Jan
15.

la partida perfecta

Todas las vidas son un proceso de huida. Como esas películas de terror y bajo presupuesto donde la rubia protagonista huye despavorida, con un ojo mirando hacia atrás, por pasillos llenos de puertas. Tantea con poca fe algunas que están cerradas, ignora otras que estaban justo al lado y al final, por puro azar, encuentra un puerta por la que escapar. La puerta elegida es idéntica a otras tantas por las que ha pasado antes, pero la elegida es esa, y no hay forma de saber lo que encontrará al otro lado ni lo que había en cualquiera de las otras.

Lo jodido es que una vez traspasado el umbral no hay vuelta atrás. Te has condenado de manera definitiva a seguir probando nuevas puertas, siempre con miedo, siempre al azar.

Cuando era un chiquillo los creadores de videojuegos se jactaban de poner difícil, casi imposible, el conquistar los finales de sus creaciones. Uno de los trucos, mero reflejo de la vida, era no dejarte salvar la partida en ningún punto. Si querías acabar el juego debías hacerlo en una sola partida: la partida perfecta.

Los juegos de ahora son más amables, los han llenado de pociones, vidas extras y consejos. Puedes incluso salvar la partida justo antes de dar el salto fatal.

Las pastillas, el psicoanálisis, los libros de autoayuda con recetas empaquetadas, el TengoDerechoASerFeliz, todas esas herramientas destinadas a no sentirnos culpables ni responsables de nuestros actos, cumplen la misión de las pócimas en los videojuegos: darnos una visión menos dura de la vida para hacernos creer que es posible dar un paso atrás. Volver a las palabras nunca dichas, a los besos que dejamos escapar y a todos los “y sí” que hemos ido acumulando tras cada una de esas puertas ficticias.

Una mentira, claro.

La vida sólo es huida. Si tienes suerte, hacia delante.

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Jan
06.
olvidado en: leer

Esgrime la ironía para defenderse de la incomprensión, de la mediocridad y de la ceguera. Su dolor es íntimo, no se ve, y si alguien intenta rascar un poco, lo despistará con banalidades como su última liposucción o su penúltimo amante.
Escucha con la elegante mezquindad que presta cierta educación, pero jamás abrirá la boca para hablar de aquellos años meticulosamente equivocados, ni de aquella infancia complicada , ni del insomnio que persiste desde entonces. Jamás. Tampoco pedirá disculpas ni se lamentará de nada cuando el panorama invite, más que al llanto, a la deserción inmediata.
Heredó una sonrisa para dar las gracias y un porvenir tan previsible que a veces le borra la sonrisa, y los sueños, y las pretensiones… y le deja una tristeza fría y acuosa en los ojos…
Al amanecer se bebe la noche y saluda con un mohín en los labios a todos los desconocidos con que se cruza, consciente como es de que de lo fortuito surge la magia. Si alguna vez hubo lágrimas, ya están todas condensadas en presurosas nubes de marzo.
Y para cuando va a llegar a casa, sus siete vidas están listas para jugarse a los chinos el orden en que irán saltando al vacío que el tiempo les reservó…

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Parecidos (no muy) razonables:


Jan
01.
olvidado en: leer

Hay una paloma muerta en el sitio donde nos escapamos para fumar. Me he fijado en ella cuando he descolgado el extintor con el que sujetamos la puerta metálica que nos separa de la azotea. Parece que le hubiese dado un ataque en pleno vuelo y hubiese intentando un aterrizaje de emergencia porque tiene la cabeza desaparecida bajo el cemento y el culo en pompa en lo que, supongo, sería un inútil intento de corregir el rumbo.

Los dos la hemos visto, pero la contemplamos sin decir nada envueltos entre el humo de los cigarros y un respetuoso silencio. De alguna manera sé que ambos pensamos que esta de aquí no sólo es la muerte fútil, y a su modo hermosa, de otra fuente de vida basada en el carbono. Es una jodido mensaje a todo color que resume de manera perfecta la gran depresión en que hemos convertido nuestras vidas.

Gastaremos cantidades absurdas de dinero en fingir que queremos encontrar respuestas a todos nuestros problemas; abrazaremos a cualquiera que nos prometa soluciones rápidas e indoloras para ellos; buscaremos formas de huir de nosotros mismos para acabar justo en el punto de partida… Y al final, justo al final, cuando te rindes y dejas de mover las alas porque hasta eso de seguir vivo ha dejado de tener sentido, justo en ese instante, comprendes que no estabas deprimido: sólo era tu vida, que era una puta mierda.

Y esa vida, escapándose entre todos los ángulos muertos que no vimos y los saltos que nunca dimos, al final, era lo único importante. Lo único que de verdad valía la pena conservar: tu única y más preciada posesión. Pero para cuando quieres intentar recuperar el rumbo ya es tarde, tu cabeza se aplasta contra el cemento y un enorme fundido en negro deja paso a la palabra fin impresa sobre la pantalla.

A mi lado él sigue fumando en silencio. Nunca he sabido nada del sitio donde trabaja, sólo que los dos elegimos el mismo sitio para fumar y de vez en cuando nos encontramos aquí arriba, acodados sobre la barandilla calibrando como sería una caída desde esta altura. Siempre lleva el mismo tipo de traje, negro y con un corte antiguo, unos gemelos de oro en las mangas y un zippo mellado y sin brillo con el que alumbra los cigarrillos. Una vez le pregunté donde trabajaba y él se limito a encogerse de hombros y señalar por allí, en dirección a cualquiera de las 30 plantas y los dos edificios que nos rodean.

Alrededor de la paloma muerta se reúnen sus compañeras que picotean el suelo ajenas a ese destino que tarde o temprano harán suyo. El cuerpo caído comienza a tener ese aspecto de cosa amorfa e indistinguible que empieza a ser asediada por los heraldos de la muerte en forma de pequeños insectos y moscas, pero el resto de palomas hacen increíbles esfuerzos para no prestar atención alguna al mensaje en technicolor, algunas aprovechan incluso para picotear voraces e incansables las hormigas y demás insectos que acuden al hedor de la calabrina. Se han convertido en pequeñas y estúpidas avestruces, seguras y confortables en su ignorancia sabiendo que aquello que no ves no puede hacerte daño.

De alguna manera siento que ese gesto tan sencillo nos debería hacer recuperar la fe en nuestra raza. Estúpida, ciega y autodestructiva, cierto, pero tan conocedora del poder de la muerte que ha llenado de rituales ese paso que todos daremos y al que nadie ha sabido buscar una explicación. Quizás, esa presencia tan cercana y constante de la muerte, sea el impulso necesario para ser un poco mejores cada día quizás, concluyo para mi mismo, de existir alguna esperanza para nuestra raza se encuentre en esos pequeños detalles: en ser conscientes de nuestro irremediable final y luchar cada día contra ello. No contra la muerte, sólida e irremediable como un cartel de cerrado, sino contra el olvido que borrará nuestras huellas cuando nos hayamos marchado.

Alguna parte de todo eso he debido decirla en voz alta porque mi compañero me mira con una sonrisa escorada mientras me responde volviendo la vista al infinito. Me alegra que aún tengas fe en la humanidad, pero si esos de ahí, me dice señalando hacia las palomas que rodean el cadáver, fuesen tus compañeros de trabajo, aprovecharían a verte muerto delante del jefe y en esa posición para darte por el culo si con eso lograsen un ascenso.

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En la España del futuro la InteligenciaQueProgramaVidas ha promovido UnNuevoDecreto ™ con un único artículo: a partir de su aprobación, antes de un puente y por la vía de de urgencia, los contratos de trabajo tradicionales serán abolidos y pasará a ser obligatorio trabajar a cambio de una comida diaria.

La patronal, reunida de urgencia, lo ha visto como un buen punto de partida hacia la tan necesaria búsqueda de la flexibilidad laboral, pero entienden que exigir por ley el poner carne dos veces por semana al trabajador nos puede restar competitividad frente a otros países del entorno. Más aún, dicen, cuando estudios independientes, de probada solvencia, afirman que dos raciones de arroz diarias son suficientes para que un trabajador pueda realizar actividades sencillas sin desfallecer.

Los trabajadores por su parte no han dudado en movilizarse. Las protestas parecen ir dirigidas no tanto contra el Decreto ™ como contra los funcionarios, controladores aéreos y profesores, ya que en sus convenios consiguieron incluir una mejora que les permitiría disfrutar todos los Viernes de un refresco bajo en calorías. Al parecer, afirman el resto de trabajadores, ese tipo prebendas representan un agravio comparativo inadmisible en estos tiempos tan difíciles en los que todos debemos arrimar el hombro.

Esto va para ti, chico del futuro. Recuerda que el sistema sólo dura mientras dure tu obediencia. Un precario y muy jodido equilibrio que consiste en hacer que siempre tengas algo que perder: puede ser un empleo colgado de la brocha, una hipoteca para toda la vida o la simple posibilidad, absurda de tan lejana, de poder escapar de la clase que te asignaron al nacer. Mientras tengas algo de eso a lo que agarrarte bajarás la cabeza, votarás cada cuatro años y aplaudirás con entusiasmo los discursos oxidados de los vencedores.

¿Recuerdas lo del palo y la zanahoria? Pues bien, los mercados hace mucho descubrieron que no hacía falta palo alguno y la zanahoria bien podía ser invisible. Una zanahoria mental, si lo prefieres, que cada trabajador inventa y diseña a su gusto, pero que les hace estar siempre en continuo movimiento.

Pero el sistema es codicioso y se vuelve estúpido en su ambición.

Como un entomólogo arrancando una a una las patas de una araña por pura diversión, el sistema ha descubierto que por mucho que te arrebaten sigues levantando muros cada vez más estrechos en los que te sientes afortunado atrapado en tu pequeña isla de irrealidad. Pensando que las cosas podían ser mucho peores; piensa en pesadillas nucleares, en los niños que se mueren de hambre cada noche en tu televisión, ¿Lo ves?, vives en el mejor de los mundos posibles.

Mira siempre a los que son peores que tú y nunca harás nada por ser un poco mejor.

Anotación 22: la araña, impedida tras la amputación de cuatro extremidades, trata de seguir acercándose a la comida. El esfuerzo es titánico y hermoso, aunque quizás gaste más energías de las que pueda lograr con la comida que se encuentra al otro extremo de su jaula.

La pregunta que tienes que hacerte, chico del futuro, es ¿cuánto más tienen que quitarme?, ¿en qué punto de la campana de Gauss tengo que situarme para no tener nada que perder?

Quizás, chico del futuro, ya te hayas dado cuenta, ¿verdad? El sistema te necesita pero no te ama, sólo quiere mantenerte en los límites, ni dentro ni fuera. Eres una arista, un luser, un borderline, un perdedor. La carcasa vacía de un tipo sin suerte, el polvo de una noche con un hombre de negocios casado. La ración pequeña de patatas fritas que te tomas mientras esperas el plato principal.

Hay mucho odio agazapado al fondo de tu tristeza, lo sé chico del futuro. Nos odiarás a nosotros que pusimos tu vida a los pies de los caballos, odiarás a todos los que miraron su comodidad y la antepusieron a tu porvenir pero, por encima de todas las cosas, te odiarás a ti mismo por ser tan estúpido y complaciente; por creer que la última vez que te pisaron sería la primera.

Pero sólo tienes una vida, chico del futuro. Lee, piensa y organiza toda esa rabia y, si eres un poco listo, la guardarás en el fondo de un cajón y harás lo posible por ser como aquellos que te jodieron la vida.

Es triste, chico del futuro, pero lo cierto es que no tenemos arreglo. Ya no, chico del futuro, quizás hace siglos sí, pero es tan tarde para ti como lo fue en su día para cada uno de nosotros.

Anotación 32: La araña, sin ninguna extremidad por arrancar, ya no busca la comida y agoniza tristemente en el mismo rincón de hace dos días. La conclusión es sencilla: una araña con las extremidades amputadas pierde por completo el apetito.

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Parecidos (no muy) razonables:


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El artista del alambre no hubiese sido posible sin los chicos de Wordpress, la música de los cero, las plumas Waterman y los lapices de colores Alpino...

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