dos formas de afrontar la vida
Qué diferente es el tiempo de quien ve crecer un árbol desde su ventana, danzando al ritmo de las estaciones, de aquellos que lo pasan viajando como flechas hacia un destino.
Hemos intentado atrapar ambos en la esfera sin alma de los relojes, pero quizás nunca cupo todo en un solo mecanismo. El primer tiempo es el tiempo de los relojes de pared: lentos, pesados, anclados a un péndulo sin imaginación que late sin prisa, indiferente a la urgencia del mundo. El segundo vive en los relojes de nuestras muñecas, son ligeros, ágiles, atados a nuestra piel y llenos de alarmas y urgencias que confunden el ruido con el rumbo.
Dos relojes. Dos tiempos. Dos formas de afrontar la vida.

Dice que los pueblos sedentarios, agrarios, prefieren los placeres del tiempo circular en que todo suceso vuelve necesariamente a su inicio, un retorno en bucle al embrión para repetir el proceso de crecimiento y muerte. En cambio, los nómadas, los mercaderes, al emprender viaje, se vieron obligados a inventar otro tipo de tiempo, más acorde con el hecho de viajar. Es un tiempo lineal, más útil, porque permite medir el proceso de ir acercándose al destino y llevar la cuenta del beneficio. Cada momento es diferente y nunca se repetirá, por lo que anima a correr riesgos y tomarlo todo a manos llenas, a no desperdiciar ningún instante. Pero, en el fondo, fue un descubrimiento amargo: cuando el cambio en el tiempo es irreversible, la pérdida y el duelo se convierten en algo cotidiano.
Los errantes (Olga Tokarczuk)
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20 Comments
BDEB
Pues casi que me quedaría con ese primer tiempo, el del reloj de pared, pausado y viendo ese péndulo balancear de un lado al otro, disfrutando de cada segundo aunque lo viva a un ritmo diferente al resto.
Me quedaría con ese sí, pero sin embargo vivimos en ese otro tiempo, la vida nos arrastra por esas urgencias y disfrutamos lo justo porque cuando nos damos cuenta todo ha pasado, se ha esfumado.
De vez en cuando pararía el reloj, pero cuando lo hacemos no siempre se vuelve a poner en marcha.
Un abrazo querido Beauseant.
Miquel
Me quedo con el tiempo del reloj de sol…Es el que marca el ritmo.
Saludos
Mento
Leyéndote he recordado otros relojes, aquellos que de niños pintábamos con boli en nuestra muñecas… aquellos si eran relojes de los buenos, lastima que nos olvidemos al crecer medir de vez en cuando el tiempo al ritmo que marcaban 😉
t&e
Es posible que el tiempo solo sea un invento de los humanos que a la vez, se empeñan en medirlo todo. Y desde ese instante mismo, la gracia de perderlo ha desaparecido. En mi “lugar de pensar” el tiempo se detiene y a la vez va continuamente de un lado para otro pero volviendo siempre al mismo sitio.
Joselu
Tu texto dialoga magníficamente con el pensamiento de Tokarczuk: ambos exploran el desdoblamiento del tiempo —ese latir dual entre lo cíclico y lo lineal— como dos maneras de situar la existencia. El tiempo del árbol responde a la circularidad agraria: un compás orgánico, lento y previsible, donde el retorno es consuelo. El del viajero pertenece al vértigo lineal: un avance irrepetible hacia la pérdida. Los relojes, al intentar contener ambos ritmos, fracasan; su esfera encierra sólo una ilusión de dominio. Ningún mecanismo puede reconciliar la eternidad del brote con la fugacidad del viaje: vivimos en esa tensión incesante de los dos latidos del tiempo.
Saludos
Beauséant
Creo, BDEB, que mis reflexiones transitan por un camino parecido. Por un lado lo que queremos, por otro lo que tenemos y, al final, el miedo a que muchas veces no podemos elegir. Y, entre medias, demasiadas veces nos olvidamos de disfrutar de lo que tenemos en ese momento exacto, tan breve, que nos han dado.
Ah, es cierto, Miquel, no he incluido al reloj de sol, pobre, lo tenemos ya tan olvidado que hasta cambiamos las horas de manera artificial por algún motivo que aún no tengo claro.
Dejamos de mirar las horas en un reloj pintado, Mento, al mismo ritmo que nos olvidamos de ser niños que se sorprenden por todo y son capaces de leer horas que no existen. A partir de ahí, nuestra vida empeora un poco, ¿verdad?
Un abrazo
Qué importantes son esos lugares, ¿verdad?, t&e, esos lugares “sin tiempo”, de los que sales un poco renovado. Odio esos relojes de ahora que te miden las horas que has dormido, que te obligan a levantarte, a.. a todo, no sé, son una locura, bastante tengo con las agujas del mío.
Mi texto era un poco más largo, Joselu, y peor escrito, luego recordé que Olga lo había escrito mucho mejor en su momento, y decidí hacerle un lugar 🙂 Es un gran libro, no sé si lo conoces, lleno de reflexiones de ese estilo. Ningún mecanismo puede reconciliar la eternidad del brote con la fugacidad del viaje, así es, y creo que es ese tirar para un lado y al contrario, donde nuestra “alma” (a falta de un nombre mejor), sufre. Ves esa granja y sueñas con vivir ahí aunque sepas que, en el fondo, seguro que no es buena idea. Te encierras en edificios de cristal y no dejas de mirar viajes… somos dos almas atrapadas en una esfera de reloj.
Mónica Frau
Qué buenas reflexiones! Me gusta eso de “retorno en bucle al embrión”. Debe ser porque me anoto entre los sedentarios. Un abrazo
Citu
Muy cierto. Te mando un beso.
Cabrónidas
Dos formas de afrontar la vida. Y tanto: trabajando o sin trabajar. ¿Cómo conseguir lo segundo teniendo todo lo que se consigue con lo primero? Medir el tiempo fue todo un acierto para quienes se lucran de quienes tenemos que venderlo. Y a partir de ahí que cada cual viva.
Ángeles
El tiempo es un misterio que me fascina. Su paso, a veces lento, casi exasperante, y otras veces tan rápido que da vértigo, nos desconcierta y manipula nuestras emociones. Creemos controlarlo porque poseemos relojes, pero en realidad somos nosotros los controlados.
Me ha encantado la diferencia que has establecido entre el tiempo de los relojes de pared y los de pulsera, que supongo que cada vez son más de bolsillo, donde llevamos el móvil.
Saludos!
Diego
Olga tiene razón en parte: cualquier rumbo definitivo que emprendas acaba devolviéndote a tu origen, a no ser que seas terraplanista y acabes en la profundidad de más allá del borde. Yo, para intentar atrapar los dos tiempos que mencionas, llevo un reloj de pulsera en la muñeca izquierda y un reloj de pared en la muñeca derecha.
Carlos Perrotti
El secreto dicen que está en ser o saberse hacer aliado del Tiempo… Vos sabés de lo que hablás así que me entendés!!
Abrazo hasta vos!!
Beauséant
Yo soy una persona inquieta, Mónica Frau, me gusta el movimiento, pero necesito un punto de apoyo, un poco como una cometa, que vuela libre, pero con un cable a tierra para poder volver.
Muchas gracias, Citu
La verdadera riqueza es esa, Cabrónidas, el poder estar sin reloj, que alguien te pregunté que día es y tengas que empezar a calcular con los dedos 🙂 Pero, claro, hemos montado un sistema que se basa en “tener cosas”, y ahí es cuando pusimos en venta nuestro mayor bien, nuestro tiempo. Y eso no es malo, lo malo es que lo vendamos tan barato.
Es un ente fascinante, Ángeles, y digo lo de ente porque, sí, a veces parece tener su propia personalidad, una especie de felino que aparece y desaparece a su antojo.
Lo del reloj del pulsera quizás ha sido un gesto romántico, ¿verdad? Cuando estoy en alguna reunión me fijo mucho en las muñecas y cada vez veo menos relojes con agujas, veo esas pantallas negras que guardan en su interior uno de esos aparatos llenos de ruido y notificaciones que, de vez en cuando, parpadean y obligan al usuario a prestar atención como si fuese una mascota un poco malcriada. A veces, muy pocas, veo alguien con un reloj de aguja, cuando me sorprenden mirando, giran el reloj para que lo admite y nos intercambiamos una sonrisa como si fuésemos creyentes de alguna secta.
Cierto, Diego, volvemos al origen pero, ya sabes, volvemos cambiados, así que, de alguna forma, no volvemos al origen. Una gran idea lo de llevar encima un reloj de péndulo, así serás plenamente consciente del paso del tiempo y de su importancia…
Te entiendo a la perfección, Carlos Perrotti, el tiempo no va a negociar, así que no queda otra que aprovecharlo, colocarlo de alguna forma que vaya a nuestro favor o, al menos, que lo hayamos aprovechado bien.
Maia
Visitarse es leerte e inindarme de recuerdos olvidados; y el análisis de lo que hago sin ser consciente.
El reloj de pared en casa de la abuela; y esa necesidad que marcara las doce para recorrer ese desértico y tenebroso camino de regreso a casa. Los de mi madre, uno en cada habitación, sin salvarse los baños, cocheras, patio, escuchando el tic tac cíclico por cada sitio. Yo no llevo; y en casa no hay, solo el del móvil.
Toro Salvaje
Desde hace unos años no me muevo apenas… no viajo.
Si pudiera no saldría ni de mi barrio.
Además, ya viajamos cada día en el espacio, y además danto vueltas.
Saludos.
José A. García
Pero al final solo tenemos una única vida…
Saludos,
J.
Milena
Cada cual se ajusta al tiempo de su tiempo… son tantas maneras como personas habitan su historia. Tokarczuk nos recuerda que, entre el reloj de pared y el de muñeca, lo que realmente cuenta es cómo decidimos habitar cada segundo.
Beauséant
Para mi escribir, Maia, es un poco eso que comentas, una forma de volver sobre mis pasos, a esos recuerdos un poco inventados, un poco reales..Me gustan los relojes, hasta hace poco tenía uno de esos que había que dar cuerda, ahora se ha quedado mudo.
Visto lo que hacemos viajando, Toro Salvaje, es lo más responsable que puedes hacer. Además, la experiencia de viajar ya casi no existe, yo sólo consigo algo parecido cuando me alejo bastante de lo que se supone que debe hacerse
Algunas vidas, José A. García, parecen ocupar el doble que otras, pero sí, sigue siendo una sola vida.
Ni más ni menos, Milena, nos han dado un tiempo, breve, muy limitado, pero algunos logran hacer que brille con el doble de intensidad aunque lo hagan durante la mitad de tiempo.
MJ
Efectivamente, hay dos tipos de tiempo. En las comunidades pequeñas, tranquilas, rurales, todo parece ser más pausado, todo tiene su ritmo. En las grandes ciudades, en la sociedad industrializada, mecanizada, todo va muy rápido. Y es muy buena la imagen mental del reloj de pared, frente al de muñeca.
En Historia también hay dos interpretaciones: el tiempo lineal (de principio a fin) y el cíclico (todo se repite, en diferente época, en diferentes lugares, con diferentes protagonistas). Del primero nos ponen de ejemplo la Biblia (desde la creación del mundo hasta su fin). Del segundo proviene la frase “la historia se repite”.
Beauséant
Muchas gracias, MJ, me ha gustado tu reflexión. En las ciudades parece que nos ha invadido una especie de locura, ¿verdad? Las máquinas nos harían trabajar menos según la premisa original, y lo que ha ocurrida es que las personas han tenido que trabajar al ritmo de las máquinas. En la vida rural ha llegado maquinaria moderna, pero la naturaleza sigue teniendo sus plazos.
Es interesante lo del tiempo histórico que comentas, creo que ahora estamos en la máxima definición de esa frase que decía eso, que todo se repite, pero la primera vez como tragedia y la segunda como farsa.