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en la ciudad más triste

Vivimos en la ciudad más triste que jamás una mente triste pudo imaginar. Desde las ventanas, cubiertas de una gruesa capa de salitre, veo cada mañana a las gaviotas aullando desesperadas. Unos gritos guturales, primitivos, demasiado profundos para unos cuerpos tan pequeños. Aullan poseídas, arrastradas por el profundo dolor que junto al salitre y la contaminación parecen posarse sobre los tejados de la ciudad más triste del mundo.

Son las almas de los marineros ahogados, me explicó mi compañero de piso. Sus almas se refugian en los cuerpos de las gaviotas y vuelven a tierra para contarnos cómo fue su muerte, para intentar explicarnos los horrores que nos esperan cuando sea nuestro turno.

Después cerraba la ventana y seguía con su vida como si nada. Se había vuelto inmune al dolor, a la tristeza que parecía invadir todo lo que tocábamos. Inmunizado a ese cielo sin estrellas que nos cobijaba, a las nubes eternas que junto al hollín de la contaminación amenazaban con sepultarnos.

Nuestros días son grises y trágicos, siempre cubiertos de una incierta ceniza que nos va ahogando poco a poco hasta hacernos desaparecer, y nuestras noches infinitas, un largo contener la respiración hasta ver aparecer una cansada línea de luz por el horizonte que nos otorga un breve -y falso- atisbo de esperanza.

Pero ni tan siquiera eso durará para siempre. En algún momento ese Dios vengativo de las alturas hará chasquear sus dedos y devolverá a nuestra raza de vuelta al lodo y el olvido que sin duda nos merecemos. Sólo salvará a las gaviotas aulladoras porque ellas han demostrado ser más dignas que todos nosotros. Su destino esta unido al nuestro, cierto, pero ellas se han rebelado, no lo aceptan con resignación. Tienen la valentía de no dejarse engañar, de escupir al rostro del verdugo y morir gritando una verdad que nos negamos a escuchar.


Vivo en la ciudad más triste que jamás una mente triste pudo imaginar. Vivo y no concibo escapar.

Vivo en la ciudad más triste de este país, es tan triste esta ciudad que, por aquí, cuando alguien se ríe lo hace mal.

Nacho Vegas.

12 Comments

  • Mento

    La Virgen!
    Te lo acabo de decir en mi blog… No aprenderemos… y ojala te equivoques en aquello que me escribiste.
    Me gusta máslo que leo esto de que sean las almas de los marineros ahogados… claro que yo soy la galerna… cómo no me iba a gustar, jejj…

  • María Dorada

    Las gaviotas son más dignas que los humanos, no solo ellas, los animales, y no escarmentamos, luego gritaremos, lloraremos y nos lamentaremos.

    Me ha encantado tu relato, te he ido leyendo casi sin pestañear.

    Un placer siempre venir a tu blog.

    Un beso enorme.

  • Paloma

    Terrible la atmósfera de este relato.

    No sé si la realidad, una vez más y aunque sea un tópico decirlo, está superando las más negras ficciones.

    La fotografía es magnífica 🙂

  • Beauséant

    Hace algunos años, **MENTO**, te habría dicho otra cosa, aún conservaba una fe en mis semejantes, en mi.. pero ya no me queda de eso. Cada vez que existe la más mínima crisis, la más leve oportunidad de aprovecharse de una situación demostramos lo que somos… Menos mal que luego leo tus pequeñas historias y pienso que, bueno, que quizás… en fin, ya sabes.

    Lo de las almas de los marineros es algo que he escuchado muchas veces, me apetecía contarlo 😉

    Muchas gracias, **MARÍA DORADA**, es un placer tenerte. Las gaviotas son unos bichos curiosos, son muy fieros y cabrones, a mi siempre me han dado mala espina.. y aún así, no sé, les tengo cariño, creo que me gustan todos los pájaros 🙂

    Es extraño, **PALOMA**,porque este texto llevaba en borradores mucho tiempo, antes de la epidemia y de todo lo que ha venido después…. No sé, supongo que el fin del mundo llevaba tiempo llamando a nuestra puerta y sólo me limité a seguir las pistas… Muchas gracias por pasarte y por tus palabras.

  • krudo

    Sabes, es extraña esa relación que tiene la mar con su entorno, pero te soy sincero, jamás hubiera imaginado que las gaviotas fueran almas de marineros, pero me encantó eso, quizás la razón por la cual siguen y siguen merodeando aquello fue su vida…

    Te mando un abrazo fuerte y esperemos que esas almas descansen…

  • Alma

    ¿Sabes en qué ciudad pensé cuando te leí? …en Venecia.
    Hace más de un año que por una u otra razón no he podido ir, aún teniéndola tan cerca… y cuando comenzó todo esto, para ver si había una real consciencia, accedí a las cámaras en vivo que hay en la ciudad; y, si bien me alegró que la gente fuera -en su mayor parte- bastante responsable, me produjo tristeza verla tan vacía… También pensé en las veces que me he lamentado de la gente allí y de todas las cosas de las que a diario nos ‘quejamos’ y que ahora decimos ‘si sólo pudiera…’.
    Todo esto sin olvidarnos del real virus que golpea a este planeta… el ser humano. El único y verdadero responsable de todo lo que (nos) sucede.

    Un beso y cuídate.

  • Mento

    No puedo evitar responder… Sabes?… Las personas siempre merecen las pena, por mucho que lleguemos a joderla… entre la multitud siempre habrá alguien por quien merezca la pena la esperanza, la fe, el retorno, la vida con todos sus conocimientos ( incluidos los que no deben repetirse). Existir y tener conciencia de ello es lo más maravilloso de nuestra especie. Y todos, todos, tenemos el deber de seguir luchando porque esta cadena no rompa por el eslabón débil.
    Nunca dejes de esperar en las personas… O iré, te quitaré la Cámara del cuello y te atizaré con ella. 🤗🤗😋

  • Beauséant

    Es algo que he escuchado varias veces, **KRUDO**, una de esas leyendas que van pasando de boca en boca… Es una idea que me gusta, el que puedan volver a puerto, a ver su antigua vida, a intentar avisar al resto y no poder hacerlo porque has perdido la capacidad de hablar.

    Pues casi aciertas, **ALMA** porque esa gaviota era italiana de pura cepa 😉 Como puse por ahí arriba, el texto llevaba escrito un tiempo, aunque es cierto que visto en las circunstancias actuales tiene otra lectura aún más inquietante.
    Me has despertado la curiosidad, voy a buscar cámaras en tiempo real de Venecia, es verdad que tiene que ser extraño verla así. Y sí, me temo que somos la raza que se auto destruirá y será plenamente consciente de ello.

    No lo evites, **MENTO**, no lo evites. Las personas como yo necesitamos de vez en cuando que alguien nos de un golpe en la cabeza. Cuidado con la cámara, eso sí, mi cabeza no vale mucho, pero el objetivo me costó dos sueldos 😉
    Ya sabes que quiero pensar así, que los malvados son minoría pero hacen mucho ruido, que luego existe otra minoría que son excepcionales y luego estamos la masa gris que pasamos de todo, pero que, en el fondo, no estamos perdidos del todo, que podemos hacer algo bien…. de verdad que lo pienso, pero a veces se me olvida 😉

  • Jo

    Esto es tan desolador y apocalíptico… o quizá es que esgos tiempps tiñen un poco de nostalgia todo. Hace unos días escuchaba una canción de elton john super bonita y yo mientras tanto pensaba en como hemps ido acabando con la naturaleza.
    No se si eso de fatalista lo traiga en los genes y que la ciudad mas triste del mundo sea casi casi como el futuro en un tiempo
    Y que de pronto ya hasta las gaviotas ni escapen tan solo por ese gusto amargo de las historias de marineros que ironicamente las mantiene vivas

  • Ángeles

    Menudo texto, qué desolación!

    Es inevitable asociarlo a la situación insólita que estamos viviendo, aunque ya veo que la escribiste hace tiempo. Sin embargo, supongo que las cosas (el cambio climático y todo lo que conlleva) ya estaban poniéndose chungas de verdad. Ahora esto ha venido a conformar que no somos nada, aunque nos consideremos los reyes de la creación.

    Ojalá todo esto traiga un poco de humildad colectiva y una nueva manera de hacer las cosas. Siempre habrá egoístas e insensatos que no se enteran o no se quieren enterar, pero está claro que la mayoría responde. Eso es una esperanza. Y la contaminación está disminuyendo…

    A mí también, como no, me ha encantado lo de las gaviotas y las almas de los marineros. Y la foto!

    Saludos.

  • Manuela Fernández

    Bueno, ahora todo es lóbrego por mucho que aplaudamos y salgamos a los balcones a cantar el Don Pepito. Pero llegará el momento en que esto lo superemos y las golondrinas bajen a comer los restos que dejamos los humanos en la arena de la playa, en las aceras, en las mesas de los bares. Seguro.
    SAludos.

  • Beauséant

    Mientras lo escribía, **JO**, pensaba algo así, que esa ciudad, que era la cuidad más triste del mundo, no sería más que una ciudad normal en unos años. A veces imagino que somos, la humanidad, como una mancha de petroleo que lo invade todo y no deja respirar nada de lo que queda debajo. Quizás sea una sensación falsa, incorrecta, quizás es sólo que ahora tenemos más información y el exceso de información te desespera, pero es una sensación casi imposible de evitar.

    Hasta las gaviota sucumbirán, eso lo tengo claro.

    Así es, **ANGELES**, no es que guarde una bolita de adivino escondida 😉 todo parece lleno de señales a nuestro alrededor y hasta los más optimistas parecen empezar a rendirse. La situación actual ha sido como la gota que ha terminado por ahogarnos en un vaso ya desbordado.

    Aplaudo tus sabias palabras creo que hemos sido, en los países del primero mundo, una sociedad de “niñatos” , gente sin muchos problemas que vivía feliz en una ignorancia amiótica. Esta situación ha sido como una bofetada en todas nuestras creencias. El más leve soplo de aire (porque aunque terrible, es eso, un soplo de aire) y todo lo que creíamos firme se ha venido abajo sin estruendo, como una simple hoja caída de un árbol…

    Creo que es lo que peor llevo de todo esto, **MANUELA FERNÁNDEZ**,la ocurrencia solidaria de la semana. Los aplausos, las chorradas y las noticias falsas que llegan por todas partes. Estos últimos días mi aislamiento no esta siendo sólo físico, también mental 🙂

    Por desgracia no opino igual que tú, creo que no aprenderemos nada positivo de todo esto. Quizás nos volvamos más egoístas, más huraños e in solidarios… y las empresas, las empresas empezarán a su bastarnos al peso ahora que tenemos miedo y somos (aún) más fáciles…

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