Europeriferia

Cuando inauguraron en algún lugar de Francia la versión europea de los parques de atracciones de Disney, muchas familias del barrio se gastaron un dinero que no tenían en acercarse hasta allí. Un puñado de polillas suicidas en busca de la luz y la magia que nunca brillaban en las grises vidas de Periferia.
El barrio quedó dividido por una frontera invisible: a un lado las familias que habían podido peregrinar hasta aquel lugar mágico, al otro las que no podían permitírselo. Mi familia y las de mis amigos más cercanos nos quedamos lejos de aquellas luces y, en un arranque de orgullo, empezamos a llamar Europeriferia al descampado que siempre había sido anejo a aquellos bloques donde vivíamos. No era un chiste. O sí, pero de los que duelen. El orgullo de los pobres que contemplan su pobreza como si en ella se encontrase la esencia de la dignidad.
Luego llegaron las olimpiadas, la expo —¿os acordáis de aquella horterada?— y con ellos el canto de las grúas, la ideología del pelotazo rápido y el dinero fácil. Por fin íbamos a encontrar nuestro lugar en el mundo.
Algún político prometió llevar el futuro a Periferia, y empezaron por construir unas canchas de fútbol sala en medio del descampado que inauguraron con gran pompa para olvidarse de ellas poco después. Periferia, implacable, se apoderó de ellas: las vallas se llenaron de agujeros, el cemento de pintadas obscenas y la pista se decoró con un Van Gogh de machas y grietas que se llenaban de margaritas suicidas en primavera.
Aun así, aquella pequeña ruina era mejor que jugar en la tierra. Era en esas canchas venidas a menos donde pasábamos las mañanas de los sábados en interminables partidos para ver quién era el rey de la pista: un rondo sin fin que nos preparaba para la vida, siempre lo he pensado. Gana el que resiste, el que más tiempo aguanta. Aunque en el fondo, eso lo aprendí más tarde, nunca ganas nada, no hay premios para los que resisten, sólo una pelea sin gloria hasta la derrota final.
El día que inauguraron las pistas, los políticos se olvidaron también de recoger a los alegres junkies que revoloteaban nerviosos como libélulas alrededor de nuestras mochilas, esperando que hubiese algo de valor en ellas sin darse cuenta de que todos éramos hijos de la Periferia. A veces, si tenían suerte y lograban ponerse una dosis a primera hora, dejaban de danzar y sonreían beatíficos como lagartos tumbados al sol, mientras nos veían jugar y criticaban nuestras jugadas con aires de expertos.
Acabamos por conocer a casi todos aunque nunca nos dijeran sus nombres. Un colorido grupo de náufragos con muchas historias que contar de cuando eran capitanes y el mundo se postraba a sus pies, todas inventadas, claro. La imaginación es el salvavidas de los supervivientes.
A pesar de la fealdad con la que los describo —los almacenes, las pistas, aquellos bloques de ladrillo visto— había una sensación de orgullo de barrio, de pertenencia a una comunidad que hoy casi ha desaparecido. Como si estar orgullosos de todo aquello que no elegimos nos hiciese mejores, más dignos.
Había pocas mujeres en aquel mundo. En aquellos años, las mujeres eran poco más que sombras borrosas en la frontera de mi consciencia. Pero sí recuerdo a una muchacha, mayor que nosotros pero no mucho. Una perturbadora combinación de cuerpo de niña y cara de mujer que merodeaba por las canchas y que, a veces, nos saludaba con la cabeza. La recuerdo —ese es el fotograma que he salvado del naufragio del olvido— mordiéndose los labios como reteniendo unas palabras que nunca intercambiamos.
Mi bendita Ingenuidad siempre intenta protegerme del mundo real; por eso tardé mucho tiempo en comprender que aquella muchacha se prostituía, y que los almacenes abandonados junto a las pistas, entre escombros, colchones rotos y electrodomésticos vencidos, eran su lugar de trabajo. Una princesa de Periferia, donde la única Gloria que conocíamos era la que hacía la calle hasta las tres.
¿Cuántos años tendría aquella muchacha? Mejor no saberlo, ¿verdad?, querida Ingenuidad. Veo su rostro muchas veces: lo he visto en todas las mujeres fugaces que pasaron por mi vida y en las hijas que nunca tuve. Es un rostro que me persigue con una sombra de Culpa, porque Ingenuidad quiere protegerme pero Doña Culpa no hace tratos con la Señorita Piedad.
El futuro no llegó a Periferia. Nunca visité Eurodisney, no me eligieron delegado de mi clase, ni reine nunca sobre aquella pista. Periferia sigue allí, en alguna parte.
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el espíritu del fin de los tiempos
32 Comments
el fantasma
No se si serán los tiempos, pero esa “Periferia” tuya da la impresión de haberse instalado y cubrir demasiado espacio, y luego queda esa impresión mortecina en el coco del pseudo-paraíso que no es precisamente ese parque trasplantado sino el runrun de ese lugar onírico donde retozan los superricos del valle del Si O2 que revolotean al rededor del señor de los colores y que puede aposentarse a ratos en cualquier lugar por clásico que se precie por la gloria de un talonario de cheques.
Joselu
Un texto amargo y oscuro, de sentimientos de abatimiento y extrañeza ante un mundo, el de los bloques de ladrillo y cemento de la periferia, en que vivían aquellos que no fueron a Eurodisney pero se sentían orgullosos de su estirpe suburbial. La niña-mujer es una figura desoladora. ¿Qué estado de ánimo alimentan estas palabras? He conocido a mujeres que vivían en aquellos bloques y lo recuerdan mejor que aparece en estas palabras. Al fin y al cabo, no ir a Eurodisney puede ser todavía más aleccionador y estimulante que dejarse llevar por la corriente de aquellos padres que sí que llevaban a sus hijos. Yo nunca quise llevar a mis hijas, ni siquiera a Port Aventura que lo tenemos a noventa kilómetros. Hay formas de orgullo de los bloques que los de zonas residenciales no pueden comprender.
Alfred Comerma Prat
Parece una España ochentera, a punto de caer en el desmadre de los gastos fatuos de los noventa.
Periferia, el barrio de todos los barrios poligoneros.
miquelcartisano
No hay ciudad sin periferia, todos conocemos alguna como la que nos describes.
Gabi C S
Laperiferiaya no existe, pero aquell9sniños la recuerdan hoy mismo con orgullo. Los yonkis y la niña desaparecieron antes de que yo llegara. Resistir, rra y sigue siendo ganar. Los fuegos fatuos son fatuos.
La chica era la unica que se merecía un fuego fatuo.
AbrZooo
Beauséant
Para algunas personas, el fantasma, esa época fue un paraíso, dinero a espuertas, pocas preguntas y un salvaje oeste por conquistar que llenaron con promesas huecas. La periferia sigue ahí, no lo dudes, lo mismo le han dado un lavado de cara, pero los que la conocemos no nos dejamos engañar, sigue siendo el lugar donde los ricos especulan sin importar las personas que viven en ella.
¿Qué estado de ánimo alimentan estas palabras?, creo que culpa, Joselu, no soy un ejemplo de superación, no puedo dar lecciones, pero a veces siento que he dejado demasiada gente atrás, que lo mismo, ya ves, podría haber hecho algo por ellas. Es un sentimiento un tanto estúpido, claro, no estaba en mi mano hacer nada, pero esa frase me parece terrible en sí misma.
Hay algo de orgullo en esas futilidades, ¿verdad? Negarte a hacer algo por el simple acto de negarte, no por un algo racional o estudiado, no porque no te lo puedas permitir, levantar una bandera y decidir: de aquí no me muevo. De alguna forma nos definen más las cosas en las que no participamos que aquellas que hacemos, ¿no te parece?
Corremos el riesgo, Alfred Comerma Prat, de pensar en pasado aquellos años, pero creo que es un error. Las ansias de dar el pelotazo, la falta de escrúpulos siguen ahí presentes. Pero parece que se han ampliado, antes no podíamos vivir en las “zonas buenas”, ahora ya ni tan siquiera nos dejan vivir en las mediocres. Parece que volveremos a esos años de chabolas a las afueras de las grandes ciudades donde vivían todos los que mantenían la ciudad en marcha, obreros, camareros, limpiadoras..-
Es cierto, Gabi C S, la chica sin nombre, se merece una plegaria en forma de fuego fatuo, creo que mis letras eran un poco eso, un homenaje que nunca leerá. Resistir sigue siendo vencer, no lo sé, la verdad es que lo dudo, pero a veces es lo único que podemos hacer.
Judit C.
Es un tema el lugar donde vivir ahora mismo en España, cada vez nos lo ponen más difícil si en su momento no pudiste comprarte algo. La gente joven lo tiene peor. Los políticos sólo saben gestionar lo que puede darles dinero y a quién le importan las personas. Ven un barrio con una oportunidad y van a por todas. Vamos a llamarle ” barrio bohemio”, “barrio de artistas”…no sé…vamos a poner cafeterías de especialidad y vamos hacer que los turistas y los expa vengan a encarecer todo…y luego…luego los que vivían de siempre ahí vamos a arrinconarlos más…
Yo no viví en la perifèria però viví en el centro de una ciudad donde vivíamos “los pobres”. Luego se lavó la cara a ese centro, los alquileres se multiplicaron por mil, se pusieron tiendas de diseño y cafeterías para los turistas. Y tuvimos que marcharnos.
Creo que los recuerdos se están convirtiendo en el presente. Es como que nada mejora últimamente…
Me quedo con esta frase espectacular ” la imaginación es el salvavidas de los supervivientes”.
José A. García
El futuro nunca llegó, ni llegará, a menos que se tenga algo de interés para el centro. Lo que sea. ¿No se lo tiene? entonces no, nunca llegará, ni aunque se lo reclame.
Saludos,
J.
BDEB
De nuevo me he sentido identificada con tu texto. Yo también vivi en la “periferia” y en mi caso un aparcamiento de coches o un campo de tierra, eran los lugares idóneos para dibujar unas bases y con un palo en forma de bate y una pelota de tenis, jugar al béisbol, aún así creo que tuve una bonita infancia.
Más tarde llegaron centros comerciales para “adentrar” un poco esa periferia en la ciudad (o quizás no habían más terrenos disponibles…
Supongo que no se trata de hacer, sacarse fotografías sacando pecho y después olvidar, pero sí, es lo que suele pasar.
Vivo cerca de esos lugares y paso a diario por algunos de ellos y en ocasiones te acuerdas de esa niña que un día se quedó sin viajar mientras otros si lo hacían.
Un abrazo Beauseant.
Joiel
Los de alrededor observan, callan, forman sus propias ideas, acumulan. Hay días en los que la noche llega mucho antes de lo esperado.
Milena
Me gusta mucho tu texto de hoy, Beauséant.
La dignidad es algo que ignoran la mayoría de políticos, desgraciadamente.
La ingenuidad… a mí también me pesa… y no veas la rabia que me da… ya me gustaría saber porqué algunos somos tan-tan ingenuos
ConejoOdiaGuordpres
Carajo, después de leer esto me doy cuenta que la periferia en la Ciudad de México es exactamente igual, con los ricos de un lado de la calle y los… de la periferia en el otro (literalmente), con ese “orgullito” de ser de barrio, con las chicas con cuerpo de niñas y cara de adulto ‘trabajando’ por ahí. Lo mismo nos ponen la cancha de futbol que pedimos por años para después ser el hotel 5 estrellas de indigentes y todo-menos-gentes, igual de peligrosos los 2.
citu
A los politicos solo les interesan sus cosas. Te mando un beso.
evavill
Tremendo y realista relato.
Yo nací y crecí en uno de esos barrios, lo recuerdo con cariño porque era pequeña, jugaba mucho en la calle y había muchos niños. De adolescente ya no estaba ahí, me libre de ver escenas más sórdidas.
Muy bien escrito!!
Beauséant
Parece que nos van desplazando, ¿verdad?, Judit C., que llega un día que la ciudad donde aprendiste a caminar, el barrio donde creciste, ya no son tuyos, que no te puedes permitir vivir ahí porque alguien le ha puesto un cartel enorme de se vende. Las salas de conciertos desaparecen, los bares sórdidos y las viviendas sociales de ladrillo, van dejando paso a un decorado que hace indistinguibles las ciudades.
Que, es cierto, muchas de esas cosas eran cutres, y ciertos sitios hasta peligrosos, pero en vez de mejorarlos para los que ya estaban, parece que han dejado hundirse lugares para luego poder especular con ellos sin problemas.
Al final sólo nos queda la imaginación, es lo que nos salva, ¿no te parece?
Lo que recuerdo de esos lugares, un poco similares a los tuyos, BDEB, es que, más o menos, no había clases sociales, quiero decir, alguna familia se compraba un coche un poco mejor, algunos viajaban un poco, pero éramos todos más o menos igual de pobres. Creo que crecí si saber las tremendas diferencias sociales existentes, no lo vi hasta casi la Universidad.
Tienes razón, no hay que sacar pecho, no veo muchos motivos de orgullo, pero debemos intentar no olvidar de donde venimos, creo que es es importante.
Creo que para algunas personas, Joiel, la noche nunca es un consuelo, demasiados demonios dando vueltas en ella.
Que no te pese, Milena, bendita tu ingenuidad, sentirse culpable por hacer lo correcto cuando todo el mundo hace lo incorrecto es firmar una derrota, no la firmes, mejor ondea con orgullo esa bandera, nadie más lo hará, ¿sí?
Lo has resumido estupendamente, ConejoOdiaGuordpres, cuando aparecían los políticos por el barrio era para inagurar alguna tontería, olvidarla y convertirla en otra cosa pasadas las elecciones. Supongo que hay mucho beneficio en dejar decaer ciertas zonas para luego “restaurarlas”
La pena, citu, es que “sus cosas” nunca sean “nuestras cosas”, ¿no te parece?
Mil gracias, evavill, sabía yo que por aquí habría muchas “hijas de la periferia”… Cuando eres niño lo ves con unos ojos que aún no se han manchado, no unes las líneas de puntos. Luego creces, claro, y el golpe de realidad suele ser implacable.
Cabrónidas
Periferia nunca acaba de morir. No hace más que envejecer y envejecer. Llegado diciembre le cambian el traje y le lavan un poco la cara, pero sigue siendo el Edén de la decadencia. El paraíso del que si no consigues escapar a tiempo, te obliga sin que te des cuenta a reescribir el pasado de tus ancestros.
Eva
Tampoco yo he estado nunca en Eurodisney ni me eligieron delegada de clase, siempre escondida en la tierra de los invisibles, pero como a los habitantes de la periferia, nos queda la imaginación (ya que no la palabra) para sobrevivir de tanto gris, Beauseant, de tanto olvido.
Fackel
Leyendo la parte final del relato me ha venido a la mente El libro de Monelle, de Marcel Schow. No por periferia sino por una Monelle que tú comprendiste tardíamente que lo era.
Carlos Perrotti
Hay que ser muy consciente para poder escribir y pintar así… El texto está repleto de hallazgos y el anteúltimo parrafo es desgarrador.
Beauséant
Hay mucha profundidad, Cabrónidas, en la frase final, es cierto, si logras escapar a tiempo puedes ver en ella cierta belleza, la belleza de las batallas pérdidas de antemano. Pero cuando te atrapa, es cuando comprendes la realidad de lo que te rodea.
Quizás, Eva, no eran tan importantes como lo parecieron en su momento, ¿verdad? o quizás es el triste consuelo de los invisibles que sólo tienen la bandera de la imaginación.. y que no nos la quiten, ¿verdad?
No voy a engañarte, Fackel, no conocía la obra. Viendo el argumento creo que es verdad, que hay muchos parecidos en el personaje. Me pregunto porqué, tras tanto tiempo, sigue acudiendo a mi memoria y lo hace, además, con un tono de culpa, cuando bien poco pude hacer… Los caminos de la culpa, ¿verdad?
Mil gracias, Carlos Perrotti, a veces busco la inconsciencia, el no pensar, no darle muchas vueltas a las cosas que “son así”, pero siempre hay algo dentro que me lo impide.. La culpa, quizás sea la culpa. Es complicado dormir por la noche cuando eres demasiado consciente…
Beauséant
Perdona, José A. García, el comentario se había quedado en el limbo de los comentarios inconclusos de WordPress 🙂 Los centros los absorben todo, ¿verdad? En las ciudades, pero también en los países donde las capitales grandes se lo llevan todo. La periferia sólo tiene derecho a la pataleta, a reventarlo todo, como ocurrió en Inglaterra, que mucha gente voto al brexit sólo para poder fastidiar a la capital.
Malania Nashki
Creo que actualmente se dan casos como este que cuentas muy bien.
Es lamentable que existan en todo el mundo, y creo que es la ley de la vida, unos pobres, otros ricos.
Quizás sea verdad que muchas mujeres se prostituyen por necesidad económica.
En fin…la sociedad de siempre en desigualdad.
Malania Nashki
Quizás gusten leer algo de lo que he escrito, sobre la desigualdad social:
https://cupoleno.com/dos-dimensiones-en-cajas-sin-regalos/
Los espero.
Toro Salvaje
En mi Periferia no queda nadie de aquellos tiempos.
Ni las pistas de baloncesto, ni el campo de fútbol… ni el quiosco donde comprábamos las pipas saladas.
Hoy he pasado por allí, haciendo deporte, a las seis y media de la mañana (con este calor no me queda otra que hacer ejercicio al aire libre a esa hora), me ha sorprendido ver a docenas y docenas de musulmanes supongo… yendo hacia una mezquita que han construido allí, iban muy bien vestidos (pienso que debe ser alguna celebración religiosa) y también llevaban niños, todos con su ropa tradicional…, me ha extrañado por la hora que era y también por la seriedad y serenidad con que iban y he pensado en cómo cambia todo… hace pocas décadas era un barrio muy humilde de con gente proveniente de toda España, en teoría católicos… ahora ha cambiado completamente… y supongo que en el futuro también cambiará.
Vivimos más tiempo que lo que duran las cosas y nos quedamos en medio de recuerdos y futuros que ya no nos contemplan.
Etienne
Pueden cambiar los años o las épocas, pero hay ciertas cosas y personajes que permanecen. Las actitudes de los políticos son universales, lo mismo que sus mentiras.
En el pueblo en el que nací y crecí no se notaban tanto esas diferencias, o mi inocencia de clase media me impedía darme cuenta de los desplantes de los ricachones. Creo también que crecer en las plazas, calles o potreros fue mucho mejor que las pantallas omnipresentes y paranoicas de hoy, eso no dio una capa de coraza adicional.
Beauséant
Me sigue costando acostumbrarme a que eso sea ley de vida, Malania Nashki, todo sistema social lleva intrínseco algún tipo de desigualdad, eso puedo entenderlo, claro, pero cuando las diferencias son tan abismales, cuando hay gente que podría vivir mil vidas sin trabajar y, aún así, les sobraría dinero, pero no dejan de querer acumular más, y lo hacen a costa de destruir vidas y ecosistemas… pues, me cuesta, más que una ley de vida parece una ley de muerte.
Las ciudades se transforman, Toro Salvaje, y cuesta acostumbrarse a los cambios. Recordar mi periferia con cariño puede ser un error, quizás el cariño venga de que tenía un cuerpo joven y una cuenta corriente intacta de esperanzas. Quizás haya cambios para mejor.. lo cierto es que son inevitables, yo me limito a tomar notas, a escribir sobre ello.. intuyendo ese futuro del que hablas y recordando ese pasado.
Para mi ese cambio, Etienne, fue uno de esos momentos en los que pasas a la vida adulta. Tus compañeros de clase, la gente del barrio, todos eran, más o menos iguales, alguno un coche un poco mejor, otros tenían varias televisiones o compraban algún aparato nuevo, pero no era consciente de la desigualdad brutal que había en la ciudad, no digamos y el país o, claro, el mundo. Entiendo que para la juventud, que ven esa desigualdad a través de las pantallas, debe generar mucha ansiedad, ¿verdad? Saber que esa vida nunca sera tuya a una edad en la que aún deberías ser inocente del todo.
Marisa Alonso Santamaría
Hay muchos Periferia por el mundo, aunque no lo creas.
Un abrazo, Beauséant.
Feliz día.
Doctor Krapp
Mea culpa, soy un hijo de la Periferia de los que fue a Disney, pero he visto la degradación de esos espacios fronterizos a los que he dedicado entradas en mi blog y como he vuelto a vivir al lugar de mi lejana infancia el recuerdo de lo perdido es devastador. Casi como el tuyo, aunque con algo menos de tragedia.
Saludos
beauseant
Lo creo, Marisa Alonso Santamaría, claro que lo creo, la mía ni tan siquiera era de los peores. Diez, veinte años antes en el mismo lugar y ya habría sido algo mucho peor. Lo que influye el azar, el código postal donde nacemos, ¿verdad?
En el mio, Doctor Krapp, la tragedia llego después, cuando pude pensar en ello. Mientras vivía la infancia me parecía una infancia normal, pensaba que el mundo entero era así. Con la edad adulta descubres las grandes diferencias, vuelves, como dices, a los viejos lugares, y todo es abrumador, pesa demasiado, ¿verdad?
Frodo
Ni te imaginas lo que es Culismundi, un sitio que está en la periferia del Primer Mundo, en la periferia de la Europerisferia.
Tenemos nuestros líos -los actuales por ejemplo-, pero en las pocas épocas de prosperidad, al estar alejado de los quilombos de aquel Mundo nos sentimos como niños jugando en el patio en horas de recreo.
Abrazos, Beau
Beauséant
Culismundi, me encanta esa topografía, Culismundi, un lugar más cercano de lo que parece, ¿verdad? El problema de Culismundi es que para las cosas buenas está muy lejos, pero las malas manchan igual. Es lo de nuestro sistema, no nos deja salirnos, pero tampoco nos deja ganar.
Mento
No comenté en su momento. Porque lo que te Ia que decir no sabía si lo ibas a entender. Pero después de leer tu comentario de hoy, aquí estoy.
Yo he sido delegada de clase a los cincuenta.
Aunque claro lo mío es sobrevivir …. pero eso sí, soñar, sigue siendo mi elección.