la chica del pelo lila

Hace meses que no escribo. Quiero, pero no puedo. O quizá es que no quiero, yo qué sé. Pero, hilvano todo el tiempo historias en mi cabeza. Ayer, por ejemplo, estuve diez minutos en la cocina, contemplando el bodegón que formaban sobre la mesa la taza del café, el paquete de tabaco y el teléfono móvil. Disparo un flash mental y busco, sin querer,  un pie de foto.

Esta mañana ha venido al despacho donde trabajo una chica con el pelo lila, ligeramente desteñido ya. Se ha sentado en la mesa que ocupa mi compañero y han estado un rato gestionando asuntos, supongo. No le he prestado más atención que los cinco primeros segundos que me ha llevado echar un vistazo a su pelo. He pasado por alto sus tres camisetas superpuestas y los múltiples pendientes distribuidos por su cuerpo. De cerca, todos somos raros. Cuando ya se marchaba, se ha acercado a mi mesa. —No te acuerdas de mi, ¿verdad? —Me ha preguntado, sonriendo. He vuelto a mirarla cinco segundo más, esta vez más allá de su pelo. —¿Nos conocemos?— Y he sonreído mucho, muchísimo, como queriendo ganar tiempo. —Discúlpame, me vas a tener que echar una mano porque tengo una memoria terrible— . —Nos conocemos, sí, dijo. —El otro día te vi por la calle, después de muchos años, y me miraste pero pensé, esta chica no me ha reconocido, y es normal, y hoy te he vuelto a encontrar aquí y me he dicho, ahora sí, Arancha, es el momento—.

La chica, Arancha, hablaba rápido, rapidísimo, como un vendedor de coches intentando colocarme un cacharro, y yo seguía en silencio, manteniendo una pequeña sonrisa nerviosa, entre la incredulidad y la desesperación por ubicarla, sin éxito, en algún lugar de mi memoria, en alguna etapa lejana de mi vida.

Coincidimos en un campamento hace años, donde tú eras una de las monitoras ¿te acuerdas? ,y continuó sin esperar respuesta. —Yo medía el metro ochenta que ves ahora pero pesaba ochenta kilos menos así que, es normal que no te acuerdes. Yo sí me acuerdo porque llevaba años sufriendo bullying y aquella semana fue una de las peores de mi vida. ¿No te acuerdas del día que unos chicos me dejaron encerrada en la tienda de campaña después de que todos se mearan sobre mi y sobre mis cosas? Cuando pudiste abrir la tienda para sacarme, te dije que era yo la que se había meado encima lo que, a todas luces era bastante improbable porque tenía incluso el pelo mojado pero, tú no preguntaste más, recogimos todo en silencio, te lo llevaste a lavar y a mi me mandaste a darme una ducha. Después os fuisteis todos a la playa, como siempre, y yo te dije que prefería quedarme, como siempre también. Tampoco preguntaste porqué. El fin de semana, cuando fueron mis padres, salí corriendo de allí y nunca más he vuelto a ningún campamento. Pero ¡no te preocupes! Sonríe, que te sienta mejor. Todo eso ya pasó. Estoy bien, irreconocible con mis ochenta kilos más pero, bien.


Ahora era ella la que sonreía mucho.  Una sonrisa ancha. Franca. Yo sólo estaba ahí, al otro lado de la mesa, sujetándome al borde de la silla, intentando encajar el relato y cada uno de los “tú no preguntaste”, que era algo así como si me estuviese calzando una ostia cada vez que los pronunciaba.


Recuerdo ese campamento—, le dije tras tres larguísimos segundos. —Fue mi primer trabajo. Tenía dieciocho años recién cumplidos y el cometido era ocuparme, junto con otra chica de mi edad, de un grupo de cuarenta chavales de diez a catorce años. Recuerdo que hubo muchos problemas, que me preocupaba lo evidente, supongo, no sé, que ninguna chica se quedase embarazada pero, te juro, de verdad , que no te recuerdo ni recuerdo lo que me estás contando—. —No te preocupes—, me ha dicho sin mirarme y con el mismo tono jovial del que encuentra la ganga que está buscando entre un montón de trapos inútiles. En un movimiento rápido, ha cogido su bolso, se lo ha colgado en el hombro y se ha dispuesto a seguir con su vida o con lo que fuera que estaba haciendo diez minutos antes de que tuviésemos esta conversación. —Ha pasado mucho tiempo. Que te vaya bien

He mirado a la mesa de mi compañero. He mirado en torno al despacho, en todas las mesas, incluso en la pantalla del móvil. Como en las carreras de relevos, he buscado con empeño a alguien a quien traspasar esa roca que de repente portaba, en improbable equilibrio, entre mis manos.

Y cuando ya había dado algunos pasos en dirección a la salida, la he llamado. —Arancha… conozco una peluquería donde el color lila sigue siendo lila varios lavados después—. Ella me ha mirado en silencio, un segundo más de lo necesario antes de volver a sonreír mucho, muchísimo. —Gracias, yo ya me he perdonado. A vosotros también—.

Hace meses que no escribo. Hoy he llegado hasta aquí. Para dar el relevo.


(Marta y el elefante , 2017) Esta obra  nos anima a redescubrir nuestro niño interior. La fuerza, que podemos encontrar en esa inocencia y sencillez que sólo un niño puede inspirar, puede permitirnos hacer cosas que parecen imposibles, como levantar un elefante muy pesado…


11 Replies to “la chica del pelo lila”

  1. Qué extraña la memoria o quizás la realidad de cada uno. Tan diferente. Tan irreal, tan perjudicial.
    No recordamos según qué situaciones porque cada uno las vive de distinta manera. Me he encontrado muchas veces hablando con personas del pasado. Un pasado en el que yo estaba presente y es como si yo no existiera, como si lo inventaran. Y otras, donde no logro entender dónde estaban los demás…y porqué no recuerdan.
    Pero es eso, los recuerdos y la realidad no concuerdan muchas de las veces.
    Yo hace mucho que no escribo y leo poco…y debo ponerme al día de tus fascinantes relatos.
    Te mando un besazo!
    Y esta historia como otras muchas me deja un hueco en el corazón…😔😘

  2. Te leo…los leo
    y me quedo pensando que bien luciría Yo, con ese pelo… Tengo mis uñas pintadas de ese color…
    …y el perfume tan íntimo “Miracle” que me regaló él ,el otro día, después de disfrutar nuestro vuelo…

  3. Como ya han dicho, no todos vivimos un mismo hecho de la misma manera, y por ende, si nuestra percepción es diferente, así lo será nuestro recuerdo y su implicación en nuestras vidas. Y a veces, esto, es difícil de aceptar cuando, en el futuro al hecho, que es nuestro presente, somos conscientes que a un otro este suceso -para nosotros tal vez insignificante- ha hecho daño. Iniciamos a preguntarnos “y si hubiese dicho… y si hubiese hecho…” …siendo éste un problema sin solución. Es fácil “hablar” o realizar “juicios” leyendo las “noticias de mañana”… pero la realidad es que ninguno tiene una bola de cristal, que cada uno de nosotros hace lo mejor que puede o cree, sin la intención de lastimar… Y, en definitiva, lo mejor y más sano es, como dicen tus letras, perdonar(se) y seguir adelante.

    Un beso.

  4. No sé que decir… Me he quedado decaída… Es fuerte lo que le sucedió a la chica del pelo lila del relato, muy fuerte. Quizá también es muy fuerte dejar tantos niños en manos de dos personas jóvenes.

    Son buenísimos tus relatos.

    Besos.

  5. La culpa entendida como una carrera de relevos. Tú me la pasas a mi. Yo se la paso al siguiente. Todos la tenemos un ratito, más o menos largo, dependiendo de lo rápido que seas en encontrar a quién cascarle el muerto. No estaría mal que fuese un poco así, no? Ah, wait… si ya es un poco así!!

  6. La memoria es frágil, Maman, o la hacemos frágil. Quizás sea un mecanismo de autodefensa el no recordar las cosas como de verdad fueron, una forma de protegernos ¿Te imaginas poder recordarlo todo, hasta el mínimo detalle?, nos volveríamos locos.. De alguna forma todos los hacemos aunque, claro, existen verdaderos profesionales en eso de inventarse realidades alternativas.
    Muchas gracias por pasarte y por el comentario.

    Lo has explicado muy bien, Alma, soy una de esas personas atrapadas en lo “y sí”, y es una sensación descorazonadora porque es como estar ahogándose todo el rato. Creo que es casi imposible pasar por la vida sin hacer daño a alguien en algún momento. Quizás sin maldad, quizás sin darte cuenta, pero es complicado no acabar dejando algún herido por el camino.. Y, claro, cuando no eres tu el que hiere, muchas veces eres el herido. No queda otra que intentar perdonar y seguir el camino, de lo contrario te quedas atrapado por siempre en ese punto indefinido.

    Es complicado buscar justificaciones para ciertas cosas de nuestro pasado, Toro Salvaje, a veces la juventud nos salva, el decir que no sabíamos, o no lo vimos venir, pero sí, yo también creo que esas cosas te marcan.

    Ese color no siempre queda bien en el pelo,MUCHA, mejor en las uñas, para enseñarlo sólo en ocasiones especiales 😉 … no dejes de volar, eso sí, no lo hagas nunca

    Muchas gracias, sakkarah, por tus palabras y por el recorrido que has hecho 😉 Quiero pensar que ahora ya no se hace, que los monitores tienen más preparación, que esas cosas es imposible que sucedan, pero lo cierto es que antes se hacían las cosas así. A veces nuestros mayores pensaban que el mundo era un lugar horrible y que, bueno, quizás en algún momento te tocaba averiguarlo y pasar por ello.. Como bien dices, no es justo tampoco para la otra persona tener que cargar con una responsabilidad para lo que no estabas preparada. A veces se nos olvida ese otro lado.

    Lo bueno Jo, es que incluso un alma desteñida puede seguir componiendo bonitas letras, así que no dejes de hacerlo.. el color esta un poco sobrevalorado, ya sabes.

    Lo has definido a la perfección, Stand by, toda la terapia, todo el intentar conocerse no es más que una forma de intentar justificar cosas de las que en el fondo no estamos nada orgullosos. Necesitamos un poco el culpable de todos nuestros problemas del que hablábamos aquí no hace mucho: https://www.elartistadelalambre.net/que-todo-sea-perfecto/

  7. Es dificil recordar cuando no se quiere, o no se puede, pero un día cualquiera regresa para trazar su huella, y allí se hace la luz.
    Abrazo

  8. Muchas veces no podemos ni imaginar la trascendencia que pueden tener nuestros actos, es más, en cada edad se valoran unas cosas y pasamos por alto otras que sí son relevantes.
    La memoria es tan selectiva, que sólo se queda con aquello que nos ha marcado, lo demás, aunque para otros tenga mucha importancia, se olvida con facilidad.
    Me imagino lo mal que tuvo que sentirse Arancha al verse humillada por sus compañeros de campamento, seguro que, en su fuero interno, estaba pidiendo ayuda a gritos.
    Tanto lo bueno como lo malo, va formando nuestra experiencia y de ella tenemos que aprender.
    Te dejo cariños en un abrazo y agradezco las palabras de apoyo que has dejado en mi espacio-
    Kasioles

  9. La vida humana consiste sobre todo en buscar esa luz, Anonymous, a veces la buscamos donde no debemos y a veces creemos encontrarla…

    Así es kasioles, la memoria es selectiva y, ¿sabes?, creo es mejor así, creo que lo hace por salvarnos. A veces no hacemos las cosas bien o no tomamos las mejores decisiones. La memoria nos edulcora lo que ha pasado para evitar hacernos dañarnos. Lo importante es eso, saber seguir adelante con todas nuestras decisiones a cuestas.

    Mucho ánimo.

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