test de Rorschach

En la calle en la que desemboca la avenida donde me espera el autobús me he encontrado con la figura de un barrendero municipal que, apoyado sobre su escoba, contemplaba ensimismado algo que yacía a sus pies. Mi alma felina, incapaz de resistirse, me ha hecho acercarme para ver que podía atraer tanto a alguien acostumbrado a tratar con los desechos de lo que somos.
Me he acercado a su lado con sigilo y por su lenguaje corporal me he dado cuenta que me aceptada a su lado. Juntos hemos mirado hacia abajo, donde el barrendero, armado con un palo acabado en un pincho, pasaba las hojas de un pesado libro con el tono perlado de los albúmenes de bodas.
Era un volumen grande y contundente, con las fotos impresas en papel de calidad en vez de pegadas. En sus hojas, un rostro recurrente: una mujer morena de dentadura caballuna y los ojos profundos y tristes de a quien le han permitido conocer el futuro pero no cambiarlo. En muchas de ellas, a su lado pero ausente, un tipo de pelo rizado que parece salir siempre borroso en las fotos. Está ahí, posando, pero parece estar camino de otra parte. En una de ellas lleva un traje gris que le queda un poco grande de una forma extraña, como si se estuviera encogiendo, a punto de desaparecer.
Un traje gris de corte antiguo. Me fijo en la pareja y en las otras personas que aparecen, pero no soy capaz de ubicar ninguna fecha. Tampoco importa demasiado, supongo.
El barrendero se detiene en una de las hojas y me señala uno de los bordes. Por primera vez me mira y le sonrío con timidez. Algunas hojas han sido recortadas con cuidado, amputadas del álbum. Esas fotos, deduzco, serán las supervivientes de la guerra: alguien decidió salvarlas de la quema.
Seguimos pasando hojas. Más gente, más sonrisas con ese punto de desesperación que tienen todas las celebraciones. El tipo borroso levanta una copa hacia la cámara como si brindara por su propia ausencia. Un atardecer que en su momento alguien debió de encontrar romántico.
La pareja sonríe, quién sabe si por última vez.
Casi al final del álbum aparece la plateada realidad de una ecografía, pegada como una fotografía más. El barrendero la gira para ponerla en posición mientras la desciframos desde las alturas. He visto muchas ecografías pero nunca he sabido qué buscar en ellas. Las ecografías, el test de Rorschach de las vidas anónimas. Un futuro lleno de esperanzas ante tus ojos, pero giras un poco el dibujo y todo se vuelve aterrador.
Nos quedamos los dos ahí parados como dos peregrinos que contemplan un milagro. Una rama ardiendo en mitad del camino. El silencio, la responsabilidad, que viene después.
Hemos llegado al final del libro. El barrendero me ha mirado pidiendo confirmación y he asentido con la cabeza. Ha tomado el recogedor y empujado los restos de la contemplación —el álbum, la ecografía— hacia él, y con un hábil giro de muñeca los ha hecho desaparecer en el cubo con ruedas que empuja por toda la ciudad.
Miro por encima del hombro. Casi espero que aparezca la mujer de los ojos tristes, hermosa como en el día de su boda y todavía con ese vestido, para reclamar lo suyo y marcharse acunando en su pecho los restos del naufragio.
Pero nada de eso ocurre. A nuestras espaldas el día parece despertar con violencia. El lento desperezar de un gigante aburrido. Ruge un viento contra un cielo color cemento, la vida que empuja y pide paso a codazos, los plateados vehículos, las bolas de billar, la gente… el día echa a rodar.
El barrendero se despide con un gesto y me deja allí esperando el camión de la basura que se ha olvidado de recogerme.

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31 Comments
CatBallou
Bravísimo. Te felicito sinceramente por esta historia.
BDEB
Que triste que aquello que alguna vez nos colmó de felicidad, hoy termine esperando que alguien lo rescate de los escombros ¿verdad? En ocasiones es lo que queda…
Esa primera imagen genial, quizás ese oso perteneció a quien “sonreía” en la ecografía …
Un abrazo Beauseant.
miquelcartisano
Muy bueno. De verdad.
Muy bueno.
Mis felicitaciones
Patricia Plaza
Conseguir sacar belleza de la basura, tanto en las fotografías como en ese relato que nos llega, es de tener mucho arte.
Joselu
Hace algunos años en un viaje a Cracovia, crucé con un grupo turístico el río Vístula por un puente que estaba lleno de candados con nombres de enamorados. La barahúnda de candados era agobiante y uno podía leer los nombres anónimos de quienes los dejaron. Sin embargo, el guía nos señaló uno diferente que solamente exhibía una palabra: ERROR. Esta anécdota se me quedó grabada y me la ha recordado ese álbum de bodas tirado a la basura, con ecografía incluida. Fue un ERROR, probablemente muy doloroso.
Beauséant
Vaya, CatBallou, muchas gracias, me alegra mucho que te haya gustado 🙂
Nos aferramos a los objetos, BDEB, les damos un gran poder y, un día, descubrimos que son sólo eso, objetos, que no son nada y no representaron nada en nuestra memoria. Cuando eso ocurre es muy triste, es como descubrir que nos hemos quedado a solas contra el mundo… Gracias
Te lo agradezco, miquelcartisano, siempre dudo con ciertos textos, si se entienden, si son largos, ya sabes…
Hay belleza en la basura, Patricia Plaza, en los restos de lo que somos, hay que buscarla, eso es verdad, pero a veces aparece. Hice la primera foto, pensé en el texto y estuve un rato buscando la segunda foto, ahora ya con otros ojos.
Escribí hace tiempo sobre esos candados, Joselu, la promesa que representan, la fe que depositamos en ellos, como si pudiesen conjurar todo lo que la vida nos arrojará. Hay errores que sólo vemos después, ¿verdad? Cuando estamos en el camino nos parecen la mejor opción, creemos que la vida nos sonríe al fin.. La pregunta es, ¿volverías a repetir ese error?
Me gustan mucho tus anécdotas, ya lo sabes 😉
Milena
Vamos encaminados a eso, a ser basura… ¿o ya lo somos?
miquelcartisano
BEAU: Escribir es muy complejo. No es fácil, lo fácil es criticar, incluso bien.
Esta narración corta está muy bien enlazada, tiene ritmo, y un final inesperado.
Un saludo ¡
miquelcartisano
“Lo facil es criticar, incluso bien”…quise decir.
Beauséant
Basura, Milena, recuerdos que otros no sabrán en que estantería colocar, perros abandonados en áreas de servicio.. Parece que la vida es, al final, un ejercicio de desmemoria, ¿verdad?
Me gustan las críticas, miquelcartisano, incluso las que puedan ser un poco duras, creo que ayudan a mejorar. Aunque, claro, creo que yo he tenido suerte, a veces aparece alguien con ganas de “tocar las narices”, pero en general creo que siempre aprendo mucho de los comentarios. Escribir es muy complicado, sí, mira que me gusta, pero si tuviese que hacerlo de manera obligatoria sería una tortura.. supongo que ocurre lo mismo con todo, ¿verdad?, dibujar, pintar.. todo
Doctor Krapp
Revuelves álbumes antiguos de cartulinas negras con hojas amarillentas tapando las fotos y descubres que no conoces a nadie porque son álbumes que han perdido significado y que has heredado en el mobiliario familiar, pero como no hay conflicto posible tampoco tienes ganas de desprenderte de ellos no vaya a ser que tengan algo sagrado que desconoces.
José A. García
Lo importante para uno, nunca lo es para otro/s.
Tengo varios libros dedicados y autografiados que compre como usados, ¿quién vende un libro firmado por su autor o con una dedicatoria de puño y letra? Muchas personas.
Saludos,
J.
Joiel
Roto, que no enterrado. Las cicatrices se empeñan en hablar y ver a través de la vida en blanco y negro.
evavill
Y todo esto lo cuenta el osito de peluche que cada día escribe mejor, ¿o son imaginaciones mías?
Me ha gustado mucho, pese a la tristeza de la historia.
Saludos a ti y al 🐻
Beauséant
La fuerza de los objetos, Doctor Krapp, la magia que les damos porque, en realidad, poca magia tienen. Cuando pasa el tiempo nos damos cuenta que esa fe puesta en ellos sólo estaba en nuestra cabeza, al final son sólo páginas amarillentas, adornos feos… pero es imposible deshacerse de ellos, ¿verdad? Es como tirar a la basura una figura religiosa.
Incluso, José A. García, las cosas que en su momento fueron importantes, pueden dejar de serlo. Ese escritor que parecía escribir sobre nuestra vida y cuyos libros devorábamos con ansiedad puede, con el correr del tiempo, convertirse en una especie de secreto vergonzoso que miramos con superioridad. Todo lo que acumulamos será un día basura o carne de mercadillo, otras manos tocarán lo que fuimos en un ciclo sin mucho sentido.
La semana pasada, Joiel, hablaba precisamente de esas cosas rotas, pero que aún siguen funcionando, o que se empeñan en no morir… esas fotos del albúm, quién sabe…
Bien visto, evavill, la idea inicial era darle el protagonismo al osito, pero me complicaba el resto de la historia y al final se quedó en una cosa intermedia 😉 Muchas gracias, voy a a leerle al osito tu comentario, seguro que le gusta, es muy presumido.
Alfred Comerma Prat
Ver las miserias ajenas y las miradas que provocan nos hace pensar en qué será de nuestros tesoros cuando estén expuestos a la intemperie.
t&e
Por un momento has hecho haberme visto ahí frente a ese montón de trastos cualquier día o momento y me he dado cuenta de que miramos parecido, creo.
Al menos yo, camino por el mundo totalmente despistado a la vista del personal sin buscar nada en concreto aunque se seguro que algo voy a encontrar en el instante mas inesperado y lo voy a parar en el tiempo para los restos a través de cualquiera de las lentes que me acompañen.
Luego en un momento pienso si no fuera por alguna de esas fotos que el resto de los mortales tomen conciencia de la existencia de algo, o alguien, o de parte de la vida de ese por ejemplo, alguien, o simplemente siguen su camino perdidos en su rutina vital.
Quizás es que nosotros estemos un poco fuera de la realidad. No estamos locos seguramente.
Lincol Martín
Tu texto muestra cómo la vida y los recuerdos pueden terminar olvidados, incluso los más valiosos.
Refleja la fragilidad de la memoria y cómo el tiempo arrastra historias que alguna vez fueron importantes.
Saludos cordiales.
Beauséant
Intento luchar contra esa sensación, Alfred Comerma Prat, haciendo limpieza una vez al año. Una limpieza inmisericorde, sin contemplaciones, de cosas que, incluso, no me quiero deshacer, pero que sé que ya no son nada… Al menos, no dejaré trabajo pendiente para nadie.
No nos conocemos más allá de “lo virtual”, t&e, pero creo que sí, que posamos la misma mirada sobre las mismas cosas. Se trata de mirar a través de una lente, un acto que ya cambia el mundo, pero también de una forma de hacerlo concreta, ¿verdad?
La aspiración máxima de tomar una foto es cambiar, aunque sea un instante, la vida de alguien, que comparta esa forma de mirar por un momento… no es poca cosa, creo que casi nunca lo logro.
Me ha encantado ese, no estamos locos… probablemente. Cierto, probablemente no lo estemos 😉
Los recuerdos, por su propia definición, Lincol Martín, acaban siendo olvido, es inevitable. O dejamos de sostenerlos, o morimos y mueren con lo que fuimos… nos aferramos a ellos,no queremos dejarlos morir en esos pequeños totems, objetos que los guardan.. pero sí, serán olvido.
Mannelig
Qué suerte el día que descubrí esta página. Cada semana esperando la magia de sus imágenes y sus palabras…
Toro Salvaje
No puedo mirar los álbumes de fotos.
Se han llenado de muertos en pocas décadas.
Los veo sonriendo, brindando, haciendo el tonto… y pienso… ya no están, ya no están.
Cabrónidas
El desapego a veces es una sanación.
Beauséant
Eso es muy bonito, Mannelig, es pura magia leerlas, el mecanismo de mi cansado corazón se ha saltado dos clicks de alegría 🙂
Me resulta doloroso también, Toro Salvaje, por eso, casi todas mis fotos, son fotos sin rostros, lugares, momentos, recuerdos, sí, pero sin rostros… duele menos.
Pero, Cabrónidas, sólo funciona si de verdad te sale. Hay gente así, ¿verdad?, gente desprendida, que no tienen apego a nada y otras, en cambio, sufren cuando cambian de coche, cuando no encuentran el mismo modelo de camisa o el perfume que llevan poniéndose veinte años… sí, me gustaría ser de los primeros.
Neogéminis Mónica Frau
Y en el resto, la vida sigue. Aún reflexionando…
Gabi C S
Yo a veces no reconozco a gente en persona, pero en las fotos sí. Sera por el entorno supongo.
Me gustan las caballunas , aunwue no sabia que se llamaban así.
El barrendero es un vago indolente ( o quizas es muy temprano) que no espanta al osito por el esfuerzo que calcula que le costará hacerlo ( levantsr bruscamente el brazo). Se le nota en el gesto de pasar las paginas con un palo.
Ayer vi una serie que la paciente , una abuela china, no entiende ni gota de español ( ingles) , y la medica le explica a su hija que su abuela tiene cancer, y la abuela salta como un resorte cuando lo oye, y salia tu radiografia que empuñsba la medica, la foto del terror.
De pie , junto al osito, en la foto, hay una bolsa de basura que sin duda contiene un cadaver.
Abrazooo
Diego
El pobre osito arrinconado por tanta basura, de cabeza ladeada y cara triste también merece una historia. ¿Te animas? 🙂
Juvenal Nunes
Muitas das ocorrências da vida perdem, com o tempo, muito do impacto da sua importância.
Abraço de amizade.
Juvenal Nunes
Beauséant
La vida sigue, Neogéminis Mónica Frau, y a veces eso parece injusto… ¿verdad? hay ciertas situaciones, determinados momentos, en los que el mundo debería pararse un poco, no del todo, pero un poquito al menos para darnos tiempo a.. eso, a reflexionar.
A mi me cuesta quedarme con las caras, Gabi C S, con los nombres.. sólo tengo memoria para las anécdotas, las tonterías. Pero sí, me gustan esos rostros un poco caballunos, alargados, muy marcados, no sé si es una expresión correcta, pero al describirla era lo único que encontraba… El barrendero está cansado, no le juzgues, ha visto demasiada humanidad, demasiados momentos… muchos años así te alejan de la humanidad, acabas por volverte un cínico. Seguramente no se sorprendería ni ante el cadáver que, sin duda, contiene esa bolsa…
Radiografías como género de terror, esa sí que es buena, sí 😉
Era la idea inicial, Diego, que la historia la contase el osito, el pobre osito. De ahí el giro final, pero es verdad que no quedó muy claro porque lo compliqué todo.. un osito que al final es rescatado, un final feliz, quizás se lo merezca.
Cierto, Juvenal Nunes, hay situaciones que, en su momento, parecían vitales, llenas de importancia, o de dolor y que el tiempo, el maldito tiempo, ha ido poniendo su lugar, deslucidas por todas las cosas que ocurrieron después.
Etienne
A mi me gustan las fotos, incluso las que tienen rostros. Tal vez no he llegado todavía a una edad en que estar vivo es más una excepción que regla, pero más porque me transportan a situaciones, momentos, personas, y me sirven de anclaje para los recuerdos.
Me daría pena encontrar ese tipo de cosas en la calle, incluso me darían ganas de encontrar al dueño e inocentemente (no creyendo que las tiró) devolvérselas.
Salut Beau!
Jo
Confieso que me he quedado viendo por un momento la fotografía de este relato y un poco antes de avanzar. La otra de la taza rota…
Siempre pienso que pocas son las personas que pueden apreciar o encontrar belleza en algo que pueda ser insignificante para la gran mayoría ..
Beauséant
Depende los rostros, Etienne, al menos en mi caso, los rostros conocidos a veces me arrastran a recuerdos que me duelen mucho. Los anónimos no me importa porque me cuentan una historia de la que no soy protagonista..
Cuesta entender lo que pasa por las cabezas que se deshacen de ciertos objetos, eso es verdad. Más que tirarlos por error, lo que me hacen pensar es si los tiraron en un arranque de… de tristeza, de ira, de lo que sea, y luego se habrán arrepentido.
Muchas gracias, Jo, creo en la belleza de las pequeñas cosas, y de los pequeños gestos. Creo que nos definen mejor porque no han nacido para llamar la atención… También me gustan las cosas que no encajan, me pasa también algunas personas, que me atraen cuando hay algo que no entiendo en ellas.. aunque, claro, a veces la curiosidad habría sido mejor no resolverla 😉