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la ruta del norte

Noruega, cuya traducción directa significa «la ruta al norte», es una estrecha frontera de tierra y fiordos encajada entre lo que, hace siglos, encerraba la promesa de saquear las ricas tierras del sur y la amenaza de volver arruinado o muerto del viaje.

O al menos eso dice la guía porque, , me compré la guía. Aunque, fiel a mi azarosa manera de organizar los viajes, la compré cuando el viaje llegaba a su fin. Nuestros pasos se cruzaron en el último aeropuerto, en una de esas escalas interminables en las que terminas memorizando los precios de la cafetería y tratando a los camareros como viejos amigos que vuelves a ver tras un feliz reencuentro.

La guía era la típica publicación de la era de las redes sociales: un puñado de datos sacados de la Wikipedia junto a una lista de lugares comunes donde hacerse una foto que grita: yo estuve aquí. La vendían en una de esas tiendas de aeropuerto donde conviven en extraña armonía artículos de lujo, un caos de bibelots destinados a ser basura y un abrumador surtido de chocolatinas. Era la última de su especie y sentí pena al verla allí, solitaria en la estantería.

¿Seguro que era la última?, ¿no estarás añadiendo detalles? Sí, la última guía, eso he escrito y no pienso tacharlo. Tenía un aire desangelado y triste, así lo recuerdo y, por lo tanto, así sucedió.

Comprar una guía cuando el viaje ha finalizado tiene una ventaja inesperada: te permite comparar el mundo ideal que vive en sus páginas con el que has pisado con tus propios pies. Diferenciar, digamos, el mapa del territorio. Y eso hice. Desplegué sobre la mesa de la cafetería, convertida en mi cuartel general, el fajo de mis propias notas y las fotos del móvil, y empecé una partida de cartas contra la guía.

La guía jugaba una carta: «Típico y bonito pueblo de pescadores donde aún pueden verse al atardecer los barcos con la captura del día». Yo, como un tahúr, contraatacaba con la foto que hice del mismo lugar: un puerto industrial, el cielo plomizo y el olor a gasoil. Si la guía mostraba un lugar que yo no había visitado, ella ganaba un punto. Pero si yo tenía una foto, una anécdota o un rincón que ella ignoraba, me apuntaba dos. Eran mis reglas, mi juego y mi guía.

Tras recorrer todas las páginas llegué a una conclusión bastante obvia: nunca hace mal tiempo en las guías de viaje. Todas sus fotos mostraban paisajes con cielos prístinos, atardeceres turnianos y anocheceres de una quietud hopperiana. Incluso la gente era invariablemente feliz. Allí estaba, en una playa paradisíaca, una mujer joven que se tapaba el sol con la mano y señalaba con la contraria algo que el encuadre nos ha robado, pero que por sí solo parecía justificar el viaje a Troya, la cólera del Pélida Aquiles, el caballo de madera y todo lo que vino después.

Qué bonito sería vivir siempre en una guía de viajes“, anoté en un margen. Pero de inmediato, el pequeño demonio de los detalles tiró de la manga de mi chaqueta para susurrarme: ¿Seguro?.

Recordé entonces el primer día del viaje cuando, al salir del aeropuerto, una cortina de agua azotaba inmisericorde a viajeros desprevenidos, pobres habitantes del país del sol. El cielo encapotado, roto en jirones de nubes que huían despavoridas como ovejas. Busqué las fotos de aquellos días: la lluvia resbalando por el cristal del coche, los paisajes velados por la niebla, los colores saturados por la humedad.

No sé donde se esconde la felicidad, a estas alturas y sigo sin saberlo, pero tengo la certeza de que no es en la promesa de un cielo azul ni en sus palabras de eternidad. Hay algo frágil en las cosas perfectas, algo que no parece aguantar un escrutinio detallado sin romperse. La vida, la de verdad, parece bullir en las grietas, en las imperfecciones, en todo aquello que, por separado, parece no encajar, pero que en conjunto compone la única melodía posible.

Cerré la guía con un bufido. Nadie compraría un mapa para los días lluviosos. Y, sin embargo, solo en él cabría la verdad de un viaje. La felicidad no posa para la foto, no se deja atrapar en una frase; simplemente sucede, a menudo bajo un cielo que amenaza tormenta.


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24 Comments

  • Karen M. Paramio

    Internet y las guías están llenas de fotos bonitas y soleadas, pero sin alma. Las fotos personales, especialmente las borrosas, llevan consigo la memoria del aroma y las emociones.
    Bonito viaje, me ha gustado.
    Un buen domingo.

  • BDEB

    Supongo que vende siempre más un paisaje de ensueño alumbrado por un brillante sol que uno en el que la niebla, las nubes y la lluvia no permitan ver más allá de lo que tenemos delante. Pero si conseguimos adentrarnos un poquito lo más probable es que el paisaje sea mucho mejor que el que nos quieran “vender”.
    Cuando viajo a algún lugar en el que conozco a alguien, siempre me dejo guiar para conocer los sitios menos transitados y que no salen en esas guías.
    Conocer el lugar a través de quienes habitan allí siempre nos descubre paisajes sorprendentes.
    Prefiero esas “imágenes borrosas” a las fotografías comerciales.
    Un fuerte abrazo querido Beauseant 🙂

  • elrefugiodelasceta

    La perfección está hecha de pequeñas imperfecciones, supongo.
    La lluvia, el frío y los cielos plomizos le dan al norte una introversión bucólica que para ciertos caracteres es ensoñadora. Los tenebrosos crepúsculos neblinosos, la caída de la noche que opaca la consciencia, el carruaje tirado por unos caballos de ojos rojos y un personaje oscuro llevando a cabo su maléfica estrategia para obtener aquello que los muertos anhelan…
    Reitero que el norte presta sus paisajes a la lúgubre imaginación.
    Hermosas fotos las tuyas, incendian la fantasía y, por supuesto, una narrativa golosamente glotona. Un abrazo fuerte!!!!!!

  • POETAS EN LA NOCHE

    Me ha encantado ese duelo tan tuyo entre la guía y la vida real. Al final, te quedas con lo que no sale en la foto la lluvia, la niebla y esas grietas donde pasa lo importante. Ahí es donde el viaje se vuelve de verdad.
    Un abrazo 🤗🌷

  • Eva

    Los viajes son más el antes y el después que el durante. Es el soñar con el destino mientras observas el mapa y te imaginas paseos y descubrimientos, es el después, cuando los recuerdas y sientes el poso que han dejado en ti. Sin embargo también hay un momento mágico cuando estás allí, y es cuando cierras la guía y continúas libre y liberado de la tiranía de lo imprescindible. Por fin.

  • t&e

    Al final son esos pequeños detalles ¿reales?, lo que nos queda. Porque cuando la memoria va endulzando lo que creemos haber visto sin hacernos trampas con las fotos del viaje, la cabeza traidora termina por traernos más lo que pensábamos en cualquier momento del decorado que la foto real que lo acompaña.
    Pero me imagino que a mi es que me gusta eso precisamente, un objeto solitario y como en este caso desvalido. Mirar eso y luego hacer un barrido visual del entorno ya es toda una aventura en sí.
    Sí, ya sé que estoy como una regadera, pero me encanta, aunque solo sea por salir de la realidad apabullante.

  • marylia4

    En mi viaje a Noruega tuve la suerte de no tener mal tiempo. Recorrimos los fiordos y fueron días de sol y nubes pero sin lluvia. También fue en el mes de Agosto y es el mejor tiempo para visitar ese país. Siempre que viajo disfruto preparando el viaje y después hago una crónica y la publico en mi blog, al que te invito a que lo veas, para disfrutarlo de nuevo. Un abrazo.

  • Carlos Perrotti

    Otra crónica repleta de detecciones poéticas y hallazgos literarios. Para el deleite, en otras palabras… Bravo!!

  • Beauséant

    Muchas gracias, Karen M. Paramio, en mi caso sucede, además, que con las redes sociales, con los móviles y cámaras cada vez más perfectos, las fotos “típicas” me acaban resultando un poco huecas. Son mucho mejores que las mías, claro, pero se parecen tanto, son tan perfectas que sí, al final casi prefieres quedarte con tus fotos “borrosas”, ¿verdad?

    Nos hemos vuelto locos, BDEB, con eso de viajar. Es una contradicción que no logro solucionar, mis ganas de viajar y el saber que no debería hacerlo. Y, además, ahora los viajes son mucho más sencillos, antes tenías un mapa, una guía y no ibas ni con el hotel reservado. Pero, claro, todos vamos a los mismos lugares y los saturamos y destruimos, físicamente o robando su alma. En mi caso, hago lo que comentas, dejo de lado los lugares más recomendados (algunos no, claro, porque no queda más remedio que verlos), y trato de hacer rutas o perderme por algunos pueblos, las zonas rurales siempre me parece que condensan mejor el espíritu de los lugares. Muchas gracias 🙂

    Qué alegría volver a verte, elrefugiodelasceta, lo has descrito muy bien. Para mi, ese norte, es algo más que un lugar geográfico, es algo más cercano a un estado mental. Quizás porque he crecido con ese tipo de relatos como el que nos has regalado. La niebla, los protagonistas taciturnos que sueñan con ver el sol.. Me ha gustado mucho eso de narrativa glotona, nunca pensé que leería eso referido a algo mío, mil gracias 😉

    Muchas gracias, POETAS EN LA NOCHE, las guías tienen su utilidad, no seré yo quién diga lo contrario pero, al igual que con los mapas, hay que saber interpretar lo que dicen y saber tomar decisiones propias. Hay que buscar el recuerdo, la anécdota, al final es lo que nos llevamos… y aprender, sobre todo intentar aprender, observarlo todo con unos ojos inmensos.

    A mi el antes me agobia bastante, Eva, tengo que reconocerlo. Siempre intento escaparme de los preparativos pero no siempre lo logro. Tienes unos días y un presupuesto y, muchas veces, un territorio inmenso que tienes que ir cercenando para ajustarlo a lo que tienes… Pero siempre que preparo alguno hago eso que dices, dejo algunos días para improvisar, para hablar con un camarero o alguien en el transporte público que te hable de un museo o de un lugar que no estaba en la lista…

    Hay que escaparse de la realidad, t&e, siempre y en todo momento. Tenemos más de trescientos días de ser adultos responsables, de pagar facturas, trabajar y votar cuando nos digan. No pasa nada por huir un poco de vez en cuando, ¿verdad? La memoria siempre nos engañará, por eso es peligroso volver a ciertos lugares. Solemos decir que el lugar ha cambiado, la comida no era tan rica, las personas un poco menos amables… pero, ¿quién sabe? doña memoria es experta en hacer trampas 😉

    No recuerdo haberlo leído, marylia4, mañana lo busco. Además de pelear contra una guía, también me gusta comparar notas con otros viajes 🙂 Aunque vayan dos personas a los mismos lugares, muchas veces parece que han tenido viajes diferentes, ¿verdad?

    Muchas gracias, Carlos Perrotti, tus palabras siempre dan calorcito….

  • Maia

    Y puedes ir cuántas veces quieras a los mismo lugares y siempre será distinto, tiene esencia lo imperfecto.

    Tocó que vino un familiar del centro del país, se había hecho de una guía de lugares bonitos, paradisíacos; yo que he vivido aquí de siempre me sorprendió la emoción que brotaba al nombrar los sitios, él traía su itinerario, no me creyó que eso parecía un cuento, lo llevé, después de la primera y segunda decepción se puso en mis manos.

  • Joselu

    Beauséant, tu reflexión desmonta la dictadura del optimismo en el turismo. Al contrastar el “atardecer turniano” de la guía con el olor a gasoil de tu realidad, revelas que la felicidad no es una postal estática, sino algo que “bulle en las grietas”.

    La perfección de la guía es frágil porque es artificial; carece del caos que dota de verdad a la experiencia. Al final, sugieres una paradoja hermosa: la vida auténtica requiere de esa “cortina de agua” para ser real. La felicidad no es el destino despejado, sino la capacidad de encontrar la melodía entre la imperfección y la tormenta.

  • Beauséant

    Incluso, Citu, me atrevería a decir que lo perfecto llama menos la atención que las ligeras imperfecciones, ¿no te parece?

    Esencia, Maia, esa es una buena forma de definirlo, sí… Los lugares que en la guía parecen perfectos suelen ser decepcionantes, es cierto. A fuerza de visitarlos, de explotarlos les hemos robado esa palabra, esencia. Siempre intento hacer caso a la persona en la recepción del hotel o a los camareros 😉

    En las guías, en las personas, en las casas, Cabrónidas, tapar lo feo y sacar no ya lo bonito, sino lo estándar, lo que la gente espera ver… no hay placer mayor que encontrarte a solas un rato en el salón de un desconocido y poder cotillear los libros, los discos, las fotos, ¿verdad?

    En mi caso, Milena, tiendo a pensar que no existe eso llamado mal tiempo.. Con un poco de lluvia o viento se puede salir y,no sé, los colores, los olores, se saturan.. y, bueno, si llueve mucho, hay museos, cafeterías… Lo importante, creo, es no ir con las cosas muy definidas.Aplico algo parecido en mi vida 😉

    Muchas gracias por el comentario, Joselu, cuando perseguimos la perfección estamos condenados a ser decepcionados constantemente. Las pequeñas grietas por las que se cuela la vida, las anécdotas, las cosas curiosas, son las que al final recordamos. Un buen amigo con un costumbre extraña, y hasta desagradable, parece más interesante…

  • Toro Salvaje

    Nunca hace mal tiempo en las guías de viaje… es cierto, y tampoco en sus fotos aparecen los insectos.
    En Bergen, en la terraza de un restaurante, todos los clientes intentábamos repeler los ataques criminales de miles de insectos gigantes.
    Todo valía para defenderse… desde la carta del restaurante hasta piezas de ropa…

    También recuerdo, en los Pirineos, una ascensión penosísima para llegar a un lago paradisíaco donde esperaban hambrientos millones de voraces mosquitos. En las fotos del lugar todo era maravilloso, la realidad, no.

  • Joiel

    Me gustan las guías de viaje, me permiten viajar con la imaginación mientras viajo con los pies a cualquier otra parte. De papel, y siempre en idioma original, como las películas pakistaníes sobre niñas que han perdido sus sandalias. Solo así disfruto de sus descripciones. Por supuesto, no me entero de nada; eso le da emoción al asunto.

  • Beauséant

    Me he acorado de Roma, Toro Salvaje, aquellos mosquitos eran dignos herederos de las legiones de Anibal, me pase todo el viaje mirando las pantoriillas de las personas buscando las huellas que había dejado… Es verdad, nunca salen en las fotografías, quizás es porque sean vampiros 🙂 Pero eso, los mosquitos, también forman parte del viaje, la vida misma, ya sabes, pequeñas incomodidades, pésimas recompensas 😉

    Al haberme criado con Julio Verne y compañía, mis viajes los hacía en un atlas donde iba trazando el recorrido de los protagonistas, del que siempre describía todos los detalles junto a páginas enteras sacadas de la enciclopedia con las costumbres locales.

    Me gusta ese género de películas, aunque, al no conocer el idioma, lo mismo han perdido la esperanza, o unas gafas de sol, pero es cierto, eso le da emoción al asunto, cuando la vida se torna aburrida, es mejor inventarla, ¿verdad?

  • Jo

    Las cosas perfectas no existe.n hasta que creo ves la naturaleza y aún así como el mundo va pues se quiebra y de rompe…
    De pronto leyendo atenta a este escrito estupendo y como siempre profundo con tanto por compartir caí en cuenta que tú propio post es no una guía Dino un poderoso corto documental ♥️

    No se, por lo perfecto del sitio o lo que brinda ese cielo azul y las montañas erigidas en esos pastos en ironía, pienso que hasta los cineastas con historias distopicas de fin del mundo, seguro de han de ir a filmar ahí

  • beauseant

    Sospecho, Marisa Alonso Santamaría, que serán dos países diferentes, por lo que pude conocer, el inicio del invierno es lo peor, frío y lluvia sin nieve. Luego llega la nieve y con ellos las actividades de la nieve. La mayoría intenta estar de vacaciones cerca del sol cuando empieza el invierno.

    Siempre intento escribir a modo de fotogramas, Jo, así que me encanta que lo hayas visto como un documental. Una de mis primeras ideas de un blog era una guía de viaje de lugares imaginarios, de vez en cuando aparece alguna entrada por aquí de ese tipo 🙂 La naturaleza tiene una especie de perfección que los seres humanos siempre estamos empujando… hasta que la rompamos.

    Las praderas inmensas, el mar siempre presente… sí, es fácil imaginar que el mundo ha llegado a su final y sólo quedan un puñado de locos desperdigados y sin saber qué hacer….

  • MJ

    Hay grandes verdades en tu texto y un poco de poesía. Me ha encantado ese juego contra la guía donde tú pones las reglas. Tienes mucha razón, en las guías de viaje siempre brilla el sol y el cielo es azul…
    No sé cuándo hiciste el viaje a Noruega (gracias por darnos el significado, me encanta saber qué significan los nombres) pero… si con los viajeros procedentes del país del sol te referías a España… bueno, en febrero de 2026 con un tren de borrascas inundando nuestro país, con 14 borrascas seguidas sin terminar el invierno, cuando la temporada anterior había habido 9… pues no es muy acertado.
    ¿Quién nos robó el anticiclón de las Azores? Y yo que creía que Noruega se había dado un respiro de lluvia y nos la había mandado para acá… Y me preguntaba ¿qué hacen ellos con toda esta lluvia? ¿cómo se defienden? ¿cómo evitan inundarse? imaginando que a ellos no les pasan estas cosas porque con el frío la lluvia se convierte en nieve, se agarra una pala y a limpiar la puerta.

  • Beauséant

    Muchas gracias por un comentario tan bonito, MJ, me encanta viajar y poder compartirlo 🙂 Es un viaje del año pasado, acumulo historias, fotos, las voy dejando reposar y, cuando me lo pide el cuerpo, las voy sacando. Escribí sobre ello hace algún tiempo: https://www.elartistadelalambre.net/los-guardianes-del-soho/

    Por lo que he visto, creo que las personas se adaptan a lo que vengan. Igual que, por ejemplo, en Sevilla, son capaces de hacer vida con cuarenta grados, pues ellos saben conducir con nieve y tienen siempre una pala a mano. Aunque, también te digo que cuando hablas con ellos, te reconoce a necesitan escaparse al país del sol del vez en cuando.. Aunque, claro, tienes razón, el clima anda tan revuelto que es casi imposible saber lo que te vas a encontrar, ¿verdad? El Febrero que estamos teniendo me ha parecido una auténtica locura, y me temo que sólo es el inicio de algo que no sabemos muy bien cómo acabará, pero que, me temo, no traerá nada bueno. Nos tocaría cambiar mucho nuestra forma de vivir, y creo que nadie quiere cambiarlo.

    Un abrazo, y muchas gracias

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