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todos hemos estado en Roma

Existen dos formas de acercarse a Roma: la bibliográfica porque todos, desde los tebeos de Asterix y Obelix, hemos estado en Roma y la geográfica, cuando apareces en la estación de Termini con un plano para turistas incautos en el que han plasmado una visión muy optimista de su cartografía.

Los viajeros que regresan de esa ciudad lo hacen cargados con puñados de historias sobre su peculiar forma de conducir, de llevar los negocios y de despreciar con sutileza a los visitantes. No parecen turistas, parecen exploradores que han ido y vuelto del otro extremo del mundo.

Lo cierto es que Roma, Italia en general, es un lugar muy civilizado. Apenas recuerdo un incidente con un niño en el trastevere dándome una patada por un motivo que aún desconozco y a una vetusta anciana afirmando cosas muy feas sobre mis antepasados por intentar hacerle una foto a su minino. Temía la mujer, con toda la razón, que el acto de tomarle una foto pudiese arrebatar su alma inmortal -el alma del micho, se entiende, la anciana era el mismísimo Satanás-.

Además, Roma es un lugar muy seguro. Si por seguro entendemos a una gran profusión de tipos patibularios con armas colgadas a la cintura. Los políticos, viendo que resultaba muy complicado para los foráneos distinguir a los delincuentes de las legítimas fuerzas del orden, han decidido que estos últimos vayan por las calles con algún tipo de uniforme.

Por un lado tenemos a los carabinieri. Son los que tienen los uniformes más chulos, los mejores vehículos y, sospecho, los que más éxito tienen con las mujeres. Se pasean por la ciudad sin otro objetivo definido que mirarte con desprecio para dejarte claro que te conocen mejor que tu propia madre.

Junto a los carabinieri tenemos varios tipos de policía municipal. Llevan los uniformes típicos de un conserje de instituto de los años ochenta y patrullan en unos fiats un tanto ridículos. Ni ellos mismos parecen tomarse muy en serio y por las noches, estoy convencido, sueñan que son carabinieris y recorren la ciudad en unos alfas relucientes.

Entre todos ellos también pulula el ejercito, o al menos alguna rama del ejercito llamada fuerza de defensa. Son unos chavales muy jóvenes que hacen lo imposible por poner las caras de los tipos duros de sus series favoritas de televisión, aunque no les sale demasiado bien. Llegan cada mañana a las zonas más concurridas y aparcan unos furgones Iveco impolutos que colocan permitiendo o denegando el paso a los coches según unos parámetros aleatorios.

También parecen existir una gran cantidad de fuerzas de seguridad privadas. Se encuentran distribuidas por edificios totalmente anodinos y sin ningún tipo de información sobre su uso, aunque es fácil reconocerlos por sus miradas huecas, sus ropas negras sin distintivos y unos bultos sospechosos a la altura de la cintura. No conviene establecer contacto visual con ellos, se les podría descomponer la pose que tanto esfuerzo les ha costado construir.

Además de sus fuerzas de seguridad, algo típico de Roma son sus socavones. Para los que venimos de Madrid no es ninguna sorpresa encontrar una ciudad totalmente taladrada por excavadoras furiosas, pero en Roma lo hacen por una buena causa: cada vez que abren un nuevo agujero brota alguna nueva pieza arqueológica que “es una maravilla que cambiará nuestra visión de la historia“, o alguna variación de esa misma frase que repiten incansables los periódicos.

Esos grandes descubrimientos vienen sucediendo un par de veces al año con metronímica y sospechosa precisión. La triste realidad es que ninguno de esos restos que aparecen son auténticos: han sido fabricados por el propio ayuntamiento de la ciudad en esos edificios que con tanto celo custodian los hombres de negro.

El motivo de ese engaño es muy sencillo: una vez fabricadas esas estatuas, vasijas y joyas, las desperdigan y entierran por toda la ciudad. De esa forma pueden seguir haciendo agujeros en las calles, cercarlos con una valla y tener entretenidos a los turistas mientras los habitantes genuinos de la ciudad pueden seguir sus vidas ajenos a los bárbaros que asolan en manadas su querida urbe.

Lo descubrí como se descubren las grandes mentiras, sin necesidad de ir a buscarla.

Paseaba una soleada mañana por ese socavón inmenso llamado Palatino, cuando el pesado brazo de un augusto patricio subido a una columna se desprendió del resto del cuerpo para aterrizar sobre mi cabeza. Debería haberme quedado inconsciente del granítico golpe, debería haber muerto y abrir los telediarios con mi estúpida muerte de turista, pero nada de eso sucedió. Para mi sorpresa, el brazo estaba realizado en poliespan y no me hizo ni el más leve rasguño.

Y allí estaba, sosteniendo entre mis brazos aquel supuesto trozo de historia con siglos a sus espaldas y realizado con un material de hace un puñado de años sin saber que hacer ni a quién le debía aquella broma de mal gusto.

Tampoco pude pensar mucho tiempo, enseguida fui rodeado por un montón de bedeles, conserjes y autoridades que me hicieron firmar montañas de papeles diciendo que tal cosa nunca había sucedido.

Lo último que recuerdo antes de que con muy buenos modales me hiciesen irme de aquel sitio fue la mirada de pánico del pobre conserje con aquel brazo acunado entre los suyos. Era esa la cara del mago al que acaban de descubrir su mejor y único truco.

No fue un mal trato, tengo que reconocerlo. Ellos compraron mi silencio y a cambio me ofrecieron barra libre de spritzs en el bar del congreso y tours por la ciudad sobre una moto de los carabineri con sus luces y sus sirenas enloquecidas que se abría el paso entre japoneses aterrados tirándose al suelo al vernos pasar sin mirar por los pasos de cebra. Esas criaturas mitológicas pintadas en el suelo que nadie en Roma sabe para que sirven.

14 Comments

  • Alma

    Ahora te reirás, pero vivo aquí hace más de 15 años y aún no he visitado Roma… imperdonable.
    Igual me ha hecho mucha gracia tu forma de describir a los italianos en general, y ni que hablar de las fuerzas del orden en particular… lo del éxito del uniforme de los carabinieri es algo que yo como mujer tampoco me lo explico.
    Tus fotografías son increíbles… me encantaron, de verdad.

    Un beso…y si has estado, me gustaría leer una entrada así pero de Venecia…😏

  • Anonymous

    Me ha encantado tu descripción de la ciudad y sus vigilantes, muy divertida. En especial esos municipales que sueñan que son carabinieris.

    No sé si la anécdota de la ruina es verdadera pero también es muy graciosa.

    Y las fotos….qué preciosidad!!!

    Pues nunca he estado en Roma, qué paleta soy.

  • Mento

    Yo no he estado nunca en Roma y de no ser porque faltan esas bonitas estampas que nos muestras en tus fotografías, me atrevería a decir que Roma hizo como la
    montaña a Mahoma… vino a verme. Porque veo en mi ciudad el mismo esperpento de modelo que describes. Jejeje…
    Que sepas que me ha encatao. Lo del 🐈 y la👵me ha sacado la sonrisa más inocente.
    Saludos.

  • Beauséant

    No tengo claro, MARIA DORADA, que la existencia de mucha policía garantice la seguridad 😉 Pero es cierto que la pequeña delincuencia si han logrado alejarla un poco del centro… Supongo que como en todas las ciudades, si se juntan muchos turistas siempre aparece gente dispuesta a aprovecharse de ellas, robando directamente o no poniendo los precios en la carta 🙂

    Me alegra ver que coincidimos en lo de los uniformes, ALMA, pensaba que era un problema mio y me alegra compartirlo. No te digo que sea una ciudad que me haya marcado, pero es cierto que merece la pena… al menos una vez en la vida. En cambio Venecia, no sé yo Venecia, no he estado nunca y, buff, no sé si me animaría… Tendría que ir, ¿verdad?

    Estuve mucho rato observando a los municipales, PALOMA, y de verdad que me parecía que los pobres se daban cuenta de lo poca cosa que eran. Son esas cosas que te llaman la atención aunque la gente de la ciudad, al verlo todos los días lo mismo han dejado de notarlo. Todo lo que cuento es verdad, lo que pasa que es una verdad con muchas comillas, a veces son exageraciones y otras, bueno, otras… Me quedan muchas ciudades por ver y no tengo mucha prisa, no creo que sea ser una paleta, en el fondo el turismo es más un problema que otra cosa.
    Paloma, la que nunca ha estado en Roma da para nombre de blog, te auguro un gran futuro 🙂

    Nunca es tarde, JO, total, lo que hay allí no creo que se mueva del sitio y si tardas un poco seguro que les das tiempo a plantar un par de yacimientos nuevos 🙂

    Tengo que aprender a poner emoticonos en los comentarios, MENTO, 🙂 … Quizás sea la globalización o qué se yo, pero las ciudades cada vez se parecen más. Quizás internet haya hecho el mundo más pequeño, nos ha quitado la inocencia de descubrir un sitio totalmente nuevo, del que no conozcamos una sola foto. Ahora vas a los sitios y parece que conoces cada baldosa, cada ladrillo. En las fotos siempre intento escapar de las postales, de la foto precocinada y, aún así, es casi imposible, ¿verdad?

  • Mucha

    En este momento de mi vida no me interesa viajar y menos a Europa Hay tanto para descubrir donde vivo. Trato de entender lo que siento viajando se olvida estando se aprende

  • Amapola Azzul

    Yo no estuve nunca en Roma, parece ser por lo que cuentas que está casi saturada por el turismo.

    Creo que debe de ser una ciudad muy bonita, con mucha historia y encanto , a todas estas ciudades así, suele terminar comiéndolas el turismo, y los cascos históricos vayan perdiendo ésa esencia genuina que las caracterizaba,

    no sé si será el futuro, no sé si la propia supervivencia de la ciudad, que ante otras expectativas le queda alimentar ésa industria turística.

    Un abrazo.

  • Toro Salvaje

    Roma me fascinó.
    Y la vi en agosto!!!
    En pleno ferragosto!!!

    Ahora ya no iría… demasiada gente en todas partes.
    Viajar es un suplicio.

    Buen relato y buena imaginación.

    Saludos.

  • Beauséant

    A veces, MUCHA, nos empeñamos en viajar a la otra punta del mundo, en acumular trayectos y fotos y, como bien dices, lo que de verdad interesaba estaba justo al lado. Un museo en tu ciudad natal que nunca has visto, un parque natural al que fuiste una vez de pequeña… es bueno tener esos lugares presentes y no dejar de recorrerlos…

    Es casi imposible frenar eso, AMAPOLA AZZUL, somos un plaga y ciertos sitios están pensados para atraer esas plagas. Intento visitar sitios con menos glamour que merecen mucho la pena, pero en el caso de Roma, bueno, supongo que al menos una vez no queda más remedio que ponerse el traje de turista y darse una vuelta… Ya nos contarás si te animas 😉

    Roma en agosto, TORO SALVAJE, cómo te entiendo, chico. Con sus mosquitos, el calor pegado a la piel como una maldición, el coche de alquiler con el aire acondicionado saliendo a trompicones… Una plaga, eso es lo que somos…

    La imaginación, según mis múltiples psicólogos, es un mecanismo de defensa… Defensa contra qué??, pues ahí ya no se ponían muy de acuerdo los galenos 😉

  • Myriam

    ¡Genial tu relato! He estado dos veces en Roma, con muchos años de intervalo entre una y otra visita. Y cada Roma fue diferente ella y mi reencuentro con ella.
    Me hiciste reir con lo del brazo de la estatua de tergopor Jajajaja y ¡menos mal que fue así!

    Besotes, Artistaza

  • Carmen

    Tantas cosas hay de cartón-piedra,verdad?

    Muy chulas las fotos.
    Me apetece volver a Roma,en invierno la recuerdo mucho más acogedora,quizá porque había menos gente…

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