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buscando el mar

Cada año miles de personas se lanzan a una incierta búsqueda para lograr encontrar la playa perfecta, la arena más fina y el trozo de playa menos concurrido.

Dejan todo a sus espaldas, hogares, trabajos y promesas atraídos por una especie de sueño colectivo. Es fácil reconocerlos vagando sin rumbo por los arcenes de las autopistas, esperando desnortados en los aparcamientos de los centros comerciales. Cuando hablas con ellos no sabrían decirte el porqué de esa búsqueda, hay algo extraño en sus miradas, algo que no es fácil de explicar. Algo que, si no tienes cuidado, podría atraparte.

A veces, al despedirte de ellos, te entregan algo de lo que han recogido en el camino, un trozo gastado de cristal que brilla como un raro caleidescopio, una concha, pequeña y retorcida como una promesa. Te lo entregan como un preciado tesoro, mucho más importante que todo lo que han dejado a sus espaldas.

No todos lo logran, muchos desaparecen sin dejar un rastro al que aferrarse. No regresan a sus antiguas vidas, pierden el camino de vuelta y son llorados con rabia por sus familias durante meses antes del olvido definitivo. Sólo las madres son capaces de llorar el resto de sus vidas atrapadas en un recuerdo.

Todos lo saben, cuando comienzan el camino saben que el éxito no le es prometido a nadie. Conocen los peligros, las dudas y los miedos, pero ninguno retrocede una vez dado el primer paso. La playa perfecta espera a aquellos que sepan resistir, a los que no albergan dudas en esa mirada extraña que el resto de nosotros no sabría explicar.

15 Comments

  • evavill

    Todos queremos llegar a un lugar idílico y donde no haya nadie, pero me temo que esos lugares ya no existen.
    Al menos en agosto, no.
    ¿O es una metáfora de algo más?
    La perfección, pues yo creo que no existe. En nada.
    Está claro que no formo parte de ese grupo selecto 😉

  • beauseant

    El problema, CABRÓNIDAS, es que creo que la mayoría llevamos nuestros demonios con nosotros. Por mucho que corramos, por muchas puertas que cerremos a nuestras espaldas, ellos van con nosotros. Visto así quedan pocos lugares de huida.

    Razón en ambas cosas, EVAILL, como de costumbre 😉 Quedan pocos lugares y sí, era una metáfora, de las cosas que buscamos pero que no existen, de esa extraña necesidad de escapar pero de ser incapaces de ordenar nuestras vidas y, por último, lo absurda que es esa búsqueda frente a los que huyen por verdadera necesidad y se quedan en el camino. Por eso hice la foto, por las dos figuras de abajo y la de ahí arriba que parecía una amenaza… No escribí nada de eso porque, bueno, porque a veces uno no sabe cómo escribir y usa metáforas no muy bien hiladas. Gracias por intuirlas 😉

  • Toro Salvaje

    Supongo que yo también alguna vez pensé así… buscando lo imposible.
    Ya no.
    Hace tiempo que todas esas pavadas han desaparecido de mi vida.

    La foto me aturde, no sé si por lo árido o por el esfuerzo inútil de quienes patean en ella.

    Saludos.

  • Luz

    Oh, ¿hiciste la puesta en escena de la foto o fue una instantánea?
    Ambas son alucinantes porque si fue una instantánea y tropezar con el escenario perfecto, uf.

    Para mí has relatado toda la parafernalia de las vacaciones.
    Que no solo son un parón de la rutina, un intervalo a los días programados, un alto laboral, el calor y la necesidad de aire sino todo un ritual tal como lo has escrito y más elementos que fuiste sumando, como tú mismo explicas, con sentido metafórico.

    Sin obviar los finales trágicos… Vidas de vacaciones que se rompen y desaparecen buscando el maná del verano en una curva, una montaña una ola histérica, un despiste, una botella.

  • Krudo

    Me hiciste recordar una frase de un cortometraje español qué decía algo así como “son más mis ganas de buscarte qué de encontrarte”, ¿qué pasa cuando encuentras esa playa? ¿Si llegas a ella? ¿Vale la pena el dejar todo atrás? Digo porque acá en México muchos se van a EEUU dejando todo atrás pero siempre viven con un recuerdo que nunca existió, viven pensando que en México las cosas eran muy diferentes y los que pueden cuando vuelven se dan cuenta que se estuvieron mintiendo a ellos mismos.

    Aunque por otro punto ¿El escrito es referente a la fecha? Acá en el estado de San Luis Potosí, México, se cuenta una leyenda qué el 24 de agosto “el diablo anda suelto”…

    Te dejo un abrazo lleno de esperanza…

  • beauseant

    Es cierto, ALFRED COMERMA PRAT, y casi da lo mismo si es un Oasis real o una imaginario 😉

    Con el tiempo nos volvemos prácticos, TORO SALVAJE, aunque quizás esa no sea la palabra correcta. Yo sigo persiguiendo sueños, pero a diferencia de mi yo de antes, ahora sé que son sueños… La foto la hice porque me generaba una confusión parecida, tiene algo de truco, la hice con un tele y una apertura muy grande, por eso tiene ese aspecto un poco irreal.

    La foto, LUZ, es un poco ambas cosas, al llegar al sitio sabía que ahí acabaría apareciendo una foto, así que me senté con paciencia hasta que apareció algo que me contase una historia. Las dos chicas subiendo eran una buena composición, pero al ver la tercera ahí arriba un poco amenazante, supe que la tenía.
    ¿Sabes?, cuando veo a la gente, cuando me veo de vacaciones, me doy cuenta que todos estamos un poco locos, ¿verdad? Corremos como hormigas dementes y acabamos siempre en el punto de partida. Me hace gracia y me preocupa a partes iguales.

    Esa frase, KRUDO, es genial, resume tantas historias con precisión de francotirador. Lo hemos comentado alguna vez, creo, pero lo importante de las metas, de los sueños en general, es no llegar nunca a tocarlos, lo importante es estar a punto de hacerlo. Es fácil mentirse, claro, en especial cuando la vida se vuelve un callejón sin salida. Hay que ser valiente para marchar pero, sobre todo, para regresar.
    La fecha, no, ha sido casualidad, pero tendremos cuidado y guardo el abrazo en la caja de pandora, espero que esta vez no tarde tanto en salir 😉

  • Ángeles

    Creo que la foto y el texto encajan muy bien. Esa subida árida y polvorienta a la que se enfrentan las dos aguerridas veraneantes, y esa figura ahí arriba, como algo ominoso que esperase para darle un mal final a ese arduo recorrido…

    Por otro lado, pareciera que esas vacaciones obligatorias que algunos se imponen, o se dejan imponer, son a su vez una metáfora de la vida entera.

    Saludos.

    PD: “una concha, pequeña y retorcida como una promesa.” ¡Qué magnífica frase!

  • María

    Es cierto. ¿Por qué será que casi todos buscamos el mar? ¿qué hay de mágico en él? ¿por qué nos atrapa? ¿qué buscamos? aguas que nos purifiquen, o tal vez, hundirnos en las dunas de las arenas, o que la brisa nos acaricie, o el olor salvaje del mar nos embargue de energía.

    No lo sé. No sé qué buscamos. Tal vez libertad en un lugar paradisíaco. O tal vez huir de la monotonía. O respirar la naturaleza. Que nos oxigena.

    Pero ahí está. El sabor que nos deja el mar. Estuve unos días. Y voy a volver dentro de poco. Porque necesito revolcarme entre sus aguas. Para llenar mi invierno de recuerdos.

    Es tan bonita esta entrada. Un placer estar en tu casita.

    Un abrazo.

  • Gabiliante

    Los que tú describes no parecen los que buscan un sueño. Parecen los que llevan un tiempo deambulando sin encontrar nada, aunque no saben lo que buscan. Cingian en que lo sabrán en cuanto lo vean. Y ya llevan tiempo buscando , perdidos irremediablemente.
    Saludosd

  • Beauséant

    Gracias a ti, NURIA RUESTA ZAPATA, por pasarte. Un abrazo.

    Eso pensaba yo, ÁNGELES, que era una de esas composiciones que casi te la dan hecha 🙂 Me alegran tus comentarios porque siempre escarbas entre las frases para sacar algo, muchas gracias. Sobre las vacaciones, pues lo que dices, que a veces parece que nos lo tomamos como una obligación y es absurdo. Eso y el intentar hacer muchas cosas, que el final de las vacaciones no nos encuentre sin haber hecho de todo… agotador.

    Muchas gracias, MARÍA, es un poco todo lo que comentas. Da igual la estación del año, si te puedes bañar o no, si es un mar tranquilo o uno que intenta ahogarte, es imposible no estar cerca de él y no acercarte a saludarlo, a mirarlo… Es una presencia extraña que nos atrae. Quizás en el pasado, grabado en nuestro ADN, fuimos criaturas marinas.

    Esa es un buen punto de vista, GABILIANTE, nos obligamos a creer en algo, ¿verdad? Y que ese algo debemos buscarlo porque seguro que existe. Y, claro, si pasas mucho tiempo sin encontrarlo no puedes reconocer tu error, así que sigues buscando aunque ya no sepas el qué…

  • Patricia Plaza

    La playa perfecta está lejos de casa, porque sólo lejos de casa se puede ser uno mismo. Pero cuando estás en la playa perfecta echas de menos casa. Por eso la playa perfecta no es perfecta.

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