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libros eléctricos

libros eléctricos

Ella me enseña el pequeño aparato con forma de cuaderno y me dice: aquí dentro caben más libros de los que podré leer en toda mi puñetera vida. Me encanta como pronuncia la palabra puñetera, casi con deleite, deteniéndose en cada sílaba un instante y mostrándome sus labios enmarcados por un reborde del café que nos acabamos de tomar. Yo le hablo del placer de abrir un libro recién comprado, del ruido de las hojas e incluso del olor que desprenden. De cómo años después puedo abrir un libro y encontrarme con ramitas y manchas que me recuerdan donde lo leí por última vez y las manos por las que ha pasado. Ella me mira con la boca fruncida dispuesta a responderme, pero me pierdo parte de la frase ocupado en recorrer sus labios desde la distancia. Piensa, me dice, en la cantidad de libros que tienes, mira el espacio que ocupan y divídelo entre lo que pagas de alquiler. Es absurdo, concluye, posando la taza sobre el platillo.

Cuando pedimos la cuenta rebusco algunas monedas en el bolsillo y ella me detiene con una mano mientras con la otra lanza la tarjeta de crédito al camarero con habilidad de crupier. Entre los restos del bolso veo un reproductor de música diminuto y un móvil con una pantalla que parece un espejo y que acaba de sacar para comprobar algo pasando el dedo sobre la superficie pulida. Ella es una mujer de este siglo, y yo no soy más que un pobre romántico aferrado a unas ideas de otro siglo o peor, me dice justo antes de darme un beso de despedida, que quizás sólo existieron en los libros que has leído.

La veo alejarse Gran Vía abajo y me pregunto cuando este tiempo dejo de ser mi tiempo. Si ha sido algo gradual o si simplemente una mañana desperté fuera del sitio que me correspondía, pero cuando llego abajo y me acurruco al fondo del vagón del metropolitano abro el libro que me acompañaba, me arrullo entre sus páginas y todo vuelve a estar en orden.

14 Comments

  • lademarbella

    Nada puede sustituir al libro sobre el papel. El libro no son solo palabras escritas con cierto orden y razon. Tu lo describes muy bien, el pasar de los dedos sobre cuartillas con restos de otros días, de otros lectores, sensaciones, sentimientos, recuerdos anclados entre tinta y celulosa. Muy bien expresado. Un placer siempre

  • Uno De Barba

    Yo me quedo con mis libros, con mis libros de carne y hueso. No es de poeta maldito, no, ninguna pretensión. O si, no sé. Los libros electronicos me generan algo raro.

    Me gustó mucho este texto, che.

    Saludos.

  • Lady Day.

    Nunca me han gustado demasiado los libros electrónicos, la magia de las páginas de papel me sigue atrapando mucho más. Hay cosas a las que no me apetece renunciar, supongo.

    Un beso.

  • M.

    Nada, solo que en el camino entre la decimosexta edición a la millonésima reproducción digital con suerte queda una nadita, una brizna de aura. Saludos.

  • Lucía

    En algunas cosas, en mi opinión, es mejor estar algo obsoleto. Quizá los libros ocupen mayor espacio, pero no cambiaría por ninguna tecnología el poder pasar tranquilamente sus hojas…

    Saludos

  • Beauseant

    Nunca se sabe lo que nos depara el futuro, lademarbella, algunos abrazan con entusiasmo los cambios, y los románticos del Dr. Espinosa resisten con un punto de orgullo el paso del tiempo, intentando convertir en modo lo que se había quedado anticuado.

    Es un gesto poco natural, Uno De Barba Quiero decir, metes el libro desde el ordenador, lo cargas en la pared como si fuese el móvil, es raro, ¿verdad?

    Por desgracia Lady Day, alguien decidirá por nosotros 😉

    Sin embargo, M creo que estos libros pueden servir para eso: para rescatar libros olvidados por las editoriales. Ahora mismo puedes encontrar libros descatalogados que en condiciones normales te llevaría muchas horas de trajinar por tiendas de segunda mano. Eso sin contar la posibilidad de autoeditarse con coste casi cero.

    Como se enteren los fabricantes, Lucía mañana mismo te ponen un efecto que suene a pasar hojas en los libros electrónicos 🙂

    Habría que hacer una comparativa de edades, es verdad, virgi. Al final no somos tan distintos como nos queremos creer, ¿verdad?

  • mon von

    Prefiero el romanticismo del olor y el tacto de los libros, pero no me molesta bajar libros y andar con mi aparatito para todos lados, jajaja creo que tenemos la fortuna de poder mezclarlo. 😀

    Un placer,

  • Vanessa

    A veces se forman estos paréntesis en el tiempo y luego no sabemos si lo hemos vivido realmente o sólo lo hemos soñado. Con suerte, estos paréntesis se quedan grabados en las páginas de algún libro.
    Besitoss!

  • Beauseant

    no es mala alternativa, mon von, uno no puede comprar todo lo que quiere leer en papel 😉

    yo también creía vanessa que era más sencillo buscar algo en un libro en papel, con el tiempo me he dado cuenta que, bien organizado, buscar en digital es mucho más eficaz y eficiente … Pero, claro, menos romántico…

  • Beauseant

    cierto Tristancio, pero los libros electrónicos siguen siendo libros, quizás un poco como la leche de los supermercados, que sólo tiene de leche que es blanca, pero, oye, es leche…

  • dsd

    Ahora que se han empeñado en recordarme que tengo el mismo móvil desde 2007 y después de perder un número impar de tardes buscando una oferta que me seduzca en alguna compañía, estoy decidida a quedarme con el mismo o a acabar directamente con la línea. Ideal romántico no sé pero estas tecnologías de bolsillo me aburren.

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