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Desde el puerto

Desde el puerto

La mar de noche tiene algo de fiera dormida aguardando su oportunidad. Su respiración tranquila arroja nubes de espuma contra el viejo malecón, que se juntan con los ruidos y las luces llegadas de la ciudad.

Y ahí, justo ahí, sentado sobre el hormigón viendo las grúas durmiendo con sus sueños de animales mitológicos, es cuando te sientes jodidamente pequeño e insignificante.

9 Comments

  • Zebedeo

    Yo no puedo vivir sin mar, estoy acostumbrado a verlo u olerlo todos los días, estoy enganchado y no quiero desentoxicarme. Cuantas veces al volver a casa con nocturnidad y alevosía me paro y quedo un rato a escuchar el mar. Quién me vea pensará que estoy borracho, y puede que no ande desencaminado, pero lo hago sólo por puro placer. Ningún sonido es comparable para mí al sonido del mar.

    Por cierto, puff, cada vez ponen más difícil el anti-spam voy a tener que utilizar calculadora 🙂

  • migue

    Me ocurre lo mismo que a Zebedeo, no puedo vivir sin mar. Será porque nací y vivo en una isla y para los isleños forma parte de nuestro día a día. Dicen incluso que los que dormimos cerca del mar desde pesqueños tenemos más desarrollado el sentido del ritmo, por el continuo golpear de las olas contra la costa.

  • Antiguo Niño del Caleidoscopio

    Revisando todas las entradas (si, soy asi de lectormaníaco) he encontrado esta imagen, y mira por donde, este sábado día 3 de febrero del 2008, estuve sentado a altas horas de la madrugada bajo un mismo escenario. Me sentí como bien se ha dicho pequeño y furioso conmigo mismo por no saber describir como se merecía tal sensación, hipnotizado por el vaivén de los reflejos de las grúas sobre el mar.

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