leer,  mirar

primavera con una taza rota

Intento recomponer las tacitas como quien intenta armar un rompecabezas de algo que ha visto, algo que fue importante, pero cuyo nombre ha desaparecido sepultado en el erial de la memoria.

Quién sabe lo que espera al otro lado, la imagen que se revelará ante mis ojos al poner la última pieza: un caballo negro sobre un prado brillante de rocío, un bonito atardecer, o, quizás, ese vestido tuyo, el de los dibujos azules, ¿o eran amarillos?, en aquella isla del mediterráneo, Mallorca, Sicilia, alguna de esas, qué más da, un sol dorado, un mar que siempre es demasiado azul para ser cierto.

Pero es un esfuerzo inútil. Las cosas rotas, rotas se quedan.

Pueden transformarse en algo distinto, quizá en algo igual de útil o hermoso, pero nunca volverán a ser ese instante que he perdido porque es el propio olvido quien lo ha vuelto perfecto e inalcanzable.


Discover more from El artista del alambre

Subscribe to get the latest posts sent to your email.

2 Comments

  • BDEB

    Cuando algo se rompe es complicado volver a dejarlo como estaba antes, alguno de esos trocitos lo más probable es que se quede perdido, aunque también dicen que es mejor intentar reparar que desecharlo para siempre ¿verdad?
    Cierto que reparado puede ser algo diferente de lo que había antes, igual incluso con más belleza como en esas fotografías, pero en otras cuestiones creo que no,que es muy difícil que sea más bonito de lo que fue un día, y menos cuando el recuerdo se encarga de retocarlo todo para que nos llegue “casi perfecto” (de esto ya hemos hablado ¿verdad?)

  • Joiel

    Los japoneses tienen una palabra estupenda, Kintsugi, cuyo significado va más allá de arreglar: es reparar lo roto sin ocultar las cicatrices, con hilo de oro e infinita paciencia. El recuerdo, en cambio, teje sus propios imposibles.

Leave a Reply