mininos viajeros

angustia existencial

Los gatos no viajamos, nos viajan. En cuanto vemos a nuestro humano acumular bolsos y mochilas corremos raudos a meternos en su interior para, simplemente, dejarnos llevar.

Los gatos conservamos intacta la capacidad de ilusionarnos y cualquier sitio que llevemos dos días sin ver nos parece tan nuevo e interesante como un regalo recién desenvuelto.

Los humanos no: necesitan constantemente trazar complejos planes y proyectos para, dicen, encontrarse. Ubicar en algún punto preciso del tiempo y el espacio la persona que nunca fueron pero creyeron ser. Como si el idiota que les mira todos los días al otro lado del espejo y el desastre que atesora no tuviese nada que ver con ellos.

En realidad lo que anhelan los humanos es escaparse de sí mismos. Pero es un esfuerzo inútil, nunca son lo suficientemente rápidos. En cuanto llegan a un nuevo sitio creyéndose otros su viejo yo, que lleva horas en ese lugar, les espera sentado en el sofá con una sonrisa cruel para recordarles de manera despiadada que no hay huida posible.

Las vidas y los errores humanos son trayectorias circulares, por eso son tan tristes sus existencias. Basta que intenten escapar con todas tus fuerzas de algo para acabar dándose de bruces justo con aquello de lo que trataban de huir.

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angustia existencial

angustia existencialAhora bien, si no hay razón alguna para vivir sin hijos, ¿por qué habría de haberla para vivir con ellos? Responder a la angustia existencial que te plantea tu vida engendrando, simplemente, otra vida que le suceda, significa además de una cobardía, dejar a la generación que siga a la tuya la responsabilidad de encontrar la respuesta; hallarla en esas condiciones representa, pues, una tarea potencialmente infinita. Lo más probable es que la respuesta de tus hijos sea procrear, a su vez, para endilgar a su descendencia el problema de no encontrarle sentido a su vida.

Tenemos que hablar de Kevin. Lionel Shiver.

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día seis

– ¿te gustaría escucharme mientras me masturbo?

Su voz llegaba desde muy lejos, amortiguada por la distancia y el cansancio. Por algún motivo me hizo pensar en el polvo atrapado por un rayo de luz mientras se acumula sobre las viejas estanterías de una biblioteca.

Quite el volumen al televisor, unos tipos que discutían en un idioma que apenas conocía y me incorporé en la cama mientras del otro lado comenzaban a llegar gemidos, chapoteos y ruidos un tanto forzados.

Gracias . Fue lo último que me dejo añadir justo antes de colgar al finalizar su pequeña función.

***

Necesito alguien que me proteja, me dijo la noche que nos conocimos y yo me reí y conteste que apenas era capaz de protegerme a mi mismo. Aquello debió hacerle gracia porque esbozó una sonrisa, me acerco otra copa y aquella misma noche acabamos en su habitación del hotel.

A la mañana siguiente comprendí que era cierto, que ella huía de algo demasiado inabarcable para su pequeños brazos y había cifrado todas sus esperanzas de supervivencia en el tipo más grande que había encontrado en aquella celebración. O quizás, con esa intuición que a veces le sobrevenía, había comprendido que mi traje y la ridícula corbata que lo acompañaba estaban demasiado planificadas, como un vestuario de una representación y que simplemente estaba haciendo un trabajo para otras personas a las que no debía lealtad alguna.

Aquella noche sólo éramos dos extraños, ninguno pertenecía a aquel mundo lleno de apresurados hombres de negocios entre el que nos movíamos torpes y sin gracia.

Ella había robado a aquellos tipos trajeados que un poco bebidos se movían por la azotea con sus copas en las manos y forzando grandes sonrisas cuando se cruzaban. Celebraban un puñado más de ceros en sus ya enormes cuentas corrientes y aún no eran conscientes de que habían sido engañados por aquella mujer, pequeña y coqueta que se movía con los ojos cerrados al ritmo de la música. Pronto, cuando comprendiesen su error, desatarían un infierno del que sería imposible escapar y yo sería elevado a su única posibilidad para poder huir de aquello.

Es difícil saber lo que estaba pensando cuando planifico todo aquella porque ya entonces, cuando falseaba los informes y preparaba toda una tramoya de empresas inexistentes para intentar borrar su rastro, debía saber que sería descubierta.

Como esos juegos infantiles que consisten en montar un poliedro a base de hologramas ella en cada cara que te deja descubrir lanza una realidad distinta, un reflejo de algo que es real pero se encuentra demasiado distorsionado para distinguirlo. El juego, es fácil adivinarlo, consiste en saber lo que se oculta tras el holograma, pero no es sencillo: ella se comporta exactamente como esperas que lo haga en cada situación, nunca parece esperar nada ni encontrarse triste o decepcionada. Por eso todos los tipos que pasaron por su vida acabaron por hacerla daño, muchos sin apenas darse cuenta.

***

Es mi sexto día atrapado en esta ciudad horrible y no hago más que comprobar cada hora todos los aparatos electrónicos en busca de instrucciones, y estos no hacen más que devolverme un vacío abrumador como respuesta.

A veces hablo con ella, otras paso el tiempo mirando por la ventana una avenida enorme y pido comida absurdamente cara que me traen a la habitación botones que nunca me miran a los ojos.

Es el último trabajo, no dejo de repetirme. En pocas horas haré la entrega y habremos pagado su deuda.

Una parte de mi que me esfuerzo en no escuchar me recuerda que ella desaparecerá de mi vida en cuanto eso ocurra. Una lucecita que no deja de parpadear en mi cerebro me insiste que todas sus llamadas, sus palabras, toda esa pequeña existencia que hemos construido juntos no será más que otra cara de ese poliedro que ella ha construido y que dejará de existir con un leve giro de sus muñecas en cuanto deje de ser necesario.

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futuro imperfecto

futuro imperfecto La calma, la lluvia, la tormenta; la calma, la lluvia la tormenta. Todo forma parte de un mismo dolor y de una misma mentira. La lluvia que ahora me moja es la lluvia de hace mil años. Mis mentiras, mis fracasos, mis victorias… Todo es parte de una misma cosa que alguien arrojó desde las alturas, estrellándola contra el suelo en mil pedazos que ahora me esfuerzo en juntar para formar algo llamado vida.

Hay personas que siempre te dirán que querer es poder, que basta intentar las cosas con ganas, saltar un poco más, esquivar mejor la mierda, gritar más alto, para que todo funcione.

A esas personas se les da muy bien explicar el por qué del éxito, pero callan como cobardes que son cuando tienen que explicar el fracaso. Callan y te miran sin saber que decir, quizás porque no lo sepan o porque ya no tengan nada que decir. En esta vida hay tantas posibilidades de llegar a algún lado como de morir en el intento, la mayoría de ellas, además, están en la misma dirección y el tipo con un parche en el ojo que vendía los planos para salir del atolladero se murió de risa hace mucho tiempo.

Pero no hay que preocuparse, de los sordos serán los conciertos de rocanrol y de los ciegos las pantallas de plasma en tecnicolor.

El buen dios está en todo y siempre encontrará la manera de hacer llegar un buen trozo de pan a quien no tenga dientes para masticarlo.

Amén.

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