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primavera con una taza rota, segunda parte

«Siempre se rompen mis tazas favoritas», murmura con la voz en un puño mientras contempla la constelación de porcelana que acaba de nacer a sus pies.

Me agacho en silencio a recoger el desastre. Voy reuniendo los trocitos mientras Intento explicarle que no es un complot del universo contra él, precisamente contra él, sino pura estadística. Que lo que más usamos es, inevitablemente, lo más expuesto a la ley de la gravedad. Es una ley física que se aplica a las tazas, a las relaciones y, sospecho, a las ideas. Pero él no escucha. Él prefiere creer que la vida es una ladrona que nos vigila, esperando a que amemos algo demasiado para arrebatárnoslo. Su estrategia para escapar es el desapego, la renuncia: fingir que nada importa para que la vida no se tome la molestia de quitárselo de las manos.

—¿Por qué guardas eso? —pregunta cuando me ve rescatar los fragmentos en una cajita de madera.

No respondo. El reloj de la cocina regurgita prisas y yo no tengo tiempo para explicarle que lo roto también tiene derecho a un inventario. Me limito a darle un beso breve, un roce que sabe a despedida y a café frío. Respiro hondo, casi una oración, y salgo dispuesta a enfrentarme al mundo abrazada al bolso y el portátil como salvavidas.

Antes de cruzar el umbral, me detengo. Lo miro una última vez, rodeado de sus miedos y sus tazas intactas bajo la luz inclemente de la cocina.

Deberías saberlo ya —le digo con una sonrisa que no quiero que suene triste— siempre he tenido debilidad por los objetos rotos. Por eso sigo aquí, ¿no?

Y cierro la puerta sin esperar a que el silencio me conteste.


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21 Comments

  • BDEB

    Siempre se rompe lo favorito, o casi siempre, y podemos pensar que sea un complot contra nosotros y no que sea por uso, por desgaste, nos gustaría que fuera para siempre pero ya lo hablamos una vez, lo “para siempre” no pasan “casi nunca”.

    Algunas personas tenemos predilección por lo roto, quizás nos creamos reparadores de todo y no siempre se puede reparar, pero creo que es porque nos duele pensar en ese “imposible” en que algo con esa belleza termine siendo basura.
    No nos resignamos y seguimos intentando repararlo aunque en ocasiones uniendo esos “trozos de porcelana” nos cortemos y nos haga sentir esa punzada de dolor.
    Un fuerte abrazo.

  • Doctor Krapp

    Casualidad. Está mañana, reflexionaba sobre la taza de desayuno que me ha acompañado durante 30 años y el cuidado con que pegué con supergliue el asa cuando se le rompió, a sabiendas de que era irrecuperable ya que no podría aguantar un café caliente. Desde hace unos años la tengo en el cementerio de las tazas y vasos abandonados pero al menos ocupa un lugar preferencial y a veces hasta le hago una visita para ver qué tal está.

  • Beauséant

    Lo hemos hablado muchas veces, BDEB, cuando tengo algo en la cabeza escribo desde muchos ángulos, nunca encuentro respuestas, pero sí muchas formas de hacer las mismas preguntas 😉 No hay que resignarse, ¿verdad?, algunas peleas parecen tener sentido sólo en librarlas, no importa el resultado, aunque sean perdidas de antemano… Lo has resumido muy bien, y de una manera muy bonita, gracias

    ¿Con cuál de las dos partes, Mónica Frau?, la persona aterrada o lo que intenta unir las piezas… Yo no sabría donde colocarme, a veces me gustaría que alguien uniese todas mis piezas.

    No hay que resignarse, Doctor Krapp, cómo decíamos ahí arriba 🙂 Mi forma de no hacerlo ha sido hacer fotos a esas tazas, pero tengo varias en ese estado que mencionas, tazas de schrodinger, rotas y no rotas al mismo tiempo.. algunas vinieron de algún viaje, tengo otra que robaron para mi de una cafetería muy pija… ¿cómo desprenderse de todo eso? supongo que alguien lo hará por mi, aunque me fastidia dejar trabajo pendiente.

  • Eva

    A varios objetos yo les he hecho un arreglo artístico a lo “kintsugi” y han quedado estupendos con sus cicatrices al aire, con otros he aplicado el arte del desapego, ningún objeto vale tanto, está el recuerdo y el tiempo que lo disfrutaste. Ambas filosofías son complementarias y, si te digo la verdad, Beauseant, creo que las uso a mi conveniencia, según haya o no solución, es lo más práctico.

  • Joselu

    UN CUENCO SOBRE EL VACÍO -“EL CUENCO Y EL BASTÓN” (120 CUENTOS ZEN) de Taizen Deshimaru:

    He aquí una famosa historia concerniente al maestro rinzai Ikkyu, que vivió hace alrededor de tres o cuatro siglos.

    Ikkyu era entonces un joven monje en un templo zen en el que viviía también su hermano; un día, este último dejó caer un cuenco utilizado en la ceremonia del té, y se rompió; este cuenco era tanto más precioso cuanto que había sido ofrecido por el emperador. El superior del templo le riñó severamente, lo cual hizo llorar al pequeño monje.

    Pero Ikkyu le dijo que no se inquietara:

    Tengo sabiduría. Puedo encontrar una solución.

    Reunió los trozos de cerámica, los puso en las mangas de su kolomo y se fue a descansar al jardín del templo, esperando tranquilamente a que el maestro volviera. En el momento en el que le vio, fue a su encuentro y le propuso un mondo:

    Maestro, los hombres nacidos en este mundo ¿mueren o no mueren?
    Sin lugar a dudas mueren -respondió el maestro-. El mismo Buda murió.
    Comprendo -dijo Ikkyu-, pero en lo que concierne a las demás existencias, los minerales o los objetos ¿están destinados a morir?
    Desde luego -respondió el maestro-. Todas las cosas que tienen forma deben morir necesariamente, cuando les llega el momento.
    Comprendo -dijo Ikkyu-. En suma, como todo es perecedero, no se debería llorar ni lamentar lo que ya no es, ni enfadarse contra el destino…
    ¡No, desde luego! ¿Adónde quieres llegar? -preguntó el maestro-.
    Entonces Ikkyu sacó de las mangas de su kolomo los restos del cuenco y se los presentó a su maestro. Este se quedó con la boca abierta.

  • Milena

    Nos lleva todo esto a la aceptación… todo tiene su momento, no reneguemos de los finales de las historias…
    Muy bueno también el cuento zen que trae Joselu, menudo zasca para el maestro 🙂

  • t&e

    Nada que no pueda recomponer un poco de pegamento de contacto aunque quede un poco con estética Frankenstein. Que también tiene su gracia. Lo digo mas porque ayer en Toledo se me escoñó el parasol de la lente y claro las torres durante un momento se me revelaban por la posición del sol a esas horas. Pero nada que no pudiera solucionar momentáneamente un poco de Super Glue de ese, y poder seguir el recorrido.
    La verdad es que también soy de los que recogen según cuales; los trocitos de la taza.

  • t&e

    Dejemos de pensar en “foto” Decía, que se me rebelaban las torres y me salían unos chorros de rayos malignos de un sol que achicharraba.

  • Beauséant

    Tuve la tentación, Eva, de aplicar el kintsugi sobre la primera tacita, la de porcelana, pero al final me gustó la idea de dejarla a medio camino, como si se estuviese estrellando contra el suelo… Lo mejor en la vida es eso, la practicidad, pero sabiendo nuestras contradicciones, ¿verdad? Soy una persona tremendamente práctica con casi todo pero, de vez en cuando, tengo la necesidad de salvar algo del naufragio aunque sea un “trasto” sin utilidad.

    La idea, José A. García, es hacer algo con esos trozos, ¿verdad? No quedarse roto y ya, buscar otra utilidad, recomponerse en algo diferente… avanzar.

    Así es, Toro Salvaje, no todo el mundo tiene esa suerte, no todo el mundo sabe encontrar belleza en los objetos rotos.. no tiene precio, cierto.

    Me encanta la historia, Joselu, por la propia enseñanza, claro, pero también por lo diferentes que son las historias de otras religiones. Donde otras recurrirían a un milagro que juntase las piezas, aquí se busca el aprendizaje, un aprendizaje que no acaba nunca, que puede venir de un aprendiz que ha tenido un momento de iluminación y se lo transmite al maestro… Aferrarse a los objetos, a lo que somos, vana necesidad, ¿verdad?

    El maestro lo ha aprendido de la forma rápida, Milena, aceptación, no hay que luchar, hay que intentar construir sin pelear 🙂

    Las cosas torcidas, t&e, aunque pierdan su función original, también tienen su gracia, es verdad. Incluso, según en manos de quien caigan, pueden hasta convertirse en arte, la máxima aspiración de una pobre tacita 🙂

    Con las fotos, lo mismo, hay mucha gente que compra lentes rotas, incluso daña el filtro, para lograr rayaduras o velados raros en las fotografías. Es un buen ejemplo, porque yo soy de esas personas que buscan demasiada perfección en una foto (el ruido, el encuadre, el color), y, a veces, me olvido de que tengan un alma.. y sin alma… bueno, no somos nada, ¿no?

  • Etienne

    Todos tenemos alguien que se interesa por nosotros y a su vez, alguien por quien interesarse. Las cicatrices son una muestra visible de las experiencias, como rajaduras o cuando se salta parte de la losa.
    Abrazoo!

  • Juvenal Nunes

    Quando algo se quebra pode causar-nos desgosto, pelo apreço tido pelo objeto partido.
    Contudo, é humanamente impossível manter tudo intacto.
    Abraço de amizade.
    Juvenal Nunes

  • Gabi C S

    Si somete al portatil a la fuerza de la gravedad, podría quedarse mas rat. No para kintsuguiarlo, claro.
    Abrazooo

  • Beauséant

    Me gustaría pensar, Etienne, que es así, que realmente alguien se preocupa por nuestras vidas una vez que nuestros padres salen de la ecuación, pero a veces, no sé parece que hay demasiada soledad. Que esas cicatrices sólo traen recuerdos dolorosos…

    A veces decidimos acoger a alguien en nuestras vidas, Marisa Alonso Santamaría, sin saber el motivo, sin poder explicarlo, ¿verdad?

    Así, es, Alfred Comerma Prat, un naufrago es un poco menos naufrago si alguien le arroja un flotador, ¿no te parece?

    Que no te escuchen los de Apple, Gabi C S, que verás como lanzan un portátil kintsuguiano al triple de precio. Algunas veces me han dado ganas de arrojar el portátil por la ventana y decir que no puedo trabajar, ¿funcionaría?

  • Cabrónidas

    Luego están esas personas que tienen toda una vajilla impoluta que no han utilizado ni piensan utilizar. Pero que necesitan que esté ahí. Aunque nada te asegura que en un arrebato de ira acabe estrellada contra el suelo.

  • Beauséant

    No nos lo quita todo, evavill, pero, no sé, parece que a partir de cierta edad todo es ir acumulando pérdidas…

    la generación de mis padres, Cabrónidas, tenía hasta una habitación sin usar. Esos comedores con los armarios impolutos, el sofá que se usaba dos veces al año mientras el resto del año la familia se hacinaba en la salita de estar.. por suerte los arquitectos, tan atentos ellos, ahora construyen latas de sardinas donde es imposible desaprovechar un espacio 😉

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