leer,  mirar,  otra vida

el niño que escuchaba

Su abuelo poseía una vieja cámara capaz de convertir todo lo que retrataba en inmóviles estatuas de cerámica. Una Rollei que había rodado por medio mundo hasta llegar a sus manos, y gracias a la cual logró escapar en innumerables ocasiones de los hombres de barro mediante épicas y emocionantes odiseas que cada noche le contaba antes de acostarse.

A través de esas historias el niño pudo saber que los hombres de barro son casi idénticos al resto de personas. Sólo la observación permite descubrirlos porque, en el fondo, los hombres de barro son como máquinas expendedoras, y siempre se muestran dispuestas a entregar sabios consejos envueltos en el engañoso papel de plata de la experiencia. Los hombres de barro siempre sabrán lo que debes hacer con tu vida, y tienen multitud de mapas con los caminos trazados para que nunca puedas perderte, para que nunca te pares en medio del camino buscando confundido una dirección. Y todo ello siempre te lo darán con su mejor sonrisa, ellos siempre sonríen, y gratis, claro, sólo quieren tu vida. Les aterra pensar lo que podrías hacer si te alejases del camino marcado.

El niño que escuchaba las historias y prometió recordarlas es ahora un eficiente oficinista de ocho a dieciocho, y el resto del tiempo es un hombre cansado que, en días como estos, llega a casa y apunta el mando a distancia hacia la pantalla de plasma que preside el salón, intentando no pensar con el mismo fervor con el que los hombres de ciencia dirigen sus herramientas al cielo buscando a Dios.

El niño que escuchaba las historias se deja entonces atrapar por esa tristeza que preside lo alto de los calendarios y acecha en donde menos la esperas dispuesta a hacerte su rehén.Y, una vez atrapado en esa espiral, reconoce que es mejor no tener cerca a su abuelo. Su muerte le evitó ver como todos esos consejos y enseñanzas murieron en la primera curva del camino, y su nieto se dejo atrapar por las promesas de los hombres de barro que le entregaron una vida que es casi casi una mentira. Como un cronometro corriendo siempre en cuenta atrás y sin botones para detenerlo, en vez de una nave espacial dispuesta a cruzar la galaxia rumbo a lo desconocido.

7 Comments

  • Ybris

    Curiosa reflexión.
    Debe de ser que hay abuelos que se exceden.
    Como se exceden otros en dar consejos exactos como si tuvieran la solución que nunca han podido encontrar.
    Ciertamente son de barro.
    Afortunadamente algunos nietos no lo son.

    Bellamente escrito, como siempre, artista.

    Un abrazo.

  • Filoabpuerto

    Bueno el barro afortunadamente tiene una consistencia que podemos modelar.Ese niño hace bien en procurar crear su propia huella, quizá cuando escribe abre un territorio propio, convirtiendo las imágenes en cerámica

    Saludillos

    Merce

  • Beauseant

    Es normal, llevamos tanto tiempo viviendo con ellos que al final, laluz todos somos un poco de barro pero, como dice virg siempre es posible trazar un plan de huida. Da igual que luego no lo pongamos en práctica, lo bonito es hacer los planes..

    Supongo que todos Ybris creemos saber como arreglar las vidas ajenas. Que teclas debemos tocar para que otras personas sean felices. Algo estúpido, claro, porque sólo debemos mirar con otros ojos nuestras vidas para saber que algo falla en la ecuación.

    Me gusta la reflexión sobre el barro Filoabpuerto no había pensado que, efectivamente, el barro se puede moldear, que quizás esos hombres de barro no sean tan inflexibles como parecen..

    Pues ya sabes, Cosechadel66 no dejemos de moldear, de soñar.. o de cualquier cosas que nos haga un poco diferentes…

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