leer,  mirar,  otra vida

almas tenues

Los muertos no siempre encuentran el camino hacia el descanso que (suponemos) es eterno. A veces se pierden en ese camino que (volvemos a suponer) es luminoso y fácil de encontrar. Es más, no siempre se pierden, en ocasiones desean perderse. Lo desean con tantas ganas que lo logran, quedan atrapados, de vuelta entre los vivos.

Olvidad el amor, el amor nunca ha vencido a la muerte. Es el odio, la venganza, ese animal que nos roe las entrañas, lo que en verdad los impulsa y obliga a seguir en un mundo que ya no les pertenece. Muertes injustas (quizás todas lo sean), mentiras, delaciones… todo esas pequeñas y grandes traiciones son las que impiden a los muertos marcharse de manera definitiva.

Son los Yūrei, las almas tenues, los que se quedaron atrapados en el breve espacio delimitado por su muerte. Se quedan vagando por las viejas casas que van derrumbándose a su alrededor, o esperan en arcenes de carreteras secundarias que con el paso de los siglos se convierten en autopistas de cuatro carriles y, con el transcurrir de más siglos, vuelven a ser carreteras sin nombre para ser, al final, caminos de tierra que llevan a ciudades en ruinas.

Y entre todos esos siglos ellos siguen ahí, unidos a ese hilo invisible. Ven marcharse a los seres queridos y a los odiados hasta olvidar los rostros y las voces que alguna vez fueron toda su existencia. Ven derrumbarse todo su mundo y, entre parpadeo y parpadeo, contemplan como todo vuelve a levantarse en un bucle sin salida.

Eso son los que tienen suerte.

Otros quedan atrapados en los objetos que más apreciaron en sus vidas. Una delicada pluma estilográfica con incrustaciones de oro, la edición especial de ese libro tan preciado y único con la firma de un escritor suicida… observan esos objetos pasar a otras manos, manos extrañas y sucias. Los maltratos y la falta de cuidados, las sucesivas ventas a otras manos, el olvido… quién sabe si su destrucción definitiva.

¿A dónde marchan los Yūrei cuando muere aquello que los ataba a este mundo?

No marchan, se quedan en ese instante y lugar. Un lugar desconocido y aterrador a la espera de que todo vuelva a empezar. Si tienen suerte volverán a ver todos los errores de su vida y esta vez podrán remediarlos. Apagar el odio, dejar de sentir, reconciliarse con ellos mismos. Eso es lo que piensan, que de verdad merecen otra oportunidad de ser mejores.

Lo cierto es que no, nunca tienen tanta suerte, pero no pueden dejar de intentarlo.

Deambulan por los recodos de lo que fue su vida, observan a los vivos, anhelan comunicarse, expresar ese odio con palabras conocidas, explicar aquello que les ata a este mundo. Pero no tienen forma de cruzar la frontera, para lograrlo se necesitaría algún material especial, algo a medio camino entre lo físico y los sueños.

¿Cómo un carrete de fotografías de 35mm?.

Exacto.

Es una Yashica MG1 comprada en un mercadillo de Praga, el vendedor fingía no hablar mi idioma y yo no lograba entender el suyo. Pagué un precio absurdo por ella sin saber el motivo. Se le enganchan los dientes al poner un nuevo carrete, el fotómetro nunca logra ponerse en verde… y es mi cámara favorita.

En ciertas fotos, quizás sean los lugares, la luz que cae sobre ellos o la composición atrapada en el visor (es imposible saberlo), el Yūrei deja su huella. Aparecen rostros, borrones de personas que no deberían estar. Fenómenos luminosos, extraños e inexplicables quedan plasmados en el negativo.

Son los jirones de su vieja vida.

Un pequeño escalofrío me recorre cada vez que emergen del baño químico al hacer el revelado. Aún así los recibo como viejos amigos que me hicieron daño pero a los que no guardo ningún rencor.

Cada una de esas fotos es un grito desesperado en un idioma desconocido. La angustia del genio atrapado en la lámpara intentando llevar algo de luz a un rincón del que nunca podrá escapar.

He llenado mi casa con esas fotos, aparecen en la nevera, sobre la mesilla, aparecen traicioneras al abrir un cajón de la cocina. Son un recordatorio, una luz que me avisa para no llenar mi vida con odio.

Nada te pertenece, me dicen, nada nos llevaremos y nada durará para siempre. Es inútil tanta pelea, tanta ambición, tanto aferrarse a personas y objetos que nunca nos hicieron mejores.

Cada una de esas fotos es una lección que no debo olvidar.

Onryō — Son fantasmas vengativos que vuelven del purgatorio por un mal hecho a ellos durante su vida.
Ubume — Es el fantasma de una madre que murió durante el parto, o murió dejando niños pequeños. Estos yūrei suelen regresar para cuidar de sus hijos y a menudo les traen dulces.
Goryō — Son fantasmas vengativos de la clase aristocrática, en especial aquellos que fueron martirizados.
Funayūrei — Son los fantasmas de los que fallecieron en el mar.

18 Comments

  • Toro Salvaje

    Lo escribes tan bien que ahora mismo estoy pensando que ahora mismo quizás hay alguno por aquí… incluso sería posible que en el futuro yo me convirtiera en uno de ellos, o que ya lo sea y piense que esté vivo y en realidad este teclado sólo exista en mi imaginación…

    Saludos.

  • Paloma

    Me dan mucha pena los Yurei.
    Aunque si sirven para recordarnos que es mejor soltar y no apegarse a nada ni nadie ya cumplen una función.

    Muy buen relato, como siempre. Y lo mismo digo de las fotos.

  • Ángeles

    Me encanta el tema de este relato, y me encanta el enfoque (nunca mejor dicho) que le has dado.

    Me ha gustado mucho la explicación que das de esas fotos maravillosas, que cualquiera juzgaría “defectuosas”, pero que ahora sabemos que no lo son 😉

    Y también me gusta mucho la utilidad que les has encontrado. Creo que la mejor.

  • Beauséant

    En el texto original, TORO SALVAJE, el protagonista se quedaba atrapado en esa cámara de fotos tan preciada para él… decidí salvarle, salvarme en el último momento.. aunque quizás, sí todo estemos condenados y no podamos hacer nada por escapar.. pero no dejaremos de intentarlo, ¿verdad?

    Gracias, PALOMA, al menos que su destino no sea en vano, es cierto. Son lecciones fáciles, que todos deberíamos tener claras, pero siempre se nos olvidan, lo fácil es dejarse llevar…

    El texto nació así, ÁNGELES, con algunas fotos defectuosas, raras, que encontré en algunos álbumes viejos, e parecieron una señal de algo y de ahí nació, como dices, el enfoque.. muchas gracias.

  • Alma

    Justamente hoy, mientras estaba con el niño que cuido, nos pusimos a leer porque él debe practicar y como mucho no lo entusiasma, hemos ido a la biblioteca en busca de algo nuevo… pequeñas historias de terror, quiso. ¿Sabes cuál fue la que más le gustó? La de unos niños que encuentran una cámara fotográfica y al tomarla, como no era suya, y usarla, el sujeto fotografiado queda atrapado en ella…

    Sin dudas, al no saber usarla ni mucho menos, la considero un instrumento mágico.

    Me encantó tu texto de hoy. Un beso.

  • Beauséant

    Las cámaras fotográficas son criaturas peligrosas, ALMA, eso esta claro. No deberías acercarte a ninguna sin tener el manual de instrucciones a mano, en caso de que la cosa se complique siempre puedes arrearle un golpe con el lomo (que es para lo que sirven los manuales de instrucciones, claro) 😉

    Pues sí, AMAPOLA AZZUL, cada vez que veas una foto borrosa, cuando algo heredado en tu casa aparezca en otra habitación sin ninguna explicación, ya sabes de que se trata….

  • MUCHA

    Beauséant said…
    intentar afrontar la vida desde la felicidad, dejar que sean las palabras las que decidan como quiere unirse entre ellas… las cosas más sencillas son siempre las más complicadas de llevar a cabo 😉
    ————————————————————————————————-

    Beauséant
    Es tu hablar artista del alambre…
    El mío fue
    fácil.
    Tomé el micrófono y sin escribir nada
    poniendo mi voz en modorra
    Fueron saliendo lentamente palabras de mis adentros
    para llegar así

    Hasta la vulva del orgasmo

  • Anonymous

    La verdad es que hay fotos donde se ven cosas que dan escalofríos. Yo a lo más, he llegado a sacar “Orbs” y no estoy segura de querer ir más allá.
    SAludos.

  • Hécuba

    Yo también tengo una foto de esas. Cuando fui a Estados Unidos en la casa en la que estuve me dijeron que alguien de la familia volvía en las fechas señaladas. Hay una foto mía en Navidad con una especie de silueta blanca pegada a mí. No sé si fue un efecto de la cámara o si estaba acompañada.
    De alguna manera lo que has escrito me ha recordado al universo Charlie Parker de John Connolly.
    Escribes bien. Y las fotos son impresionantes.

  • Mento

    Me gusta la fotografía de la cámara.
    En cuanto a las del post y lo que cuentas… Uff… prefiero no decir nada, no sea que vengan los del loquero por mi. Siempre me lo he preguntado, lo de si estar loca o si solo son fallos del dispositivo.
    🤔🤦‍♀

  • Beauséant

    Hacer fáciles las cosas difíciles no es algo al alcance de todo el mundo, gracias, MUCHA…

    Existen muchas explicaciones para los orbs, ANONYMOUS, pero ninguna me acaba de convencer, creo que las almas tenues son una explicación mucho más lógica para explicarlo todo, ¿verdad? O, como decía un profesor que tuve, la otra opción es limpiar bien la lente 😉

    Siempre se empezamos mirando, JOH, pero en algún momento queremos participar, ¿verdad? Con mejor o peor suerte, con más o menos ganas, pero formar parte de ello…

    Buff, HÉCUBA, John Connolly son palabras mayores, aunque muchas gracias por la comparación. Tiene algunas de las mejores letras sobre ese tipo de temas que he leído nunca (aunque a veces se note que escribe rápido para cobrar el cheque 😉 ) Tengo claro lo que significa esa foto de la que hablas, pero no te lo diré 😉

    Tranquila, MENTO, mi psicólogo no tiene la dirección de este sitio, estamos aquí para hacer terapia desde el más puro anonimato 🙂

  • Beauséant

    No lo dudo, no lo dudo, en realidad iba más por el lado prosaico de la vida. Vamos, que seguro que ahora no dicen que son aberraciones de la lente, la luz o cualquier otro dato técnico súper aburrido. Mejor nos quedamos con nuestra versión de los acontecimientos, creamos en milagros y en fantasmas. Sigamos soñando y que no nos apeen antes de tiempo, ¿te parece?

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