los árboles en periferia
No quedan árboles en Periferia. Tampoco vuelan ya los gorriones en sus cielos.
Es difícil adivinar que despareció primero porque no había nadie mirando, estábamos demasiado ocupados en nuestras pequeñas burbujas de irrealidad.


Desaparecieron los árboles pero queda su presencia. La sombra de su paso, como los fantasmas de Nagasaki. Guardianes, espíritus a los que nadie informó de que habían perdido la guerra y siguieron luchando hasta el fin de los tiempos..


Los soñadores afirman que en primavera ven florecer esas sombras, que ven flores y hojas brotar. Ven, incluso, las esquivas sombras de los gorriones sobre ellas, y señalan con voz temblorosa que pronto volverán las flores a Periferia.


Los pesimistas movemos la cabeza —eso es lo que mejor sabemos hacer, mover la cabeza— y decimos que no hay nada que hacer. Con el tiempo todos seremos sombras, y nadie vendrá a soñar con nosotros en primavera.
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La terapia de la negrita
22 Comments
Alfred Comerma Prat
Ese mover la cabeza no tiene por qué ser aceptación de lo evidente. tampoco una lamentación ante lo perdido. Digamos que es una afirmación ante recuperar
Franco Puricelli
Muy bello (y terrible al mismo tiempo). ¡Saludos!
BDEB
Supongo que es algo que suele pasar en la periferia, que suele acabar abandonada y hasta los gorriones buscan un lugar mejor, donde existan árboles frondosos para hacer sus nidos.
Aquí alguien se ocupó de hacer plantar unos arbolitos por todos lados, para que nadie “se quejara” jacarandas se llaman y los gorriones creo que huyen de ellas, los humanos “las maldecimos” a diario, sus flores pegajosas ponen todo perdido aunque por lo visto absorven la contaminación, quizás fue buena idea…
ConejoOdiaGuordpres
Soy de los “realistas”, miramos arbolitos y nos gustan y ya. Ni se digan los de Japón, UF.
Kansas
Esta es una de las entradas más oscuras de las que te he leído, quizás porque a lo largo de los años y debido a mis lecturas, he desarrollado una querencia por los árboles. Los árboles siempre me han parecido los guardianes discretos del tiempo. Pensar que desaparecieron sin que nadie lo advirtiera me resulta más triste que su propia ausencia. Tal vez los gorriones no se fueron cuando cayeron los últimos árboles; tal vez empezaron a irse mucho antes, cuando dejamos de prestar atención.
(Creo que tendríamos que leer Árbol de Aya Koda, Beau. Es urgente 🌳📚)
Beauséant
Podría ser, Alfred Comerma Prat, podría ser. Lo cierto es que muevo mucho la cabeza, ante lo que entiendo, ante lo que no y, sobre todo, ante lo que me aterra, como di moviendo la cabeza fuese a desaparecer.
A veces, FRANCO PURICELLI, parece que ambas cosas van unidas de una forma, sí, terrible.
Parece, BDEB, que el ser humano es incapaz de hacer nada bien y debe elegir entre lo malo y lo peor. Tanto nos cuesta hacer algo bien?… no, no me contestes, lo sospecho.
Para mi un árbol es algo más, CONEJOODIAGUORDPRES, mucho más, un pequeño milagro. Es Japón es así, verdad? Tienen otra conexión con la naturaleza menos utilitarista.
Creo que estamos en un momento parecido, KANSAS, terminé de, digamos, convertirme con el clamos de los bosques. Son unas criaturas silenciosas a las que debemos tantas cosas, guardianes de la vida, custodios del tiempo… me ha mandado el título al correo para no olvidarme, acepto el reto, o la orden, lo que sea… pero, tremenda duda, leemos en papel o en electrónico??? Lo dicho, el ser humano nunca hace nada bien.
Toro Salvaje
Más sombras que luces… en el pasado y en nuestros futuros.
Saludos.
Joselu
Ante la desesperanza y la contemplación de la vida como un terreno vacío casi inexistente, como esas radiografías de los árboles en negativo, solo nos queda pensar que no hay nada que no haya poseído un sentido por más extraño que haya podido ser. Puede que nadie venga a soñar con nosotros en primavera, pero hemos sido seres enamorados y el amor es más fuerte que la muerte, como escribió Quevedo. Hemos prolongado el eco a que respondemos, y hemos llegado hasta el fondo, aquí parafraseo a Hernández. Por más tristeza que haya en algunos momentos de mi vida, no pienso que los árboles dejen de dar sombra, y de atraer a pajarillos, y que llegará el otoño y se desvestirán para mi maravilloso placer. La primavera me amedrenta.
Milena
Creo que no sobreviviría sin la compañía de los árboles…
Qué poético tu texto, muy inspirador…
Y no, no seremos sombras…
Ya somos… sombras
Seremos Luz
t&e
Y esa será la única y verdadera manera de estar de verdad… Muertos.
Mento
Te compro lo de que ya no hay gorriones. Su población ha menguado en los últimos años. Pero no lo de soñar. No se puede estar ni a un lado ni otro. Aunque la dureza de la posición media no hay con qué cogerla.
Mientras comento escucho fuera los gorriones, este año parecen más en las afueras de mi ciudad, por eso me vine al campo, eso es literal. La esperanza que como pájaros se resiste cada año en las periferias solo puede ser rela si la sueñas, si la peleas.
Un beso.
miquelcartisano
No, no quedan árboles. Se han secado hace mucho, y los que no, los han arrancado de cuajo.
Beauséant
Pero, Toro Salvaje, ¿es un problema de la edad o de los tiempos?, quiero decir, si nuestros cuerpos fuesen más jóvenes, ¿habría más luz?
Es una preciosidad eso que has escrito, Joselu, casi debería formar parte del texto. Con tu permiso, lo copiaré en la siguiente tanda de fotos de los árboles, ¿me das permiso? Somos la huella que dejamos, el eco de nuestros pasos… a veces hay tristeza, a veces hay dolor, pero entonces aparece esa sombra y esos pajarillos y todo cambia.
Muchas gracias, Milena, no podríamos vivir, ni física ni mentalmente. Mi espíritu necesita verde, necesito el frescor de las ramas… Seremos luz, me gusta, aunque sea una luz pequeñita, no pido más.
Ahí llegaremos, t&e, no sé porqué algunos parecen tener tanta prisa por llegar.
Empecé a escribir el texto, querida Mento, al darme cuenta que en Periferia cada vez había menos. Ahora hay una especie de cuervos malhumorados y esas azuladas que son pura maldad, no recuerdo el nombre… no, nunca nos permiten el punto medio, siempre a un lado o al otro, a favor o en contra… es agotador, en especial cuando nadie lleva la razón.
Los árboles, miquelcartisano, son criaturas peligrosas, a esa conclusión han llegado algunos políticos. Están mal plantados, por lo que tienen poca raíz, mal cuidados, por lo que han crecido mucho sin control y, cuando llega el mal tiempo, las ramas se caen y hay desgracias personales. ¿Solución?, ¿plantarlos mejor?, ¿cuidarlos? Na, mejor los talamos… Y ese es el resumen de nuestro sistema.
Carlos Perrotti
Periferia nos congrega e interpela una vez más… Irreal es sólo aquello que no podemos soñar. Y qué tendría de irreal sino lo aún insondable tratándose de revelar?
Abrazo admirado hasta allá!!
Gabi C S
Las radiografias proyectando sombras son mas irreales que las propias sombras.
Unas imagenes de album de fotos.
El otro dia , hace menos de 20 años, vi un gorrion en un parque.
Y ahora, aunque los alérgicos se me echen encima, hago un alegato por los plátanos sombreros; cuando los veo me dan sensacion de estsr en “casa”.
Abrazooo
Joiel
Mundo a escuadra y cartabón, la línea se pierde en sí misma. Hacen falta garabatos y renglones torcidos hacia lo irreal.
evavill
El texto me encanta y también las fotos.
Me atraen muchísimo las sombras de los árboles y de las hojas tanto en los muros como en el suelo.
Donde viven los adinerados siempre hay más árboles, más pájaros, olores perfumados y hasta silencio.
Abrazo
Clarisa
Hola, Beau… Lo triste es que ellos estaban aquí antes que estos seres de alambre de espinos que parece somos… Y parece que sólo sabemos hacer daño a otros, a Naturaleza la tenemos desollada… Siento admiración, respeto y un amor que no sabría catalogar por cada árbol que se cruza ante mis ojos. Desde pequeña recuerdo cada árbol que formó parte de mi familia. Qué belleza de texto y aunque algo triste, es una tristeza necesaria, nos acerca a la realidad de lo vivo y que todas las ‘almas’ son iguales de importantes, necesarias, luminosas, aunque sólo quede de ellas sombras del pasado. Las imágenes son preciosas, más por lo que se intuye que fueron, por esos gorriones que un día poblaron con su alegría…
Lo cierto es que no sé si los árboles de las zonas bulliciosas saben que un día también sentirán la soledad en Periferia… O tal vez le nazcan alas y se hagan voladores…
Hasta pronto.
Alma Baires
Si pudiera enviarte una foto de mi jardín para compensar, lo haría. Ahora que ya -casi- están los días en los que puedo dormir con las ventanas abiertas, se escucha un concierto de pajaritos… las pequeñas ventajas de vivir en un pueblo en montaña, supongo.
Un beso.
Etienne
Creo que los humanos deberíamos imitar a los gorriones, dejar las ciudades, abandonarlas para siempre y mirar hacia el campo, ahi hay árboles frondosos, aire más puro y horizonte infinito.
Creo que no hay que dejar de soñar, de creer en causas imposibles, de mirar los bosquejos de un plan destinado al fracaso, porque los que fracasan son los que dejan de intentar.
Creo que los arboles son sabios, en su parsimoniosa quietud de raices y su cadencia de ramas sacudidas por el viento, nos enseñan paciencia y tozudez, nos muestran el camino sombreado por el que se llega a la meta.
Manuela Fernández
Magnífico. Te aplaudo.
SAludos.
Beauséant
Periferia siempre presenta, Carlos Perrotti, en lo que somos, en lo que fuimos y, claro, en lo que seremos, aunque estemos lejos de ella. Nos quedan los sueños, y nos queda la rabia, ¿será suficiente?
Como esos negativos de fotografías de mi infancia, Gabi C S, me fascinaban porque enseñaban el mundo real, pero diferente, los rostros parecían gritar, las luces eran extrañas… Recordamos el hogar por ese tipo de cosas, y los pobres plataneros bastante tienen con nuestra contaminación y nuestros suelos de hormigón, no les culparé de mi alergia, no te preocupes.
El territorio de nuestra infancia, las pistas de fútbol, los bares, todas esas coas, Joiel, no caben en las líneas rectas de un mapa. Nuestra única escapatoria son los renglones torcidos, sin duda.
El código postal, evavill, define lo que somos con una precisión que asusta. Incluso en los colegios públicos depende mucho de la zona, lo mismo para las zonas verdes… sí, para todo.
Muchas gracias, Clarisa, por un comentario tan lleno de vida. Los árboles son un pequeño milagro, pero viven en silencio y pasan desapercibidos. Yo también recuerdo cada árbol, ahora tengo la suerte de ver un pequeño peral, lleva ahí unos años, aferrado a la tierra y creciendo con fuerza, contengo la respiración para que sea así, para que siga mucho después de mi marcha… será bonito dejar detrás.
La periferia avanza implacable, se come los árboles, las zonas de cultivo, los árboles no saldrán volando, son demasiado orgullosos.
A veces tengo la tendencia a idealizar la vida de los pueblos, Alma Baires, y sé que puede ser una vida dura, pero es cierto que me pregunto muy a menudo que hago metido en Periferia. Aunque no tenga foto, creo que he hecho una en mi cabeza.
Llevamos la destrucción en nuestros corazones, Etienne, no somos capaces de levantar el pie del acelerador aunque nos vaya la vida en ello, y, ¿sabes? nos va la vida en ello. Pero es cierto, no debemos dejar de soñar, intentar ser árboles, llevar nuestra vida sin ruido, sin causar tanto estropicio, sin tanta prisa ni tanto ruido… No lo lograré del todo, pero si me acerco un poco, ya será mucho.
Muchas gracias, Manuela Fernández, un placer verte por aquí.