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una historia común

En la sierra de Guadarrama, a las afueras de Madrid, hay un puñado de construcciones dispuestas siguiendo la lógica que nace en la cabeza de los militares, que en algún momento observaron los mapas plagados de curvas y señales, desempolvaron los viejos manuales de sus tiempos en la academia, y fueron poniendo chinchetas de colorines que acabaron siendo, gracias al trabajo de otros, trincheras, barracones y polvorines.

Medio enterradas y perdidas entre la maleza es complicado hacerse una idea de sus disposición global, pero cada una de ellas forma un pequeño núcleo independiente de formas geométricas, generalmente hexagonales, muy similares a los que se pueden observar en los planos militares del siglo XVI. Fortificaciones herederas de un modo de hacer la guerra por medio de posiciones estáticas perfectamente definidas que eran tomadas por cargas de infantería reptando colina arriba. Años más tarde, los panzer y la blitzkrieg hicieron saltar por los aires la línea Maginot, y acabaron con esa forma tan ritual de matarse, pero en la España del treinta y seis, y de ahí en adelante, las cosas se hacían de la manera tradicional.

Si estos restos se encontrasen en Francia, se llegaría a ellos mediante un camino perfectamente asfaltado y señalizado que figuraría en todas las guías. Una vez al año, los veteranos de uno y otro lado, colgarían flores y harían promesas de paz que nadie escucharía, y los fines de semana se llenarían de escolares aplicados a los que les enseñarían en donde acaba la madre patria cuando se transitan ciertos caminos ya hollados de la historia.

En España debes caminar por una pista forestal e irte separando del camino para poder ver los restos entre la maleza. No hay placas ni inscripciones, y sólo quedan en pie las casamatas que servían de polvorín. La única pista sobre sus ocupantes y aquellos de los que se defendían nos la da un deteriorado escudo con un yugo y unas flechas trazado sobre el cemento.

Para los franceses aquello fue mucho más sencillo: El enemigo venía de fuera y, una vez sacado de la ecuación, es mucho más sencillo construir y defender una historia común. Algo que poder contar y repetir con una sola voz hasta convertirlo en algo real; de forma que si preguntamos a cualquier habitante de la República en que andaban desde 1940 hasta Normandía, todos podrán decir con orgullo que andaban metidos en la resistencia luchando contra los nazis. Las cuentas no cuadran, claro, pero no importa, es su historia y nadie les sacará de ella.

Al final son estas las cosas que nos acaban pasando factura, y después de estar todo el día con una pareja de norteamericanos muy simpática te reconocen, una buena ristra de botellines de cerveza mediante, que cuando les hablan de Francia piensan en la torre Eifiel, en baguettes recién hechas y en el muñeco michelín. Pero cuando piensan en España sólo aciertan a pensar en los dos fulanos pintados por un tal Goya que estuvimos viendo por la mañana en el Museo del Prado. Dos tipos ceñudos, enjutos, apenas indistinguibles uno del otro, metidos hasta las rodillas en un fango que amenaza devorarlos y, aún así, empeñados en darse muerte con unos enormes bastones que balancean sobre sus cabezas.

Sordo, loco y acosado por sus fantasmas, Francisco nos hizo el retrato perfecto. Y, lo siento, pero parece que ya no engañamos a nadie.

10 Comments

  • Athe

    Pues sí ya no engañamos a nadie. Pero también es cierto que las heridas de distinta naturaleza cicatrizan a distinta velocidad… tal vez falte tiempo.

    Besicos

  • Ybris

    Conozco bien esos restos desde el Alto del León en Madrid hasta Cueva Valiente y Pinares Llanos en Ávila.
    Están abandonados como si ya no fueran memoria de nada y como si no tuvieran nada que ver con el terrible cuadro de Goya que mencionas.
    Esa memoria no es todo, pero sí es importante.
    Y, por supuesto, para muchos no es lo mismo cuando hablamos de 1808 que de 1936. Allí venían de fuera, aquí de dentro.
    Como si en las guerras hubiera fuera y dentro más importante que la muerte injusta.

    Abrazos.

  • Beauseant

    Ya sabes, doctorvitamorte, la manera tradicional es la mejor manera de hacer las cosas… Para no moverse nunca 😉

    Me temo que lo del tiempo, Athe, lo llevo escuchando desde hace muchos años, y creo que va siendo hora de que los políticos, últimos responsables del problema, hagan algo por lograr ponerse de acuerdo aunque sólo sea en eso. Alemania ha pasado por cosas peores y ahí los tenemos, ¿no? Mientras sigan pensando sólo en las próximas elecciones y en hacer política a base del enfrentamiento en vez de con ideas, nunca saldremos de esta.

    Es verdad, dsd, no engañan a nadie, pero son capaces de seguir en el día a día como si nada pasase, sin tener que ponerse la zancadilla entre ellos cada dos pasos. Supongo que ese es el truco: saber que es mentira y seguir como si nada 😉

    En la próxima revisión del WordPress seguro que dejan poner música de acompañamiento, Ignis Fatuus 🙂 Lo de las sumas me daba muchos problemas, mejor con las letras.

    Cierto, Virgi, los fantasmas dejan de existir cuando dejas de hacerles caso y no les aireas más 😉 Aunque el Vichy y compañía seguirán siendo lo que erán, espero que la historia no lo olvide.

    Lo triste, Ybris, es cuando alguien nacido en España, como yo, acaba pensando que nos habría ido mucho mejor si nos hubiese invadido cualquier potencia de las que no pudieron invadir en siglos pasado. En mis momentos de delirio pienso que hasta nos habría ido mejor hasta siendo conquistados por los ingleses 😉

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