nebulantes

En la cartografía de los cielos, gemelos silentes de los terrestres, también hay regiones prohibidas. Fragmentos de firmamento sumergidos en una niebla inabarcable donde duermen tesoros imposibles, civilizaciones olvidadas y la muerte, una presencia serena que aguarda sin prisa a quien ose romper su quietud.
Para señalar esos dominios, los habitantes del aire —los nebulantes— erigen faros fabricados de aire y bruma. Extraños artilugios que nacen y se desvanecen con el viento, cuyo funcionamiento sólo ellos conocen y que es pasado entre generaciones como una sagrada llama que no debe apagarse.
Los nebulantes son criaturas pacíficas. Se comunican a través de una delicada melodía que los científicos terrestres llevan siglos confundiendo con el rumor de las estrellas, y sus plácidas existencias discurren sin apenas sobresaltos: se mueven con los vientos, se alimentan de nubes y pasan las eras observando el pulso lento del cosmos.
Esa es su sagrada misión: anotar con precisión cada ligera variación del universo, pues saben que en esos cielos se encuentra escrito el inicio y el final de todo lo que existe.
Sin embargo, incluso en sus tranquilas existencias, ellos conocen un castigo. Uno solo, reservado para los crímenes más graves, para aquellos que ni tan siquiera tienen una palabra que pueda definirlos: el destierro.
El nebulante desterrado abandona las alturas y es arrojado a una tierra inclemente donde el tiempo no cura, sólo desgasta. Allí, su alma se vuelve mortal, quedando fuera del eterno ciclo de nacer-renacer y, peor aún, es atrapada por la gravedad, una fuerza densa y desconocida.
No es una muerte inmediata, pero sí segura. Una condena que tarda siglos en cumplirse, un largo invierno que no termina.
Y con los años, los nebulantes caídos olvidan su origen. Caminan bajo un sol que no entienden llevando una tristeza heredada, y a veces —solo a veces— levantan la mirada, como si un hilo de luz invisible tirara de ellos. Entonces sienten algo temblar en su pecho, algo que no pueden nombrar, pero que arde muy dentro, en un lugar donde aún vive la memoria de las nubes.
Esa es su historia. La historia de los nebulantes caídos. La historia de nuestra raza.
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21 Comments
Joiel
La condena interior, esa que convierte en abismo todos los caminos. Lenta y brutal, pese a la apariencia tranquila, de andar (y andar) por casa.
Mónica Frau
De ahí nuestra nostalgia intrínseca, esa sensación de añorar algo que creemos no haber conocido nunca, mundos que aseguramos no haber visitado jamás… y sin embargo… precioso texto. Y la imagen, perfecta
BDEB
Moverse con el viento y alimentarse de nubes, suena muy muy bien. Quizás sea eso, que somos nebulantes caídos, cumpliendo condena, eso explicaría esa pasión por el cosmo y sus astros.
El texto, la imagen… permíteme felicitarte una vez más.
Un fuerte abrazo querido Beauseant.
Beauséant
Es imposible escapar de esa condena, Joiel, somos nuestros peores carceleros, quizás porque nos conocemos demasiado para perdonarnos.
Así es, Mónica Frau, un poco lo que nos contaba Platón sobre el mundo de las ideas, y las almas terrestres que con ese recuerdo presente. Eso que nos pica y no sabemos qué es… Muchas gracias
Muchas gracias, BDEB, intentaba buscar una explicación a ciertas cosas y, la verdad, me parece que tendría todo el sentido del mundo. O, quizás no, pero me sirve de consuelo… no se conoce ningún nebulante al que hayan perdonado, pero no pierdo la esperanza… lo peor es que ni tan siquiera recuerdo el crimen cometido.
BDEB
Quizás no lo recuerdes porque en ocasiones somos juzgados sin cometer el crimen que piensan que sí cometimos, juzgados y desterrados…
Joselu
Soy un nebulante que se ha interrogado, que ha buscado, que ha sentido la duda decenas de veces sobre si lo nuestro es precario o pasajero o es inmortal y eterno. La cultura de época nos lleva a sentirnos efímeros, leves, transitorios y mortales, objeto de un destierro o una maldición como expresa este texto que no es sino un ansia de plenitud perdida. Yo creo en ella. Cada vida es un trozo de estrellas, de universos, de absoluto que nos es esquivado por una ideología que niega lo divino porque atenta contra el principio democrático. Temo el populismo que nos habla de Dios e inmortalidad a pesar de que yo sienta que están en la senda propicia. Pero la ascesis siempre es difícil, la subida al monte Carmelo es siempre muy fatigosa y no está al alcance de todos. Siempre hay una selección, no se puede esquivar. Este blog es una provocación porque aborda asuntos místicos con un escepticismo triste que nos condena a la nada. Entiendo lo que quiere decir, pero estoy en el camino incierto de buscar una luz, esa luz…
Eva
Al menos el nombre es bien hermoso, Beauseant, nebulantes… y queda el consuelo de sentir alguna vez en el pecho esa luz efímera y cálida, un instante de inmortalidad frente al devastador tiempo, aunque hayamos olvidado de dónde viene, y no podamos guardar siquiera un poco en algún bolsillo del alma.
Citu
Me encanto tu historia es mágica. Te mando un beso.
José A. García
Seres caídos incapaces de comprender su desgracia y, para peor, fingiendo ser felices.
Saludos,
J.
Toro Salvaje
Ahora lo tengo claro… siempre me han fascinado los pájaros y por fin he comprendido que alguno de mis antepasados era nebulante y claro… eso se transmite genéticamente… y ahora entiendo porque a veces por la noche, cuando estoy dormido, aleteo con los brazos, jajajaaja
Saludos.
Beauséant
Eso lo explicaría todo, BDEB, esa sensación de castigo, de dudas, de miedos.. sí, tiene todo el sentido. Quizás me lo merezca, quizás yo también he juzgado sin pruebas demasiadas veces a demasiadas personas.
Lo he pensado muchas veces, Joselu, la humanidad ha perdido un norte que, hace muchos años, estaba en las religiones. Al quitarlas de nuestras vidas sin poner nada en su lugar, las consecuencias han sido esa sensación de levedad, de destierro, de falta de plenitud. La modernidad, con su racionalismo y su enfoque en lo inmanente, recorta la dimensión espiritual y niega “lo divino”, quizá por considerarlo incompatible con un marco democrático o secular.
Creo que, de alguna forma, yo también estoy en ese camino, intentando sobrevivir en esa selva, pero hemos entrado por lugares diferentes. Yo lo hago desde el desencanto, tienes razón, quizás he renunciado ya sin darme cuenta. En ese sentido, no sé si hay una sola respuesta o una sola luz que nos guíe a todos, pero creo que esa búsqueda, esa vulnerabilidad que expresas, es la que nos permite seguir caminando, incluso cuando no sabemos qué encontraremos al final.
Me alegra que veas éste pequeño rincón como una provocación, eso significa que no todo está perdido. Muchas gracias
Nos vale con sentir el calorcito, ¿verdad?, Eva, aunque no tengamos claro su origen, saber que hay algo, ese instante de inmortalidad, de completud…
Muchas gracias, Citu, me alegra mucho leerte…
Qué remedio, José A. García, fingir y fingir hasta que nos salga de verdad o, al menos, no se note demasiado todo lo que llevamos dentro. Total, ¿para qué enseñarlo si a nadie le importa?
Menos mal que no has ido el médico, Toro Salvaje, te habrían recetado miles de pastillas de colores y habrías perdido ese aleteo que es lo único que aún te hace libre. Te habrían encadenado a esta tierra para siempre.
Neuriwoman
Esa imagen de seres arrancados de las alturas, condenados a una tierra pesada donde el tiempo no sana, me parece una metáfora exquisita de la condición humana: criaturas que intuyen un origen luminoso pero caminan bajo una gravedad que no siempre comprenden. Abrazos
Beauséant
Me alegra que te haya gustado, Neuriwoman, no sé si la historia es cierta, pero creo que puede reconfortarnos un poco cuando no entendamos esa extraña sensación que habita en nuestros corazones, esas ganas de estar en otra parte, ese no entender nada de lo que nos rodea…
tonYerik
Debe ser esa sensación extraña como de déjà vu, a veces, desasosiego, otras, que nos atormenta en lo mas interno y aun en el día mas feliz se siente como una especie de forúnculo irritante interior a la piel.
Y si ciertamente, te ves como un bobo mirando al cielo.
Pero hay seres en esta tierra que aun así creo que son ajenos a ese sentimiento. Sin ir mas lejos ayer mismo.
¡Salud…! Que me quede como estoy.
Cabrónidas
Desde luego que vivir en el cielo y ser condenado a vivir en la Tierra junto con los humanos es el mayor castigo jamás concebido. Bueno, no, volverte como ellos aún debe ser peor.
Miquel
No me flagelo, BEAU. Sé que esto es efímero y que estoy en el último acto de la obra. Quedan dos o tres escenas para representar, pero no más.
Sin ser nebulante tengo, lo sé, una muerte segura, por lo que he de adecuarme a lo que viene con dignidad.
Un abrazo
Salut
Carlos Perrotti
Tan bien definido como revelador. Un texto para explicarse uno (es decir todo) un poco más. Realmente inspirado e inspirador!!
Abrazo admirado hasta vos!!
Etienne
Doble castigo me parece, perder la condición de nebulante y conforme pasa el tiempo, perder la memoria de su origen, de dónde pertenecen.
Y encima, tener una vida tan suficientemente larga como para ver borrarse todo vestigio de esa existencia anterior.
Beauséant
Ese algo que te pica y no hay forma de rascarse, ¿verdad?, tonYerik, o sí, quedarse mirando una nube, una hoja, sintiendo que hay algo más en esa nube o en esa hoja. Un patrón, un algo que no sabes explicar… en el fondo, me alegro por los que no les pasa eso, es más fácil vivir sin andar con tantas complicaciones, ¿no te parece?
Las piezas que no encajan en el sistema, Cabrónidas, acaban devoradas por el mismo, nadie se escapa, el sistema tiene todo el tiempo del mundo y la fuerza de muchos millones detrás.. es mejor rendirse al primer disparo.
No queda más remedio, Miquel, recibir el final con la mayor dignidad posible y cruzar los dedos porque la vida y sus actos, no nos arrebaten esa dignidad al final, quitándonos ese último acto de valentía.
Muchas gracias, Carlos Perrotti, como siempre, creo que lo has resumido muy bien… escribir es explicarse, o al menos intentarlo. Con suerte, ese explicarse, ayuda a explicarse a alguien más.
Es una tortura, cierto, Etienne, bien es cierto que no conocemos el crimen cometido, pero el castigo parece terrible. Quedarse, permanecer, mientras todo se desvanece a tu alrededor hasta que todo sea olvido, hasta que pierdas la conciencia de tus propios pasos.
María
¡Qué preciosidad de imagen, texto y palabra! “Nebulantes”, deambulantes de las nubes ; ) Me recuerda a “nefelibata”, ya sabes, los soñadores despistados ajenos a la realidad, sólo que tus nebulantes tienen un deje triste que traspasa ¿ castigados a bajar a la Tierra? ¿ por qué? qué cosa horrible deben hacer para que les manden abajo y ¿ tu crees que bajar a vivir en este mundo es un castigo? ¿Recuerdas el Cielo sobre Berlín de Wenders?, en esa peli, uno de los ángeles sueña con ser mortal, se muere por ser humano y sentir. Piénsalo, ser nebulante constatando los cambios del universo eternamente debe ser aburridísimo, una especie de notarios celestiales, pobres!.. Aquí nos caemos, nos levantamos, reímos, lloramos, nadie sabe lo que le espera al doblar una esquina y lo mejor de todo .. esa llamita en lo profundo, incluso aunque esa tristeza se expanda como la niebla, siempre, por oscuro que parezca todo a nuestro alrededor, aparece ese llamita que nos hace brillar, cuando menos ¡zas! ahí surge y en ese instante incluso el nebulante más triste y desangelado del universo sonríe resplandeciente jajaja Un beso BEAU! Ojalá hoy tb tu sonrías resplandeciente, . .por un instante al menos : )
Beauséant
Estuve jugando con el diccionario, María, y salió esa palabra, nefelibatas, pero tenía poco ritmo y, claro, yo quería las nubes, así que al final salió nebulantes de todas las que estuve probando. Sí, un cierto aire triste, ¿verdad? Recuerdo esa película, dos ángeles, una ciudad con un muro, y sólo podían verlos los niños y los hombres de corazón puro, ¿verdad? No podían intervenir en las vidas humanas, sólo contemplarlas con tristeza… Bien podrían ser los nebulantes, ¿verdad?
Me gusta tu versión de la historia, resulta que esa condena no era tal, ¿no?, que el castigo era lo que antes llamaban vida, una vida de oficinistas anegados, con una tarea aburrida y absurda porque… ya me dirás, para qué sirve andar observando con tanto denuedo el puñetero firmamento. Con el tiempo descubrirán que son mortales, que su tiempo es limitado y vivirán sin miedo y con alegría el poco tiempo que les han dado.. quizás en al muerte vuelvan a esas nubes porque han sido perdonados, y allí expliquen que los humanos no son tan tristes…
Sí, me gusta tu versión, nunca la habría escrito, quizás por eso me gusta 🙂 Me has hecho sonreír, un poquito, no nos volvamos locos tampoco 😉 Un abrazo enorme y gracias.