el Dios de la luz eléctrica

el Dios de la luz eléctrica

De los numerosos dioses que alguna vez visitaron la aldea el que más conmoción trajo a sus pequeñas vidas fue sin duda el Dios de la Luz Eléctrica. Su venida había sido anunciada con la voz de santos y profetas desde los púlpitos y en forma de palomas mensajeras a través de las gacetas locales.

La noticia había viajado a todos los rincones del valle y el día señalado allí estaban todos, reunidos en un silencio sacro ante la diminuta bombilla que habían instalado en la serrería del pueblo, lugar elegido para la invocación.

A la hora de los milagros el maestro de ceremonias activó un pesado interruptor y la bombilla, tras un parpadeo que hizo saltarse dos latidos en todos los corazones allí presentes, comenzó a relucir como un sol en miniatura atrapado tras el cristal.

Su madre, junto al resto de mujeres, lloraba y se pasaba las manos por la cara mientras repartían abrazos y sonreían sin poder encontrar palabras. Los hombres también observaban emocionados la escena, pero fieles al papel que creían tener en el curso de la historia se limitaban a sonreír y asentir como si de verdad entendiesen algo de todo aquello. Más tarde, al quedarse a solas con aquel prodigio, pulsarían arriba y abajo el interruptor intentando atrapar algo de aquella teúrgia.

Es imposible no comprenderlo. Hasta aquel instante eran criaturas atrapadas en los caprichos de los días: se levantaban al amanecer para arar los campos o luchar con los animales y volvían al anochecer agotados de esa dura pelea contra la naturaleza.

Sentían sus vidas como una guerra que estaban perdiendo de manera irremediable contra fuerzas que no podían entender. Entraban en casas frías y oscuras, se palpaban entre las sombras y suspiraban abrumados mientras no dejaban de traer una prole de hijos a una tierra que parecía incansable en su empeño de exterminarlos.

Aquella diminuta luz era una llamada a la rebelión. Una invitación a soñar con un mundo mejor.

Muchos años más tarde, con su madre convertida en abuela y superado aquel primer milagro, los habitantes de la aldea presenciaron una segunda venida, mucho más modesta, de aquel Dios que se mostraba tan esquivo: había llegado al pueblo la primera lavadora eléctrica, una mole inmensa de metal y madera con dos rodillos en lo alto a la que todo el mundo miraba con suspicacia.

La ropa no salía del todo limpia y hacia un ruido de Apocalipsis al arrancar, pero aquellas asendereadas mujeres con las espaldas y las manos rotas de acarrear kilos de ropa hasta el río helado sintieron que por fin un Dios, tras siglos de la más cruel indiferencia hacia ellas, había decidido pelear de su lado.

13 Replies to “el Dios de la luz eléctrica”

  1. Ando buscando al Dios de la luz eléctrica,
    si tú lo vieras, ¿le podrías hablar de mí?
    Ando buscando al Dios de la luz eléctrica,
    si tú lo vieras, ¿le podrías hablar de mí?
    ♫ ♪ ♪

    José Ignacio Lapido….

  2. jaja gracias por desvelarnos la fuente de tu inspiración … 😉

    Tú lo has mejorado muchísimo … “un sol en miniatura atrapado tras el cristal” perfecta la imagen ¿ recuerdas cómo empieza 2001, Odisea del espacio con los monos? jaja tú, muchísimo mejor;) yo recuerdo ver a mi abuelo merodeando siempre al rededor de la televisión incrédulo sin comprender nunca cómo habían llegado aquellos hombres tan pequeñitos a meterse en la caja que se encendía al enchufarla 😉

    Muchos besos, un placer BEAU !

  3. El dios de la luz eléctrica debió de prevenir esa cláusula que nos haría esclavos tarde o temprano.
    Siempre me dejas pensando durante días escribes increíble

    Me gusta mucho

  4. Esa canción, María, siempre me ha gustado mucho y no pude desaprovechar la ocasión de reconocerlo 🙂

    Lo de mi abuela era con las escaleras mecánicas, siempre nos tocaba buscar un ascensor, y a ser posible sin cristales 🙂 Me hacía gracia, pero la verdad es que lo entendía perfectamente, si lo piensas bien es pura magia.

    Los que cobran son sus adláteres, Toro Salvaje, los dioses no entienden del dinero.

    Luz, pero luz eléctrica, Mucha 😉

    Supongo que lo sabría, Jo, pero a los dioses, los grandes y los pequeños, disfrutan cuando nos ven hacernos esclavos de nuestra propia estupidez..

  5. Por fortuna, la electricidad ha traído grandes cosas buenas. Pero no siempre ganan los que lo necesitan, también es una fuente de negocio y en muchos casos de contaminación.
    Besitos eléctricos (no sé cómo son pero se me acaba de ocurrir)

  6. Por cierto, he recordado también cuando leía esta entrada un capitulo de Mad Men. ahi voy de nuevo. y es que, justamente los masajeadores personales, la centrífuga de la lavadora y demás chunches domésticas “sin querer” viniweron a revolucionar con la luz electrica toda clase de necesidades…

    y otra anécdota.
    Mi abuela se llamaba Luz del Carmen y cada que se iba la luz (muy seguido) en el pueblo donde vivían y nos tocaba estar de vacaciones mi abuelo aprovechaba cuando andaban de la greña o enojada el con el exclamando por toda la casa.

    – Pinche luz! , pinche luz!

    sinceramente yo y siendo muy burda. No se que haríamos sin la pinche luz hoy en dia…

    lol.

  7. Los besitos eléctricos suenan bien, Virginia. Ni idea de como pueden ser, pero seguro que no contaminan ni vienen con tasas 😉

    Los tipos de Mad Men, Jo, se encargaron de vender un montón de trastos que, en el fondo no se necesitaban 🙂 Si miras los catálogos de aquella época verías que parecían más un catálogo de juguetes.

    Entiendo a tu abuela, te acostumbras a algo (a alguien) que hasta hace poco no existía y cuando falta te ofendes en vez de pensar que es lo raro que es tenerlo 😉

  8. … y, sin embargo, yo extraño la tenue luz de las velas que alumbraron mi niñez. Es que la luz artificial nos ha dejado ciegos.
    (Saludos de un aparecido).

  9. La vida es luz y energía, Isaac, o al menos eso sostienen algunos 😉

    Puede ser, Tristancio, el problema es que a veces enfocamos la luz a nuestros ojos para no ver lo que no queremos ver, en vez de enfocarla a la oscuridad…. (un placer verte de nuevo)

  10. Yo recuerdo las bombillas colgando del techo, con esa luz mortecina amarilla…y recuerdo una lavadora azul pequeña que se me antoja de plástico y que sólo daba vueltas. Y mi madre debía vaciarla y volverla a llenar para enjuagar…(a veces pienso que he soñado esas cosas, porque yo era muy pequeña).
    Por favor…la electricidad…qué invento…
    Y yo que soy la mar de ceniza, a veces, me da por pensar que un día de estos daremos un paso hacia atrás y nos tocará vivir como vivían nuestros bisabuelos…y ahí vamos a matarnos todos…con lo bien acostumbrados que estamos…
    Un abrazo!!

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