leer,  mirar

el descanso del guerrero

El guerrero ha descubierto un nuevo territorio: un fragmento de mundo hasta ahora desconocido y que siente inabarcable.

Nada más saltar del coche sus delicados receptores olfativos -esos millones de entregados funcionarios que dibujan el mundo a través de los olores- son golpeados por una oleada de información imposible de procesar. Dentro de su cuartel general en el órgano de Jacobson, el archivo colapsa bajo el peso de tantos estímulos que han llegado en tropel y que deben archivarse y etiquetarse.

Durante unos segundos eternos el guerrero permanece inmóvil, el hocico al viento, la cola extendida como una antena en busca de señal.

Una montaña, huele una montaña. En algún lugar por encima de esos árboles, existe una cumbre que custodia con celo las primeras nieves. Un bosque, sí, también detecta un bosque centenario: un organismo vivo donde las profundas raíces, los micelios y los insectos forman un sistema nervioso cuya vibración siente bajo las almohadillas despertando la antigua conexión de las cosas sin nombre.

Entonces empieza a trotar, empujado por algo que no puede definir, que aún no tiene nombre, un olor, una sensación que se impone con tiranía sobre el resto. Advierte que no lleva correa. Esa ausencia, excepcional y frágil, acelera su paso. Su mundo se reduce a ese olor. A lo lejos, oye los gritos de su ama. Sabe que debe regresar, la llamada de la sagrada obediencia, pero no puede: algo ha despertado, algo que no debería estar ahí.

Atraviesa raudo un muro de píceas jóvenes y se interna en un manto de hojas húmedas y brillantes. Sobre él, los chopos se yerguen severos alzando sus ramas como arcos de catedral. Alrededor, el rocío fragmenta la luz en las hojas proyectando una luz de vidrieras sobre el pasillo de troncos que desemboca, de manera natural, en lo que no puede ser más que un altar: un pequeño claro de silencio absoluto, sin instrucciones. El guerrero lo sabe, no debería saberlo porque es un animal doméstico, pero lo sabe, ha entrado en un lugar sagrado en el que no es bien recibido.

En el centro del claro hay piedras extrañas, redondeadas, traídas de algún río lejano y dispuestas con un propósito definido que desconoce. Bajo ellas late el origen del rastro. Algo antiguo y poderoso que comienza a desperezarse. El pelaje del guerrero se eriza en un espasmo; sus belfos se contraen y dejan al descubierto los colmillos amarillentos. El micelio, el sistema nervioso de aquel organismo centenario, lo recibe como un intruso y el bosque comienza a despertarse.

Un ruido a su espaldas. Su ama. El guerrero ladra con desesperación: aquí no, no más, peligro, rápido. Pero ella no escucha. Nunca escucha cuando el mundo no habla su idioma. Con un gesto seco, le impone la humillante correa y lo arrastra de vuelta a la seguridad del coche. El guerrero no opone resistencia.

Han vuelto al hogar, al territorio de lo conocido. Al camino de losas grises, a la buganvilla, a la lavanda que se mece al viento. En su mundo son cosas sin nombre, solo son olores asociados a la calma, a la costumbre, a la ausencia de riesgo.

Dentro de la casa trota hacia el sofá. El cansancio cae como un portazo. Los cojines son mullidos, verdes, el centro de su pequeño universo. Se duerme enseguida, pero deja el hocico orientado hacia la puerta. Por si acaso. Pronto empezarán a salir de la cocina los aromas del manjar con el que su dueña premiará, una tarde más, la lealtad del guerrero.


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27 Comments

  • Alfred Comerma Prat

    ¡Fantástico paseo! Con regreso a lo cotidiano, al calor del hogar, al olvido de la aventura.

  • BDEB

    Solo ellos saben pasear así, descubriendo todo lo que se encuentra alrededor. Nosotros lo intentamos pero en ocasiones nuestros sentidos no están puestos al cien por cien en lo que encontramos alrededor.
    Después de esos paseos tan “intensos” llega la merecida siesta, claro…

  • Eva

    Hermoso paseo el del guerrero con todos sus sentidos en alerta, descubriendo olores y sensaciones, recabando información de cada lugar por el que pasa, vivo y despierto. Hasta en el reposo, el del guerrero es pleno, su respiración le delata, aunque el sutil movimiento de sus orejas indica que no duerme del todo, por si acaso. Gracias por estos relatos de buen observador, Beauséant.

  • Beauséant

    Eso es lo bueno de las aventuras, Alfred Comerma Prat, cuando puedes regresar al calor del hogar para contarla 🙂

    El problema, BDEB, es que a veces se pasan de intensidad y se acaban perdiendo 🙂 por suerte suelen recuperar la cordura y encontrar el camino de vuelta a las caricias y el sofá mullido, tontos no son, eso seguro 😉

    Muchas gracias, Eva, el mundo real está lleno de detalles, ¿verdad? Casi cualquier cosa puede ser una historia… el guerrero ve el mundo a ras de suelo, sabe que forma parte de algo más grande… eso es algo que los humanos olvidamos.

  • t&e

    Por ese parque salvaje en el que me gusta perderme de mañanas, alguna que otra me cruzo con un amigo que saca a su cazador favorito a pasear por esos lugares. Y mientras el pasea o recoge almendras o higos chumbos su “guerrero” particular no para de olisquear las madrigueras de los conejos y otros bichos del parque. Algún día me he cruzado con ese “Guerrero” que por ir siempre sin correa ahora ya va solo porque su amo se ha ido a casa lejos, muy lejos del lugar hace rato, pero no me preocupa porque ya se que es que las hembras del lugar andan en celo y el se da un respiro. Luego, volverá solo a casa.

  • Miquel

    Imagino que lo que desea es llegar a casa y estirarse en su rincón favorito, al lado de la persona que aprecia.
    Suelen ser muy inteligentes y su compañía muy apreciada.
    Por muchos años.
    PD: Bellísima foto

  • POETAS EN LA NOCHE

    Me ha gustado mucho ese instante en que se queda quieto, oliendo el mundo, y luego vuelve a casa como si nada… es precioso y muy cercano.
    Gracias por compartir, Beausent.
    Un abrazo. 🫂🌷

  • Joiel

    Oler y ver a través de su sentir, un viaje cotidiano que para el guerrero resulta único. Ellos saben, nosotros tratamos de aprender.

  • Joselu

    Cuando veo algunos perros atados -por seguridad- y sometidos a los caprichos de sus amos que fomentan la sumisión, siento algo parecido a la compasión por el destino de estos guerreros que tienen que reprimir su espíritu para adaptarse a la idiosincrasia humana. Otras veces en algunas fincas, cuando pasamos cerca de su territorio vallado, nos ladran agresivamente y percibo su fondo salvaje reprimido por nuestras necesidades. No he tenido perros así que no puedo describir su etología en relación con los amos, pero cuando los veo atados y sometidos, no me gusta. Sin embargo, cuando los veo sueltos y agresivos, me dan miedo. No es la única vez que un perro me ha mordido sin hacerle nada. Algunas razas son salvajes y revelan su carácter indómito y peligroso para los humanos.

  • Milena

    Uno se vuelve por unos minutos cánido, una estupenda aproximación a lo que seguramente sienten… a ese olfato que tanto les guía! Y magnífica fotografía!

  • Beauséant

    Ese guerrero tiene una gran suerte, t&e, han sabido dejarle espacio suficiente para ser lo que es y tiene suficiente inteligencia para saber cuando debe regresar. El problema es que, demasiadas veces, le tocará compartir su trozo de mundo con humanos menos comprensivos.

    Pero, Miquel, eso nos gusta a todos, ¿verdad? Y, sí, por muchos años, pero parece que nunca los suficientes.

    Oliendo el mundo, POETAS EN LA NOCHE, qué buena definición, porque eso es lo que hace, lo huelen, los clasifican, lo recuerdan…. Su mundo son olores.

    Creo, Joiel, que los humanos, supimos, tuvimos ese lenguaje común, pero lo perdimos al evolucionar, al desconectarnos de las raíces. Con sus cosas buenas y malas también, que la naturaleza puede ser muy puñetera cuando se pone 😉

    A veces es juego, Citu, pero se lo toman tan en serio que parece que se preparan para algo, ¿verdad?

    Es una pregunta que me hago a menudo, Toro Salvaje, cuando los veo con las correas, en ciudades enormes que no están hechas a su escala, con ruidos, con olores… ¿de verdad son felices?, ¿no es un acto de crueldad? No tengo una respuesta para ello, la verdad. Algunos me parecen fuera de sitio, otros parecen tan habituados que no sobrevivirían de otra forma.

    Cuando te leo, Joselu, no sólo ahora, en general, presiento que tenemos una forma muy parecida de ver el mundo. Una forma llena de dudas que, a veces en mi caso, suele confundirse con una especie de equidistancia, como si fuese incapaz de juzgar. Y es cierto que, muchas veces, la cantidad de ramificaciones, me bloquea sin remedio. He ido con la bicicleta y he sido perseguido por algunos de ellos, me los he encontrado en el campo en estado semi salvaje, los he visto maltratados por exceso y por defecto… y, la respuesta, es que no tengo respuesta.

    Muchas gracias, Milena, me alegra haberte bajado a ras de tierra para seguir un rastro 😉

  • Alí Reyes

    Hola Beau… una belleza de escritura, el mundo desde los ojos, o mejor, desde la nariz, de un perro. Es un relato que atrapa. Gracias de verdad.
    Los perros siempre son buenos temas de historias, de hecho, permìteme colocarte acà lo que escribì acerca de un perro y que, de hecho, le da nombre al blog. Por cierto, luego del relato està la historia de còmo lleguè hasta èl. Espero que te guste, porque eres muy selectiva con tus lecturas, asì que espero con ansias tu respuesta
    https://tigrero-literario.blogspot.com/2023/03/tigrero-cuento-aniversario-segunda-parte.html

  • evavill

    O más bien la lealtad del prisionero. Porque por muy bien tratados que estén no dejan de ser esclavos.
    Me encanta du descripción del bosque y todo lo que capta el perro a través de su olfato.

  • Carlos Perrotti

    Me evocaste a los guerreros, una veintena de guerreros entre los que me crié en mi infancia, guerreros todos sin excepción seres poéticos que mi abuelo encontraba en el campo por ahí sueltos…
    Abrazo hasta allá!!

  • Maia

    Salir de la rutina a una aventura excepcional, así sea por los mismos senderos, luego regresar a la comodidad del hogar. Este bicho cuando salimos se le pone a cuanto grandulón se cruza en su camino, pitbull, Rottweiler, doberman y otros tantos; y no es obligatorio el bozal, solo collar, toca levarlo y ponerlo detrás y sacar el cuerpo por el pequeño shitzu que se cree león..
    La fotografía es una preciosura

  • Beauséant

    Esa es la dicotomia, evavill, cuando nos abren la puerta de la cárcel, ¿querríamos de verdad escapar de ella? Sospecho que muchas personas volveríamos al redil, a la camita caliente, a las caricias y la seguridad.

    Me sonaba haberla leído, sí, Alí Reyes, voy a mirar la nueva, gracias.

    Forman extrañas camadas, Carlos Perrotti, cuando son recogidos en diferentes momentos. Tienen sus lealtades, sus amistades y su propia personalidad. Seguro que aprendiste mucho de ellos, ¿verdad?

    Muy obvio, cierto, अनत्ता 光 心

    A veces no son conscientes de su tamaño, Maia, eso es verdad. Me encantaría tener esa confianza, de ver un bicho que mide dos veces lo que tú y decir, na, esto está hecho, sujeta la correa que ahora vengo 🙂
    Muchas gracias

  • Cabrónidas

    No trago con la gente que trata de humanizar a su perro o perra. A esa panda de gilipollas que los visten como humanos, y otras cosas, y sin embargo no saben qué clase de perro tienen (genotipo y fenotipo). Hay perros y perras que por culpa de los inútiles de sus amos y amas viven amargados, hostiles y depresivos. Que tenga buen descanso y mejor vida ese noble guerrero cuadrúpedo.

  • Diego

    Ese perro poeta no sabe lo bien que has descrito sus sentimientos. Y ahora, desde su sofá (fotón!) huele sus recuerdos. Me gustan los perros… en libertad. Me ocurre lo que a Cabro, soporto mal a los perros “urbanitas” y a los dueños que les hablan como si fueran niños gilipollas. Además, los perros urbanitas son manifiestamente infelices, sólo se alegran cuando los sacas al parque, señal de que lo suyo no es el parqué ni el olor a humano, sino el correr en (relativa) libertad. Pero respeto a todos los que no piensan como yo, faltaría plus.

  • Beauséant

    Supongo, Cabrónidas, que somos una sociedad cada vez más infantil y tendemos a infantilizar las cosas. Lo digo sabiendo que a veces me ocurre eso de humanizarlos demasiado, aunque, al ser consciente de ello, hago un esfuerzo por respetar su naturaleza primigenia. Pero, claro, algunas personas creen que tienen un juguete entre las manos y, como dices, lo acaban anulando. El noble guerrero creo que no tiene ese problema, sabe perfectamente lo que es..

    Ahí vuelven mis dudas de siempre, Diego, un perro bien cuidado y sano, es mucho más feliz en la naturaleza, no tengo ninguna duda. Pero, ¿qué ocurre con esos perroes que he visto mil veces en los pueblos, comidos de pulgas, abandonados y enfermos?, ¿y con los que abandonan en los refugios? ¿No estarían mejor en un hogar aunque sea pequeño? Los perros en la ciudad me parecen fuera de escala, no es su lugar, no pueden ser libres, eso es verdad, pero ¿no es mejor eso que abandonarlos?

    Hay asociaciones muy radicales con esos temas, y consideran que un perro que no pueda vivir en libertad por sus medios debe ser sacrificado,y eso me parece una locura, la verdad-

    Me alegra mucho que te haya gustado, Marisa Alonso Santamaría 🙂

  • Alex G.

    Otra gran sonata, casi casi en clave de ‘humoresque’… digna de ser visionada en 3D.

    Aunque con tan fina y acertada narrativa se ahorra uno rodaje, postproducción y edición… dado que, las imágenes del suceso van acudiendo a la mente de forma tan magistral, natural y realista… -a medida que se transitan los párrafos-… que, tras el desenlace prosístico…

    …solo le falta al lector agacharse para acariciar el follaje de tan magno y noble cánido y sonreír ante sus gestas deambulantes, rastreadoras y olfativas.

    ¡Qué gran compañero de causas, recorridos y batallas! ¡Se adivina su esplendor de hocico a zancas! ¡De cabo a rabo!

    Remítansele mis más fraternales respetos.

    -[ Y… aquí sí que se aprende a escribir. ]-

  • beauseant

    De nuevo, Alex G., mil gracias por tu comentario, por haberte metido dentro de la historia, en ese bosque-catedral que, muchas veces, no sabemos apreciar porque, la verdad los bosques son verdaderos milagros, y el guerrero lo sabe, ya lo creo que lo sabe… ahora mismo voy darle un saludo de tu parte acompañado de una golosina en tu honor.. Y gracias, has vuelto de un bonito color dorado mis letras.

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