el viaje

Nos prestaron unos mapas rodeados de abismos, borrosos por el paso de los años y manchados de todas las manos que los habían tocado. Señalaron un punto imaginario sobre ellos al que llamaron Norte y nos desearon buena suerte después de pedirnos, no, de exigirnos ir en su búsqueda.

El mundo es tuyo, dijeron antes de partir. No nos falles, añadieron, y sonreían al decirlo aunque no había ninguna sonrisa en esas voces que tañían graves como una amenaza.

Palabras como fallar o fracaso siempre se abrían como abismos antes mis pies. No nos estaba permitido pronunciarlas.

El capitán estaba loco y era incapaz de trazar un rumo, lo descubrimos justo en el momento de partir. Fingimos no verlo, hicimos como si todo fuese normal porque ese Norte imaginario brillaba en nuestros corazones más real que la propia razón.

Nadie quería fallar, nadie quería fracasar. Ese abismo negro abierto en medio de todos nuestros mapas.

Cállate, chico, me escupieron mis compañeros de viaje cuando intenté expresar mis dudas. Casi temblaban de pura rabia. Hemos invertido mucho en este viaje, toda una puñetera vida. Maldita sea, nos nos queda nada, así que no lo estropees. Ese Norte de los mapas es real, debe ser real, ¿entiendes? De lo contrario todas nuestras vidas serían una mentira, ¿eres capaz de entenderlo, chico?, ¿es eso lo que quieres?, ¿vivir en una mentira?

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