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    una línea de puntos

    En aquellos días todo estaba conectado, al menos así es como lo recuerdo. Cada acontecimiento que se cruzaba en mi camino, cada gesto recibido… todo formaba parte de algo mayor que el universo me permitía vislumbrar en breves fogonazos sin llegar a descubrir el plan completo. Quizás no era eso, quizás me creía más especial de lo que era y no era más que otro adulto asustado de no entender nada. Fue entonces cuando empecé a hacer fotografías. Eran una forma de ordenar todos los componentes de ese caos y trazar la cartografía de algo que aún no tenía nombre pero cuya existencia no me estaba permitido dudar. Acabábamos de…

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    aves que no saben volar

    Llevaba el traje de un hombre muerto para acudir a una ceremonia a la que no había sido invitado. No importa lo lejos que hayas llegado en la vida ni la velocidad a la que lo hayas hecho, cuando vuelves al lugar donde creciste vuelves a ser ese niño perdido en el mundo lleno de reglas de los adultos. Te dicen que debes arreglarte, que eres un desastre, que toda tu vida es el perfecto reflejo de ese desastre, que tus ropas no son las adecuadas… te dicen todo eso y ni tan siquiera rechistas: acabas vestido con el traje de un hombre muerto. Era de mi talla, pero no…

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    la caída de Roma

    Lo dijeron las vísceras abiertas de los corderos y lo confirmó la ruta trazada por las estrellas sobre la bóveda celeste: cuando los cuervos abandonen el Coliseo, caerá Roma y cuando caiga Roma, caerá el mundo. Qué hay que ser idiota, me dice, para no acertar a distinguir un cuervo de una gaviota. No parece ofendida, se atusa las plumas con indiferencia y continúa con su desahogo. Los cuervos son unos presumidos que no saben nada del trabajo duro. Somos nosotras, las gaviotas, las que vigilamos este puñetero montón de piedras y hacemos que todo funcione. Pero, oye, si tu dices que son cuervos, ¿qué sabré yo de cómo hacer…

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    la chica del pelo lila

    Hace meses que no escribo. Quiero, pero no puedo. O quizá es que no quiero, yo qué sé. Pero, hilvano todo el tiempo historias en mi cabeza. Ayer, por ejemplo, estuve diez minutos en la cocina, contemplando el bodegón que formaban sobre la mesa la taza del café, el paquete de tabaco y el teléfono móvil. Disparo un flash mental y busco, sin querer,  un pie de foto. Esta mañana ha venido al despacho donde trabajo una chica con el pelo lila, ligeramente desteñido ya. Se ha sentado en la mesa que ocupa mi compañero y han estado un rato gestionando asuntos, supongo. No le he prestado más atención que…

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    un millón de muertos

    Madrid es una ciudad de más de un millón de muertos, según las últimas estadísticas. Pero la muerte poco puede hacer contra una de las muchas inevitabilidades que han hecho de este Madrid su hogar: la burocracia. Todos esos muertos han fallecido pero aún no lo saben. Nadie les ha comunicado su deceso debido a un sempiterno problema en los sistemas informáticos y así, esos millones de cadáveres que alimentan las estadísticas día a día, continúan sus tristes vidas ya acabadas como si nada hubiese ocurrido. Cumplen a la perfección sus papeles. Acuden puntuales a trabajos que odian, tienen multitud de amigos que no conocen en las redes sociales y se…

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    highway 61

    Dios llegaba tarde, si tal adverbio puede aplicarse a un ser que vive ajeno por completo al tiempo y al espacio. Seamos pues sinceros, Dios había decidido llegar tarde porque le gusta hacer sufrir a los mortales. Esas creaciones tan llenas de miedos y dudas, tan frágiles y tan estúpidas. Cuando eres omnipotente acabas despreciando todo lo que has creado, es inevitable. Un día desaparece el orgullo y sólo deseas aplastarlos con el dedo, disfrutar viendo como corren aterrados en círculos mientras con ojos llorosos no dejan de preguntarse,  ¿qué hemos hecho mal, oh gran Señor?, ¿acaso te has ofendido por ese estúpido becerro de oro, por esa pequeña infidelidad?…

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    cuando dejas de creer en ellos

    A veces parecen sorprendidos cuando me ven hacer cosas que para ellos son perfectamente normales. Pequeños actos como conservar un mismo trabajo durante años, pagar facturas de manera puntual o mantener escondidos a los fantasmas que siempre aparecen cuando menos los esperas. Los puñeteros fantasmas que siempre surgen cuando crees que ya has conseguido todo lo que querías en la vida y sólo queda sentarte a esperar. A esperar, ¿el qué? Eso es lo que nunca logran responderme. Es una palabra que nunca uso a la ligera, pero ellos son mis amigos, lo sé aún sin llegar a entenderlo. Sonríen sinceros y me dan palmadas en las espalda, os lo…

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    schiehallion

    He vuelto a ver al rey de la montaña, me esperaba, como todos los amaneceres, al salir de la tienda de campaña. Ha posado sobre mi sus pequeños y bovinos ojos cargados de odio y después se ha dado la vuelta rumiando el desprecio que siente hacia los estúpidos humanos que mancillamos su territorio. No deberíamos estar aquí, insistía mi amigo. Era el único de nosotros que había nacido en aquella zona y tenía el cerebro agujereado por todas las historias que contaban sus abuelas al calor de los fuegos. Cuentos sobre los espíritus de nobles guerreros reencarnados en aquellos carneros estúpidos que vagaban por las cumbres llenas de niebla……