diario de un salmón

veranito

Antes de marcharme de tu vida para siempre me recordaste desde el quicio de la puerta que era inútil, que las personas como yo estábamos condenados a no descansar nunca en sitio alguno. Lo único que nos guía es el gen de un extraño inconformismo perdido en alguna de las vueltas del A.D.N.

El día que encontremos algo que no queramos perder, ya no tendrá sentido: habremos muerto.

A veces es el camino ya recorrido el que te impulsa a negar la vuelta atrás, y te obliga a seguir caminando sin esperar nada más allá de la búsqueda en torno a la cual has atado todos los principios y finales. Trazando los días como las líneas febrilmente garabateadas en el diario de un salmón empeñado en seguir río arriba.

Si pudieses atraparlo entre las manos y le preguntases por el motivo de ese empeño. Si le hablases de los osos y pescadores cargados de trampas en cada revuelta del arroyo, te miraría sin inteligencia y coletearía desesperado por escapar de tus manos y seguir su camino.

Es difícil luchar por ser uno mismo cuando todos a tu alrededor esperan que seas cualquier otra cosa. Pero un salmón, un buen salmón, nunca deja que esas cosas perturben su ruta.

Arriba, río arriba.

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