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aquellos días

Aquellos fueron los días en los que salía con el coche a dar vueltas sin rumbo. Me gustaba acercarme a última hora a los enormes centros comerciales de la periferia aunque me pusiesen triste. Lo cierto es que quería ponerme triste, lo necesitaba para poder seguir con mi vida. Tampoco yo lo entiendo muy bien, la verdad, pero a veces necesitamos ponernos tristes, para confirmarnos algo, para cerrar alguna puerta… no lo sé.

Llegaba justo a la hora de salida de los cines y os veía salir, tan jóvenes, tan al principio de algo que era imposible no entenderos. Casi siempre unidos de la mano y llenos de planes de planes de futuro siempre brillantes en medio de tanta oscuridad. La vida tiene que ver sobre todo con los principios, en realidad es lo único que de verdad importa.

El aparcamiento tardaba en vaciarse. Me quedaba a solas con alguna vieja canción que salía de los altavoces colgados de las farolas y pensaba, no dejaba de hacerlo. Pensaba que cada canción hablaba de ti, de mi, de nosotros… de cualquier cosa a la que pudiese aferrarme.

Después seguía conduciendo sin propósito, casi siempre hasta alguno de los puentes que abrazaban como arañas la autopista de circunvalación. Siempre había tráfico, daba igual la hora, fogonazos furiosos de rojo y blanco arañando la noche. Soñaba con estar dentro de alguno de esos coches camino de algún sitio, un hogar, un trabajo… un destino. Entonces creía que tener un propósito, una dirección, podía salvarme.

Paso a paso, es lo que decía casi todo el mundo en aquellos días. Vas avanzando poco a poco y cuando quieres darte cuenta ya has llegado, en eso consiste la vida, ¿verdad?

Estaba instalado en mi tristeza y era un lugar confortable. Algo que creía poder manejar. Lo había llenado de objetos agradables, viejas canciones, puñados de fotografías y de esas cosas que pones en los muebles para evitar que los vasos dejen una marca. Era un sitio al que siempre sabía volver y que sentía como propio.

No me daba miedo esa tristeza, estaba convencido de que sabría salir de ella cuando quisiera. Pero en aquellos días me limitaba a conducir sin dirección y eso era algo que aplicaba a todas las facetas de mi vida.

También me encontraba con tu rostro en casi todas las actrices de porno que veía, medio a escondidas y con la culpabilidad alojada en el pecho. Eso es algo que me cuesta mucho reconocer, poner por escrito, aunque supongo que eso ya no importa.

También te veía a la salida de los cines. Siempre eras tú y siempre sonreías y, a veces, me descubrías agazapado tras el volante y levantabas una mano en forma de saludo en mi dirección. Aunque no era capaz de descifrar si era un saludo o una despedida. Quizás no haya diferencia, un saludo siempre lleva implícita una despedida. Eso es algo que me he propuesto no olvidar.

Paso a paso, os dirán, vas avanzando poco a poco y un día ya has llegado. Ese es el truco, no pensar en llegar, simplemente aparecer en el sitio.

Vuelves a sonreír y levantas la mano en mi dirección. Pareces feliz y eso debería ser suficiente. No debo ser egoísta, paso a paso, no lo olvidemos.

El coche ronronea bajo mis pies. No hay prisa, me dice, tenemos toda la ciudad para nosotros y, aunque no sea cierto, decido creer en ello con todas mis fuerzas.

18 Comments

  • Alma

    Mientras te leía, recordé a alguien que conocí un tiempo, y que continuaba a decirme lo mal que se sentía y que no era capaz de “salir” de ese estado… no pude dejar de pensar que muchas veces somos nosotros mismos a querer continuar y continuar en ese pozo, como cuando tenemos una herida y quitamos una y otra vez la cascarita que se forma, no dejando que esa herida se cure y finalmente se borre todo rastro de ella. Así hace tu propio protagonista, permaneciendo en ese pasado que ha convertido en su zona de confort; porque lo nuevo, eso sí que asusta.

    Como siempre me sucede con tus textos, vuelo y me enrollo… besos y muy buena semana para ti.

  • Beauséant

    Tampoco yo logro entenderla del todo, MANUELA FERNÁNDEZ, pero a veces parece que se necesita.. en mi caso son rachas que no duran mucho. Lo grave, supongo, es quedarse a vivir ahí para siempre porque es un bucle del que no es fácil salir.

    Me temo, ALMA (y muchas gracias por enrollarte), que es ese tipo de cosas que desde fuera se ven con relativa facilidad, parecen cuestión de un empujón, y que desde dentro se contemplan como pura desolación. Debe ser muy duro encontrarte atascado por completo y que desde fuera todo el mundo lo vea como algo sencillo.

    Decisión, acción, CARMEN TRONCOSO BAEZA, son cosas que no siempre se encuentran en nuestra mano, me temo. Supongo que los recuerdos, unos recuerdos que muchas veces son edulcorados, son un lugar cómodo para vivir, para no tener que tomar decisiones que siempre acaban doliendo.

  • mucha

    Una obra de arte tu entrada. Sin palabras me has dejado….
    Un escrito maravillosamente claro
    con alas de tristeza maravillosa
    esa que siempre buscamos….

  • MUCHA

    Si no hubiera tristeza ,no habría poetas. Si no hubiera letargos no sabríamos lo que es amar.
    La gente busca gente ,no saben estar a solas, tienen miedo de enfrentar su propia realidad.
    Los libres y locos somos distintos estamos a solas con nuestro yo, nos reímos de la vida y de los que los otros piensan… felicitaciones de nuevo ya que estás entero y completa

  • Hécuba

    Hace poco, alguien que solo me conoce por lo que escribo me dijo que, entre otras cosas, me veía como una persona algo melancólica. No le quito la razón. Para mí la tristeza no es mala, forma parte de la vida, de lo que somos y hay que aprender a disfrutarla un poco.
    Lo malo, es como dices tú, cuando ese estado de tristeza es permanente y nos supera. Es fácil decirle a alguien que salga de ahí porque todo se ve distinto desde fuera, pero no es fácil hacerlo. Nada fácil.
    Me gusta lo de conducir sin rumbo.

  • Mento

    Creo que después de leer esta entrada he llegado a comprender un poco mejor lo que me dijiste de los resultados. Si lo he captado bien, es algo innato y notable que no debes perder.
    En cuanto a la imagen… Joder, nadie dijo nada de ella?? Pues allá voy… Lástima que no sea de la colección de 2019 jajajaja… Y ahí lo dejo… 🤭😊😁😁😁

  • Ángeles

    Me ha gustado mucho que hables de la tristeza como algo que a veces se necesita. Yo lo entiendo muy bien, pero vivimos en una sociedad que la niega , que la esconde como algo malo. Según la publicidad hay que estar todo el día como una moto, y si no, es que algo te pasa. Y según los psicólogos o terapeutas de diferente calado, si no estás todo el día en plan happy flower es que no sabes vivir y te hace falta alguna terapia.

    Pero la tristeza es un estado natural y si existe será por algo. A veces, me da la impresión, necesitamos estar tristes para sentirnos en paz, para alejarnos un poco de todo, para estar con nosotros mismos. Es una forma de introspección y hasta diría que de relajación.
    Aunque dé un poco de miedo, la tristeza es necesaria, y cuando nos pide salir hay que permitírselo.

    Gracias por un nuevo texto profundo y meditativo.

  • Beauséant

    Gracias, MUCHA, a veces salen las cosas de una forma, a veces salen de otra… Me temo que es normal ese miedo a la soledad que, como dices, quizás no afecte a los locos libres que han aprendido a no darle tantas vueltas a cosas que seguramente no tengan remedio.

    Me ha gustado el comentario, TORO SALVAJE, corto y directo como acostumbras. Pero muchos de esos ladrillos parecen tan maravillosamente felices que no sabría decirte si, en el fondo, no serán ellos los que tengan toda la razón 😉

    Intento que la gente conocida no sepa de este sitio, HÉCUBA, por eso mismo que comentas, porque acaban sacando conclusiones demasiado grandes de una parte muy pequeña. Supongo que al escribir es normal dejarse llevar por esa melancolía. Es mi caso es un proceso de limpieza, se siente, se escribe que es como dejarla clavada con alfileres de entomólogo, y se sigue a otra cosa.

    Muchas gracias, MENTO, creo que algo podremos hacer 😉

    Creo, ÁNGELES, que la sociedad “premia” la monotonía, las personas que no destacan demasiado. De alguna forma nos han educado para encajar en la sociedad y la mejor forma de hacerlo es con intereses y motivaciones parecidas. Si cada uno persiguiese su propia zanahoria quizás las cosas serían más bonitas, pero también más complicadas. El necesitar pararse un momento para sentir tristeza, el rechazar ciertas cosas, hace que te miren mal pero, como bien dices, es necesario. A veces es muy necesario.

  • Amapola Azzul

    Identifico más lo que siente o busca el protagonista más con melancolía que con tristeza, de hecho los recuerdos que evoca son gratos o agradables, las visiones que tiene también.

    Creo que hay un punto de tristeza que es sano tener, no sé dónde está tal vez el límite con lo que roza lo patológico e impide hacer una vida normal.

    Alguien que busca lugares con gente o bullicio tal vez anhela el contacto humano y todo lo bueno de él, a mi éso no me parece triste, es un punto de esperanza en la vida, incluso aunque también busque algo dd soledad, una soledad que parece grata.

    Muy buen relato, creo que no me ha resultado triste.

    Besos.

  • Paloma

    La tristeza es tan parte de la vida como la alegría. No se trata de que se instale para siempre pero sí de dejarle su espacio cuando sea que nos visite.

    Se nota que te gustan los coches y los gatos 😉

  • Carmen

    Parece como si al subir al coche emprendiéramos una huida hacia adelante,es como una fantasía dentro de la tristeza.
    Me ha conmovido ese saludo (o despedida) de la chica.

    Besos.

  • Beauséant

    Gracias a ti, ANNA, un placer 😉

    Supongo, AMAPOLA AZZUL, que la melancolía vive muy cerca de la tristeza. Es fácil ir a visitar a una y acabar en la puerta de la otra 🙂 A veces buscamos ese tipo de lugares que comentas, llenos de gente pero donde puedas seguir siendo anónimo, es decir, quieres ver gente, sentir el bullicio pero poder observarlos desde la distancia, sin participar demasiado en ellos… ese tipo de cosas pueden parecer tristes, pero como bien dices, no siempre tiene que serlo. Como comentaba por ahí arriba, lo importante es no quedarse a vivir en esos instantes, llegar de visita y siempre con hora de salida.

    Así es, PALOMA, no convertir en permanente algo que debe ser temporal. Y lo mismo vale para la tristeza que para la alegría, ¿te imaginar vivir siempre en un instante alegre?, acabaría siendo un tortura… Y sí, me gustan esas dos cosas que has señalado, no tienen nada que ver y cada una a su manera.. ya sabes,

    Quizás sólo sea eso, CARMEN, una fantasía, en algún momento bajas del coche y te toca enfrentarte a aquello de lo que huías, la gasolina, real o metafórica, no dura para siempre (ese saludo es también la parte que más me ha gustado / costado escribir, gracias)

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