Principio y fin.

De un útero infeliz.
De tinieblas encerradas y ocultas.
De la sombra de lo apresado.
De la noche.
De la claustrofobia que inventa dos brazos para el contacto,
dos ojos para el acecho.
De la promesa rota del “para siempre”.
De una ensayada entrega.
De un premeditado abandono.
De algo vacío y sórdido.
De una partícula irritada y herida.
De una tristeza fría y autosuficiente.
De una vejez interminable y asustada de que la eternidad
resulte cierta.
De todo ello vengo…
A
todo
ello

voy…

[Total: 8    Average: 4.5/5]

hay personas que persiguen sus sueños…

hay personas que persiguen sus sueños..

Mi compañero de dos mesas más atrás aparece todas las mañanas con cuatro botellas que ha llenado en la fuente del vestíbulo. Las alinea en formación sobre el escritorio y dedica la jornada laboral a terminar con su contenido mientras nos cuenta, una y otra vez, lo saludable de estar constantemente con el cuerpo lleno de agua.

A veces, en los días de mucho trabajo, se olvida de su ritual hasta el momento en que apaga el ordenador. Maldice contenido su mala memoria y se lanza sobre las dos botellas que quedan en pie y las bebe a manos llenas entre boqueos, jadeos y muestras de pura desesperación. Es duro, nos dice, pero gracias a ese ritual vivirá un montón de años sin faltar un sólo día al trabajo por una gripe o un cáncer envenenado.

En su entierro el director de la empresa entregará una insignia de agradecimiento a su viuda e hijos que sonreirán agradecidos de haberse librado de semejante gilipollas.

Mi compañero de contabilidad, con el que bajamos a desayunar todos los días, se enfrentó al mismo problema de su triste mortalidad y encontró la solución opuesta: no hay día que no tenga algo que celebrar con un bollo de grasiento chocolate y se hace acompañar a todas partes por un termo de una cerveza de alto octanaje que el mismo fabrica y que bebe a escondidas fingiendo ser un adicto al té.

Todos sabemos que no podemos contar con él hasta las doce de la mañana. A esa hora su cuerpo ha ingerido una buena parte del dorado elixir y su calva ha adquirido un saludable tono rosado. Es entonces cuando suele levantarse de su sitio para pasearse por toda la oficina dándonos palmadas en la espalda para felicitarnos por nuestro gran trabajo y para arengarnos con las tonterías que nos cuentan en los cursos de coaching a los que nos obligan a acudir.

Somos un equipo, grita subido a una silla en plena efervescencia. Somos la falange de este empresa que se abrirá camino hasta lo más alto del mercado. Ahí fuera debemos pelear cada día porque somos leones, o tigres, o algún animal muy fiero. Nunca esas estúpidas gacelas que sólo saben correr despavoridas.

Ese pequeño circo le hace estar muy bien considerado por los encorbatados de la planta noble que dirigen el negocio. Lo que no saben es que el calvo regordete, afable y un poco alcohólico es, en el fondo, un terrible anarquista: cada viernes roba un paquete de posits de colores que se lleva a casa. He hecho los cálculos, si todos hiciésemos eso en treinta y cinco años nos habríamos llevado la empresa por delante. Chúpate esa camarada Bakunin.

Trabajamos en la planta veinte de una torre inmensa nacida en medio de ninguna parte. Un descampado en el que muchos pusieron sus ojos en los años felices de excavadoras y ladrillos pero que se quedo en una promesa dormida en el despacho de algún arquitecto. Cuando bajas del tren y la ves en aquella soledad lo primero que piensas es que no puede ser cierto, que hay algo erróneo y maligno en esa torre de Mordor a la que has decidido entregar los únicos años de tu vida que merecían la pena.

Desde mi ventanal veo cada día una miriada de coches, caminos y nudos de autopistas que se desenvuelven ante mis ojos en completo silencio. Es una imagen mil veces repetida, indistinguible en su inicio o final. A veces toco con el dedo el cristal buscando una fisura, un hueco en esa realidad asfixiante.

Durante dos años tuve una tregua: ella trabajaba dos plantas más abajo y todos esos días con sus noches los pasamos haciendo planes de huida de aquella espiral. Compraríamos una vieja furgoneta con la que veríamos mundo y al volver, llenos de anécdotas, tendríamos un hijo o un perro, eso aún no lo sabíamos, en una casa con un jardín.

Ni tan siquiera parecía un sueño complicado e inaccesible, pero al final todo se pudre. Es es la única certeza que siempre viaja contigo.

El resto de años los pasamos bajando la cabeza cada vez que nos cruzábamos en la oficina y nos dedicamos con ahínco a destruir toda esa vida en común hasta que un día ella desapareció dejando tras de si una postal que aún ondea en la puerta de mi nevera. Unas líneas y un par de fotos de prados enormes en algún lugar de Escocia: Aquí todo es verde y desde mi casa veo las montañas. Creo que esto te gustaría.

Aún hoy no puedo saber si esa última frase era una invitación o un acta notarial de nuestro fracaso.

Tenías razón: hay personas que persiguen sus sueños y otras que se ahogan irremediablemente en ellos.

hay personas que persiguen sus sueños..
[Total: 12    Average: 4.7/5]

al norte del norte

al norte del norteal norte del norte

Mis fantasmas viven desterrados al norte de los mapas que he ido trazando a largo de toda una vida. A veces, en días como hoy, vienen a visitarme y me los encuentro al salir de la ducha o mientras preparo el desayuno.

Ya no importa. Han dejado de asustarme porque he entendido que no pueden hacerme daño.

Nunca dicen nada. Se quedan muy quietos en la otra esquina de la habitación y me señalan con un dedo acusador para dejarme claro que no se han olvidado de mi durante su destierro.

Con su mudo reproche me hacen soñar con realidades ficticias en las que siempre aparezco feliz. En otros lugares, junto a otras personas a mi alrededor que acabaron por marcharse y de las que apenas conservo algún recuerdo. Un carrusel con diferentes versiones de mi vida en las que me veo casada, con un puñado de hijos colgando de las faldas, llena de canas y con esas arrugas que cincela la felicidad en la comisura de los labios.

Cualquiera de esas imágenes borrosas podría haber sido tu vida, es el mensaje que tratan de transmitirme mis espectros.

Esa felicidad que ahora parece tan distante habría sido tuya si hubieses sabido elegir. Si no te hubieses rendido demasiado pronto, si hubieses aguantado un poco más.. si en vez de esto, aquello. Si arriba en vez de abajo. Decisiones, siempre decisiones que nunca salieron como deberían. Y en cada una de esas decisiones al final, justo al final cuando ya lo dabas todo por perdido, esperaba escondida la felicidad.

Mis fantasmas quedaron atrapados en aquel norte que no era solamente geográfico y yo, en una estúpida declaración de intenciones decidí vivir de espaldas al mar. En una ciudad, ahora empiezo a entenderlo, que siempre me resultará extraña y en ocasiones hostil.

Cuando regreso a aquella tierra que es la de mis antepasados mis fantasmas se hacen carne. Su presencia se torna demasiado vívida, casi palpable y con ellos vuelven los recuerdos, las historias y todos los muertos que he ido abandonando en los laterales del camino.

Es un lugar peligroso. Al norte del norte los vivos y los difuntos ocupan un mismo espacio físico y es demasiado fácil ensoñarse con segundas oportunidades que esta vez, esta vez sí, saldrían como debieron salir en su momento.

al norte del norte

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la araña que quería ser artista

la araña que quería ser artistala araña que quería ser artista

la araña que quería ser artista
la araña que quería ser artistaCada mañana, la araña que quería ser artista teje un precioso tapiz que llena de formas geométricas y puro vacío.

Al romper el alba, sin apenas dormir, recorre cientos de metros desde su guarida hasta encontrar el agua más pura recién salida de las entrañas de la tierra y con un esfuerzo inaracnido va creando con sus ocho peludas patas pequeñas esferas, redondas y perfectas que distribuye por toda su tela siguiendo un patrón que sólo ella conoce.

El resto del día lo pasa asomada a su cueva esperando palabras de halago de los insectos que pasan asombrados a su lado. Qué gran trabajo, le decían dos escarabajos apresurados. Cada vez te salen mejor, añadía una mariposa desde las alturas. Y la araña que quería ser artista sentía como los miles de pelitos de su caparazón se erizaban de puro gusto.

Y así fue como la araña que quería ser artista se termino muriendo de hambre. Porque, como descubrió demasiado tarde, del arte no se come.

Con esa estocada tan certera desterró mi padre todos mis sueños de convertirme en una persona creativa para intentar llevarme por el recto camino del que en realidad era su gran sueño: el de convertirme en todo un ingeniero industrial. Aunque ni entonces ni aún hoy sigo sin tener claro a que artes arcanas se entregan los citados ingenieros.

Un idiota mi padre. Si supiese que ya he logrado vender tres de mis mejores trabajos fotográficos seguro que me abrazaría con lágrimas en los ojos para pedirme disculpas.

El primer trabajo lo cambié por una merienda en una cadena de comida rápida y el tercero lo vendí por dos kilos de estupendas patatas cachelas recién sacadas de la tierra.

¿Y mi segundo trabajo?

De ese no hablaré porque no seré un artista pero sí todo un caballero.

la araña que quería ser artistala araña que quería ser artista

[Total: 16    Average: 4.5/5]