la caída de Roma

Lo dijeron las vísceras abiertas de los corderos y lo confirmó la ruta trazada por las estrellas sobre la bóveda celeste: cuando los cuervos abandonen el Coliseo, caerá Roma y cuando caiga Roma, caerá el mundo.

Qué hay que ser idiota, me dice, para no acertar a distinguir un cuervo de una gaviota.

No parece ofendida, se atusa las plumas con indiferencia y continúa con su desahogo. Los cuervos son unos presumidos que no saben nada del trabajo duro. Somos nosotras, las gaviotas, las que vigilamos este puñetero montón de piedras y hacemos que todo funcione. Pero, oye, si tu dices que son cuervos, ¿qué sabré yo de cómo hacer mi trabajo?

En mi defensa le enseño la guía de Roma que llevo conmigo, compañera fiel de la última semana y donde pone, con prístina claridad, que son los cuervos los que mantienen Roma en pie. Incluso le señalo el final de la página donde aparece un cuervo enorme posando al lado de una bandera con un SPQR bordado en oro.

Ya empezamos, responde, y empiezo a sospechar que ahora sí he logrado que se enfade. Siempre los estúpidos cuervos, los defensores de la montaña sagrada, guardianes de la corona del rey en el exilio y demás tonterías. Los cuervos y el idiota del Poe con sus balidos quejumbrosos para nostálgicos góticos. Ellos se pasean como señores y posan en las fotos mientras nosotras hacemos todo el puñetero trabajo. Es increíble, concluye moviendo la cabeza.

Bueno, me acaba confesando después de un rato en silencio en el cual hemos compartido unos panceillos que ella picotea con la dedicación de un funcionario aporreando su máquina de escribir. Tampoco es que sea un trabajo muy exigente. Principalmente damos vueltas sobre las ruinas y nos cagamos sobre los turistas… pero alguien tiene que hacerlo, apuntilla con una pizca de orgullo.

Oye, estos panecillos están muy ricos, ¿no tendrás más por ahí?

Tampoco parece muy segura sobre el futuro. Los jóvenes, ya sabes, buscan otras cosas. No respetan las tradiciones. Se creen que todo tiene que ser nuevo y sorprendente. Todo el día con la misma matraca, evolucionar, evolucionar… muy pocos quieren quedarse aquí, esa es la verdad. Como si las cosas, sólo por ser diferentes fuesen mejores.

Pero, entonces, le digo fingiendo un atisbo de preocupación. Si os marcháis de aquí, ¿caerá Roma?

En ese momento ha levantado la cabeza y, de no ser porque no creo que las gaviotas sean capaces de hacerlo, juraría que ha sonreído. Y aún con esa especie de sonrisa brillando en los ojos me ha regalado una confesión: tranquilo, que Roma ya se cayó hace muchos siglos. Lo importante es que los turistas no os deis cuenta, ¿no te parece?

10 Replies to “la caída de Roma”

  1. De Roma me encanta su decadencia hermosa.
    Es como un gran museo al aire libre….
    Evolucionar… ah, sí… esa carrera que no tiene final… es muy aburrida…
    Yo ya me aparté…. ahora vegeto escondido entre los días y de vez en cuando sueño con volver a Roma… pero no creo que vuelva… me sobran los turistas, los romanos, y la pizza al taglio.

    Saludos.

  2. Sospecho, Ehse, que las gaviotas no se dejarán concretar con facilidad.. quizás si les das panecillos finjan que te hacen caso, pero nada más…

    Coincido contigo Toro Salvaje, y añadiría a los puñeteros mosquitos, pero… no sé, lo mismo quitando todo eso, Roma sería menos Roma.. no lo sé… para mi es un lugar al que volver y del que huir, todo al mismo tiempo.. no sabría explicarlo…

  3. Que imagen preciosa!
    Inspira libertad, asombro y constancia…
    Tres virtudes muy dignas de imitar.
    Gracias por todo lo compartido durante éste año.
    Te dejo un cálido abrazo y mis mejores deseos para las próximas Fiestas.

  4. Roma… una de mis grandes deudas pendientes. “Roma ya se cayó hace muchos siglos… lo importante es que los turistas no se den cuenta.” …en realidad, creo que nadie se ha dado cuenta; será porque lo de “pan y circo” sigue tan vigente en todo el mundo como al tiempo del gran Imperio.

    Un beso.

  5. Me ha encantado la imagen de la gaviota picoteando el pan “con la dedicación de un funcionario tecleando”. Qué bueno.
    También me gusta la idea, porque la comparto, de que lo nuevo, sólo por serlo, no tiene que ser necesariamente mejor que lo anterior.
    Y me he acordado de que también dice la tradición británica que si los cuervos abandonan la Torre de Londres Gran Bretaña caerá.
    No me sorprende que las gaviotas anden algo mosqueadas con sus oscuros rivales.
    Un texto muy original.

  6. La suerte de las gaviotas, como si no, los turistas se pasean contemplando Roma mientras las aves recorren escandalizadas el porvenir de los jóvenes, siempre en busca de misterios por descubrir, mi sueño conocer ROMA. Excelente .
    }Abrazo

  7. Sí…la gaviota estaba sonriendo.
    ; )
    Roma…he de volver.Siempre hay un rincón sin turistas en el que disfrutarla.
    Esos atardeceres…
    Para emborracharse de belleza.

    Besos.

  8. No lo había visto así, Adriana Alba, pero es cierto que esa gaviota tenía todo eso. Estaba ahí parada, en medio de un montón de turistas y no tenía miedo, nos miraba divertida, como si hubiésemos hecho algo muy gracioso que sólo ella entendía. Ni siquiera se movió cuando le hice la foto. Nos vemos el próximo año, un abrazo.

    A veces, Alma, las cosas se caen y todos lo sabemos, pero preferimos hacer como que no nos hemos dado cuenta.. Da miedo asomarse a ciertas cosas, ¿no? No te puedo decir que Roma sea un lugar maravilloso, pero sí que conviene visitarlo al menos una vez.

    Gracias, Ángeles, a mi también me gusto esa frase y le dí vueltas hasta lograr meterla en el texto 😉 La historia de los cuervos es algo recurrente, al menos la he escuchado muchas veces con muchos sitios diferentes. Al hacer la foto a la gaviota empecé a pensar que todo eso podía ser un engaño y que eran las pobres gaviotas quiénes lo lograban… El resto, ya sabes, vino fácil 😉

    Quizás, alessandrinimariamaria, la Roma imaginada sea mejor que la real, pero como decía en el comentario anterior, bueno, quizás merezca la pena visitarla. Las gaviotas son un poco como las personas, se olvidan de lo que fueron y critican a los jóvenes por no hacer las cosas que ellos tampoco quisieron hacer. Supongo que tiene que ver con la edad y la perspectiva que nos deja el tiempo.

    ¿Verdad, Carmen, que estaba sonriendo?, no me gustan las gaviotas, pero esta era alguien especial, estoy seguro… Y sí, eso es verdad, los atardeceres allí eran lo mejor del día… Me has hecho recordarlos.

  9. Roma no me gustó, aunque reconozco que tiene su historia digna de ver.
    Mi intención es la de agradecer tus palabras de apoyo en mi espacio.
    Aprovecho para desearte una muy FELIZ NAVIDAD en compañía de los tuyos.
    Cariños.
    Kasioles

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