leer,  mirar

las ausencias

El día que mi hermana no regresó a casa los relojes se pararon de golpe y los números con sus manecillas se convirtieron en hojas secas que cayeron al suelo envueltas en un silencio de iglesia.

Supimos que ya no regresaría porque había dejado de sonreír en las fotografías desplegadas sobre la repisa de la chimenea. Sólo miraba al frente, una mirada profunda desde otro lugar que nos estaba vedado, una mirada en la que era fácil ahogarse si la mirabas durante mucho tiempo y que parecía un mudo reproche a los que aguardábamos enmudecidos al otro lado del marco.

Esa noche escuchamos ruidos en la habitación del segundo piso. Alguien movía una silla, alguien arrastraba los pies, alguien buscaba algo en la estantería moviendo las cosas con la inquietud de quien ha olvidado justo lo que necesita.

Mi padre y su eterna cara de asombro, mi madre y su tristeza, yo y mi dolor, un grupo de penitentes quietos en el sofá, testigos mudos. Esa noche no subimos a dormir a nuestras habitaciones, no encontramos fuerzas para enfrentarnos a esa presencia que había invadido la planta superior.

Al día siguiente volvieron los ruidos. El arrastrar de sillas, el buscar inquieto y, de pronto, se detuvieron y fueron seguidos por unos pasos en las escaleras y el sonido de una puerta al cerrarse con cuidado.

No volvimos a escuchar más ruidos desde día. Esa noche mi madre rompió a llorar y ya no dejaría de hacerlo en todo el poco tiempo que estuvo con nosotros, porque fue entonces cuando mi madre empezó a marcharse de nuestro lado. Poco a poco, sin molestar, como lo hizo todo en su vida.

Un largo reguero de ausencias.

Una noche dejó de cenar en la mesa, se pasaba horas sentada en la silla mirando un vacío en el que parecía encontrar respuestas, después dejo de cerrar la puerta de su cuarto al acostarse, como si ya no le importara quién entrara o quién la mirara dormir.

Empezamos a mirarla como habíamos mirado las fotografías de mi hermana: buscando la sonrisa, su ausencia, esperando que en algún momento no estuviera. Y una noche, mientras subíamos por fin las escaleras que llevábamos semanas evitando, oímos un ruido nuevo, distinto de los otros dos: no arrastraba nada, no buscaba nada. Solo aguardaba.


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27 Comments

  • BDEB

    Las ausencias hacen que nunca más volvamos a ser los mismos. A veces, incluso sin vivirlas, las sentimos durante toda la vida, las sentimos en esos padres que su mirada se queda vacía, que prefieren no hablar de ello porque quizá así es menos “real”.

    Hoy Beauseant tus letras emocionan y brillan, porque algunos brillos están ocultos y nunca se van del todo.

    Un abrazo enorme.

  • Diego

    Es muy triste ver cómo se detienen las agujas de los relojes vitales de personas a las que queremos. Pero debe ser angustioso ver que esas mismas agujas desaparecen. O quizás es liberador…

  • Beauséant

    Muchas gracias, CatBallou, salió de las entrañas.

    Intentaba canalizar algo, BDEB, las palabras a veces pueden ayudar a, al menos, intentar buscar una explicación, adornarla quizás con algo de literatura, pero las ausencias parecen escapar a cualquier intento de atraparlas, pesan demasiado, dejan un hueco demasiado grande.. los padres, esa mirada vacía, sí, no hay forma de hacer literatura con ello.

    El problema, Diego, es que las ausencias dejan todas las preguntas en el aire, no hay una catarsis, un fuego que lo consuma todo o una conclusión. Cuando el dueño de un perro muere conviene dejar que vea el cadáver, que entienda lo ocurrido, de lo contrario el animal pasará toda su vida pensando que ha sido abandonado. Necesitamos las conclusiones, las certezas aunque duelan.

    La memoria traicionera, miquelcartisano, que lo inventa todo, que lo descoloca todo hasta que, al final, es imposible saber lo que ocurrió, las palabras que se dijeron, las que quedaron en silencio hasta el final.

  • Magade Qamar

    Beau, escribes muy bien, pero las imágenes que compartes se llevan toda mi atención. Lo que tus letras plasman es sobrecogedor; una atmósfera de dolor sordo, de pérdida y de casas habitadas por fantasmas —tanto los que se van como los que se quedan marchitándose lentamente— que aprieta el alma.
    Esa imagen de los relojes cuyas manecillas se vuelven hojas secas, o la madre desvaneciéndose poco a poco como un eco, es de una belleza tan lúgubre como demoledora.
    Gracias por remover así por dentro.
    Un beso enorme.

  • tyerik

    Hoy precisamente pensaba, porque eran los domingos cuando quedábamos para tomar el aperitivo, en ello. Y es que tengo que preguntar a su hijo o a mi amiga, su mujer que hicieron al fin con sus cenizas y las de su hija.
    * Erik

  • Eva

    Buf, me ha parecido estar leyendo un cuento de Cortázar. Genial, Beauseant, has creado imágenes y hasta sonidos con tus palabras. Directo a la sensación, a lo que no se puede explicar pero te devasta por dentro. Cada ausencia es un nuevo vacío… supongo que hasta que ya no quede nada más que desaparecer también.

  • Gabi C S

    Cada vez vamos mas cojos, aun conservando las piernas. La artrosis es una somatizacion de los palos intangibles, pero no es la unica. Imaginate
    Abrazoooo

  • Beauséant

    Las sonrisas mienten, José A. García, o se mienten las personas que quieren ver en ellas cosas que no existen. Las sonrisas son como los posos del té donde queremos ver el futuro, y nos lo acabamos inventando.

    Muchas gracias, Magade Qamar por fijarte en ellas, en las imágenes. Lo normal es hacer la foto y luego construir el texto, pero en está ocasión tenía el texto, un texto con un trasfondo personal, que quería convertir en una imagen.. al final decidí que el paso del tiempo, que las ausencias, bien podían ser esas hojas secas que caen sobre relojes que han perdido las manecillas… de la nada venimos y nos desvanecemos en esa misma nada, y nada dejaremos a nuestro paso.

    No es la mejor manera de empezar la semana, ConejoOdiaGuordpres, pero, bueno, ya sabes….

    Quizás sea mejor no preguntar, tyerik, las ausencias duelen, pero volver a ellas no nos suele dar consuelo, sólo provocar más ausencias.

    Palabras mayores traer aquí a Cortázar, Eva, no sabes cuánto te lo agradezco… Creo que las vidas acaban siendo un vacío, un vacío que intentamos llenar con otras cosas, con sensaciones, con personas, pero que no sirve de nada, que ese pozo de lo que somos tiene un augerito en el fondo, más grande conforme avanza el tiempo, y que la vida nos acabará dejando sin nada… Escribo para ahuyentar esos demonios, pero muerden, ya lo creo que muerden.

    Al leerte, Gabi C S, he imaginado a esos corredores que tropiezan en la recta final y van dando tumbos, medio se caen, medio se levantan, intentando llegar a la meta…

    Con suerte, Cabrónidas, seremos un recuerdo, eso querrá decir que alguien ha sostenido la llamita de lo que fuimos.. en mi caso creo que seré una ausencia, que no quedará nada para recordarme.

    Te ha quedado casi un haiku, Citu, no podemos acumular ausencias y seguir siendo las mismas personas, eso es cierto.

    Gracias, Toro Salvaje, creo que nunca has comentado a la ligera, pero entiendo a que te refieres. A mi los comentarios me ayudan, no sabría cómo, pero me ayudan, compartir de alguna forma lo que ayuda, no lo arregla, pero lo suaviza.

  • Alfred Comerma Prat

    No hay que preguntarse el porqué de las ausencias; solo saber si fueron responsabilidad nuestra, o voluntad escogida, o el destino que nos espera.
    Un texto muy duro, difícil de sondear.

  • Doctor Krapp

    Un texto de una calidad excepcional y que te conmueve dese esa primera frase que lo dice todo y ese final, “solo aguardaba”, es de las que no se olvidan.
    Lo que describes confirma algo que muchos hemos observado: la gente no se va de una vez. Hay un proceso de desapego gradual, una despedida que se extiende en el tiempo y que no afecta solo a quienes ya están enfermos. La madre del texto lo hace así, poco a poco, sin molestar, como lo hizo todo en su vida.
    Las fotografías de los relojes parados con flores secas no ilustran el texto, lo prolongan. El tiempo detenido y la vida que se agota son la misma idea en dos lenguajes distintos.

  • Neuriwoman

    Me ha dejado una sensación inquietante y triste a la vez. Ese «largo reguero de ausencias» me parece especialmente doloroso: primero se va una persona, después empieza a irse otra poco a poco, aunque todavía siga físicamente en casa. Es tremendo ese efecto dominó emocional ante la pérdida. Un gran abrazo

  • María

    Antes que nada decirte que las imágenes me parecen preciosas, Beauséant. Y en cuanto al texto… bufff se me ha encogido el corazón. Me ha dolido al leerte. Las ausencias son terribles, hasta que te vas haciendo a la idea de la pérdida, el duelo hay que pasarlo, y cómo duele!!!!!!uie v

    Estos días son nostálgicos, el otoño, ahora vienen Los Santos…

    Un abrazo.

  • Carlos Perrotti

    Ausencias que nos habitan hasta ser declaradas presencias…
    Abrazo pleno de sincera admiración una vez más!!

  • Sabius

    Has descrito con maestría el dolor por las ausencias que todos hemos sentido. Las pérdidas no son inmediatas y generan un duelo intenso y duradero. La foto apoya perfectamente el texto tan íntimo y emocional. Un abrazo.

  • Beauséant

    A veces nos llegan las ausencias, Alfred Comerma Prat, a veces somos ausencia. Quizás tampoco importe mucho como llegamos a ellas si al final nos duelen igual.. su presencia, esa no presencia que lo llena todo, es lo único que importa.

    Cierto, Milena, no lleva a lugares que no conocemos, que en realidad, no queremos conocer, pero llegamos, tarde o temprano llegamos a ellas.

    Nunca hay un portazo, ¿verdad?, Doctor Krapp, es más un retirarse del mundo de los vivos, un desvanecerse como el de las viejas fotografías que acaban siendo transparentes. Al final sólo queda aguardar, esperar porque ya no esperas nada.. Me gustan las fotografías de relojes porque encierran un gran simbolismo en sus esferas, creo que ellas hay lecciones de filosofía, de religión.. de la vida.

    Vamos dejando ese rastro de miguitas, Mónica Frau, el de nuestras ausencias. No es un rastro agradable de seguir, porque, pese a su ausencia, siguen estando demasiado presentes.

    Un dominó emocional, Neuriwoman, una piececita inocente que lo tira todo… Las generaciones más antiguas estaban peor preparadas para recibir ese golpe, negaban esos problemas porque para ellos sólo existía el dolor físico. Las generaciones que han llegado después son más conscientes de que existen otro tipo de dolores, pero creo que aún no han, no me hemos aprendido a combatirlos, ¿pueden combatirse?

    Quizás se haya colado un poco de otoño en el texto, María, es cierto, los días de otoño son propensos a la introspección, a meterse dentro de lo que somos y abrir puertas que estaban cerradas. El duelo hay que pasarlo, pero muchas veces, la persona que sale de ese duelo ya no es la misma, y hay duelos que no pueden pasarse porque hay ausencias que no tienen un cierre.

    Me gusta mucho esa frase, Carlos Perrotti, ausencias que son presencias, ¿verdad? Que tienen forma, cuerpo, que ocupan un espacio, que no se olvidan… muchas gracias por ese descubrimiento.

    Muchas gracias, Sabius, el problema de esas ausencias es que, a veces, son desapariciones, no tienen un cierro concreto, alguien se marcha y no sabes más. ¿Cómo cerrar ese duelo?, es una losa casi imposible de quitar cuando es alguien que te toca cerca.

  • Etienne

    Muchas veces las ausencias son más poderosas que la presencia, tal vez porque no tienen dobleces, no se esconden tras pantallas o respuestas entredientes o de compromiso. La ausencia es descarnada, es invisible y frontal. El vacío que grita donde antes había un cuerpo arrastrando sus pensamientos hiere más que el eco de esos ruidos buscando quién sabe qué, tal vez una excusa para demorar la partida, tal vez para ahondar la herida.
    El ausente la tiene fácil, no sabe que no está.

  • frodorock Blog

    Uffffff
    Sentidas palabras. Emocionante, Beau.
    ¿Qué otra cosa más desconcertante que la ausencia y el paso del tiempo hay?
    Ya que mencioné a Gardel en el anterior: “Sus ojos se cerraron… y el mundo sigue andando”.

    Abrazos, que te sea lo más leve posible.

  • Beauséant

    Eso es lo duro de las ausencias, Etienne, lo has definido perfectamente, no puedes dialogar con ella, no puedes buscar explicaciones, no te permiten ignorarlas. Por eso, ante una desaparición, siempre hay un padre, una madre, reclamando al menos un cuerpo, algo que poder enterrar para que esa ausencia pueda convertirse en otro tipo de dolor. Los ausentes, cierto tipo de ausentes, aún pueden sufrir, no te creas, hablo de los que huyen, de los que no quieren volver.

    Qué injusticia esa, frodorock Blog, desaparecer y que el mundo siga girando, ni tan siquiera, no sé, atrasar un minuto el reloj, ¿no? No te acostumbras a las ausencias, pero sigues, qué remedio, seguir y seguir.

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