mi enfermedad

A mi lado la gente pasa apresurada, me entregan una mirada de lástima, con suerte una moneda arrojada desde las alturas, pero todos intentan confundirme con la mugre que brota de las paredes. Apenas son manchas borrosas, apresuradas, con una vida y una rutina que cumplir. Y entre todas ellas observo estáticos sus ojos cargados de inocencia. Demasiado joven e imperfecto para estar contaminado por el miedo de los adultos. Me mira extrañado, casi al borde de una sonrisa reflejada en los labios que me hiere y me traspasa hasta dejarme sin respiración.

Sus padres, una pareja joven y bien vestida, siguen su mirada y llegan hasta mí, al bulto que pretendían ignorar. Tiran de las mangas de su abrigo hasta borrarle la sonrisa, y componen sus poses de pareja estándar mientras le recriminan su actitud. Han construido un mundo de cristal para sus vidas. Un lugar sin miedos ni huidas a media noche. Un pequeño rincón donde un te quiero no suene como una amenaza ni tengas que ser prisionero de todo aquello que no entiendes. Como si de verdad dependiese de ellos y la fecha no hubiese sido ya decidida… No podrán evitar. Ocurrirá un día. El día menos pensado todo será un recuerdo. Pasado. Pretérito perfecto. Y no importará. No importará que creyeses haber sido feliz a su lado. No importarán las fotos de aquellas vacaciones en una playa del pacífico follando como locos. Ni que tan solo un par de años después parezca que por ti ha pasado un siglo. Nada de eso importará. El metro continuará pasando todos los días a la misma hora.

Sabía que por más que lo intentase terminaría hablando de palabras sin eco, de sueños desilusionados, de historias pasadas que hieren como balas, de cementerios abarrotados de vivos, de locos que lloran, y a veces ríen, y siempre tienen miedo, y creen en dioses falsos, y duermen en algún rincón oscuro sabiendo que todo es un teatro absurdo que no merece la pena entender…. Sabía que acabaría hablando del miedo, de mi miedo. Miedo a llorar y a no hacerlo, a que me veas y a que no… un miedo afilado como una hoja de afeitar, un miedo que corta y sangra y viaja en vagones de metro a la velocidad de la luz… mi miedo, tu miedo, ¿te suena?

No fue fácil. Llegué con apenas nada. Una dirección. El amigo de un amigo. Y agarrado siempre de mi mano lo más importante. Lo único importante. Cinco años. René. Mi principio y mi fin. Bofetadas de frío en mitad de la noche de una ciudad que nunca nos quiso entender. No fue fácil. Yo tenía una casa. Pequeña. Humilde. Tenía una casa para los dos. No éramos animales acostumbrados a dormir en el suelo. ¿Lo entiendes? Aunque te cueste creerlo, mi niño siempre estuvo alimentado y aseado. Mi enfermedad fue tener una ilusión, una aspiración. Mi enfermedad fue tener un sueño. Desde hace un mes despierto todos los días aquí, en esta estación de metro donde cada mañana voy suicidando cada uno los buenos propósitos que traje.

14 Replies to “mi enfermedad”

  1. Él mira hacia donde los otros ni se les ocurriría. Ve cosas, sueños, ilusiones, una mano que saluda, un gorrión atrapado en los túneles.
    Somos nosotros los enfermos.
    Besos besos

  2. Un aplauso fuerte, artista, por esa mirada marginada que se mira desde otra mirada inocente.
    Y por esa reflexión del ignorado que sabe del fracaso de los sueños y del mundo de papel que encarcela a los inconscientes que sólo ven la mugre siguiendo la mirada inocente de sus hijos.

    Tus relatos son, siguen siendo, un impacto lúcido y tenebroso en la realidad desde la belleza de las palabras.

    Un abrazo.

  3. A no ser doctovitamorte que soñemos los sueños permitidos, esos sólo llevan impuestos…

    Muchas gracias, Fran

    El problema virgi es que parece que vamos confundiendo cada vez con más frecuencia la supervivencia con una carrera donde debemos aplastar a todos los demás. Y parece eso, XXXXXX-Desaparezca aquí-XXXXXXXX, que es de mal gusto pararse un momento a soñar.

    Los niños, Duquesa de Katmandu tienen esa extraña facilidad de sentirse cómodos en los lugares más extraños.

    Un placer tenerte de vuelta, Ybris. Supongo que es normal intentar apartar nuestra mirada, y la de los nuestros, de todo aquello que no podemos cambiar y nos incomoda con su sola presencia, pero hacer eso sólo es caer en la hipocresía.

    Nunca he sabido, Salomé si los cambios son buenos o malos. Las líneas rectas son terriblemente aburridas, pero al menos sabes lo que puedes esperar de ellas.

  4. Una historia preciosa, sin ilusiones, sin sueños,..Pero que se mantiene con los recuerdos de aquella casa humilde.
    Y sirve para recordarnos q no siempre vamos a tener lo q tenemos ahora, aver si así lo valoramos más.
    Un beso.

  5. el complicado equilibrio, vanessa, entre conformismo y ganas de seguir buscando…

    y ese equilibrio que vive, claro, en el punto medio, ese punto que nadie sabe donde se encuentra exactamente…

  6. comment que nada tiene que ver con el post pero que comprenderá que de pronto no se donde ponerlo:

    Siempre va a ser un placer que pase por los duendes. SE le aprecia.

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