leer,  mirar

una mujer triste

Cuando me la presentaron me dijeron que era una mujer triste. No me lo pareció, esa es la verdad. Me pareció una persona que estaba camino de otra parte, eso sí. ¿De dónde?, creo que ni ella misma parecía saberlo. A veces lo único que necesitas conocer es que es otra cosa la que anhelas y todo se reduce a buscar pequeñas rendijas por las que escapar.

Creo que nunca la vi sonreír, eso es cierto, pero no por eso me pareció una persona triste. Existen sonrisas cargadas de tristeza y bocas alegres de las que nunca se escapa una sonrisa.

Vas a pensar que estoy loca, me dijo una vez. Yo me apresuré a levantar la mano, todo un caballero ofendido y negando semejante afirmación. No, no, por favor, trasmitían mis gestos pero lo cierto es que sí, pensaba que estaba un poco loca y que precisamente eso y no otra cosa es lo que encontraba encantador de su compañía. Me gustan esas personas que saben mirarse a los espejos sin asustarse al contemplar en ellos algo que no esperaban encontrar.

Vas a pensar que estoy loca, repitió esta vez para sí misma, pero un gato salvó mi vida. Mueve rápido las manos para cortar más frases hechas que acudían en mi auxilio y continúa. Estaba perdida de forma irremediable. Mi vida había tocado fondo de todas las maneras en las que una vida puede tocar fondo y, créeme, son muchas… yo tampoco lo sabía. Me mira por un instante y comprendo que en esa frase hay mucho más que una forma de hablar por lo que decido guardar silencio y dejar que siga con su historia. Estaba volviendo a casa, no recuerdo gran cosa, tengo semanas borradas de aquellos años, pero sí recuerdo cuando apareció él entre dos cubos de basura. Un saco de huesos, medio muerto, con unos ojos enormes, intentando abarcar todo lo que le rodeaba. Nos cruzamos la mirada, asentimos y comenzamos a acercarnos con cautela como dos delincuentes que han quedado para hacer un intercambio en medio de un puente oculto entre la niebla. Cuando me agaché a su altura y extendí la mano no se limito a olerla y frotarse contra ella o a salir corriendo, lo que haría un gato. No, se dejo caer sobre ella con todo su cuerpecito como si se hubiese dado cuenta de lo cansado que estaba y hubiese llegado al límite de sus fuerzas. No se limitó a entregarse, era una rendición incondicional. Simplemente puso su vida en mis manos, ¿te das cuenta de lo que significa eso?

Aquel minino salvo mi vida, concluye y se queda mirando al plato de comida que apenas ha probado. En silencio, pensando quizás que ya ha hablado demasiado. Después me mira, sin rastro alguno de tristeza, parece que ha olvidado toda la historia que hemos compartido. Sacude levemente la cabeza como un perro desprendiéndose de un mal recuerdo y vuelve a mirarme con unos ojos que parecen tener muchos más años que ella. Si quieres podemos ir a mi casa y te lo presento.

20 Comments

  • Alma

    Existen esos seres, que sin saberlo, nos salvan la vida entregándonos la suya. Lo único “peligroso” de este hecho, y que pocos saben -o recuerdan en esos momentos- es que el mismo ser que un día te salva, desde ese momento tiene el poder de matarte.

    Un beso.

  • Paloma

    Es muy tierno ese animal que se entrega, rendido, en las manos de ella. Ojalá hubiera manos acogedoras para todos los que lo necesitan.
    Y a su vez él la salva a ella 🙂

    • Mento

      Un gato es como un mago, aparece cuando debe hacerlo. Me ha gustado la historia es tan común para muchos de nosotros que… es fácil entender a la protagonista e incluso reconocerse en el personaje.
      Un 🐱 es la mejor terapia para una persona triste. No tienes que sentir el peso de cuidarlo, lo hacen solos y en el proceso también te cuidan a ti.
      Saludos.

  • Beauséant

    Eso es cierto, Alma, no lo había contemplado, la verdad… cuando le das tanto poder a una persona siempre puede usarlo contra ti.. demasiadas veces lo hemos visto.. y aún así… aún así es bonito confiar, ¿verdad?

    Se salvaron mutuamente, así es Paloma. A veces puede parecer que ya no quedan de esas manos, pero existen, ya lo creo que existen.

    Nos habría podido salvar a los, Toro Salvaje, si tan solo nos hubiésemos dejado…

    Eso que comentas, Mento, sólo lo puede decir alguien con gato, claro 😉 parece increíble que un bicho que van tan a lo suyo, que parece ignorarte, sea capaz de ayudarte de trasmitir tantas cosas con una simple mirada o con ponerse encima tuyo cuando peor te sientes….

  • Ángeles

    Es una historia preciosa, y, como ha dicho Toro, contada con mucha ternura.

    Ese gato que se deja salvar para a su vez salvarla a ella, me ha recordado el lema que preside la famosa librería parisina, Shakespeare and Company (muy vinculada a los gatos, por cierto): “Seamos hospitalarios con los extraños, pues tal vez sean ángeles disfrazados.”

    Un saludo.

  • kasioles

    No hay duda alguna de que tienes madera de escritor.
    Si algo me gusta cuando empiezo a leer algún libro, es que me enganche desde el principio, así me ha pasado con tu relato, misterio, apoyo y ternura se mezclan desde el primer momento.
    Hay ocasiones en que necesitamos sentirnos útiles para alguien, en este caso el gato la necesitaba y llegó en el momento oportuno, la necesidad era recíproca.
    Ha sido un placer leerte.
    Cariños.
    Kasioles

  • Beauséant

    Muchas gracias, Ángeles, me ha encantado tu referencia. Aunque no tengo muy claro si me gusta la frase 😉 Es decir, lo suyo sería ser hospitalarios per se, no por temor a represalias, ¿no?

    Agradezco mucho tus palabras, Kasioles, porque es algo que siempre intento, los inicios para mi son fundamentales en cualquier texto porque sobre ellos construyes el resto y logras, con suerte, que quien lo lea siga hasta el final… Y sí, no sucede siempre, pero a veces las cosas suceden en el momento exacto en el que tienen sentido…

    Vaya, Paloma, espero que no haber metido la pata y que no haya pasado nada grave.

  • Paloma

    Claro que no has metido la pata ni es nada importante. Manías que tengo yo de eliminar lo que escribo si no me convence del todo.
    Disculpa y gracias otra vez.

  • Beauséant

    Muchas gracias, AMAPOLA AZZUL, me gusta eso de envolver 😉

    Lo entiendo, PALOMA, intento no mirar nunca lo que publico una vez que ha salido. A veces creo que lo borraría todo ..

    Sospecho que no, JO, que en realidad elegimos y decidimos sobre muy pocas cosas, apenas nada. El resto de cosas simplemente vamos tropezando con ellas, ¿no te parece?

    En eso estamos de acuerdo, CARMEN, creo que sabrán entenderse y encontrarán un camino que recorrer… El camino que a todos nos toca recorrer, pero con mejor compañía 😉

    Gracias, ALESSANDRINIMARIAMARIA, me ha gustado como lo describes. A veces creo que la vida es eso, un ahogarse constante con breves momentos de sacar la cabeza fuera del agua. Como dice ANONYMOUS, crucemos los dedos porqe la tristeza sea eso, transitoria, una tristeza, MARÍA LÓPEZ, que viene y va, pero en el fondo, sospecho, ciertas tristezas dejan una mancha que no se quitan, son como tatuajes que, como dice ANONYMOUS, se queda en el alma…

  • Maria Dorada

    La vida también nos envuelve en tristeza. Pero todo pasa. Como la lluvia y el sol. Necesitamos de todo.

    Los gatos que parece que a veces nos ignoran nos tienen bien presentes y nos eligen. Yo tengo uno y mira aquí a mi lado está. Siempre conmigo y me transmite mucha paz. Aunque a veces me muerda 😀

    Un placer leerte.

    La anterior ya la he comentado y esta no.la había leído.

    Besos.

  • Beauséant

    Algo de razón tengo que darte 😉 Necesitamos un poco de todo, aunque sea sólo un poco de sufrimiento para poder compararlo con todas las cosas buenas y decidir que no estamos mal del todo.. pero, jope, ¿de verdad nos hace falta?, es que a veces nos pasamos con la dosis 😉

    Lo de morder lo hacen para ver si sigues viva o tienen que aplicar un masaje cardíaco, no lo hacen por maldad, que conste 🙂

Leave a Reply

Your email address will not be published.