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la última rosa

El niño abre la foto de la última rosa y la hace flotar sobre el techo de la habitación con un gesto del dedo índice. Ha visto esa imagen muchas veces y siempre le genera la misma extraña sensación de desasosiego, una especie de ausencia, de una pieza que no termina de encajar.

Mueve los dedos en espiral y la foto comienza a girar en bucle. Observa los pétalos y piensa que esa lenta acumulación de capas no parecen algo casual: hay un propósito, una tenacidad constante en esas suaves láminas nervudas que se agrupan y abrazan cerrándose como un puñito enfurecido que se agita contra el cielo.

El niño hace un gesto con las manos y la ilustración se amplía mientras sigue rotando sobre su eje. Pero ninguna ampliación logra llegar al interior del núcleo protegido por esos pétalos, frágiles pero firmes y fieros como silenciosos guardianes de un secreto sagrado.

Cierra la foto y desplaza el dedo en el aire para hacer aparecer el texto que brilla iridiscente en el centro de la habitación. Fotografía del último ejemplar de rosa, tomada en un botánico de Berlín, anuncia el pie de la foto. Berlín, eso si lo sabe, era una ciudad de lo que antes del gran cambio se conocía como Europa. Avanza por el texto sin prestar mucha atención sintiendo que algo se le escapa: de nuevo esa pieza, una idea que aletea entre los dedos cada vez que intenta atraparla. Esas palabras que se acumulan unas encima de otras parecen guardar un secreto de idéntica naturaleza al que custodian los pétalos de la fotografía.

Al parecer las rosas eran organismos vivos aunque no tenían una misión definida. Antes del gran cambio los humanos hacían ese tipo de cosas, actos fútiles, creaciones efímeras en las que gastaban una gran cantidad de energía sólo por diversión. Vivían como si el mundo fuese una fuente inagotable de recursos de los que pudiesen disponer sin pensar en las consecuencias. Eran ingenuos, eran libres, pero no eran felices.

El niño suspira cansado, una luz crepuscular empieza a dibujarse en el exterior y unas gotas de lluvia parecen empeñadas en dejar un mensaje sobre la ventana, más señales incomprensibles. Se estira cansado sobre la silla que se adapta a su posición de manera automática y mira el techo donde sigue flotando la imagen de la última rosa. Observa los colores, esa lenta graduación perlada, las finas líneas nervudas de los pétalos que siguen un diseño, una lógica interna.

Todo tenía que ver con las abejas, el niño empieza a comprenderlo. Esos diminutos y silenciosos mensajeros eran los que mantenían todo en orden. Cuando desaparecieron las abejas la raza humana inició una lenta decadencia hacía la tumba que aún no había concluido porque ellas, con sus cuerpos peludos, con esos movimientos que parecían hijos del azar conocían los secretos de las flores: ellas bailaban ante las flores que se abrían solicitas para acogerlas en su interior. Las abejas daban cuerda a un mundo cansado y éste seguía girando de una manera previsible.

De un manotazo el niño cierra todas las ventanas abiertas que desaparecen haciendo un pequeño efecto de explosión y dejando un rastro de estrellas a su paso. Tiene que acabar la redacción y dejar de pensar en causas y efectos, sabe lo que se espera de él: análisis de ADN, datos estadísticos y una leve crítica bienintencionada para que la profesora sepa que tiene un espíritu crítico pero no demasiado, nada por encima de la media, ese es el secreto. El niño ha suspendido muchas asignaturas por esa desagradable tendencia, en palabras de sus profesores, de no saber centrar sus pensamientos en las cosas importantes.

Tras al gran cambio no quedo lugar para nada que no fuese útil, que no tuviese un propósito definido y acotado. Es una frase que has escuchado muchas veces y que siempre le deja con una extraña sensación de vacío en el estómago porque, de alguna forma, eso parecía indicar que tampoco había sitio para él en ese nuevo y luminoso mundo sin rosas y sin abejas.

El niño suspira y vuelve a reclinarse en la silla. Conecta el casco de procesado que se posa como un insecto sobre sus rizos rubios y, con los ojos cerrados, empieza a pensar las palabras iniciales de la redacción que empiezan a aletear en el centro de la habitación.

24 Comments

  • Joselu

    En la redacción pragmática de ese niño que ha de centrarse para no ser demasiado imaginativo, hay un subtexto poético de ese mundo antes del gran cambio, o sea, nuestro mundo, el que no cuidamos, el que desprotegemos ante el afán imperativo de crecer mientras vamos viendo como muchas especies animales van desapareciendo -grandes y pequeñas- o entran en un periodo de apenas supervivencia como las abejas, cada vez más escasas, o muchas especies de pájaros o las mariposas o las luciérnagas. Nuestro hábitat se va transformando. Damos pasos de gigante en la tecnología, la IA se supera cada día, nuestros móviles son cada vez más sofisticados, las series nos ocupan las tardes y noches de invierno, pero lentamente las abejas están extinguiéndose y con ellas todo el equilibrio ecológico que necesita la fecundación de las flores. Tu texto tal vez es poéticamente distópico, pero hace pensar delicadamente, sin forzar la realidad. El lector entra en el juego a partir de una hermosa foto y un relato que lo conmueve sin dejar de sonreír por la sensibilidad que expresa. Saludos.

  • Anonymous

    A mi me ha dejado sin palabras tu relato y esa fotografía ya lo dice todo, narras con unos detalles que son dignos de aplauso. Te deseo un feliz día.

    Un abrazo.Soy Cora

  • Toro Salvaje

    Es muy probable que El Gran Cambio no esté lejano.
    El planeta va camino de su extinción si no ocurre una revolución en todos los ámbitos.
    La verdad es que no me gusta ese posible futuro que relatas, ni otros futuros alternativos que se atisban.
    Casi preferiría vivir en el pasado.
    Sin cámaras, sin internet, sin contaminación, sin tantos controles y vigilancias.
    Por ejemplo ser arquero en el ejército de Genghis Khan… qué buenos debían estar los pollos entonces… antes de que supieran a plastico.
    Saludos.

  • Beauséant

    Gracias, JOSELU, es exactamente lo que intentaba hacer llegar, no quería plantear cosas, quería, por decirlo de alguna manera, plantarlas. Dejarlas ahí germinando y que cada persona sacase sus propias conclusiones. El texto inicial era más largo, explicaba más cosas, pero me apetecía hacer algo desde un punto de vista más alejado. Gracias por tu comentario, me ayuda mucho.

    Próximo y, sospecho, inevitable, CITU, no creo que estemos por la labor de cambiar nada en nuestra forma de vivir.

    Gracias, CORA, me gusta escribir sobre estas cosas, pero siempre me resultan complicadas 🙂

    Tengo sentimientos encontrados, TORO SALVAJE, lo que dices de los pollos es muy tentador, pero sospecho que en el pasado, con mi forma física, mis miopías y demás, habría estado en lugar incorrecto de la flecha del arquero 🙂 Lo que me fastidia de estos tiempos es que tenemos medios y tecnología para hacer las cosas mucho mejor, y no somos capaces de hacerlo. Es como ver una mosca golpeándose contra una ventana abierta….

  • Gabiliante

    Escribí hace poco algo sobre las abejas, cuya extinción, además de triste para ellos, resultaría dramático para todo el resto de especies. Resultó que creí haber ideado las abejas mecánicas, pero , por lo visto ya existen, y polinizan muy bien. Pero no hacen miel.
    Pero da igual… si no las abejas otra cosa será.
    Lo peor de lo que nos relatas, creo yo que es lo de silo hacer cosas útiles. Muere el arte, la imaginación, la creatividad y la fantasia; y algo más que ahora no se me ocurre.
    El niño ya está sufriendo las consecuencias.
    Ah si… el espíritu crítico; el demasiado crítico y el no tanto.
    Abrazo

  • tonYerik

    Yo antes solía pensar sobre esas distopias sin darme cuenta de que poco a poco aquella extraña y pomposa cosa que llamaban naturaleza había ya empezado por su cuenta a poner remedio a ese bípedo molesto que llamaban humano.

  • Diego

    Murió la rosa. Murió la abeja.
    Pero al menos queda el niño, aunque manipulado y robotizado. El de tu excelente relato cierra los ojos. Yo lo interpreto como que no todo está perdido, confiemos en los pocos rebeldes que quedan 🙂

  • María

    Me reconozco en este niño tuyo tanto, tantísimo!!! que ni te imaginas…
    La frecuencia Fibonacci. La colocación de cada pétalo de la rosa, de cualquier rosa, de muchas flores, sigue esa frecuencia, como la proporción áurea ¡pura armonía! no me extraña que lo tuviera ensimismado, es pura magia…esa magia de las matemáticas que jamás he comprendido pero que por fin vi en la disposición de los pétalos de una flor, en las alas de una libélula, en la colocación de las semillas de un girasol… y lo que con tanta fuerza guardan dentro todos, en “ese puñito” como tu dices… es…la vida. Ese secreto, las semillas que son el inicio de la vida. Qué pena que no pudiera tener una rosa entre sus pequeñas manos! lo comprendería todo. ¡ qué pena que no sepamos lo afortunados que somos porque nosotros tenemos rosas por todas partes y ni las miramos! y qué pena que en ese mundo no se valore las cosas fútiles ( he leído la historia de tu abuelo colocando las piedras que se caían de los muros, encajándolas en cada hueco … Mmmm … luego di que no tienes recuerdos de tu infancia… maadre mía! seguramente porque ya entonces eras un viejoven ; ) no creo que durara mucho yo en ese mundo… no, más bien nada y mira que este mundo anda arrastras pero me quedo aquí, sin duda! Mientras queden flores y abejas no está todo perdido. Podría escribirte tres o cuatro párrafos más, de todo lo que me sugiere tu escrito y tu maravillosa rosa pero… no mereces que te torture tanto…me voy con tu niño a pensar cómo hacer mi redacción ; )

    Precioso!
    Un beso BEAU!

  • Beauséant

    another brick in the wall, ¿verdad, CABRÓNIDAS?

    En un relato ve Asimov existían los pájaros mecánicos que se encargaban de comerse los mosquitos, GABILIANTE. Sabiendo como somos los humanos, cada cosa que inventamos genera otros tres o cuatro problemas nuevos. Es una teoría mía, pero creo que conforme nuestra supervivencia se vaya viendo más amenazada, menos sitio habrá para ciertas actividades que ahora nos parecen normales y hasta saludables. Perderemos parte de esa diversidad que surge de de los actos fútiles y, a la larga, eso nos acabará condenando.

    La naturaleza se adapta, TONYERIK, es cierto. Por cada cosa que matamos, aparece una nueva o algo que lo complementa. Menos la humanidad, ahí creo que la naturaleza no tendrá ganas de probar otra vez 😉

    Confiemos, DIEGO, es lo mejor que podemos hacer, pero los engranajes del sistema saben pulir las mentes en un grano muy fino. El precio por salirse de la maquinaria es demasiado alto y poca gente hay dispuesta a ello.

    Leer tus comentarios, MARÍA, es como abrir una ventana para que entre un poco de aire fresco en la habitación cerrada que es mi cabeza 🙂 ¡Fibonacci!, es verdad, me olvidé de añadir esa referencia, y mira que la tengo presente. A mi me maravilla como elementos tan aleatorios puedan seguir ese patrón con tan precisión, es de locos, ¿verdad? Si pudiese tener una rosa, lo entendería todo, pero ya sería demasiado tarde. Sospecho que siempre aprendemos las cosas cuando ya es demasiado tarde, por eso lo escribo y lo apunto todo, para intentar entender cuando aún sirve de algo ese entender.
    Sigamos defendiendo esos actos fútiles… como decía en esa entrada, creo que al final son los que nos definen, lo poco que entregaré a mi favor cuando tenga que irme de aquí.

  • evavill

    Me ha encantado el relato.
    Lo que no me ha gustado nada es el mundo que dibuja y al que ya nos acercamos sin hacer prácticamente nada por evitarlo.
    Ya nos han borrado las estrellas, al menos en las ciudades. Y lo peor es que nos vamos acostumbrando.

  • Milena

    Qué buen relato, y qué triste distopía…
    No podría vivir sin flores, árboles, abejas…
    sin pasear por el bosque cercano… y sería ese niño, sin duda.
    Lo realmente triste es que nos encaminamos hacia ello.

  • Mucha de la Torre

    que pena que Diego es el creador de este blog Descubrir cosas empeora todo
    Yo pensé que BEAUSÉANT no era Diego Y ahora que sé que es él ya ni me escribe y antes escribía tan lindo Un abrazo saludos y goces

  • Mucha de la Torre

    Si Diego es un señor mayor que entretiene sus días de vejez creando nuevos blogs Eso le encanta
    Me gusta aunque el me odie lo que escribo Yo no odio a nadie.

  • laacantha

    Siempre pienso con una total desesperación ¿ y que tengo que hacer yo para que las abejas no se mueran? ¿Depende algo de mi? Selecciono la basura, respeto el medio ambiente, ahorro el agua y la energía , eso sí. ¿Pero…quizá podría aportar algo más? ¿Mi actitud civica? No lo sé.
    Un abrazo, gracias por el tema.

  • Beauséant

    Las estrellas en las ciudades, EVAVILL, las estaciones en las ciudades… los grandes cambios no se producen de repente, son pequeñas gotitas que acaban formando una marea que no puedes detener.

    De esas miles de cosas que damos por sentado, MILENA, y que cuando ya no se encuentran en nuestras vidas es demasiado tarde, sí.

    Pensaba que me habías descubierto, MUCHA DE LA TORRE, hasta que has mencionado lo de señor mayor, por ahí sí que no paso. Puedo ser muchas cosas, incluso un señor mayor, pero nunca seré un señor mayor.

    A mi me cuesta mucho lidiar con esas contradicciones, LAACANTHA, creo que por eso escribo a menudo sobre ellas. Por un lado pienso que nunca hago lo suficiente y por otro me harta escuchar a tanto político y tanta empresa intentando culparme de todo porque me ducho demasiado o cualquier otra tontería. En el fondo, me temo, creo que es algo que ya no tiene mucho remedio, pero no por ello dejaré de intentar hacer lo que pueda (y de escribir sobre ello)

  • अनत्ता 光 心

    Lo leí hace unos cuantos días, ahora he vuelto a releerlo. Un relato impresionante, estremecedor, muy bueno. Te felicito. La verdad es que no pienso cientos, sino miles de cosas al respecto de todo esto. Tendré que recortar un poco. Como te dije una vez en un comentario, creo que estamos asistiendo al fin del mundo y de la civilización tal y como los conocemos. Ya nada volverá a ser como antes, ya nada es como antes, poco a poco pero de forma cada vez más clara. Es como un traje que está reventando poco a poco por todas sus costuras, te dije. No importa que ese agonizar, final, decadencia o cambio tarde en ocurrir unas cuantas décadas. La civilización está agonizando y cada vez las dificultades van creciendo y multiplicándose. Lo vemos tímidamente pero lo vemos: las materias primas, los alimentos básicos, los cereales, las cosechas, los bosques, los incendios, el agua potable, las sequías, los océanos, la guerra, las guerras, la inflación, la miseria, el hambre, la estupidez política, la inacción de los gobiernos… ¿sigo? Motivos para el optimismo casi no tengo, pues el ser humano, en conjunto, es bastante estúpido, mezquino y egoísta, pese a que en nuestro interior potencialmente podemos ser luminosos, inteligentes, grandísimos. Sobre todo esto que está pasando y como genial analogía te invito a que busques, por ejemplo en la wikipedia, “el síndrome de la rana hervida”. Lo entenderás a la perfección. “El gran cambio”… sí, se está acercando. Ya solamente con la catástrofe medioambiental y climática que se avecina, tendríamos más que suficiente. Parece que mucha gente no lo entiende, y que en los gobiernos priman la estupidez, la ceguera, la inacción, el cortoplacismo y la ineptitud. Lo sabemos: cerca de 3 grados de aumento de temperatura global a final de siglo, si no se hace nada. La vida humana se va a convertir en algo muy difícil y el planeta en un infierno. Ojalá se encuentren soluciones y no se llegue a eso, pues será letal. Bien, lo apuntas en tu relato, en un futuro muy plausible. El ser humano puede acabar prisionero de un mundo virtual, de información, imágenes, pantallas (ecos de “Minority Report”), encerrado en esa burbuja y sin contacto con el exterior, perdidos ya y destrozados el planeta y la naturaleza. La rosa, las abejas, la vida animal, los ríos, los océanos, el cielo azul, serán ecos lejanos de un mundo que se recordará solamente en crónicas y archivos, pero que resultará casi increíble de concebir que fue real en un tiempo remoto. Sería como si una madre le hablase a su hijo de “un tiempo en que había nieve en las cumbres, y glaciares”… y el niño alucinará al pensar que aquello pudo existir.
    Sí, lo veo muy negro, a largo plazo. Quizá no tan largo. Desencadenados los acontecimientos (catastroficos) todo será como un efecto dominó, a nivel climático. No quiero ni pensarlo… si hemos vivido esta ola de calor este verano, qué podrá pasar en 10, 20 años… da miedo.
    Perdona que me enrolle tanto. En realidad en tu relato insinúas un posible desenlace, sin ser a la vez demasiado explícito. La rosa… las imágenes, desgraciadamente se entiende todo porque lo tenemos a la vuelta de la esquina y lo olemos, lo imaginamos, lo intuimos, lo tememos. Ojalá me equivocara.
    Hasta otra.

  • अनत्ता 光 心

    No he tocado otro tema que apuntas: el niño y su educación, la escuela, ese “vicio” y peligro de pensar demasiado, o demasiado profundamente, las particularidades de esa educación tan mutiladora. Interesante también, en parte también lo estamos viendo ya.
    Pero no he vuelto por eso. La verdad es que he pensado en otro relato estremecedor que leí hace tiempo y que creo que complementa a la perfección al tuyo, si me permites. Ese otro relato podría haber salido de mi pluma, perfectísimamente (por cómo pienso) o de la tuya. Es descriptivo pero de una forma ligeramente distinto al tuyo.
    Carlos Montalleri en su blog. Dejó de publicar hace tiempo ya, una pena. Aunque ahora voy a decirle algo y a enlazarle aquí, quién sabe si se pasará. Ojalá. Yo creo que te gustará su relato, pues pone los pelos de punta.
    “Agosto”.
    https://tieneshora.wordpress.com/2019/03/07/agosto/

  • Myriam

    Hola Beauseant: La imagen de esa rosa es magnífica y divinas las abejas en las flores del peral del enlace. El texto aquí me ha dejado una sensación de tristeza, ante un panorama que bien pudiera ser real en un futuro muy próximo. Te dejo un fuerte abrazo.

  • Nino Ortea

    Hola, Beauséant:
    Es siempre estimulante el leerte. Tu relato ha espoleado mi imaginación a la par que ha avivado mis temores a que ese “gran cambio” nos alcance pronto.
    Me ha atrapado tu narrativa, descriptiva y pausada, alejada de todo tremendismo medioambiental.
    Un abrazo, Beauséant.

  • Frodo

    Nos estamos haciendo los distraídos, pero todos sabemos que vamos hacia allí…
    veremos si la ciencia, la suerte o la Natura (porque sí) nos salva. O tal vez nosotros no lleguemos a verlo, tal vez.

    Hermosa foto.

    Abrazos

  • Beauséant

    Efectivamente, अनत्ता 光 心, mientras escribía pensaba en la metáfora tan poderosa de la rana hervida, En un primer boceto aparecía el concepto, pero al final siempre antepongo el ritmo del relato al contenido, así que al final lo reduje bastante porque, como te pasa a ti, es una idea sobre la que se agolpan un montón de conceptos en la cabeza. Esa desastrosa sensación de estar camino de un abismo cantando y riendo y sin nadie preocupado… Y luego las propias contradicciones, porque, al menos en mi caso, son muchas, no tengo claro si votaríamos por gobiernos que nos dijesen las cosas claras, que impusiesen fuertes restricciones a nuestro ocio, nuestra alimentación… Ahora mismo las únicas restricciones que veo con monetarias, si tienes dinero puedes seguir aparando el coche donde quieras o viajando a donde te plazca…
    Por desgracia creo que estamos en una lenta decadencia, sí, entiendo tus motivos de optimismo, pero en la balanza final no tengo claro que sean capaces de cambiar algo.
    Ahora me paso a leer el texto, si es una recomendación tuya seguro que me gusta. Gracias.

    Un futuro que es cada vez más presente, MYRIAM, llamando a la puerta lo tenemos, pero de momento nos escondemos bajo la cama para no tener que abrir.

    Soy una persona bastante tremendista, NINO ORTEA, pero en lo que escribo siempre me gusta dar dos pasos hacia atrás. Ya sabes, ganar perspectiva. Muchas gracias por tus palabras.

    Esa es otra, FRODO, que parece que siempre lo estamos fiando todo a la próxima tecnología salvadora que nos dará energía gratis, que se comerá el CO2 y nos dejará aire con aroma a pino… Y no parece que estemos acertando con ella…

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