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    la cuenta de los días

    En los tiempos del dictador era imposible saber cuántos días duraría el año. Cuando mi abuela arrojaba alguna de esas frases en medio de las reuniones familiares todos en la habitación componían sus mejores gestos de disgusto y, de forma apenas perceptible, empezaban a caminar hacia atrás hasta que alcanzaban la puerta y me dejaban a solas con esas historias en las que era imposible saber dónde se encontraba la separación entre lo real y lo imaginario. Las ocupaciones principales del dictador, enumeraba mi abuela, eran la caza, asistir a misa y firmar órdenes de ejecución contra los innumerables enemigos de la patria. Enemigos reales al principio, una vez acabada…

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    puntos de fuga

    Punto de fuga: lugar donde el universo alcanza, durante un breve instante, su máximo equilibrio antes de desmoronarse con mucho estrépito.

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    el universo hace origamis

    La naturaleza dibuja origamis a nuestras espaldas. Son efímeros mensajes grabados durante eones en las vetas de mineral que recorren una montaña o enterrados en lo más profundo del código genético de las flores. Pequeñas obras de arte que la raza humana, su creación más desafortunada, pisa y humilla sin piedad. A veces por necesidad, la mayoría por la pura ignorancia y el egoísmo de creerse el centro de un universo creado para satisfacer todos sus caprichos. A la naturaleza no le importa. Para ella sólo somos un suspiro, un leve parpadeo dado por alguno de sus miles de ojos. Una mañana, en lo que ella tarda en desperezarse al…

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    Laura (3)

    La primera parte | La segunda parte No hay constancia en la agenda oficial del alcalde. Tampoco en la privada. Sin embargo, hoy es un día importante. Un día que el representante del consistorio de la ciudad lleva rumiando y planificando mucho tiempo. A decir verdad, hoy no es un día importante. Hoy es el Dia. La cita tiene lugar en la sierra, a unos pocos kilómetros de uno de los vertederos de Francisco Romeu. El bar, hoy ya famoso en todos los medios de comunicación, es como una palmera en mitad del desierto. Un desierto plagado de cámaras de videovigilancia discretamente camufladas entre enchufes, lámparas y cuadros del todo…

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    El jardín de mi duermevela

    Un disco duro con una partición desaparecida y diversos problemas de agenda me impidieron añadir las fotos a la entrada anterior. Como tampoco era plan de tirarlas las dejo aquí. Aunque queden un poco deslavazadas aquí sueltas seguro que ustedes saben pillarle el zeitgeist del asunto.

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    El jardín de la duermevela

    En la parte trasera de la casa de mis abuelos había un jardín que en otros tiempos debió ser un huerto, pero que en mi infancia sólo era un recinto cercado por un muro precario e irregular con un par de árboles frutales y muchos tipos de hierba, recta y espigada, que cuando era niño casi me tapaba por completo. Aquel enorme mar me aterraba, el viento lo movía y todo el verdor respondía como un ser vivo a su llamada. En cuanto ponías un pie para adentrarte en la espesura notabas cientos de pequeñas formas de vida escabulléndose entre tus pies. Para alguien que sólo veía asfalto el resto…

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    un tiempo detenido

    De niño los relojes me daban un miedo terrible. Supongo que me parecía absurdo que alguien hubiese inventando algo capaz de medir el tiempo. Creía, en mi infinita inocencia, que sin relojes el tiempo no existiría. Que seríamos libres, eternos. Trace un ambicioso plan, consistía en sobrevivir. (Nacho Vegas)

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    el libro negro

    Por aquel entonces había llegado a mis manos un libro llamado Rayuela y lo había convertido en compañero solidario de todos mis pasos. Me encontraba en uno de esos momentos en que asumes que has perdido el control sobre casi todo lo que rodea tu vida y decides entonces buscar cobijo en otros sitios: libros, canciones, instantes fugaces que te niegas a dejar en el olvido.. casi cualquier cosa puede ser un refugio cuando las cosas dejan de tener sentido. Yo decidí vivir en Rayuela, me movía al ritmo de sus personajes y entablaba densos circunloquios con los protagonistas en los que, sobra decirlo, siempre salía perdedor. Recuerdo que compré…