primavera

A mi adivino de confianza le falta el ojo derecho y todo el pelo, incluidas las cejas y, sospecho, en el resto de su raquítica anatomía. Tiene la piel como el mapa de un tesoro que un pirata hubiese guardado en la axila durante demasiados años y unos dientes blancos y perfectos que no encajan en el conjunto final. Parecen los dientes de otra persona, una persona más honrada y definitivamente mucho más feliz.

Me he pasado por el cuartucho donde nos vende las hierbas y milagros y en la vitrina de la entrada, bajo una luz magenta, brillaban extraterrestres unos huevos que me han parecido de lo más prosaicos.

Cuando le he preguntado por ellos ha levantado un meñique reclamando mi atención y me ha replicado que nada más lejos de la realidad. De esos huevos, ha explicado, brotará la primavera en unos pocos días. La primavera, ha añadido al ver mi cara de sorpresa, no es una estación normal, ni mucho menos. Vive ajena a los giros de la tierra o al movimiento de los planetas. Debe cuidarse, debe mimarse y entonces, sólo entonces caminará entre nosotros.

Esas han sido sus palabras exactas, caminará entre nosotros.

Mi adivino es muy concienzudo y siempre prueba todos los productos antes de vendernos nada, por eso su cabeza parece siempre un mecanismo con un engranaje a punto de saltar por los aires.

Me he agachado para contemplar semejante prodigio de cerca pero me han seguido pareciendo unos huevos bastante normales, de gallina plumífera común. Aún así le he preguntado por el precio, si algo tengo claro es que para mi adivino todo tiene un precio. Se ha apoyado sobre el mostrador, se ha quedado así de cerca de mi cara para dejarme ver una panorámica perfecta de sus dientes glaciares y me ha susurrado que imposible, que no se encuentran en venta porque forman parte de su misión sagrada. Nada más decirlo una solitaria lágrima ha brotado de su único ojo de polifemo y me ha mirado moviendo la cabeza como si yo fuese incapaz de entender nada.

Lo cual era totalmente cierto: no entendía nada.

Esta mañana he visto las primeras flores brotando en el camino del cementerio, a las primeras chicas con faldas infinitamente cortas y a un grupo de hormigas peleándose frenéticas por la cascara de una nuez que se mecía como si un grupo de borrachos estuviese intentando botar una barca de remos.

Quizás esos huevos hayan eclosionado al fin y la primavera haya decidido mostrarse ante nosotros. Sí es así, bienvenida y espero que sepas disculparnos el desastre que tenemos montado ahora mismo en tu hogar. No durará mucho, tranquila, un par de giros más del enorme reloj cósmico y nos habremos extinguido.

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