• leer,  mirar,  otra vida

    nada sin ti

    Lo noto nada más poner la llave en la cerradura: la presencia liminal de un rastro que daba por perdido, pero que sale a mi encuentro como si el tiempo se hubiese negado a a cumplir su pacto de olvido sobre todo lo que dejamos atrás. Es fácil seguir tu presencia de silfo a través de los pequeños detalles que has dejado desperdigados, listos para ser reconocidos por la persona con la que compartías todas esas pequeñas ceremonias de lo cotidiano. En la cocina, el olor de ese té con sabor a canela que ya nunca tomo, pero sigo comprando en tu memoria. Y una arruga, pequeña y casi indistinguible,…

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    Querido amigo:

    Ultimamente estoy teniendo pequeños achaques. No es nada grave. Nada importante pero, me fastidia. De repente una mañana me levanto y me duele la cabeza, o tengo lumbago, o ando medio mareado por las dichosas cervicales. Dolores pequeños y constantes. Difusos pero persistentes. Tonterías que me hacen cancelar citas que, en principio, eran importantes, o llegar un poco más tarde al trabajo o directamente no llegar. Como si cada vez me costase más mantener el equilibrio entre la salud y la enfermedad, como si de un tiempo a esta parte anduviese decantándome peligrosamente más de un lado que de otro. Y eso afecta también a mi humor. Se me está…

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    el juego

    Hay algo de valentía suicida en escalar una montaña con el único impulso de ver lo que hay al otro lado. Para verlo, y ahí reside el truco, con tus propios ojos. Los dibujantes de mapas nos hablan de dragones y abismos al otro lado; por eso han plagado el camino de señales de aviso y precaución, porque quieren lo mejor para nosotros. Los poetas describen hermosas puestas de sol entre oleajes llenos de espuma, pero es difícil creerles porque dicen lo mismo sobre cualquier cosa que tengan delante. Los locos, por su parte, te dicen que tranquilo, que sólo es un juego, que no pasa nada por salirse del…

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    Un plan para cada uno de nosotros

    Todo ocurrió la noche antes de Navidad, lo recuerda con la precisión que empeñan los borrachos crónicos al contar sus mejores historias. Los ojos, pequeños y escondidos, emiten un brillo enfermizo de lujuria al remembrar los detalles, y sus dientes, rotos, marchitos y ennegrecidos, se esfuerzan en dibujar un amago de sonrisa. Todo pasó contra la tapia de un convento donde una monja agustina recoleta, embutida en una pesadilla de ropajes color crema, le hizo la mejor mamada de su vida. Guiada, al parecer, por el único propósito de estar más cerca de su Dios en lo que debía ser la versión moderna de lavarle los pies a los tullidos…

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    No direction home

    Las encontré por casualidad mientras buscaba algo de ropa entre el desastre de los cajones; cayeron formando un abanico sobre la alfombra de la habitación y me fue imposible no fijarme en ellas. Casi todas eran fotografías de alguna playa y de paisajes. La primera eran un puñado de troncos clavado en el fondo marino con una utilidad incomprensible para alguien que ha crecido en una ciudad sin mar. En la última aparecía un chico rubio, guapo, con el torso desnudo y moreno que miraba de perfil hacia un puñado de rocas lamidas por el salitre. Me quita las fotos de las manos y me dice que son de una…

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    los elegidos

    Porque hasta el peor boxeador del mundo consigue lanzar un buen golpe alguna vez y ese día la que se monta, ¿verdad? Alguien en algún lado se hace rico de repente y otro, a pocos asientos, se arruina de forma irremediable en las apuestas. Y quizás no haya nadie esperando cuando vuelves a casa, o aparezcan tipos trajeados con nudillos de acero empeñados en recordarte que ese no era el trato. Pero, qué importa, al menos una vez alguien dijo tu nombre levantando el brazo en alto. Por un breve instante dejaste de ser ese alguien pequeño e insignificante que vive y muere aterrado en su madriguera. Quizás haya sido…

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    Miss cafeína

      Tuvieron hijos como quien acumula deudas en una mesa de juego. Porque ya era demasiado tarde para retirarse, por pura rutina o porque esperaban ese ciego golpe de suerte que les redimiría de una vida que ya entonces intuían demasiado vacía. Demasiado incluso para las pocas expectativas que tenían puestas en ella. Me asomo al abismo de sus ojos y sólo veo el cansancio infinito de quien encuentra todas las puertas cerradas. Me devuelve la mirada y bajo la cabeza avergonzado como la primera vez que se cruzaron. Sigo su mano hasta el cenicero donde deposita con extremo cuidado la última colilla consumida haciendo muchas maniobras hasta lograr dejarla…

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    el salto

    La vida, como un comentario de otra cosa que no alcanzamos, y que está ahí, al alcance del salto que no damos. Rayuela / Cortázar. la vida, que es muy puta. Eso último es cosa de mi padre, un nihilista de la línea dura. De esos que lo son sin necesidad de buscar la palabra en diccionario alguno.

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    el increíble hombre menguante

    El hombre que se encoge lentamente se cepilla los dientes ante el espejo. Sabe, siguiendo las marcas dejadas sobre el cristal, que es ligeramente, apenas un poco más bajo que ayer. Ni tan siquiera es algo perceptible, fácil achacarlo a las zapatillas, la rugosidad de la alfombra o a cualquier otra cosa, pero el sabe que no es así. La única verdad es que cada día es más pequeño; que se encoge lentamente de forma imperceptible pero inapelable. Durante el trayecto en el ascensor no puede evitar compararse con sus compañeros a los que irremediablemente encuentra más jóvenes, más dispuestos para la lucha diaria, pero también para disfrutar y dejarse…