• leer,  mirar

    fiat lux

    Cuando la fotografía era para mi algo abstracto, mitad alquimia mitad ciencia, pasaba las hojas de las revistas con ojos alucinados soñando sin saberlo con estar en otros lugares, lejos de mi barrio lleno de cuestas, del colegio con la fachada verde al final de la calle, de mis padres… Lejos, en definitiva, de mi vida. Me fascinaban en especial las del mundo de la moda llenas de personas perfectas con ropas increíbles. No podía concebir que la ropa regalada o heredada para la que nunca pidieron mi opinión pudiese pertenecer al mismo planeta que las ropas de aquellas revistas. El “pobres pero honrados” debe ser la frase más conformista…

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    invierno / otoño / 09

    De pequeño creía que las hojas caídas en otoño eran estrellas expulsadas de los cielos y condenadas a expiar sus crímenes en la tierra. Que peor condena para una estrella, pensaba, que verse atrapada en la rutina de nuestras vidas terrestres. En ese mundo imaginario de mi infancia, las estrellas volverían algún día a su lugar y brillarían con fuerza en los cielos para mi, el chico que se dedicaba a recogerlas y secarlas entre hojas de periódicos ante la mirada extrañada de sus padres. Sólo guardaba las más hermosas, aquellas que me llamaban en susurros desde la suciedad de la acera. El diagnóstico, joven, es muy sencillo: De pequeño…

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    aniversarios

    Siempre me han gustado las películas de Hollywood, las románticas no las otras. Ya sabéis, esas donde él siempre es hermoso, y ella tiene la sonrisa de quien encuentra cada mañana el premio gordo al fondo de la caja de cereales. Ellos se quieren, pero aún no lo saben. Uno de ellos tiene problemas imposibles, pero el otro insiste en que el amor todo lo puede y nunca se da por vencido. Son mejores de los que seremos nosotros en todas nuestras vidas, porque nunca buscan las soluciones sencillas. Quizás por eso me gustan, me recuerdan lo poca cosa que soy. Eso es lo primero que he pensado al despertar…

  • leer,  mirar,  otra vida

    fechas de caducidad

    La primera y última vez que me subí encima de un artilugio de estos acaba saliendo, tras una serie de humillantes retrocesos y nimios, pero firmes avances, con una alocada rubia de bote, digna hija de un barrio de obreros que nunca se hacía demasiadas preguntas y sólo aspiraba a quemar la ciudad con la huella de sus botas de Jueves a Domingo. En los garitos por la noche, en Plaza de España sujetando sus zapatos mientras chapoteaba con los pies desnudos en el agua, en todo momento y lugar yo siempre estaba colgado de su brazo. Era su mascota, su fiel escudero o su juguete, según terciase la ocasión.…

  • leer,  mirar,  otra vida

    el niño que escuchaba

    Su abuelo poseía una vieja cámara capaz de convertir todo lo que retrataba en inmóviles estatuas de cerámica. Una Rollei que había rodado por medio mundo hasta llegar a sus manos, y gracias a la cual logró escapar en innumerables ocasiones de los hombres de barro mediante épicas y emocionantes odiseas que cada noche le contaba antes de acostarse. A través de esas historias el niño pudo saber que los hombres de barro son casi idénticos al resto de personas. Sólo la observación permite descubrirlos porque, en el fondo, los hombres de barro son como máquinas expendedoras, y siempre se muestran dispuestas a entregar sabios consejos envueltos en el engañoso…