la vida a otra velocidad
Qué extraña se vuelve la vida cuando bajas la velocidad y observas las cosas, digamos, en su conjunto. Las personas, esas presencias solidas que creemos eternas, se desvanecen hasta convertirse en jirones de nada. Extraños que dejaron de serlo, que llegaron a tu vida, cambiaron los muebles de sitio, se apoderaron del hueco en los armarios y , cuando creías que estarían ahí para siempre, desaparecen dejando un hueco con una forma muy precisa que no podemos, que es imposible llenar con algo diferente porque se han convertido en ausencias.
Deberíamos dar las gracias por ese tiempo compartido, por los momentos tan fugaces, pero tan llenos de ruido, de color de… sí, de vida, porque eso es la vida, esa confusión. Pero no lo hacemos, siempre nos quedamos atrapados en los lamentos, en las cosas que perdimos, o peor, en las cosas que dejamos marchar.
Tengo una nueva cámara.
Creo que no le gustan las fotografías lentas, es una cámara de francotirador. Si me descuido y dejo el dedo demasiado tiempo en el obturador es capaz de crear una película a base de fotogramas fijos, como en esos dibujos de mi infancia en los que pasabas veloz las páginas de un libro y veías a un gato que nunca atrapaba al ratón.
Cuando bajo la velocidad, la cámara protesta, se encienden mudos avisos por todas partes, siento que la obligo, que la empujo a en una dirección a la que no quiere ir. Ella, mi flamante nueva cámara, quiere velocidad, quiere detectar un rostro en la toma y seguirlo frenética como un sabueso enfurecido, no quiere tomar fotos, quiere cazarlas.
Es agotadora.
Mi vieja cámara, me resisto a llamarla así pero en eso se ha convertido, no era así. Quizás ya nos habíamos llegado a conocer, o serán las cosas de la edad, que hacen bajar las revoluciones a las que gira el mundo.
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2 Comments
Patricia Plaza
Los-que-se-van dejan un hueco como si tú fueras una almohada de espuma y ellos hubieran apoyado la cabeza. Se levantan y se queda su forma en ti. Eres tú, la misma almohada, pero -para bien o para mal- erosionada por su haber estado.
Estas fotos rápidas de tu cámara nueva, sin embargo, tienen un deje estival, esa manera que tenemos de andar más despacio en verano, como si el mar nos bajara las pulsaciones y las prisas.
Mento
Yo tengo una cámara de esas lentas en las retinas. No importa a la velocidad que vaya el resto de mi persona. Si de mirar de trata prefiero ir a baja revolución y que me dé tiempo de sentirlo todo. Total… es lo único cierto que nos pertenece… el instante. Y como mucho, lo que vivimos en ese instante con quien está a nuestro lado.
Beso!!!