manual de auto-ayuda número 8

Mi corazón se saltaba un latido cada vez que lograba hacerte sonreír, eso sí lo recuerdo. Imaginaba la vida como un largo fotograma en el que avanzábamos de la mano por un playa infinita. Cargados de hijos, de deudas y de pequeñas desgracias que sabríamos afrontar juntos. Juntos, qué lejana resuena ahora esa palabra.

Y al final te fuiste. Demasiado rápido. Como una certeza inevitable, como un portazo. Te fuiste aunque durante muchos años dije te arrebataron, como si tal cosa fuese cierta, como si hubiese un poder infinito haciendo trampas en ese mágico lanzar de dados que es nuestro destino. Vuélvete loco, hazte místico, se un completo idiota. No importa, si no tienes las respuestas es el momento de empezar a inventarse las preguntas.

Quizás tuvimos suerte, de verás lo pienso. Nuestras vidas quedaron congeladas en un instante feliz y apenas tuvimos tiempo para estropearlas con nuestras miserias. Como en los cuentos infantiles cuando todos sonríen satisfechos un instante antes del final de la historia y nunca avanzan la película para ver como el paso de los años nos vuelven mezquinos y cobardes. Los celos, el hastío con su pátina de aburrimiento y desidia… nada de eso ocurrió. Nuestras vidas quedaron congeladas en ese breve instante en que todo era perfecto. Por eso aún sigo allí, atrapado en aquella playa… no he sabido marcharme, no he querido buscar el camino de vuelta.

Te darán muchos consejos, no lo dudes, y hasta un puñado de relucientes folletos con el mismo formato y color en todos ellos y plagados de sabias palabras para sobrellevar el dolor, para asumir la pérdida… todo metáforas, todo mentira. Es la vida, suele ser la conclusión a la que te llevan. A esa playa en la que te dejan varado y sin respuestas.

Moverse y avanzar, como si eso tuviese sentido.

Llevar a tus muertos contigo, una hilera de cadáveres que nos sigue en silencio a todas partes. Los primeros frescos y recientes con la carne colgando y los ojos convertidos en una pulpa maloliente. Los últimos un recuerdo, apenas un jirón borroso de niebla, a un paso del olvido definitivo. Hasta que nos toca a nosotros, morimos y nos colocamos en esa fila interminable en pos de algún vivo que nos quiera llevar en sus recuerdos para hacernos un poco menos muertos.

Qué atractiva es la idea de contemplar tu vida desmoronarse por completo. Sentir las llamas lamer la base misma de de todo aquello que alguna vez pareció importante y a la mierda con todo.

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9 thoughts on “manual de auto-ayuda número 8

  1. El “a la mierda con todo” es lo más sabio.
    Si yo fuera caballero andante esa frase figuraría en mi escudo de armas sobre una mano enseñando el dedo medio a quien lo mirara.

    Saludos.

  2. Agarrarse a un “a la mierda con todo” viene bien. Es un puerto seguro. Sabes que esa posibilidad está ahí y te gusta, te relaja, te tranquiliza. Nada más. Luego continúas y algunos días hasta intentas ser la mejor versión de ti mismo. Algunos días.

    Qué bien te ha quedado, Artista. Y qué foto tan bien traída.

  3. Me parece precioso lo que has escrito… caminar de la mano por la playa infinita… ¿qué importa haya deudas o desgracias si se puede sobrellevar desde el amor? lo peor de todo es cuando la vida se trunca, cuando todo queda en nada más que el recuerdo de todo lo que fue, porque cuando la muerte llama a la puerta para eso ya no hay solución nada más que sentir el amor desde el corazón y el recuerdo en la cámara de la mente.

    Bellísimo tu texto, Beauseant, gracias por llegarnos tan cerca con tus hermosos textos.

    Besos.

  4. Me parece una gran idea, Toro Salvaje, es toda una declaración de principios, mucho mejor que los ciervos rampantes sobre un fondo de lilas silvestres. Como dice Stand By es un puerto seguro, algo que tienes siempre a mano, la bomba de hidrógeno que te permite darte cuenta que, en el fondo, nada es tan importante como nos creemos… Me gusta tener esa puerta entreabierta porque nunca se sabe… la foto, nada más hacerla, supe que necesitaba nubes, muchas nubes, todo queda mejor con algunas nubes, ¿no?

    Ese es el problema, María Perlada, que cuando llama a tu puerta ya nada tiene remedio y, sin embargo, nos empeñamos en creer lo contrario. Nos empeñamos en que las cosas deben aceptarse y superarse, pero a veces simplemente no apetece. Tengo un montón de cosas en mi vida que no quiero superar, algunas porque duelen y otras porque me, al recordarlas, me hacen sentir bien aunque duelan…

    Gracias a todos!!

  5. la nostalgia de alguien que no puede ni con palabras
    resolver el instante infinito del milagro
    Un brindis por ti muchacho!!!

  6. Lo más hermoso de esa pareja, es lo vivido, al fin por el fin todo se lleva, pero aquello tan grato vivirá por siempre sin dolor, ya que la vida siempre atenta encontrara un nueva esperanza para sanar el alma, excelente poeta.
    Abrazo

  7. Las palabras rara vez resuelven algo, Mucha, creo que las usamos como parapeto, como bálsamo para intentar convencernos, para evitar actuar o, muchas veces, para no tener que pensar mucho… aún así ayudan, ya lo creo que ayudan 😉

    Gracias, María del Rosario, sabias palabras… la vida siempre encuentra una manera de hacernos seguir… a veces eso, simplemente seguir parece poca cosa, pero en ciertas circunstancias en es toda un proeza… un abrazo.

  8. Las palabras son seduccion en la vida hombre
    Cuando la seducción de las palabras termina el amor se v muriendo lentamente
    Cuando el hombre deja de seducir

    para buscar una nueva presa para pescar ……jajaja
    el valor de las palabras hombre son importantes

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