leer

una derrota anticipada

Muertos, están todos muertos. Al fondo, acompañando la letanía de mi padre, escucho la estática de la televisión al cambiar de canal a toda velocidad.

¿Ese presentador de sonrisa perfecta? muerto, concluía mi padre ¿La rubia cocainómana que recibe un premio?, bien muerta. Todos muertos, volvía a repetir incansable y sonreía tan entusiasmado con el resultado del balance como un ángel de la muerte regordete y rosado.

Muertos, todos muertos. Pero aún no lo saben.

Mi padre tenía demencia senil, un cansancio inmenso o una rendición anticipada. Los diagnósticos variaban en función de a quien entregásemos las llaves de nuestra cordura.

Tú padre lo que pasa es que es gilipollas. Fue la conclusión lanzada por mi madre desde el quicio de la puerta justo antes de desaparecer con una maleta llena de libros y otra de ropa. Fue la última vez que la vi, aunque escribía cada pocos meses largas cartas con membrete de Aubervillier y hablando entusiasmada de una ciudad que sonaba extraña, casi quimérica e inasible. Como si hubiese equivocado la escala y hubiese aterrizado en una París alternativa repleta de azoteas vigiladas por un ejército de gatos negros, calles llenas de sonidos de acordeón y mimógrafos tristes que no sabían hablar.

Una París construido únicamente en su imaginación a modo de refugio. Una arcadia tejida a base de postales y películas en blanco y negro durante largos años de tener la sensación de estar siempre en el sitio equivocado.

En ninguna de sus líneas preguntaba nunca por mi padre; en realidad nadie se quedó el tiempo suficiente para comprobar la verdad, y aunque se hubiesen quedado nunca la habrían aceptado: mi padre veía el futuro. Pero no el futuro sencillo y definido que desde la distancia pregonan los nigromantes y adivinos. Era algo más parecido a tener plantada una pierna en cada tiempo, presente y futuro, y no saber nunca en que lado te encontrabas al despertar cada mañana.

Mi padre veía el futuro, o al menos la muerte que es la conclusión inevitable de ese futurible cuando avanzamos el número suficiente de páginas. Al poco tiempo de ser señalados por mi padre todos ellos iban muriendo, a veces de formas trágicas e inexplicables: la rubia del premio atropellada por un carrito de golf, un rey en el exilio a manos de un hijo eunuco… incluso dos futbolistas en la cumbre de su carrera en una carrera benéfica de coches eléctricos.

Su último y más espectacular ejercicio de adivinación ocurrió poco antes de Navidad cuando le encontré paralizado y desnudo en el baño. Esparcido por todo el suelo y sobre las piernas un reguero de orina y él, plantado en medio de aquella postal de la derrota, sin poder moverse, sin poder dejar de mirar hacia el frente.

Señalando hacia el rostro asustado del espejo y gritándole a su reflejo:

Tú estas muerto, muerto, deja de perseguirme.

10 Comments

  • Tristancio

    … y leemos desde un presente, con los sentimientos presentes. Y es ese sentimiento el que resuena en el que lee.

    Hoy siento que falta comprensión en el mundo… y rehúyo los espejos.

    Saludos…

  • MO

    ¿Tú sabes lo que pesa una maleta llena de libros?, tú madre no llegó a París ni de coña.
    Te lo digo yo que hace cinco meses que me he mudado.
    Por cierto, leer leería pero tacto lo que se dice tacto no tenía.
    He de confesar, de todos modos, que me ha hecho mucha gracia la frase de: “Tú padre lo que pasa es que es gilipollas”.

  • Vanessa

    He trabajado con personas así, y he visto muchas escenas cuando se ponían frente al espejo.
    Lo único que puedo decir es que quiero estar siempre rodeada de espejos para no dejar de reconocerme.
    Besoss

  • Beauseant

    Gracias, jordi m.novas, a veces parece que uno se queda corto, otros que alarga todo de forma innecesaria, y la mayoría de las veces que no soy capaz de explicar lo quiero decir, así que es un placer leer eso.. Y lo mismo te digo, Irene Comendador el ritmo siempre es lo más complicado de mantener 😉

    En el mundo, Tristancio siempre sobra presión y falta comprensión, es una constante, y por mucho que rehuyas los espejos no conseguirás arreglarlo.

    Mi teoría, MO es que tiro esos libros en el primer contenedor. Y, ya sabes, puedes leer mucho y seguir siendo un completo analfabeto porque hay quien lee como quien come sin masticar.

    O, si al menos no te reconoces, Vanessa que el rostro del otro lado no te sea indiferente…

    A mi me aterra llegar a esos lugares comunes, virgi, en donde has perdido el control y ni tan siquiera eres capaz de darte cuenta…

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