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somos tan predecibles

Creo que he decidido no tener hijos…

levanto la cabeza con sorpresa porque hace ya un rato que habíamos convertido la conversación en un murmullo lejano y me había entretenido mirando una vieja motocicleta, idéntica en forma y color a una en la que me llevaba mi padre los domingos. Quizás demasiado idéntica, acababa de concluir al ser interrumpida. Como si la motocicleta de mis recuerdos hubiese sido sustituida de forma silenciosa por esta otra, la real, y ya no pudiese estar segura de mi memoria.

Le miro en silencio y necesito un rato hasta comprender que, en realidad, no hablaba de mi ni, la palabra casi me hace sonreír, de nosotros. Habla de su novia, su amante o su mujer. No recuerdo en que punto se encuentra de esa especie de carrera de obstáculos en la que el mismo se pone las trabas para demostrar al mundo lo mucho que sufre.

El mundo es un lugar muy duro, balbucea nervioso confirmando mis sospechas. No quiero encarcelarme y todos esos rollos de hombre maduro acojonado ante su espejo. Casi todos los hombres cuando llegan a cierta edad parecen comprarse los discursos en las mismas librerías.

Me mira con ojos bovinos esperando mi aplauso y decido jugar un poco ante su inmensa necesidad de aprobación. Me mojo los labios y le sonrío coqueta mientras hago balance de la situación. Pero por mucho empeño que ponga en ello sigo sin llegar a entender que pude ver en él para que acabásemos compartiendo una cama en un puñado de encuentros fugaces.

¿Cuánto hace de aquello? El tiempo pasado siempre nos mira con amabilidad y nos hace olvidar todas aquellas cosas que no tienen explicación alguna. La vida convertida en un lento proceso de derribo, un incesante mover muebles y quitar cuadros sin salir nunca de la misma casa en ruinas.

Es aterrador pensar que él haya cambiado y yo no, odio el inmovilismo, es como caminar y caminar para no aprender nada. Pero es aún más triste pensar que él ha sido siempre así de estúpido y yo fui incapaz de comprenderlo. Seamos amables entonces, digamos que todos hemos cambiado y que en alguna de esas revueltas del camino tomamos desvíos divergentes.

Digamos eso e intentemos no pensar en que momento perdimos la capacidad de asustarnos al ser lo contrario de aquello que habíamos soñado.

Moriremos a pocos kilómetros del lugar donde nos nacieron y apenas habremos sido capaces de pensar algo que no haya sido ya pensado y masticado por las grandes ruedas de la historia y, aún así, sacaremos fuerzas cada mañana para asomar la mano fuera de la cama y apagar el despertador.

¿De verdad es esta la mejor versión de nosotros mismos?

Somos tan predecibles. Nos conocemos tanto, somos tan torpes y tan estúpidos que ya hemos perdido cualquier capacidad para engañarnos o sorprendernos.

Por eso sé, sin necesidad de mirar los posos del café recién terminado, que cuando la conversación vuelva a decaer y dejes de jugar con las aceitunas levantarás la cabeza, sacarás como si siempre hubiese estado en el bolsillo una llave de alguna habitación de hotel, y con tu mejor voz de persona segura de si misma me preguntarás si quiero acostarme contigo.

Y sé todo eso igual que tu sabes que esta vez sí. Esta vez aceptaré la invitación.

Somos tan predecibles…

7 Comments

  • L. Y.

    Beauséant,

    Yo paso volando para darte las gracias.

    (Busqué un correo, no hay a la vista)

    Así que lo hago por acá.

    Gracias.

    Siempre estás.

    Desde mucho.

    Un abrazo.

  • I

    ‘…intentemos no pensar en qué momento perdimos la capacidad de asustarnos al ser lo contrario de aquello que habíamos soñado’
    Se me ha clavado.

    (Has hecho que vaya a escuchar a Quique González)

  • Vanessa

    Me ha tocado la fibra sensible este post.
    Muchas personas no cambiamos mientras seguimos esperando ese algo que no llega,
    y un día nos cansamos y nos preguntamos si hubiera sido mejor cambiar como el resto de la gente.
    Pero…somos tan predecibles…que sabía que al final me haría esa pregunta.
    Besoss

  • M.

    Recordé a Céline en Before Sunrise, cuando le decía a Jesse que para ella volverse predecible no era tanto problema, no era un síntoma de tedio ni del fin del amor. Es raro, no es mi tipo de película.

  • Beauseant

    Cuando empezamos todo esto decidimos, L, ser tan volubles como una hoja mecida por el viento 🙂 nos gusta pensar que sólo existimos a través de esas líneas que escribimos. Tus palabras me suenan un poco a despedida, esperemos que no sea así…

    nunca lo había pensado, virgi, pero quizás sea cierto eso que dices, y el futuro siempre lo podamos ver con algo de optimismo, no lo sé.

    me encanta, I, cuando alguien me descubre en esos pequeños trucos, y si he logrado que vuelvas al primer quique, entonces mi trabajo ha sido perfecto.

    a veces, vanessa, es incluso peor, y pensamos que permanecemos fieles a nuestra escala de valores, y somos incapaces de ver, que en realidad, la prostituimos igual que todos aquellos a los que criticábamos.

    Pues es verdad, M, lo mismo no es tan grave como yo pensaba, quizás sólo sea una parte del camino.

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