados y, muchas veces, nos dejamos atrapar. Siempre pensamos que nosotros podemos sacar algo de ese sistema aunque la realidad es que sólo nos dejan las migajas. Por suerte mis muertos siguen siendo, casi todos, una metáfora.

    Me encanta la descripción que has hecho de los textos, MUCHA, porque así es como me veo muchas veces al escribir. Siempre trazo una línea recta en lo que quiero contar, pero acabo por ir a un lado y al contrario, a veces me escondo y otras miento sin compasion… Pero sí, creo que en el fondo me entiendes, nos entendemos. ¿Sabes?, no creo que sea necesario comprenderse del todo para entenderse… a veces, como tu haces, captas la idea general, lo que se quiere decir aunque no aparezca escrito negro sobre blanco en parte alguna.
    Quizás desde Miami saliesen otros escritos, supongo que los lugares nos acaban por definir de una forma u otra.

    De pesada nada, Ángeles, me gustan nuestras referencias circulares, es una forma de completar las cosas 😉

  7. Es interesante lo que dices
    Si cambiamos el lugar
    ¿ La mente cambia cuando se escribe?

    Le sonrío al momento …
    de crecer de verdad en este intento…

    Juguemos con el viento a las escondidas
    sin tocarse mientras disfrutamos sensaciones que surgen sin analizar el contenido de lo que escribimos. El analizar las letras de otros…
    deja sin sentido al texto.

  8. soltar amarras y tirar lastres…puede ser un gran plan, lo triste es que en ocasiones te encuentras en diferentes lugares pero con los mismo problemas, la vida te pone delante lo que debes resolver, no importa donde sea y con quien.
    Tus fotos son un deleite.
    Abrazos.

  9. Creo que sí, Mucha, las personas somos lo que somos en gran parte por el entorno, ¿no? Y sí, si te acostumbras a escribir, bien o mal, no importa, también cambias la forma de pensar. Lo mismo si haces fotos… nos construimos con el día a día y ese tipo de actividades, poco a poco, te definen.

    Y, de nuevo, sí, tienes toda la razón. Algunos textos, o canciones o… te dicen algo que no sabes analizar,que no debes analizar porque entonces estropeas las sensaciones al intentar clavarla a un corcho con alfileres.

    Me temo que es así, Adriana Alba, el escapar a toda velocidad es algo que simplemente no funciona ante determinados problemas. Algunos toca ponerse frente a ellos y cruzar los dedos consigas ser más fuerte que ellos.

  10. Tu relato me deja en un lugar entrañable, vivir sin saber la respuesta es muy desolador, no encontrar jamás una verdad, y tantas desconocidas, secretas que nunca podemos saber a ciencia cierta si lo que vivimos es real, tu texto es magnifico, muy interesante y muy bellas imágenes, gracias.
    Abrazo

  11. Ay, me ha gustado TANTO esta frase: “No le pregunté el motivo, para él parecía importante y las cosas importantes rara vez tienen una explicación.” Me ha arrancado una sonrisa. Gracias una vez más, Atleta 🙂

  12. Gracias, maría del rosario, en el fondo todos caminamos así, sin saber apenas nada. Muchos se conforman con la primera verdad que encuentran, dicen que eso es lo que habían buscado y que ya no necesitan nada más. Otros, por el contrario, pasan toda su vida buscando respuestas porque nada de lo que encuentran les sirve.. Conformismo o inconformismo, y así pasa la vida. No sabría decirte cual es la opción correcta.

    Sospecho que estamos en el mismo bando, Chica triste de la parada de autobús, ambos sabemos que las cosas que de verdad importan rara vez podemos explicarlas 😉

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