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¡nada de caballos!

Nadie en todo el continente recordaba un talento parecido, ni aún rebuscando en los ajados libros de las bibliotecas que olían a moho y desidia había rastro de nada igual. Parecía un entendimiento llegado de otro mundo, un lugar feérico donde el mármol podía adaptar cualquier forma siguiendo unas reglas que nada tenían que ver con las de la física.

El viejo escultor no tenía competencia, era así de simple y de doloroso para todos aquellos que peleaban por las migajas que dejaba a su paso. Había llenado de estatuas la ciudad imperial llevándose por delante cualquier obra de otros artistas y cada mes derribaban estatuas, monumentos y columnas de siglos pretéritos para dejar sitio a sus nuevas creaciones.

Una vez que veían los resultados nadie quería más obras que las suyas para coronar sus palacios y avenidas. Todos, emperadores, obispos y nobles hacían cola para poder presumir de tener alguna pieza, por pequeña que fuese, de aquel genio.

El artista se negaba a explicar el secreto de su arte, la magia que guiaba sus manos peludas y un tanto simiescas. En un taller, cercado por enormes vallas y custodiado por una guardia pretoriana de tipos con la palabra problemas tatuada en sus frentes, se refugiaba sin querer aceptar ningún ayudante ni aprendiz. Cada semana llegaban candidatos y emisarios para intentar hacerle entrar en razón y él los despedía con palabras blasfemas que sólo a él le permitían.

Esta loco, concluían. Cuando muera nadie más será capaz de hacer esas composiciones, todo ese talento se habrá perdido.

Lo más extraño, comentaban todos, es que apenas se veían entrar cargamentos de piedras en aquel recinto. Su talento es tan grande, decían, que apenas desaprovecha ni el más pequeño guijarro.

A veces llegaban a la vetusta ciudad viajeros cubiertos de polvo que miraban estupefactos las creaciones del escultor. Daban vueltas alrededor de ellas enmudecidos, como atrapados en una vieja danza. No era la belleza lo que reclamaba su atención, no: en los delicados rasgos del mármol, entre las sutiles líneas de los torneados músculos creían reconocer los rostros de hijos, amantes o esposas, todos desaparecidos sin dejar rastro alguno de su paso.

Pero no, eso era imposible, se decían, esas esculturas eran demasiados perfectas, eso era todo. Sus mentes confundidas y cansadas les hacían ver a los seres queridos en aquellos rostros pétreos, esa es la única explicación lógica, ¿verdad? El cansancio, una pena irracional que no dejaba lugar para nada más. Sí, debe ser eso, ¿verdad?

El viejo escultor escuchaba en las tabernas esas majaderías de los viajeros y sonreía malicioso. Valoraba demasiado su propia supervivencia, pero a su orgullo le hubiese encantado explicar lo ocurrido con los desaparecidos.

Todos lo habían hecho por dinero, esa era la forma en la que se acercaba a ellos al principio, pero en el fondo querían ser inmortales, posar para el gran escultor y quedar retratados por los siglos de los siglos en piedra. Los había encontrado vagando por los caminos, huyendo de viejos fantasmas y hambrientos en sus estómagos y en su mirada. Tenían un agujero negro y ponzoñoso en el lugar en el que debería estar el alma y necesitaban para llenarlo algo que no encontraban en sus miserables vidas.

Ninguno sospechaba nada cuando les hacia tomar aquel brebaje antes de posar ante su cincel. Tómalo, les decía, es para tranquilizaros, para relajaros y no estropear la pose, sois Hércules domando el toro de Creta, Sísifo empujando la maldita piedra, vamos, posa, será sólo un momento antes de ser inmortal, ¿no es eso lo que quieres?

Ni tan siquiera les daba tiempo a poner cara de sorpresa cuando sentían a la poción convertir en piedra sus músculos, todo era demasiado rápido. El escultor nunca se había preguntado si les dolía, si aún quedaba algo de vida en ellos cuando quedaban atrapados dentro de aquella cárcel… lo cierto es que tampoco le importaba. Era lo que ellos habían elegido y él sabía que ciertos verdugos requieren de ciertas víctimas para hacer su trabajo.

Los únicos a los que aún no había podido convertir era a los caballos. No se dejaban, eran demasiado inteligentes aunque fuese de una manera primitiva. Siempre le salían asustados, con los ojos totalmente enloquecidos como intuyendo su destino. Con las personas era distinto, más sencillo. Siempre tan estúpidas, tan vanidosas, deseando su pequeño trozo de inmortalidad sin entender el precio que tendrían que pagar.

Por eso nunca aceptaba encargos de caballos, ¡nada de caballos!, gritaba cada vez que alguien se lo proponía.

30 Comments

  • Alma

    Muchas veces me he detenido a observar estas esculturas, estas magníficas obras de arte y me he preguntado ¿cómo han hecho? …porque ni siquiera podemos pensar a la “ayuda” de herramientas sofisticadas como las que hay hoy en día. De todos modos nunca se me hubiese ocurrido semejante explicación… aunque conociendo la naturaleza humana, su vanidad como bien dices y, la “maldad” y omnipotencia de tantos otros, no me extrañaría que se haya, al cuanto menos, intentado.

    Un beso y buen inicio de semana.

  • Jo

    Bernini es el único artista,capaz de transmitirle claridad, suavidad y realismo a un material como el mármol

    No se… quizá temo que los caballos salieran desbocados de tan reales 😉

  • Beauséant

    Que se ha intentado es algo que tengo claro, **ALMA** ,la historia de la humanidad esta plagada de ese tipo de ideas locas.. a mi me parece la explicación más lógica porque cuando ves esas estatuas por un lado y el bloque de mármol por otro lado, esta claro que no cuadra 🙂

    Supongo que algún caballo haría, **JO**, incluso recuerdo algún elefante , pero para cerrar la historia me venía mejor esa teoría, ya me entiendes. Y sí, todo lo que hizo tiene un algo especial.

    Estuve a punto de acabar la historia con burros, **MENTO**, siempre me gustaron más que los caballos, más nobles, menos perfectos y tan tristes con esos ojos y esas orejas. Pero, claro, la historia habría quedado muy rara, no??

  • Toro Salvaje

    No tenía que haber leído esto… ahora qué crees que pensaré cada vez que vea una estatua… pues eso, que tiene alguien dentro….

    Si es que me darán ganas de comprobarlo…

  • Manuela Fernández

    Tu relato capta la atención al cien por cien. Y realmente puede ser una explicación para ciertas esculturas, no ya solamente las clásicas, ahora las hiperrealistas son sorprendentes.
    SAludos.

  • María Dorada

    Cuánto talento tienen los escultores para hacer estas obras de arte, la verdad es que les admiro, como a ti, que hiciste un relato arquitectónico de lo más interesante.

    Besos.

  • Beauséant

    NO, **MENTO, No, pobre platero, metido ahí dentro de una estatua, pobrecillo, por ahí no paso 🙂

    Ese sería un buen relato, **TORO SALVAJE**, una especie de nietzsche moderno golpeando estatuas para veri s realmente se encuentran huecas… Avísame cuando acabes en comisaria, desde aquí haremos una colecta para intentar sacarte de la cárcel o al menos llevarte algunos dulces.

    En el colegio, **MANUELA FERNÁNDEZ**, a veces nos tocaba hacer cosas con plastilina y a mi sólo me salían churros. Imagina la envida que me da ver ciertas cosas, supongo que por eso inventé esta historia 🙂

    Muchas gracias, **MARÍA DORADA**, en cierto modo escribir es esculpir algo.. y, claro, los grandes parece que usan otras herramientas diferentes mientras los pobres, la clase baja, nos conformamos con hilvanar algo con sentido…

  • Paloma

    ¡Qué bueno!

    A lo que se arriesgan tantos por ego y vanidad…claro, los caballos son mucho más inteligentes en ese aspecto que los humanos.
    Me encanta la palabra “feérico”, la descubrí hace un tiempo. No es que la use mucho pero me ha gustado encontrarla en tu texto.

  • Ángeles

    Fantástico! Un relato de miedo que no parece de miedo por la naturalidad con que se desarrolla, sin truculencias ni aspavientos.

    Me ha hecho pensar en esas películas antiguas sobre el escultor del museo de cera, cuyas perfectas figuras también guardaban un secretillo… 😀

    Y me ha encantado el elemento conflictivo representado por los caballos.

    Saludos.

  • Beauséant

    De momento sólo me he atrevido a ponerla por escrito, PALOMA, pero estoy deseando poder usarla alguna vez en alguna conversación 🙂 Ego y vanidad, así es, eso es lo que nos atrapa con cadenas que nosotros mismos forjamos

    Esas son palabras mayores, MYRIAM, pero las guardaré con cariño porque a veces, en realidad siempre, se agradece ese tipo de ánimos… Y sí, puse los caballos, aunque no tengo ni idea de si este hombre de las fotos esculpió algún caballo, supongo que sí…

    Me gustan tus análisis, ÁNGELES, y te lo agradezco porque, en este caso, era lo que pretendía. Una historia normal, que parece no llevar a ningún sitio y tiene un secreto esperando al final… Los caballos, como bien dices, era el giro final, no sabía que se llamaba así, pero me lo apunto 🙂 No he visto esa película, ¿nos pones al día? 😉

  • Ángeles

    Gracias 🙂
    En los relatos breves los personajes no quedan muy definidos, porque, obviamente la atención se centra en la historia. Pero resulta muy interesante cuando además de la historia en sí, hay un elemento más de conflicto, algo que hace que la historia vaya un paso más allá o que define más al personaje principal, y por lo tanto lo hace más interesante. Es lo que ocurre en tu relato, y además me parece que está muy bien hecho, porque se cumple ese objetivo con muy pocas frases.

    Y en cuanto a las películas, me refería a “Los crímenes del museo de cera” (Michael Curtiz, 1933) y una versión posterior (de 1953, según acabo de comprobar), con el gran Vincent Price.
    Ya me dirás si las ves 🙂

  • Beauséant

    Muchas, Muchísimas gracias por el comentario, ÁNGELES 🙂

    Nunca he sido capaz de seguir ninguna de las guías ni los libros que te “enseñan”, cómo escribir. Me he limitado a copiar las cosas que me gustaban, cuando un texto me llama la atención vuelvo sobre las letras y analizo el motivo, la presentación de los personajes, los giros… En esos libro, claro, no te enseñan a escribir,pero si te presentan esos pequeños trucos que yo, a veces, uso de forma un poco más intuitiva… Supongo que al final esta todo inventado y lo que hacemos es darle alguna que otra vuelta más.

    Escribo cosas breves por el propio formato del blog y porque las veces que he alargado la historia ha sido un desastre 🙂 Me gusta pulir las cosas al máximo, explicar en dos líneas todo una motivación o una personalidad.. aunque muchas veces no lo consiga.

    La película no la he visto, no soy de ver cine tan antiguo, pero nunca es tarde para empezar.. luego la buscaré, seguro que saco nuevas ideas 😉

  • Myriam

    Tu relato es excelente, y vuelto a leer, me gusta aún más que la primera vez. Me encanta que te hayas sumado con él a mi propuesta y te lo agradezco de corazón. Un beso muy grande (ya te sumé al listado).

  • Mónica Frau

    Siempre me he sentido fascinada por esas esculturas tan delicadas y perfectas en donde el mármol pulido parece cobrar vida y adquirir rasgos tan naturales que conmueven y emocionan. No quisiera imaginarme que esas bellas esculturas han tenido un origen tan maquiavélico como el que les otorga tu personaje jeje. Me gusta eso que sean los caballos los únicos que no se dejan atrapar para hacerlos piedra. Muy original. Saludos jueveros

  • Beauséant

    Muchas gracias, MYRIAM, me habría gustado participar con algo nuevo, pero nunca me salen las cosas cuando quiero 😉

    Gracias, MÓNICA FRAU, la historia la escribí por eso, las figuras humanas eran etéreas y delicadas mientras que los caballos parecían desbocados con los ojos y las fauces muy abiertas. En cualquier caso es fascinante ver lo bien que reflejan cada musculo y cada gesto en el mármol.

  • mag

    Durante un momento me he perdido. El enlace me conducía hasta aquí y el título era acorde. Luego veo los comentarios y la fecha de la entrada y digo, ¡Oh, algo he hecho mal! Pero no, estoy donde debo estar :-9
    Cierto, nada de caballos pero ¿para qué? Igual solo el artista comprende el alma del ser humano y la del animal, como el caballo, le queda grande, demasiado especial, demasiado delicada.
    Igual que decían que los espejos o las fotos atrapaban el alma, los artistas tienen la capacidad de atraparnos también las emociones y los sentimientos.

    Bernini posee la capacidad de modelar el mármol como si fuera parte de él, de reflejar la intensidad de esos estados psicológicos que nos devanean a los humanos y de crear obras que parecen, como dices, un humano quieto :-9

    ¿Entonces, Galatea, era una mujer atrapada en una figura pétrea que supo romper el cascarón en el que estaba enclaustrada por amor? 🙂 Ahí lo dejo.

    Un beso.

  • Anonymous

    Dentro de tanta belleza, se me han puesto los pelos de punta y es que la mayoría de las veces la perfección no es tan perfecta. Besos.

  • Anonymous

    Unas esculturas maravillosas así es el arte de Bernini imposible no captar la atención de quien lo admira.
    Muy buen relato.
    Saludos.

  • El Demiurgo de Hurlingham

    Muy bueno.
    Me recordó a algún cuento de Clark Ashton Smith, que tanto era escultor como escritor de terror.
    Les prometió una forma de inmortalidad. Y para ser precisos, no les mintió.

    Por lo que veo, también hubo bellas modelos entre sus víctimas.

    Saludos.

  • Anonymous

    vaya un excelente relato, la vanidad del ser humano que no tienen y ni siquiera necesitan los animales, pues son mucho más inteligentes que nosotros

  • beauseant

    Muchas gracias, MAG, efectivamente, has llegado al sitio indicado. El problema es que me sumé a la propuesta con un texto antiguo porque, bueno, porque soy incapaz de escribir algo cuando me dan la idea, soy un poco desastre 🙂

    No había pensado el tamaño del alma en el texto, pero es verdad que los caballos son muy especiales, son de los pocos animales a los que me cuesta entender, siempre tienen algo en la cabeza que se me escapa. Bernini era un mago, había visto muchas fotos de sus creaciones, pero verlas en directo y con la luz tan bonita que había en la sala es algo que te deja sin palabras.

    Y el giro a la historia de Galatea me ha encantado, la verdad. Da para una buena historia, alguien compra la estatua maldita, se enamora y vuelve a la vida… Sí, lo veo, lo veo.

    Muy buena esa frase, ANONYMOUS, la perfección no es tan perfecta. Es verdad, el ojo humano parece entrenado para reconocer las imperfecciones de la vida, ¿verdad? La arruga, la mancha.. cuando algo es demasiado perfecto nos pone en alerta.

    Imposible, ANONYMOUS y, como he dicho por ahí arriba, verlas en “vivo” no tiene precio.

    Sospecho, EL DEMIURGO DE HURLINGHAM, que con tu nombre estarás más que versado en las artes oscuras y ese tipo de magia no te parecerá gran cosa. Pero para los simples humanos es otra cosa… Y sí, el viejo escultor supo elegir bien a los modelos, eso hay que reconocerlo.

    La vanidad, ANONYMOUS, es una más de las muchas cárceles que hemos levantado para atrapar nuestras almas. Así nos va.

  • Tracycorrecaminos

    Me encantó tu relato a la par que me asustó por la escalofriante frialdad del escultor al convertirse en vengador de la vanidad humana, haciéndolos esculturas.
    Agradezco que hayas salvado a los caballos que por su inteligencia no se dejaban embaucar.
    Ya lo pienso yo, es que los caballos son más inteligentes que muchos humanos.
    Un placer leerte.

  • Campirela_

    Me has tenido pensando cuando vería algo sobre el caballo pero en mitad del texto me tenias entregada , me has hecho pensar si fuera verdad. Es una barbaridad pero la vida hay tantas . Muy buen relato me encanto leerte. Un abrazo.

  • Beauséant

    Eso lo tuve claro desde el principio, TRACYCORRECAMINOS, los caballos deberían estar por encima de nuestros celos y vanidades. Si alguien merecía ser salvados, eran ellos. De alguna forma el escultor también es culpable de vanidad, el también quería ser inmortal.

    Muchas gracias, CAMPIRELA_, es verdad que tardan en aparecer en el texto 😉 Quizás la historia no sea verdad con letras de molde, pero, ¿cuánta gente entrega su alma por vanidad?, ¿cuántos artistas lo sacrifican todo en nombre de ese arte?

  • gabiliante

    Ese brebaje… Cuánto rendimiento se le podría sacar. Un poco de lo que tanto odiaba también tenía el escultor. Mira que no quiere dejar su secreto para la posteridad. No creo que ningún animal cayera en sus manos. Ellos intuyen eso, más los caballos, tan instintivos, y tan bellos para esculpir.
    Es una magnífica historia, muy imaginativa.
    Sbrazooo

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