la última casa del pueblo

En la última casa del pueblo vivía una bruja de pelo con el color de la nieve sucia y vestida siempre de un luto riguroso. Su vida transcurría envuelta en un silencio que nos incomodaba y llenábamos de susurros.
Nadie hablaba bien de ella. Nuestros padres nos decían que debíamos evitar pasar por su puerta porque todo tipo de cosas malvadas sucedían el cruzar el umbral de aquella casa, el cura se santiguaba al cruzarse con su sombra, y las mujeres, tan solidarias ellas, tejían una enrevesada red de medias verdades y mentiras alrededor de su vida.
Era una presencia invisible en el pueblo. No pisaba ni la plaza ni la iglesia, lugares habituales de reunión. Subsistía de un puñado de gallinas famélicas, un huerto desolado y de la compra que hacía en el pueblo vecino. Lo recuerdo bien: una figura diminuta, casi hundida bajo el peso de las bolsas de la compra, que recorría los senderos con la marca de Caín en la frente.
No hacíamos caso a nuestros padres, más bien al contrario. Es una obligación por parte de los jóvenes el tomar las prohibiciones de los mayores como un reto, un ritual de paso que te convierte en un miembro de pleno derecho en la tribu. Una prueba de iniciación para los chicos, y casi una obligación social para las chicas, como si tuviésemos que estar allí para levantar un acta notarial de su valentía. He pensado mucho en ello, y aún no tengo claro si lo hacíamos para encontrar nuestro lugar, retar a los mayores, o por pura estupidez… no lo sé, justificar la maldad es territorio de los adultos, en la infancia, simplemente se ejerce.
Los chicos mayores eran los más crueles. No se limitaban a espiar por las rendijas del muro, a menudo arrojaban latas y animales muertos contra las ventanas. Sólo un día, que yo recuerde, la anciana salió a enfrentarse con nosotros. El pelo enloquecido de medusa, el rostro un surco descompuesto de arrugas y, sobre su cadavérico cuerpo, un incongruente vestido de topos rojos que parecía pertenecer a otra vida. Al ver aquello, los chicos mayores olvidaron pronto su bravura y huyeron despavoridos
Yo no. Algo me hizo quedarme allí de pie convertida en una estatua de miedo y fascinación. La bruja me miró con unos ojos glaucos, tan faltos de vida que llegué a pensar que no me veía. Pero levantó un dedo que era puro hueso, casi una ramita seca, y me señalo con ira. Luego escupió contra el suelo una salivazo oscuro que burbujeó en el polvo y selló una condena.
Creo que fue la última vez que la vi.
El resto es la historia de otras tantas vidas. Huí de allí, de la casa al final del pueblo, del pueblo mismo, de las miradas furtivas y los susurros que lo envolvían todo en un aire enrarecido y asfixiante. Busque estudiar lo más lejos posible de allí, y mis padres inmolaron sus sueños para que yo cumpliese el mio.
Una historia breve. Huí de allí y por un momento fui feliz, con eso me quedo. Luego todo se derrumbó de las miles de maneras en las que una vida puede derrumbarse. Sin salidas, sin escapatorias, por suerte mis padres ya no estaban para ver como dinamitaba cada puente, cada refugio, cada oportunidad.
Recogí lo poco que era y regrese a aquel lugar, al pueblo, al lugar al que prometí no regresar. Qué poco duran las promesas al contacto con la realidad.
Me marché del pueblo. Viví. Estudié. Amé. Fallé. Volví. Qué sencillo es resumir toda una vida.
A la segunda semana de estar allí, agazapada en la vieja casa de mis padres, unos golpes secos sonaron contra la ventada que daba a la calle. Al salir, descubrí a mis pies el cadáver de una liebre que habían arrojado contra el cristal. Una criatura de pelaje gris, mostrando sin pudor, sus vísceras grises, amarillas y marrones -qué extraño el colorido de nuestras entrañas- y los ojos abiertos, muy abiertos, con un gesto que parecía de sorpresa, como si aún no hubiese entendido que aquel era el final.
Entonces escuche a lo lejos unas risas adolescentes y malvadas. A lo lejos, la silueta de unos chavales que escapaban en bicicleta orgullosos de su hazaña.
No puede evitar sonreír ante la ironía de todo aquello. Las maldiciones de la vieja bruja se tomaron su tiempo antes de volverse reales. Me habían dado toda una vida de ventaja para que el golpe fuese más doloroso, porque sólo nos duele perder lo que hemos conocido.
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27 Comments
Kansas
Me gusta como está aquí planteado lo qué es el paso del tiempo, que a veces no somos del todo conscientes, pero ese momento de inflexión que narras al final de tu historia, es la toma de conciencia. Hay mucho de lo que escarbar en este texto. Me ha encantado…
Karen M. Paramio
Solo con el título y la foto ya he pensado en la bruja. Y el relato me lo ha confirmado.
Quiero creer que se puede regresar al punto de partida con menos sensación de fracaso y más de haber experimentado y aprendido, y desear volver a lo sencillo.
Luego hay que ver cómo encajar en el dichoso pueblo.
Feliz domingo.
Manuela Fernández
Excelente relato. Da mucho que pensar, cómo la falta de empatía hace un daño terrible, cómo quien menos culpa tiene paga por todos, cómo la vida no deja de ser un bumerán, un karma que no perdona.
SAludos.
Pedro M. Martínez
Un magnífico relato. Me ha dejado sobrecogido pensando en cuantos liebres muertas tirarán a mis ventanas. En mi adolescencia, en el barrio donde vivía, teníamos muchas señoras como la que describes. Todas recibían nuestras atrevidas, crueles y desconsideradoss visitas. De todas ellas recibíamos sus maldiciones. Sigo viviendo en el mismo barrio (pero aún soy joven).
POETAS EN LA NOCHE
Tu relato transmite mucho, logra unir el miedo infantil con el peso de la vida adulta, dejando una impresión intensa y muy humana, de esas que permanecen después de leer.
Me ha gustado mucho.
Feliz día. 🌷
Neuriwoman
En los recovecos de la vida una historia que se repite como una metáfora de nuestros propios miedos, convertirnos en aquello que odiamos o temimos. Correr, huir, luchar con la piedra como Sísifo para volver al punto de partida.
Una historia inquietante sobre como te conviertes en la bruja que antes fustigaste. Y a la vez una historia conmovedora sobre esas ancianas que son molestadas por el solo hecho de serlo o haber perdido la cabeza. Es sin duda un relato espectacular por la forma en que lo narras y nos metes en la escena; y por los mensajes que contiene
Cabrónidas
Cuando somos niños no pensamos que vamos a envejecer. Creemos que el viaje hasta la decrepitud es muy largo, pero llega en un instante. Entonces es cuando te das cuenta de que tú también eres como esa bruja de la que te burlabas.
Eva
Es un terrible ciclo en el que la bruja parece estar en el principio y en el fin. Pero las cosas no son tan exactas, los fallos son aprendizaje, los finales son a menudo principios. Es posible que a ese círculo le quede una parte débil, una línea discontinua, borrosa al menos. Mira bien, Beauseant, tal vez ese círculo pueda cerrarse de otro modo.
Gabi C S
Hay que comprarse un traje de flamenca, roja con topos blancos, y a la próxima sales con él. Si no , la bruja de la última casa del pueblo, con una dieta de hortalizas y huevos ( inmortal), seguirá enviándote a los rapaces. Se ha hecho resilientes ( amiga de la niños). Me gusta que ficciones
Abra
Beauséant
Era una historia sobre las huidas, Kansas, sobre su inutilidad más bien… pasamos media vida huyendo de cosas que nos esperan en el punto de partida.. muchas gracias por tus palabras.
Eso, lo de encajar en el puñetero pueblo, Karen M. Paramio, es lo complicado, tienes razón. Una cosa buena de las granes urbes, quizás la única buena, es que no eres nadie, puedes empezar de cero las veces que quieras… ¿Se gana experiencia en cada huida?, estaría bien que fuese así, ¿verdad?
Nos cuesta mucho, Manuela Fernández, colocarnos en otros zapatos, ¿verdad? Aunque hagamos el esfuerzo, por mucho que lo intentemos, cuando nos afecta directamente, creo que juzgamos demasiado rápido. No tengo claro que exista el karma.. tampoco se si me gustaría que existiese;)
Al menos, Pedro M. Martínez, te tendrán lo suficientemente en cuenta como para tirarte liebres, en mi caso creo que sólo habrá indiferencia, ¿qué es peor? Sí, menos mal que somos jóvenes y todo eso nos queda lejos 😉
Si lo pensamos bien, POETAS EN LA NOCHE, creo que todos podemos datar ese momento en nuestras vidas, ¿no te parece?Ese momento es que tu vida infantil quedo atrás, y de manera casi involuntaria creciste. Muchas gracias.
Los errores circulares, Neuriwoman, la imposibilidad de una huida, son temas recurrentes por aquí, de alguna forma fascinan esos temas, no tengo claro que estoy tratando de arreglar en mi vida 😉 Sísifo no se rindió, eso es lo más extraño de todo, que siguió intentándolo hasta el último momento….
Hay demasiadas personas atrapados en los pueblos, en sus cuerpos, en sus vidas, no tenemos piedad con ellas.
Así es, Cabrónidas, la vida se nos presenta como una infinita línea recta hasta la llegada a la meta. Cuando vemos la curva ya es tarde para intentar tomarla bien, algunos se salen y no vuelven a encontrar el camino, el resto quedamos tocados, algo se ha roto que nos impide volver a confiar en el camino.
Hasta los planetas logran escapar de sus órbitas, ¿verdad?, Eva, a base de dar vueltas sobre lo mismo, puedes desviarte un poquito cada vez, hasta que logres liberarte del todo.. Supongo que en eso consiste el aprendizaje, tienes razón: repetir y repetir hasta que algo sea diferente y aferrarse a ello.
Gracias, Gabi C S, es cierto, llevaba tiempo sin ficcionar (me gusta esa palabra) Compraré un traje de esos de segunda mano, ¿la gente los sigue comprando? seguro que hay cientos de chinos diseñando y creando esos trajes sin saber qué demonios son.
Citu
Es un melancólico poema. Temando un beso.
Miquel Cartisano
Muy bien planteado y mejor resuelto.
Te felicito. Es de lo mejor en narración corta que he leído últimamente.
Un efusivo abrazo
tonYerik
Bueno aunque no parezca, la vida suele ser un bucle. Y a todo cerdo le llega su San Martin.
Lo que pasa es que de tabiques para adentro por muy bonito que se vea el exterior.
Ve tú a saber…
Angeles
Cuántas ideas en un relato tan breve: la huida, la soledad, el destino, la crueldad… Da para mucho meditar, pero de momento, me apunto esta frase: “Qué poco duran las promesas al contacto con la realidad”, que también dice más de lo que dice.
Saludos!
José A. García
Excelente relato circular, como casi todo en la vida.
Saludos,
J.
Beauséant
Me gusta que lo hayas leído como un poema, Citu.. y, más aún, uno melancólico un abrazo.
Eso son palabras mayores, Miquel Cartisano, no sabes cómo te lo agradezco…
La representación de la vida, tonYerik, debería ser una serpiente urobos, la vida y sus errores circulares, la vida y todo lo que ocurre cuando no la miramos.
Mil gracias, Angeles, las promesas son pompitas de jabón, gordas y relucientes, que salen al mundo convencidas de poder cambiarlos.. y, ya ves, al primer golpe de aire, plop, se convierten en nada. La vida no es justa con la promesas.
Todo lo que dejamos atrás y aparece justo delante, José A. García, entre lo que huimos y lo que no podemos esquivar…
Etienne
No puedo decir que me sorprendió el final, aunque me encantó el tono en que la historia te va develando el camino hasta el punto en que te imaginas a la protagonista con la misma ropa que temía al comienzo.
Solamente espero que al resto de los vándalos adolescentes les haya caído alguna maldición similar…
Gran texto!
Abrazoo!
Diego
En cada pueblo de la España oscura había una bruja (o varias) como la que describes. Odiadas, despreciadas, insultadas. Quizás si alguien se hubiera molestado en hablar con ellas en lugar de arrojar liebres muertas a su puerta, habría descubierto que no eran tan malas personas. La venganza que reflejas en tu relato está justificada: ojo por ojo y liebre por liebre 🙂
elrefugiodelasceta
Hostia! Qué buena historia! Hacía tiempo que no me pasaba por ningún blog y al ver la foto me ha llamado la curiosidad. Será la fascinación por las historias de meigas.
Creo a pies juntillas que la historia es circular y estamos destinados a vivir una y otra vez lo mismo hasta que aprendemos aquello que hace cambiar el patrón de comportamiento.
El devenir del humano es una absurda espiral infinitamente lenta. O bien nos han tangado con el relato de los hechos o bien sencillamente es que somos del género gilipollas.
Un abrazo y gracias por el cuento!
Toro Salvaje
Brutal!!!
Un relato buenísimo.
Da igual lo que queramos, soñemos, anhelemos… al final no podemos huir de nosotros y de nuestras raíces.
Y volvemos para acabar sucumbiendo.
Saludos.
evavill
Tremendo relato.
Estremece.
Está muy bien escrito, te felicito.
carlos
Es eterno el año que no se cansa de volver… y si decidimos huir terminamos cayendo en él… No sabes cuánto le debo a mis temores y pesadillas pasadas, a los horrores secretos de mi infancia, a los traumas que logré redimensionar…
Abrazo admirado una vez más.
अनत्ता 光 心
Un interesante y muy sugerente relato “circular”, impecablemente bien escrito… pero hasta aquí van a llegar mis halagos, lo siento. Y digo esto porque a mí la inequívoca sensación que me da es que es la enésima demostración o despliegue de tus temas absolutamente recurrentes… esa atmósfera opresiva, esa negrura emocional, ese fatalismo en plan mito de Sísifo, efectivamente. Etcétera… todo ese tipo de sensaciones… la vida como una especie de cárcel o de condena de la que no podemos escapar… llámese destino, condicionamientos, karma, samsara o como sea.
Fíjate que esto es tanto así, que si lo analizamos objetivamente, la fotografía es absolutamente neutral y no está asociada (forzosamente) al relato que luego desarrollas. De hecho es una foto muy bonita. Muchas otras sensaciones pueden evocar en quien escribe y en quien lee. Contemplada sin condicionamientos, es una foto que puede sugerir la calidez y la intimidad de un hogar (por ejemplo), con unas bonitas construcciones rurales y esa luz crepuscular. No sé si me explico.
Pero sí, está bien escrito y hasta podemos decir que potencialmente “te cuadra” muy bien esta historia. Ya sé que no es muy edificante esto que digo…
Namaste.
Milena
Menuda inspiración, Beauséant, desde luego la fotografía es magnífica…
Y el relato, genial, redondo!!
Abrazo!
Beauséant
Han venido a un mundo saturado, agotado en sí mismo, y donde nunca podrán cumplir sus sueños, Etienne, yo creo que ya llevan la maldición.. Habría sido un buen punto que la protagonista saliese con un vestido de topos, sí, no lo pensé 😉
Pueblo pequeño, infierno grande, Diego, no hay nada que indique que sea mala persona, pero a veces creemos lo que todo el mundo cree sin intentar averiguar si hay otra verdad. Odiamos porque toca odiar, creemos porque nos han dicho que debemos creer. Aunque nos parezca estúpido, no nos salimos de ahí por miedo a ser diferentes.
Mil gracias por tus palabras, elrefugiodelasceta, veo que andas muy activa escribiendo, pero, es verdad, hacía tiempo que no aterrizabas por aquí 🙂 Creo que en la alternativa que comentas: O bien nos han tangado con el relato de los hechos o bien sencillamente es que somos del género gilipollas. Falta una tercera opción, y es que sean las dos cosas al mismo tiempo.
Ya sabes, Toro Salvaje, tenemos no lo que nos merecemos, tenemos aquello de lo que no hemos podido escapar… hay escapatorias que duran toda una vida, pero siempre nos acaban atrapando.
Muchas gracias, evavill, me alegra que te haya gustado, siempre me resultan complicados cuando quiero montar una historia compleja.
Me gusta eso de los traumas redimensionados, carlos, en vez de quedarse a vivir en ellos, intentar hacer algo útil con ellos. Creo que hay temores, pesadillas, miedos que, si no dejamos que nos hundan, nos pueden ayudar… Claro, no puede hacerse con todos los miedos, algunos son muerden, y duelen, demasiado, ¿verdad?
Muchas gracias
Vaya, अनत्ता 光 心, debería haberme quedado en la primera línea porque tengo la sensación de que me han dado una bofetada con la mano abierta :)… No me creerás, pero la foto es de la última casa del pueblo y.. sí, ahí vivía una bruja. O eso decían, los pueblos, ya se sabe 😉 No necesito comentarios edificantes, tranquilo, acepto lo que venga mientras sea sincero, y de falta de sinceridad precisamente no podemos acusarte.. Creo que la vida es algo circular, sí, no necesariamente malo, aunque a la hora de escribir es más fácil tomar ese camino.. Crecemos con unas ideas y unos valores, nos pasamos media vida reconstruyéndolos, volándolos por los aires y, al final, muchas veces vuelves a esos valores que creíste estúpidos. El mito de Sísifo creo que nos resume muy bien como especie, atrapados en obligaciones que, si lo piensas bien, no lo son.. ¿te imaginas?, un día Sísifo se levanta y dice, a la mierda, no muevo más la puñetera piedra y se va a ver el paisaje.
Saludos
Gracias, Milena, me alegra que no hayas leído el comentario anterior 😉
अनत्ता 光 心
“La foto es de la última casa del pueblo y.. sí, ahí vivía una bruja. O eso decían… “, vaya, esto es sorprendente y fuerte y por sí solo justifica todo el relato. Ya, mi comentario puede ser nada edificante pero creo que no es menos cierto lo de tus temas recurrentes, esa (parece) forma que tienes de ver la vida y a las personas, o al menos algunas vidas que has conocido de cerca.
La vida es bastante o muy circular, cierto. Crecemos con ideas e ideales y yo creo que van mutando y nosotros también con ellas, hasta volvernos más eclécticos, ponerlo todo en tela de juicio y ver la relatividad de cualquier posicionamiento, hasta el punto de comprar en parte lo que años antes rechazábamos. Yo creo que todo eso también es volverse sabio y madurar. Desde luego, hay gente que no es así, que es absolutamente inamovible y fanática, y que incluso se vuelven más radicales.
Te contaré un secreto: las ideas y todo lo que está relacionado con la esfera mental está absolutamente sobrevalorado. La vida es mucho más que eso.
Sísifo enviando a la mierda sus obligaciones y la piedra… pues claro que sí, eso es liberarse y echarle un par. Todos podemos potencialmente hacerlo.
Beauséant
Buff, अनत्ता 光 心, edificante es, según el diccionario: ejemplar, modélico, aleccionador, instructivo, virtuoso, estimulante… ¿La verdad?, creo que no me gustaría escribir nada edificante… Los comentarios tampoco deben serlo, no creo que debamos aspirar a eso en la vida, ¿no te parece? Es demasiado corta, deberíamos intentar hacerla más bonita, más amable, rebajar el odio que parece cubrilo todo como una capa pegajosa.. quizás, haciendo todo eso, las vidas serían, sí, más edificantes, pero llegaríamos ahí sin buscarlo..
Siempre sospecho de las personas que parecen tener las cosas muy claras, tienes razón. Esas personas que toman una decisión, construyen un castillo alrededor de ella, y de ahí no se bajan… La vida es cambio, eso seguro
Un abrazo