el espíritu de la guerra

El espíritu de la guerra es el rostro de una muchacha que sabe que será violada.
Así comenzaba el último libro del poeta que murió fusilado al terminar la contienda. Un folio doblado en cuatro junto al lugar donde aún latía su corazón. Un escudo de tinta y papel frente a la pólvora y el metal.
El bando, la identidad de quienes lo pusieron frente al pelotón de fusilamiento no importa. Importan los rostros, grises como jirones de niebla, los uniformes de color parduzco, los puños apretados sobre el acero. Importan los gritos guturales, las órdenes ladradas por gargantas primitivas que habían olvidado el lenguaje.
Y en cada uno de esos rostros, el poeta veía el rostro de su hijo: desdibujado por el miedo, tragado por la obediencia, perdido en algún frente ajeno a cualquier territorio.
El espíritu de la guerra lo arrastra todo a su paso convirtiendo cada acto en inevitable. Su capa negra cubre los campos de batalla y, tras ella, llegan los cuervos de la historia que acuden a picotear entre una confusión de gloriosos cadáveres.
Hombres y mujeres convertidos en espectros; rostros detenidos en un grito que nunca llega a producirse; relojes inmóviles en un tiempo fuera del tiempo: el tiempo de la guerra.
Las letras del poeta se vuelven cada vez más confusas hacia el final. Trazos inseguros, como si su mano temblara con la misma fiebre que arrasaba el continente. Entre esos restos de tinta, aparece repetido, sin orden, el nombre de su hijo. Lo invoca como quien reza a una presencia que ya no sabe si existe, una plegaria muda y sorda; un intento desesperado de imponer un hilo de sentido en la locura.
El nombre de la muchacha, sin embargo, no es vedado. Nadie lo escribió en ninguna parte. Su nombre, como el de tantos otros, se había convertido en silencio; su rostro era ya, simplemente, olvido.
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2 Comments
BDEB
Ese espíritu de la guerra cada vez más presente en nuestras vidas.
Muchos poetas como el de tus letras, muchos inocentes que en ocasiones no pertenecen a ninguno de los bandos, muchas muchachas, todos víctimas de ese espíritu que no cesa.
Genial Beauseant.
Un abrazo.
Eva
Un escudo de tinta y de papel… las palabras frente al horror, frente al olvido. Es bien triste el espíritu de la guerra, a pesar de los hermosos ojos tristes de la muchacha que espera, un resquicio de luz que se apagará.
Tus palabras también son muy hermosas, Beauseant, un escudo de tinta y de papel.