Mar
04.
olvidado en: leer

Le gustan las manzanas, Paris, y “time after time” de Cindy Lauper. A veces se aburre y, no contento con ello, lo escribe en su moleskine y luego me deja leerlo. Yo cuento hasta diez, le miro, sonrío y me pregunto porqué coño todos los guapos de mi vida han de ser cortos. Porqué. Porqué tiene los ojos del color de una de esas mentiras preferibles a cualquier verdad, y una sonrisa a medio camino entre la prepotencia y el azul del cielo de Malibú. Yo lo sé. Sé que entre aeropuerto y aeropuerto, compra revistas de moda y sacia su vanidad mirando sus propias fotografías. Lo sé. Sé que es cristal de bohemia, gemelos de platino, gama de alta cilindrada. Lo sé. Sé que algunos días me mira y ve en mi lo que podría llegar a ser. Quizás. Lo que no soy. Sé que no entiende nueve de cada diez cosas que digo, que le aturde que siempre tenga una teoría para todo, una explicación. La explicación. Que confía inocentemente, de un modo ciego, y se deja caer en mis manos como la más delicada pieza de joyería. Sé que sus ciento noventa centímetros jamás albergarán una mente preclara, un genio de las finanzas o de las letras. Sé que sus labios de polo de fresa no pronunciarán nunca versos de Neruda. Lo sé. Sé eso de él y mucho más pero… ahora, aquí, mirándolo dormido sobre la cama… francamente, queridos, todo eso me importa un carajo.

7 me han valorado con 4.72 sobre 5..¿qué opinas?


Feb
22.

Sus hijos eran su orgullo y toda su esperanza. Casi tanto como su rebaño, unas treinta cabras famélicas que retozaban entre la basura esquilmando el fruto de aquella tierra baldía.

Así había sido siempre su vida, un puñado de sencillas reglas que fueron pactadas con los dioses cuando el mundo aún era joven, y que han ido pasando a través de generaciones en forma de historias contadas alrededor de las hogueras. Rituales que el paso del tiempo había convertido en polvo, en desmemoria. El cada vez más reducido grupo de ancianos era seguramente la última generación en seguirlos. Hasta sus propios hijos habían proscrito a los dioses de la memoria. Ahora se postraban ante un altar en forma de televisión desde el que no dejaban de hablar de una utopía llamada Europa. Una prostituta indeseable que lo pide todo sin darte nada a cambio. Ese era el futuro de su aldea, un puñado de hombres sin memoria que sueñan con escapar de allí mientras se matan por vestir camisetas con los nombre de equipos de fútbol que juegan en ciudades desconocidas.

Cada mañana, sentado en el montículo desde el que se divisa la aldea, ve subir el humo sagrado de la pequeña choza de adobe que sirve de templo, y comprende que los dioses han sido generosos con él. Su rebaño, un hogar, que es apenas un diminuto agujero en la tierra cubierto con hojas de palma, y ocho hijos, todos varones, fuertes y vigorosos. Esa era su recompensa. Incluso cuando vio nacer aquella niña maldita que había matado a su madre al nacer su fe no flaqueo; sabía que los Dioses sólo trataban de ponerlo a prueba como han hecho con los hombres desde el principio de los tiempos. Por eso la había acogido negándose a entregarla a cualquiera de las mujeres sin hijos de la aldea. No quería perder el favor de los Dioses y sabía que ocho hijos bastaban para sacar adelante el rebaño, y que aquella niña pronto tendría entre sus piernas la fuerza que le faltaba en los brazos. Ese día podría ofrecerla en matrimonio a cambio de una dote que hiciese aumentar el número de cabezas del rebaño. Si, los Dioses siempre cubren con grandes dones a quien sabe cumplir sus deseos.

Lo que no podía saber este humilde pastor es que los dioses juegan caprichosos con el destino de los hombres. Gran palabra esa, hombres, que para los dioses apenas es nada. Un instrumento para su diversión, un perro al que lanzas una y mil veces la pelota para que la traiga siempre con el entusiasmo de la primera vez.

Sólo había una cosa que escapaba a su control, su hija, ese tesoro que el había guardado para asegurarse la vejez, se iba convirtiendo lentamente en mujer. Primero una sonrisa picara que apenas mostraba, pero que cuando nacía en la comisura de su boca hacia a hombres y mujeres olvidarse de su misera existencia. Por un momento desaparecía el sol inclemente, el ganado muerto de hambre y las ruinas de una vida desdichada.

Con el tiempo su cuerpo fue cogiendo las formas de una preciosa vasija que hacía a los hombres girarse y mirarse entre ellos divertidos, convertidos de pronto en niños. Aquello le asusto como nunca le había asustado nada, sintió el abismo ante sus pies y supo lo que pasaría sin necesidad de brujos ni hechiceros…

… Un día aparecería aquel hombre blanco, el dueño de los edificios enormes que brotaban a pie de la playa llenos de turistas, y se fijaría en ella. Hablaría con él, claro, sólo para hacerle ver que no existía alternativa alguna a sus deseos, y se la llevarían en uno de aquellos vehículos que rugen y se mueven sin ayuda . A él le prometerían grandes riquezas, incluso la posibilidad de vivir allí, en aquellos templos de color blanco que amenazaban orgullosos el cielo. Pero nada de eso sería cierto, lo había visto muchas veces. Se la devolverían al cabo de unos años, estropeada, manchada para siempre, y rechazada por todos los hombres. Sólo una boca más para alimentar…

Mientras la lluvia de golpes cae sobre ella, el pobre pastor pide a los dioses que guíe con pulso firme a su vara para poder deformar aquel rostro perfecto, pero no mucho, no quiere matarla. Quiere destruir su hermosura, lo justo para no perderla, para que deje de resultar atractiva a los ojos del diablo blanco. Quizás ya no pueda casarla con un hombre poderoso, piensa mientras la cadencia de sus golpes cobra ritmo de ritual, pero siempre hay hombres mayores que ven cerca el fin de sus días y necesitan mujeres jóvenes para traer descendencia y evitar que su estirpe se borre maldita de la memoria de los dioses.

Abajo, impotente ante los golpes, ella oye crujir sus huesos y llora con una resignación que no se aprende en ningún lado, la misma con la que antepasados suyos lloraron ante el nuevo mundo… Arriba, los dioses observan complacidos la escena y pronto la olvidan. Al fin y al cabo son dioses y tienen un mundo, millones de criaturas, creadas para su entera diversión.

6 me han valorado con 5.00 sobre 5..¿qué opinas?


Feb
14.
olvidado en: leer, mirar

.. nada más que una tanda de imágenes que me daba pena dejar tiradas en el cajón como si nunca hubiesen existido..

4 me han valorado con 5.00 sobre 5..¿qué opinas?


Feb
01.
olvidado en: leer

En cada esquina acecha el barullo de todo lo que debo echarme a la espalda y todo lo que me convendría olvidar. Mi capacidad para distinguir ha menguado vertiginosamente con los años. Eso y todo lo demás. No hay tiempo. Ya no, querido. El reloj me mira con cara de pocos amigos. Me doy al rimel y a los milagros en frasco antiedad, y me voy mimetizando con el ácido relumbre de una bonita mentira que se contempla en el espejo. Mi perro mira desde el balcón hacia la otra orilla de la tarde. No espero a nadie. 1940. Ya no espero a nadie. Hago pruebas para televisión donde buscan a gente joven y guapa…ya sabes, por el placer de decirles NO. Ya puedo vivir sola. Puedo enviarme un correo y prepararme una romántica cena. Soy la única superviviente. La única exiliada en mi paraíso demente.

13 me han valorado con 4.76 sobre 5..¿qué opinas?


Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 ...47 48 49 Next

El artista del alambre no hubiese sido posible sin los chicos de Wordpress, la música de los cero, las plumas Waterman y los lapices de colores Alpino...

Theme © 2005 - 2009 FrederikM.de
BlueMod is una modificación de blueblog_DE Theme by Oliver Wunder