las cosas en las que decidimos creer

¿Recuerdas cuando subíamos por esa carretera con el Renault?
Cuando mi padre invoca esa palabra, Renault, se refiere siempre al mismo coche: un Renault 7, una bestia mitológica que giró dos veces el cuentakilómetros antes de morir en un estertor de humo y aceite. Una máquina fruto de otros tiempos, testaruda e incapaz de rendirse, igual que mi padre.
Miro a mi padre, tan poco dado a la introspección, con curiosidad de entomólogo. Siempre tan práctico, tan a ras de tierra. Atesoro con cariño cada una de esas raras ocasiones en que me deja atisbar a la bestia solitaria que habita bajo su caparazón. Convivir con él siempre ha sido un tipo extraño de soledad, alguien que esta ahí, siempre dispuesto a ayudar, pero del que apenas sabes nada.
A pesar de los años que ya cargan sus hombros vencidos, ha insistido en dejar el coche a un lado de la carretera y recorrer a pie los últimos kilómetros hasta la cima. Desde este pequeño promontorio vemos la carretera que lleva al pueblo convertida en una serpiente plateada que se abre paso entre la bruma del amanecer.
Mi padre mira la misma carretera que yo, pero sus ojos parecen encontrarse en algún lugar del pasado, un lugar que cada vez visita más a menudo y durante más tiempo.

Es extraño, murmura, siempre hay niebla en esta carretera.
Se queda pensativo mirando hacia el pueblo, agazapado y silencioso a la derecha de nuestra posición.
De pequeño pensaba que el pueblo era un lugar mágico, continúa, y que esa niebla nos protegía de toda la maldad del mundo exterior. Que entre esas cuatro casas miserables no podría sucedernos nada malo porque la niebla lo dejaría fuera. Hace una pausa larga. Qué tontería, ¿verdad?, añade y mueve la cabeza, Cuando mataron a mi padre supe que era una mentira, claro. Las tonterías en las que podemos llegar a creer, ¿verdad?
Después de decirlo parece avergonzado y vuelve a encerrarse en su mutismo habitual. Aprieta las mandíbulas y clava la mirada en algún punto del horizonte al que no tengo permiso para acceder.
Sé que no dirá nada más, que la bestia tozuda ha vuelto a la seguridad del caparazón. Paso mi brazo sobre sus hombros. Él no se inmuta, pero tampoco se aparta y, apoyados mutuamente, recorremos en silencio el camino de vuelta hasta el coche.

Related
Discover more from El artista del alambre
Subscribe to get the latest posts sent to your email.
30 Comments
Kansas
Me ha recordado al mío, a mí padre. Qué arte el tuyo 🙂
BDEB
Tú padre me ha recordado a el hombre que un día fue el mío hasta que enfermó mi madre. Después parece que hubieran intercambiado los papeles, perdió esa coraza y ahora es ella quien se esconde.
Esa escena que has descrito, tu brazo sobre esos hombros caídos, me la he imaginado y me ha conmovido.
Son sombra de lo que fueron y ahora es cuando nos necesitan a su lado.
Precioso texto Beauseant y preciosas imágenes.
Un abrazo enorme.
Marisa Alonso Santamaría
Qué bonito, te confieso que me ha encogido el corazón. Mi padre ya murió, pero él hubiera querido seguir viviendo…
Los paisajes son preciosos.
Un abrazo, Beauséant.
Bonsai con Bayoneta
Muy evocador 💛
Beauséant
Muchas gracias, Kansas, me ha hecho gracia lo del arte 🙂 Creo que todos los padres tienen ese algo literario, ¿no te parece? Incluso las vidas más normales, tienen algo que contar.
Creo que conocemos a nuestros padres tarde, BDEB, ¿verdad? Son una presencia tan constante en nuestras vidas que los damos por descontados, no nos tomamos la molestia de llegar a conocerlos realmente hasta que pasan muchos años. En mi caso, hasta marcharme de casa y empezar a verlos desde la distancia… Y, claro, desde esa distancia ves pasar los años y te das cuenta de como cambian los papeles, de como se abruman, de como el tiempo no tiene piedad, ni con ellos ni con lo que somos…
Siento leerlo, Marisa Alonso Santamaría, es duro de afrontarlo en cualquier momento, da igual lo mucho que intentemos prepararnos para ese momento, siempre no pilla por sorpresa.
Gracias, Bonsai con Bayoneta, por eso me gusta escribir, puedes traer cosas de vuelta sin esfuerzo. Es como tener una biblioteca de momentos y poder elegirlos….
Miquel
Una fortuna poder contar con un padre así.
Por mi parte decir que jamás tuve padre, acaso progenitor con derecho a bofetada.
Disfrútalo.
Salut
Diego
Es curioso ver cómo recordamos a nuestro padre. El mío, por su profesión, sólo aparecía en casa durante sus vacaciones, un mes cada año. Entonces quería saberlo todo, pero era difícil confiarse a una persona a quien conocías poco aunque los lazos afectivos eran profundos. También veía sus nieblas cuando subía (subíamos) al Cigarrón, el único monte al que consentía subir. Y yo las veía también. Eran nieblas distintas siendo la misma niebla. Cuántas cosas quedaron por decir…
Pedro M. Martínez
Me ha gustado mucho.
Gabi C S
Quizás no son tan poco dados a la introspección, ni tan apegados a la tierra. Apegarse a la tierra es un condiciknamte para sobrevivir y luego poderdante a la introspección, pero cuando lo que has hecho toda tu vida es apegarse a la tierra, luego no sabes como va eso de introspeccionar. Quizás no saben si lo hacen bien y por eso lo hacen para sus adentros.
Abrazooo
Eva
Mi padre era introvertido y soñador. Le gustaba escribir, como a ti, y lo busqué a través de sus cuentos y poemas, porque era difícil acceder a su mundo. Ya se fue. Padres e hijos son “papeles” tan enormes que impiden que nos acerquemos unos a otros como seres humanos. Hubo algún momento en que rompimos la barrera. Muy pocos.
Precioso texto, Beauseant, emocionante. Gracias
Karen M. Paramio
Muy buenas fotos, como siempre, y estupenda historia. Ese padre, esa niebla, ese sueño de protección. Hay que creer en ello, porque como decía Terry Pratchett, los que creemos esas pequeñas cosas somos los realmente humanos, que también creemos en las grandes mentiras: justicia, compasión, deber…
Feliz adviento.
Alí Reyes
Es inevitable leerte y no pensar en nuestro porpio padre… tengo una foto de él en el último libro de cuentos que escribí donde, de hecho, hay dos cuentos que tienen mucho que ver con él…suspiro… el tiempo va corriendo y me acerca al momento donde lo seguiré por ese pasillo oscuro que conduce a lo eterno. Dios me ayude a tener la entereza que él mantuvo en ese momento.
Caray… de verdad que tus letras me pusieron a pensar… por cierto, si me permites, voy a dejarte acá el libro de cuentos donde hablo de él, es que además de la versión en PDF que está a la venta, también hice una versión en mi blog, me gustaría que la revisaras
https://tigrero-literario.blogspot.com/2024/02/la-balalaika-libro-completo.html
अनत्ता 光 心
Muy hermoso texto, descriptivo y emotivo a la vez.
Mónica Frau
Muy emotivo. Íntimo y enternecedor, nostalgia que invita a ser compartida entre esa niebla que lamentablemente no resultó ser tan protectora. Un abrazo y si le cabe, otro a tu padre ( afortunados son que se tienen)
Citu
Bella historia. Hermoso lugar. Te mando un beso.
tonYerik
La verdad es que ciertas similitudes si que tienen estas personas de mas o menos esa época. Mi relación con el mío fue un tanto extraña. También hermético, sobre todo en relación a la muerte de su padre, nunca mencionó nada y lo poco que sé, acerca de aquello, fueron algunas salpicaduras de mi madre. Claro que el era el mayor de los hermanos y tuvo la mala suerte de ser el que abrió la puerta de los que luego “pasearon” al suyo. Pero sique me lo has recordado por mas de una coincidencia. Excepto que aquí el Renault era un cuatro.
Salgo unos días intentare leerte desde el tele.
Milena
Qué bonitas fotos, qué entrañable relato…
Y qué suerte tener a tu padre, echo mucho de menos al mío!
Mento
Las cosas en qué decidimos creer, esperar o incluso seguir… las personas por las que apostamos a lo largo de la vida. Todo termina siendo un camino en el cual encontrarnos a nosotros mismos… la niebla ambienta, guarda, queda hasta bonita según las escenas, nos recuerdan los fantasmas que ocultan y hasta las maravillas que resguardan.
Beso!!
Frodo
Esta vez la fuerza del texo compite y tal vez supera al impacto de tus siempre geniales fotografías, pero creo que te has superado en la calidad y claridad del mensaje.
Me ha gustado mucho también lo que e has contestado a BDEB, es tal cual lo que me ha sucedido y me sucede a mí.
Muy emocionante.
Yo había planeado un viaje con mi viejo que ni siquiera llegué a proponérselo, cayó la pandemia y él no la pudo superar. Y aquí estamos…. al costado del camino.
Abrazo grande!
Carlos Perrotti
A la larga nos pasa igual que a tu padre. Vemos a través de la memoria y de lo que sabemos, lo que nos ha formado… De ahí que creo que es mejor animarse a lo impensado…
Me encantó. Abrazos y más abrazos!!
Beauséant
Me ha costó mucho esfuerzo reconectar con los progenitores, la verdad, Miquel, y aún no creo haberlo logrado del todo. Empecé a hacerlo al marcharme de aquella casa que me asfixiaba, al poder tener un espacio propio desde el que poder negarme a aceptar ciertas cosas. A veces el tiempo y la distancia son aliados, pero sé que no siempre es posible hacer esa reconexión. No juzgo, no podría hacerlo.
Siempre quedan muchas cosas por decir, Diego, dejamos una pequeña estela de preguntas que no llegaron a hacerse. Mi familia es disfuncional, un pequeño núcleo de extraños que se hablan y un ejército inmenso de personas que no he conocido nunca. Pequeñas rencillas, historias olvidadas… no lo sé. A veces me gustaría entregar algunas de estas historias que escribo a mis padres, pero para qué… creo que ya es tarde para creer en las familias felices.
Pues agradezco mucho esa frase, Pedro M. Martínez, y más viniendo de quién viene, la guardaré con cariño, que lo sepas.
Te ha quedado un poco trabalenguas, Gabi C S, pero creo que te he entendido a la perfección 🙂 Creo que la vida de mis padres, y la de tantos otros, estuvo sujeta a la simple supervivencia. Un poco lo que contaba Diego, hicieron lo posible por sacar una familia adelante y, por el camino, se cargaron esa familia, pero lograron que sobreviese. A veces ese el precio a pagar.
Los papeles que dejamos al partir, ¿verdad?, Eva, esos cajones cerrados que me aterran, de repente descubrir un desconocido… Muchas veces me he preguntado que será de todas esas cosas que escribo, ¿tendré fuerzas para quemarlas? Muchas gracias por tus palabras, por algún motivo me han dado calor.
Hay que aferrarse a esas cosas, Karen M. Paramio, con las uñas con los dientes, con lo que tengamos a mano. Aunque sean mentira, qué importa, cualquier cosa que te ayuda a seguir adelante merece la pena, ¿verdad? Gracias
Perdona, Alí Reyes, creo que se me pasó el libro de relatos, ahora mismo lo descargo, muchas gracias por el enlace. El motivo de escribir estas letras era un poco egoísta, era conocer otras historias, saber que, en el fondo, todos hemos pasado, o pasaremos por ciertos umbrales y, al escribir sobre ello, sentir que so menos oscuros, menos abrumadores….
Mil gracias, अनत्ता 光 心, me alegra leerte.
Cuando dejas de creer en ella, Mónica Frau, es cuando la niebla te atrapa. Luego llegan otras nieblas, que envían a nuestras mentes al exilio… supongo que ahí es donde se complica todo porque nos dejan sin asideros.
Me alegra que te haya gustado, Citu, gracias…
La historia de mi padre es un cuadro de Caravaggio, tonYerik, zonas llenas de oscuridad con breves destellos de luz. Creo que en gran parte es culpa mía. Me gusta escribir, me gusta hacer fotos, debería haberme tomado más en serio la historia familiar, aunque sólo fuese por un motivo egoísta, por tener un proyecto.. pero nunca lo he hecho. Y, claro, la presencia de la guerra, un muro de silencio cayó sobre los que sobrevivieron, ¿verdad? Por vergüenza, por miedo, la culpa del superviviente… Qué pena no hubiese prestado más atención a todas esas historias…
No hay forma de prepararse para eso, supongo, Milena, es un paso que está ahí, siempre imaginamos que lejano, y que cada día se nos acerca un poco más…
Imposible decirlo mejor, Mento, no queda más remedio que confiar, sí, que ingenua me resulta esa pobre palabra, pero es así. No podríamos salir a la calle, no podríamos ser humano si un buen día no decidimos confiar en algo o alguien. A veces se disipa la niebla, y en vez de un muro infranqueable, te encuentras una bonita playa con un chiringuito en plena hora feliz, ¿verdad?
Eso que cuentas es, Frodo, perdona la franqueza, una mierda enorme. Las cosas que dejamos pendientes, que estuvieron a punto, pero llegamos tarde a ellas, como comentaba ahí arriba a tonYerik, el no llegar a tiempo de poner un poco de luz. Es muy complicado convivir con ellos tanto tiempo, convertirte de una niña o un niño hasta un adolescente al lado suyo, y poder ver a tus progenitores con algo de distancia. Demasiadas cosas acumuladas, no hay objetividad posible, creo.
Es una buena filosofía, Carlos Perrotti, atreverse a mirar siempre un poco más adelante, a hacerlo de otra forma, otra mirada, otra perspectiva… Muchas gracias.
Gracias a todos por tantos comentarios, ha resultado un poco abrumador, pero agradezco mucho que han sido tan personales. Son temas de los que apenas hablo en mi “vida real”, pero que están siempre muy presentes. A veces esta distancia impuesta por el teclado, acorta la distancia, digamos, sensorial. Gracias, de verdad.
José A. García
Vamos a decir que “antes” las cosas se hacían “bien”, es decir, “para durar siempre”. Por eso hoy ni siquiera nos queda el amor para toda la vida…
Saludos,
J.
Cabrónidas
Trato de pasar tiempo con mi padre y mi madre, y hablamos mucho. Aun así sé que cuando no estén habrán quedado cosas por decir que ahora no sé cuáles son.
Joselu
El texto que trae es profundamente evocador y combina magistralmente la memoria familiar, la relación padre-hijo y la metáfora del tiempo condensada en un objeto simbólico: el Renault 7.
El coche no es solo un vehículo: es una metáfora del propio padre, de su resistencia obstinada, su terquedad y sus pertenencias a otro tiempo. Cuando el narrador lo llama “una bestia mitológica” que “giró dos veces el cuentakilómetros antes de morir”, está describiendo una forma de dignidad en la persistencia, una especie de heroísmo cotidiano que se da también en el carácter de su progenitor. Frente a la fugacidad moderna, tanto el coche como el padre encarnan un mundo que se mantuvo mientras pudo, a base de voluntad.
El tono del narrador es íntimo y contenido, casi científico —“con curiosidad de entomólogo”—, lo cual sugiere una distancia emocional, una dificultad para acceder al mundo interior del padre. Esa observación clínica se mezcla con ternura: sabe que bajo el corazón del hombre práctico vive “una bestia solitaria”, una criatura herida por los años y por los fantasmas del pasado.
El momento más hondo —y el que da sentido a la excursión y a la niebla— llega cuando el padre, en un arranque excepcional de confesión, recuerda el asesinato de su propio padre, el abuelo del narrador. La niebla que antes aparecía como elemento de misterio y protección se vuelve símbolo de autoengaño: aquello que de niños nos hacía sentir a salvo era solo una ilusión. La frase “cuando mataron a mi padre supe que era una mentira” atraviesa la narración como un golpe seco que quiebra el mito del pueblo, la inocencia y, acaso, la propia fe en la bondad del mundo.
El silencio posterior del padre —ese “punto del horizonte al que no tengo permiso para acceder”— no es simple mutismo, sino una forma de duelo enquistado. El hijo, al pasar el brazo por sus hombros, no rompe el silencio, sino que lo acompaña. Ese gesto final encierra una ternura sin palabras, una comprensión que no necesita explicaciones.
En conjunto, el texto es una meditación sobre la herencia emocional, sobre cómo los hijos heredan tanto los silencios como las palabras no dichas. El Renault 7 y la niebla funcionan como dos símbolos mayores: el primero, de una resistencia material y moral; el segundo, de la fragilidad de las creencias que dan sentido a la infancia, tanto los silencios como las palabras no dichas. El Renault 7 y la niebla funcionan como dos símbolos mayores: el primero, de una resistencia material y moral; el segundo, de la fragilidad de las creencias que dan sentido a la infancia.
Etienne
Es una historia recurrente, la de no haber conectado con nuestros padres no más que a nivel superficial; por un motivo o por otro, a todos nos ha pasado. Y ni que decir la siguiente etapa, de uno como padre tratando de vincularnos con nuestros hijos…
Mi padre era muy reservado, callado y no era de compartir sus sentimientos y lamentablemente, he heredado eso de él ademas de la calvicie.
Me dejé llevar por la atmósfera neblinosa, por el auto voluntarioso (mi papá tenía un Renault 12) y por ese silencio paternal que envuelve y protege.
Salute!!
Toro Salvaje
No tuve buena relación con mi padre.
No nos entendimos nunca.
Murió hace años y últimamente pienso en él y lo voy disculpando de muchas cosas.
Será la edad que me está volviendo más comprensivo.
María
Qué maravilloso instante nos has regalado BEAU! Tú sí q estás hecho una tremenda bestia escribiendo , en el mejor sentido, porsupestísimo ! : ) y estas fotos , casi aéreas ….estos cielos …
Te leo y ¿sabes lo q pienso? ..Lo q daría yo , por volver a caminar junto a mí padre! Lo hacía muchísimo, pero siempre colgada de su brazo, literal ! Me apoyaba en él al caminar y en todo. Siempre tuvimos muy buena sintonía, mucho más q con mi madre. Fui muy muy afortunada, me tocó el mejor padre q nadie pueda desear y te juro q no es pasión de hija. No conozco a nadie q le haya conocido q no le respetara, quisiera y muchos como yo, además le admiraran y no sigo q empiezo a verlo todo vidrioso y no quiero dejar este comentario a medias ….
Qué bonito ese gesto tuyo de pasarle el brazo por su hombro! como si invertíais los papeles y tú pasaras a ser su padre. Dándole ánimos e incluso hasta agradeciéndole su desahogo …Cuando alguien es introvertido , q de pronto se abra es un regalo . Cada uno tiene su forma de querer e incluso a veces, aún queriendo, hay personas q no saben cómo hacerlo. No es fácil ser padre, para algunas personas mucho más complicado q para otras, sobre todo si ellos tampoco tuvieron a nadie q les acompañara, como parece le pasó al tuyo ..Curiosamente al mío tampoco , también mataron a su padre , pero debió ir a clases nocturnas, seguro según era o estaba hecho de una pasta especial … hojaldrada , crujiente, dulce , salada y recién horbeada ; ) Un beso BEAU …ah! y por favor …no dejes de intentarlo, aún le tienes .. a mi se fue demasiado pronto , aprovecha, jo! tú si serías un gran padre , estoy segura, así q a lo mejor te toca serlo con el tuyo ..ale, sigue practicando , tendrás grandes frutos segurísimo , lo importante es q no tires la toalla ; ) Dos besos …uno, para cada uno ; )
Beauséant
Nos hemos acostumbrado, José A. García, a que todo, incluso las relaciones, tengan una fecha de caducidad. Ya no pensamos en conservar las cosas, sólo pensamos en nuestra siguiente adquisición.
Tienes suerte, Cabrónidas, sentir que, al menos, has hecho lo que has podido. Quizás, espero que dentro de mucho, abras un cajón, hables con alguien, y descubras que no lo conocías todo, pero eso es inevitable, nunca llegamos a conocer a las personas, ni tan siquiera a la que vemos cada día en el espejo.
Agradezco muchos el análisis, Joselu, porque, cuando escribo, lo hago a “tirones”. Empiezo con una idea clara de lo que quiero contar y luego, a veces durante meses, voy añadiendo o quitando frases hasta lograr construir algo que, al menos, se aproxime a la idea original… Al leerte, he vuelto sobre los pasos de lo que quería escribir y me alegra mucho saber que las ideas originales han logrado estar presentes en el texto final. Buscaba ese equilibrio entre lo tangible y lo que es imposible de asir (la niebla), entre las cosas que creemos sin motivo, y las que tenemos ante los ojos.
Heredamos muchas cosas, sobre todo silencios, historias llenas de niebla que se nos escurren entre los dedos. Quizás tampoco haga falta decirlo todo, quizás en los gestos, en esos mismos silencios, se encuentren todas las explicaciones.
Lo dicho, muchas gracias por el tiempo dedicado.
Cierto, Etienne, es una historia recurrente, con los padres, con los hijos, con las parejas. El día a día, muchas veces, nos hace olvidar que debemos preguntar, que debemos interesarnos por las pequeñas cosas. No es una queja, claro, no soy una persona fácil en ese sentido, llevo demasiadas cosas dentro que no saco, a veces por no asustar pero, la mayoría, porque entiendo que nadie quiere escuhcarlas…
La distancia siempre ayuda, Toro Salvaje, lo decía ahí arriba, el marcharme de casa fue el primer paso para empezar a disculpar, quizás incluso entender. Muchas veces no hay maldad en ciertos actos que no entendimos en su momento, sólo dos adultos asustados que no sabían cómo tener hijos.
Me alegra que, por fin, alguien en los comentarios hable así de su padre, María. No tengo ninguna duda de que tus recuerdos son reales, me ha encantado eso de estar hecho de otra pasta: hojaldrada , crujiente, dulce , salada y recién horneada. Me parece una descripción mágica de una persona…
A veces parece que existe una especie de carga que pasa de padres a hijos, que nadie es capaz de romper esa cadena y lanzar al mar la carga. Salir de los silencios, pedir disculpas, reconocer los errores… En vez de romper la cadena, la vamos pasando entre generaciones, hijos tristes de padres tristes… Me gusta mucho que no haya sido tu caso, no serías tan luminosa en caso contrario 🙂
Tienes razón, hay que intentarlo, hay que pelear por respetar, por comprender ciertos errores. Entiendo que no siempre es posible, que hay padres que fueron terribles, que no se merecen ni el más mínimo gesto, pero quiero pensar que son una minoría, que la mayoría, simplemente, no supieron o no pudieron hacer las cosas mejor.
Gracias por venir por aquí con una linternita a poner un poco de luz. Un abrazo enorme.
Joiel
Los ojos también son bruma; ocultan lo que solo ellos pueden ver, insinúan un escondite, el incidente. Poseen, cuando son del tiempo, del ayer, la sabiduría de tantas tragedias, contradicciones, felices coincidencias, que pueden ver dos realidades, la que fue, la que cree ser.
Por lo demás, un placer leerte, observar los grises que nos ofreces.
Beauséant
Muchas gracias, Joiel, los ojos son bruma, y en esa bruma es fácil ver cosas diferentes, es verdad. Cada vez que te asomas a esos ojos puedes ver algo diferente, a veces, incluso, son un espejo…