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las intermitencias de la muerte

Al escribir hace poco sobre las vacaciones de la muerte recordé que el argumento pertenecía a una de las grandes novelas de Saramago, mi querido Saramago: las intermitencias de la muerte. Y, tirando del hilo negro de la (des)memoria, llegué hasta el recuerdo de una de esas personas que se cruzaron en mi vida para cambiarlo todo de sitio.

Unos años luminosos, así los recuerdo, quizás porque los cubro del brillo dorado de la juventud, quizás porque estaban habitados por su presencia. Su presencia, sí, su forma de estar en el mundo que no admitía concesiones, y su sonrisa, una sonrisa que atravesaba con sus rayos de luz todas las nubes negras de mis días.

Era alguien ridículamente feliz. Una felicidad acorazada, a prueba de telediarios. Una felicidad, extraterrestre, construida sobre una renuncia absoluta a intentar entender el mundo en que vivía. Apenas encendía la televisión, huía de los periódicos, y el único libro que había leído —y de esto todavía dudo— era el de la autoescuela. Tampoco sabía distinguir entre ministros, portavoces de la oposición o presidentes del gobierno.

Esas eran las bases de su felicidad.

Uno de esos días en los que yo intentaba explicarle los cimientos de mi mundo, le hablé del autor de ahí arriba, de Saramago, mi querido Saramago. Para mi sorpresa, su rostro se iluminó con esa sonrisa que aún hoy me da calor al recordarla. Me dijo que sí, que lo conocía, por supuesto, que había leído muchas frases suyas en internet.

Tras un silencio en el que intenté masticar mis dudas, me confirmó el error: pensaba que hablábamos de Paulo Coelho, mi denostado Paulo Coelho.

Supongo que podría fechar en ese preciso instante el final de lo nuestro, el momento en que comprendí que éramos imposibles. Pero tardé mucho más en darme cuenta del todo. No me juzguéis con dureza: es difícil ver la realidad cuando los rayos de sol te ciegan por completo.


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23 Comments

  • Toro Salvaje

    Todo tiene su principio y su fin.
    Gente que me fascinó en su tiempo se han perdido en el pasado.
    Qué pasó?
    No lo sé.
    A veces me lo recrimino pero no soy justo conmigo.
    Yo no sé lo que les pasó a ellos.
    Me cansé yo?, me aburrí yo?, o fueron ellos?, o todo?
    Evolucionamos, cambiamos… envejecemos, y tendemos hacia el cero absoluto.
    Y eso no ayuda.

    Saludos.

  • Cabrónidas

    Al final, o puede que no tan al final, siempre acabamos siendo nosotros y nuestras prioriodades. Luego está todo lo demás. Y siempre descubrimos, de una manera u otra, qué prioridades son.

  • Frodo

    Están quienes dicen que la felicidad de la ignorancia, de una vida lo más simpe posible, es lo mejor para no hacerse mala sangre (para no pensar en la muerte, digamos). Yo soy de la escuela contraria, creo en el placer de saber, de aprender, de descubrir y vivir una vida mejor. Soy de los que piensan que entender los chistes difíciles de Les Luthiers o que mirar una estrella y saber que esa luz salió desde allá antes del nacimiento de uno, nos hará más plenos. Claro que el precio que se paga es comprender que somos finitos, y que la pérdida de un amor es para siempre… un ensayo de la muerte.

    Abrazo, Beau. Que te sea leve la existencia.
    Gran entrada.

  • BDEB

    Supongo que hay a quienes el vivir ajenos a todo les va bien y encuentran esa felicidad que otros andamos buscando. Puede ser que esa misma felicidad sea la que nos ciegue a nosotros y hasta nos contagiemos de ella, hasta descubrir que no, que ahí no es.
    ¿Juzgar? Para nada, no deberíamos hacerlo.
    Un abrazo Beauseant.

  • Eva

    Los encuentros y desencuentros con los otros a menudo dependen más de lo sutil (un detalle nimio, una mirada, un gesto…) que de las grandes cosas. De pronto se rompe el encanto y aparece una rana sin ningún atisbo de recuperar su condición principesca, y sin vuelta atrás.

  • Beauséant

    No hay forma de saberlo, Toro Salvaje, y por mucho tiempo que pasemos recorriendo esos pasos, no llegaremos a parte alguna. Sólo queda dar las gracias por ese tiempo compartido, por las cosas que nos enseñaron porque, quizás, nos hicieron un poco mejores personas.. El resto no tiene sentido, no podemos saberlo, sólo hacer literatura con ellas.

    Las prioridades siempre salen a la luz, Cabrónidas, es es verdad. A veces ni tan siquiera de manera consciente, ¿verdad? Pasa el tiempo y te das cuenta que tus decisiones, todas ellas, iban en una dirección que, entonces, ni tan siquiera podías intuir.

    No sabría decirte lo que prefiero, estimado Frodo, sé que mi forma de ser no acepta esa pasividad, que siempre quiero respuestas, me gusta construir, saber, avanzar.. pero, no sé si eso aporta felicidad. Conozco gente creyente y parece feliz con ese orden en el universo, hablo con gente que apenas ha leído un libro y sin embargo tienen mucho que contarme.. yo siempre parezco enredado en los mismos pesares. Pero, claro, no podría vivir de otra forma, ese lo tengo claro, así que intento hacerlo lo mejor posible… Es verdad, ambas entradas parecen hablar de la muerte, ¿verdad?
    Gracias por tus palabras.

    Eso si lo he logrado, BDEB, dejar de juzgar y de andar poniendo mis gafas de ver a cada existencia 🙂 Hay muchas formas de vivir, mientras no hagan daño a otras, me parecen válidas aunque no las entienda. Es más, las que no entiendo, me parecen fascinantes. La felicidad andará por ahí escondida, lo mismo es cuestión de dejar de buscarla, como una bufanda que tuve y estuvo perdida cuatro años.

    Algunas personas te dirán que hay que ponerse gafas de sol, Mónica Frau, pero esos rayitos de sol eran tan agradables que prefería la ceguera todo el tiempo que me fue posible.

    Es algo terrible, ¿verdad? Eva, como ver el truco de un mago. Era algo que te fascinaba y, una vez descubierto el truco, ya nada es igual, es imposible volver a creer en la magia.

  • t&e

    Somos complicados y seguramente por eso nos llevamos alguna que otra decepción. ¿Pero y si le damos a la tecla de invertir a ese relato que pasaría?
    Ves a mi me ocurrió lo contrario con aquella mujer. Luego fue como si me apagaran de golpe la luz durante un tiempo.
    Ahora sigo siendo el eterno buscador pero como se que nunca voy a encontrar a pesar de haber estado con otras personas parecidas lo que busco que además seguro que no se que es realmente, miro la belleza que me rodea y luego paso un ratito con sus cabecitas. Aunque realmente no me he fijado si dejo de mirar esa belleza física o no. Ahora que lo dices quizás debería. Pero realmente creo que nada me va a terminar haciendo mas feliz.
    Seguiré buscando hasta que llegue la hermana de “Sueño”

  • Milena

    A veces uno queda deslumbrado por lo que se desconoce… entiendo ese final, esa imposibilidad… uno reflexiona, pone las cosas en su sitio.
    Aunque ¡que no nos quiten lo bailado!

  • Sabius

    Yo sería incapaz de vivir ajeno a lo que me rodea, sin embargo, eso no quita para que sea cada vez más selectivo, con lo que tengo alrededor. Al final todos evolucionamos (y seleccionamos) y lo que ayer nos parecía inmenso y luminoso, hoy lo vemos pequeño y oscuro. No es culpa de nadie. Es la vida.

  • Diego

    Al menos conocía a Paulo Coelho 🙂 Hay mucha gente que nos desilusiona en cuanto rascamos un poco su personalidad. Igual que nosotros desilusionamos a mucha gente en cuanto rasca un poco la nuestra. Es difícil, si no imposible, encontrar tu complemento ideal. Y yo creo que es mejor utilizar el método de “ensayo, error” que encontrarlo. Eso sí, a mi Saramago que no me lo toquen, he leído casi todas sus novelas.
    Los rayos del sol es lo que tienen: en cuanto dejas de ad-mirarlos ya es demasiado tarde: te han dejado ciego.

  • Beauséant

    Es una sensación extraña, sí, Citu, idealizar las cosas es siempre peligroso.

    Yo sé que sigo buscando algo, t&e, pero tampoco tengo qué es o, ya puestos, si existe o si simplemente es algo que llevo dentro, una idea un concepto, de lo que soy, de lo que quiero ser. Quizás todo se reduzca a buscar, quizás la felicidad sea eso más que encontrar, porque muchas veces lo que encontramos no decepciona porque todo brilla más en nuestra imaginación. ¿Y si damos la vuelta al relato?, pues lo mismo, creo que soy una persona bastante decepcionante cuando se me conoce, conocer las cosas nunca es buena idea 🙂

    Esa es la idea, Milena, no ahogarse en los reproches, abrazar los momentos pasados, los aprendizajes recibidos, y hacerlo con alegría. No debemos renegar de lo que somos ni de lo que hicimos, porque todo forma parte de nuestra vida.

    Es la vida, Sabius, mira que me fastidia esa frase, por más que sea cierta 🙂 Pasa con todo, ¿verdad? Por eso nunca he vuelto a leer a mis autores favoritos de la adolescencia, ni he regresado a las viejas películas. A veces , por casualidad, reponen alguna serie que me maravilló en su momento, y tengo que salir corriendo al primer capítulo para no ahogarme 🙂

    Sin duda, Diego, estaría bien tener la otra versión aquí, ¿qué diría de mi?, seguramente su lista de reproches sea mayor que la mía porque yo nunca puse rayitos de luz en sus días, eso seguro 🙂 Ir probando, sí, hasta encontrarte a gusto y sabiendo que ese ideal, ese norte al que apuntamos, no existe. Ensayo y error, caer y levantarse…. así es.

  • Miquel Cartisano

    Saramago y José Luis Sanpedro, (la sonrisa etrusca) son mis preferidos.
    La novela que te refieres, de Saramago, es hasta un punto irónica, fastidiaría mucha industria (decesos, seguros, pompas fúnebres, floristerías,…ufff
    Un saludo

  • Joselu

    Estoy leyendo un ensayo que se titula ‘Tropezar con la felicidad’ y el autor es Daniel Gilbert. De momento me está reteniendo e interesando mucho. No es un libro de autoayuda -los detesto- sino una inmersión en el concepto de felicidad y los imposibles apartados para intentarla definir. ¿Qué es preferible? ¿La felicidad del necio o la insatisfacción del sabio? Tu admirado amigo te desilusionó porque en su felicidad intuías la sabiduría y la densidad humana, pero cuando descubriste su simpleza real, se te vino el mundo a los pies. Para amar a alguien es preciso admirarlo. Esto es lo que he aprendido de la vida. Me gusta estar junto a personas a que admiro y no me gusta que me admiren, lo detesto. Es algo que me sale de dentro. No me gustan los halagos, no me gusta seducir sino interesar, hacer cómplices. Todos aspiramos a la felicidad, es una ley universal. Todo acto nuestro se encamina a encontrarnos con la felicidad, otra cosa es que podamos conseguirla, algo que no es fácil.

  • Gabi C S

    Eso te paso porque los extremos se atraen. La gente alegre nos fascinante sobre todo alos menos alegres. Que no eslo mismo que triste. ¿Quién nos metió en la cabeza que el objetivo de ls vida es ser feliz? Alguien que pretendía la frustración universal. Ahora es un axioma.
    Ayer dijo una smiga: no conoces a tu marido hasta el dos del divorcio. Parece que es una frase conocida wue yo no conocía. Aunque creo que no viene a cuento; no sé cómo he divagado hasta ahi.
    Abrazooo

  • Joiel

    Para sentarse a orillas del río Piedra y llorar y maldecir y ahogar el amor, todo ello en menos de once minutos.
    Paulo Coelho, dios, Paulo Coelho… Todos los nombres niegan llamarse Paulo Coelho.

  • Ángeles

    Qué desilusión. Cada uno tiene su forma de ser feliz y a veces esas formas son incompatibles, aunque persigan el mismo fin.

    Has hecho una descripción excelente de un personaje que daría mucho de sí en una novela de… Saramago, por ejemplo 😉

    Por cierto, supongo que conoces la película “La muerte de vacaciones” (la de Frederick March, claro).

    Saludos!

  • Beauséant

    Saramago era un genio en esa mezcla que dices, Miquel Cartisano, la ironía, el humor fino sobrevolando novelas que, a veces, tenían ese punto absurdo. Es como leer filosofía de forma novelada.

    Para amar a alguien es preciso admirarlo. Me he quedado un rato masticando esa frase, Joselu, creo que nunca lo había pensado de una forma tan directa, pero creo que sí la he aplicado en mi vida. Me gusta admirar a las personas, es cierto, siempre busco ese algo que me atraiga. ¿Qué ocurre cuando descubres que esa admiración no era, en el fondo tan “digna”?, pues lo que comentas, que aparece la desilusión.

    Quizás no sean compatibles la sabiduría y la felicidad, quizás esa persona eligió con sabiduría escapar de la sabiduría. Aunque no sepa que hacer con ello, es algo que admiro en su forma de ser.

    No conocemos a las personas, Gabi C S, en general, hasta que vienen mal dadas. La forma en la que afrontamos las curvas de la vida, es la medida que tendremos como personas. La felicidad debería ser un objetivo en la vida pero, para mi, la forma de conseguirlo no es negociable, no podría “apagar” la mitad del cerebro para lograrlo….

    Maldecimos y ahogamos el amor, Joiel, y pasados esos once minutos, lo volvemos a buscar. El amor, la felicidad, nos decimos que la próxima será la buena, que de verdad lo haremos bien.. y vuelta a empezar.

    Paulo Coelho en el fondo habría querido llamarse Antonio y ser un desconocido carpintero, para su desgracia tuvo que cargar con el peso de su nombre.

    Nada nos prepara para la desilusión, Ángeles, una vez que algo nos desilusiona es casi imposible recuperar esa magia inicial, ¿verdad? Sospecho que ese personaje, en manos de Saramago, sería mucho más caustico.

    Pensaba decirte que no la conocía, pero la he buscado y sí, la vi hace muchos, muchos años. Añoraba convertirse en mortal para intentar entendernos o algo así, ¿verdad?

  • Beauséant

    Dan calorcito y nos iluminan el camino, Diego Jambrina Merino, al menos lo hacen durante un tiempo, luego llega la oscuridad y el frío, pero al menos te han ayudado a avanzar un poco…

  • elrefugiodelasceta

    Me gusta y con mucho orgullo enarbolo la bandera de la ignorancia de todo aquello que no importa aunque parezca que sí.
    La incultura consciente es una maravilla porque, de reprente, solo importa lo que haces aquí y ahora y nada más que lo que te incumbe forma parte de tu mundo. El resto es ilusión, es manipulación a través de los efluvios de la culpa. “Eres egoista porque solo te preocupas por ti”. No, eso no es egoismo, es responsabilidad. No se puede uno ocupar de los asuntos ajenos si los propios están desbarajustados.
    Me encanta la filosofía de la contraparte platónica. Si todo el mundo la aplicara, otro gallo cantaría.
    Abrazo.

  • Beauséant

    Me alegra verte de nuevo, elrefugiodelasceta, he releído la entrada y puede que pueda pensarse que hay cierta “superioridad intelectual” en lo que he escrito y, claro, nada más lejos de mi intención. Esa persona era feliz, buena gente, con cientos de amigos, de eso de verdad… Simplemente había elegido apearse del mundo, es lo que has descrito tan bien: solo importa lo que haces aquí y ahora y nada más que lo que te incumbe forma parte de tu mundo. El resto es ilusión, es manipulación a través de los efluvios de la culpa., y sí, se puede lograr eso sin caer en el egoísmo, es simplemente saber hasta dónde pueden llegar tus preocupaciones. Gracias por dar esa visión, era de justicia 😉

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