mirar,  otra vida

Cuando desaparecí

Ojalá la amnesia te dure mil años y no tengas que preguntarte nunca por el tiempo pasado a mi lado.

Ojalá nunca me pases la factura por todo lo que me has dado, porque sé que no te lo podré pagar. Mis bolsillos están casi tan vacíos como mi cuerpo, y ya es tarde para comenzar la búsqueda de luces redentoras.

La luz del alba lucha por abrirse camino entre las cortinas de la habitación. En el exterior, más allá de la inmensidad de asfalto del aparcamiento del motel, la verbena agoniza y la música se va apagando, dejando en el aire el olor de aceite quemado y de colonias caras que intentan tapar nuestra podredumbre. El viento mueve ocioso un puñado de prometedoras papeletas de tómbola que, como todas las promesas, resultaron falsas, aunque parecían jodidamente reales cuando las anunciaban hombres roncos acompañados por actrices fracasadas de eternas sonrisas.

Me subo la bragueta lentamente. Estamos en esa imprecisa hora del día en el que las cosas aún funcionan y no se han lanzado cuesta abajo en una carrera suicida. Nos queda algo de tiempo para creer en las viejas palabras, el amor, la amistad, y el prometedor futuro de radiante sonrisa y brazos siempre abiertos.

Recojo lentamente mis cosas desperdigadas por el suelo. Aún sigues dormida: tu rostro de dulce princesa es ahora un boceto de un ceño fruncido, el rostro de una niña que no ha conseguido llegar a las galletas de lo alto del armario. Pareces aún más hermosa.

Hurgo en mis bolsillos y descubro el sobre arrugado, un puñado de palabras que al juntarlas entonan una despedida y que rasgo en tres trozos antes de volver a llevarlo al bolsillo. Ya ves, mi niña, soy un cobarde, sé que no nos volveremos a ver y me niego a reconocer lo que es esto: una despedida.

Miradme bien, soy el eterno aspirante a ganar por puntos el combate. El perfecto actor secundario; cuando acabe la película y aparezca la palabra fin, ni tan siquiera os acordareis de mí.

Miradme bien, porque ahora es cuando desparezco, y ese es mi mejor truco. Sólo lo haré una vez, bueno o dos, o tres…

Tampoco es tan difícil.

5 Comments

  • GGM

    Me conmociona pensar en ella, al levantarse y descubrir la carta. Desgarradora despedida, sin derecho a réplica; cruel cobardía. Aunque tal vez, digan, sea mejor así.

  • virgi

    Lo haces crudo y sensual, le das la pátina del perdedor que quiere perder…¿o en el fondo no es así, sólo una pose?
    No sé, pero es un placer leerte, dedícate ya a guionista!!!

    Besos

  • Beauséant

    El otoño, sospecho, Tristancio es más un estado de la mente que del calendario, a veces siempre es otoño, y cansa.

    Cobardía es la única palabra posible, GGM, y el que tal vez sea mejor así es nuestra excusa favorita ;)QUizás, Virgi sea una pose, o quizás es eso, que nos aterra no perder, porque cuando pierdes todo es más sencillo de entender y de explicar..

  • Juliette.

    Hace poco leí en un libro que hay personajes secundarios que se olvidan porque lo importante es el objetivo principal. Es decir, esperamos en el metro, una chica se desmaya, le sujetamos y vuelve en sí a los pocos segundos, pero te vas corriendo porque has quedado con el amor de tu vida. Por lo tanto, te olvidas de la chica. Al cabo de unos años, cuando tienes tu vida, ésta chica se encuentra de casualidad contigo y de lo que era una secuencia secundaria en tu vida, se puede convertir en lo principal.

    Nunca vamos a ser los personajes de las películas finales que nos olvidamos en cuanto se acaba. Sino, fíjate en la última de Tarantino y la mujer del pañuelo que sólo se le visualiza los ojos.

    De cualquier manera, hay que saber desaparecer bien, mago.

Leave a Reply

Your email address will not be published.