4 Comments

  • María

    En su tiempo, los detractores de Richard Brautigan decían de él que era más trucha que humano por su excesiva ingenuidad, en este poema se volvió tiburón amargo, el mar jamás se podrá escuchar en una letrina… te salva de ellas.

    Un placer, .. uno de los primeros de 2015 😉

    Muchas gracias.

  • Beauseant

    Son sus reglas, Borja, y sospecho que sólo él puede entenderlas..

    Hay un mar para cada persona, querida Brisa, o puede incluso que uno para cada persona y cada estado de ánimo 😉

    Llevaba tiempo, María buscando un hueco para Brautigan.. a veces las truchas más confiadas se acaban cansado y salen a morder, aunque sea con sus letras…

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