leer,  mirar

las ausencias

El día que mi hermana no regresó a casa los relojes se pararon de golpe y los números con sus manecillas se convirtieron en hojas secas que cayeron al suelo envueltas en un silencio de iglesia.

Supimos que ya no regresaría porque había dejado de sonreír en las fotografías desplegadas sobre la repisa de la chimenea. Sólo miraba al frente, una mirada profunda desde otro lugar que nos estaba vedado, una mirada en la que era fácil ahogarse si la mirabas durante mucho tiempo y que parecía un mudo reproche a los que aguardábamos enmudecidos al otro lado del marco.

Esa noche escuchamos ruidos en la habitación del segundo piso. Alguien movía una silla, alguien arrastraba los pies, alguien buscaba algo en la estantería moviendo las cosas con la inquietud de quien ha olvidado justo lo que necesita.

Mi padre y su eterna cara de asombro, mi madre y su tristeza, yo y mi dolor, un grupo de penitentes quietos en el sofá, testigos mudos. Esa noche no subimos a dormir a nuestras habitaciones, no encontramos fuerzas para enfrentarnos a esa presencia que había invadido la planta superior.

Al día siguiente volvieron los ruidos. El arrastrar de sillas, el buscar inquieto y, de pronto, se detuvieron y fueron seguidos por unos pasos en las escaleras y el sonido de una puerta al cerrarse con cuidado.

No volvimos a escuchar más ruidos desde día. Esa noche mi madre rompió a llorar y ya no dejaría de hacerlo en todo el poco tiempo que estuvo con nosotros, porque fue entonces cuando mi madre empezó a marcharse de nuestro lado. Poco a poco, sin molestar, como lo hizo todo en su vida.

Un largo reguero de ausencias.

Una noche dejó de cenar en la mesa, se pasaba horas sentada en la silla mirando un vacío en el que parecía encontrar respuestas, después dejo de cerrar la puerta de su cuarto al acostarse, como si ya no le importara quién entrara o quién la mirara dormir.

Empezamos a mirarla como habíamos mirado las fotografías de mi hermana: buscando la sonrisa, su ausencia, esperando que en algún momento no estuviera. Y una noche, mientras subíamos por fin las escaleras que llevábamos semanas evitando, oímos un ruido nuevo, distinto de los otros dos: no arrastraba nada, no buscaba nada. Solo aguardaba.


Discover more from El artista del alambre

Subscribe to get the latest posts sent to your email.

19 Comments

  • BDEB

    Las ausencias hacen que nunca más volvamos a ser los mismos. A veces, incluso sin vivirlas, las sentimos durante toda la vida, las sentimos en esos padres que su mirada se queda vacía, que prefieren no hablar de ello porque quizá así es menos “real”.

    Hoy Beauseant tus letras emocionan y brillan, porque algunos brillos están ocultos y nunca se van del todo.

    Un abrazo enorme.

  • Diego

    Es muy triste ver cómo se detienen las agujas de los relojes vitales de personas a las que queremos. Pero debe ser angustioso ver que esas mismas agujas desaparecen. O quizás es liberador…

  • Beauséant

    Muchas gracias, CatBallou, salió de las entrañas.

    Intentaba canalizar algo, BDEB, las palabras a veces pueden ayudar a, al menos, intentar buscar una explicación, adornarla quizás con algo de literatura, pero las ausencias parecen escapar a cualquier intento de atraparlas, pesan demasiado, dejan un hueco demasiado grande.. los padres, esa mirada vacía, sí, no hay forma de hacer literatura con ello.

    El problema, Diego, es que las ausencias dejan todas las preguntas en el aire, no hay una catarsis, un fuego que lo consuma todo o una conclusión. Cuando el dueño de un perro muere conviene dejar que vea el cadáver, que entienda lo ocurrido, de lo contrario el animal pasará toda su vida pensando que ha sido abandonado. Necesitamos las conclusiones, las certezas aunque duelan.

    La memoria traicionera, miquelcartisano, que lo inventa todo, que lo descoloca todo hasta que, al final, es imposible saber lo que ocurrió, las palabras que se dijeron, las que quedaron en silencio hasta el final.

  • Magade Qamar

    Beau, escribes muy bien, pero las imágenes que compartes se llevan toda mi atención. Lo que tus letras plasman es sobrecogedor; una atmósfera de dolor sordo, de pérdida y de casas habitadas por fantasmas —tanto los que se van como los que se quedan marchitándose lentamente— que aprieta el alma.
    Esa imagen de los relojes cuyas manecillas se vuelven hojas secas, o la madre desvaneciéndose poco a poco como un eco, es de una belleza tan lúgubre como demoledora.
    Gracias por remover así por dentro.
    Un beso enorme.

  • tyerik

    Hoy precisamente pensaba, porque eran los domingos cuando quedábamos para tomar el aperitivo, en ello. Y es que tengo que preguntar a su hijo o a mi amiga, su mujer que hicieron al fin con sus cenizas y las de su hija.
    * Erik

  • Eva

    Buf, me ha parecido estar leyendo un cuento de Cortázar. Genial, Beauseant, has creado imágenes y hasta sonidos con tus palabras. Directo a la sensación, a lo que no se puede explicar pero te devasta por dentro. Cada ausencia es un nuevo vacío… supongo que hasta que ya no quede nada más que desaparecer también.

  • Gabi C S

    Cada vez vamos mas cojos, aun conservando las piernas. La artrosis es una somatizacion de los palos intangibles, pero no es la unica. Imaginate
    Abrazoooo

  • Beauséant

    Las sonrisas mienten, José A. García, o se mienten las personas que quieren ver en ellas cosas que no existen. Las sonrisas son como los posos del té donde queremos ver el futuro, y nos lo acabamos inventando.

    Muchas gracias, Magade Qamar por fijarte en ellas, en las imágenes. Lo normal es hacer la foto y luego construir el texto, pero en está ocasión tenía el texto, un texto con un trasfondo personal, que quería convertir en una imagen.. al final decidí que el paso del tiempo, que las ausencias, bien podían ser esas hojas secas que caen sobre relojes que han perdido las manecillas… de la nada venimos y nos desvanecemos en esa misma nada, y nada dejaremos a nuestro paso.

    No es la mejor manera de empezar la semana, ConejoOdiaGuordpres, pero, bueno, ya sabes….

    Quizás sea mejor no preguntar, tyerik, las ausencias duelen, pero volver a ellas no nos suele dar consuelo, sólo provocar más ausencias.

    Palabras mayores traer aquí a Cortázar, Eva, no sabes cuánto te lo agradezco… Creo que las vidas acaban siendo un vacío, un vacío que intentamos llenar con otras cosas, con sensaciones, con personas, pero que no sirve de nada, que ese pozo de lo que somos tiene un augerito en el fondo, más grande conforme avanza el tiempo, y que la vida nos acabará dejando sin nada… Escribo para ahuyentar esos demonios, pero muerden, ya lo creo que muerden.

    Al leerte, Gabi C S, he imaginado a esos corredores que tropiezan en la recta final y van dando tumbos, medio se caen, medio se levantan, intentando llegar a la meta…

    Con suerte, Cabrónidas, seremos un recuerdo, eso querrá decir que alguien ha sostenido la llamita de lo que fuimos.. en mi caso creo que seré una ausencia, que no quedará nada para recordarme.

    Te ha quedado casi un haiku, Citu, no podemos acumular ausencias y seguir siendo las mismas personas, eso es cierto.

    Gracias, Toro Salvaje, creo que nunca has comentado a la ligera, pero entiendo a que te refieres. A mi los comentarios me ayudan, no sabría cómo, pero me ayudan, compartir de alguna forma lo que ayuda, no lo arregla, pero lo suaviza.

  • Alfred Comerma Prat

    No hay que preguntarse el porqué de las ausencias; solo saber si fueron responsabilidad nuestra, o voluntad escogida, o el destino que nos espera.
    Un texto muy duro, difícil de sondear.

  • Doctor Krapp

    Un texto de una calidad excepcional y que te conmueve dese esa primera frase que lo dice todo y ese final, “solo aguardaba”, es de las que no se olvidan.
    Lo que describes confirma algo que muchos hemos observado: la gente no se va de una vez. Hay un proceso de desapego gradual, una despedida que se extiende en el tiempo y que no afecta solo a quienes ya están enfermos. La madre del texto lo hace así, poco a poco, sin molestar, como lo hizo todo en su vida.
    Las fotografías de los relojes parados con flores secas no ilustran el texto, lo prolongan. El tiempo detenido y la vida que se agota son la misma idea en dos lenguajes distintos.

Leave a Reply