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salida 56

La periferia es un lugar difuso donde la ciudad pierde su alma y sólo deja como rastro de su presencia las vías de entrada y salida. Carreteras y autopistas con forma de arterias grises que nutren al viejo y podrido corazón de la metrópoli con ruido, con luces… con otras vidas.

El asfalto es un lugar de paso, un simple medio para llegar a un destino. Por la noche desaparece y en su lugar los coches forman líneas de pura luz: estrías blancas para los que regresan a la periferia, estelas rojas para las huidas.

Esas líneas luminosas marcaban el final del barrio, la frontera de nuestra libertad. Lejos de ellas ocurrieron los primeros conciertos, las salidas a la montaña o a los cines con otras personas que tenían otras vidas… Todo un mundo inmenso, desconocido y casi al alcance de nuestros dedos.

Parecía que todo lo que merecía la pena, lo único que de verdad importaba en esos días, pasaba fuera de nuestros barrios, de nuestras casas… de nuestras vidas.

La salida 56 de la autopista era el hito que marcaba la vuelta a aquello de lo que huíamos. Ver ese señal nos hundía en una tristeza pegajosa que nos dejaba callados el resto del viaje porque nos recordaba lo efímero de nuestras escapadas.

Por eso hacíamos planes, los hacíamos todo el tiempo para estar lejos del barrio. Queríamos convertirnos en una de esas estelas rojas y no volver la vista atrás. El tiempo, con su paciencia infinita, acabaría por imponer sus propias reglas sobre nuestros deseos.

Muchos de nosotros nos quedamos aquí, en el barrio donde nos nacieron. Fuimos sin quererlo la fruta que cae cerca del árbol en busca de alguna excusa para justificar lo breve de su escapada. La familia, el trabajo, cierto orgullo de clase… es difícil ponerle nombre a nuestra cobardía.

A veces nos volvemos a ver, encontramos un hueco entre tantas obligaciones de personas adultas y nos juntamos sobre el puente que cruza la autopista para mirar con nostalgia el cartel que indica la salida 56. El final de todos nuestros mapas, el lugar donde quedaron atrapados todos esos sueños que estaban ahí mismo, al alcance de los dedos.

20 Comments

  • Luz

    Qué maravilla, qué manera de retratar la sensibilidad con la realidad. Son tantas las impresiones que se reciben que es difícil explicarlas.
    Yo al menos no puedo. Y sabes, lo haces como si fuera fácil, con una naturalidad pasmosa.
    Fascinante.

  • Vita

    “Muchos de nosotros nos quedamos aquí, en el barrio donde nos nacieron (…) es difícil ponerle nombre a nuestra cobardía”. No sé… Quzás también haya algo de cobardía en las personas que se marcharon. A veces las huídas físicas pueden esconder permanencias mentales. Bonito e inspirador texto.

  • Alma

    Te he leído un par de veces, porque ya sabes lo que me producen tus textos… y esta vez me quedé, sobre todo, en ese final.
    “… es difícil ponerle nombre a nuestra cobardía.” …me quedo pensando y me produce la misma sensación contradictoria que el suicidio te diría. ¿Es realmente cobardía permanecer? ¿se necesita coraje para marcharse? ¿o también podría ser al revés? Te lo pregunto y me lo pregunto… yo que me fui no podría darte una respuesta que no esté teñida de dudas.

    Un beso.
    (PS: porque mi asociación de ideas a veces es tremenda… y a modo de casualidad, esto lo registré la semana pasada: https://soundcloud.com/alma-baires/promete …)

  • Beauséant

    La maravilla, LUZ, es empezar una semana, que no parece gran cosa, con esas palabras.. has dado luz, perdona la redundancia a un día bastante gris. He sido yo quién se ha quedado sin palabras esta vez.. Gracias.

    Tienes razón, VITA y veo que ALMA ha ido por el mismo sitio. Cuando escribo lo hago con la sensación del momento, si lo escribiese dentro de un año, quizás diría una cosa distinta. Y es verdad, irse y marcharse no dejan de ser casi el mismo acto en direcciones opuestas.. quizás el quedarse, el intentar pelear con lo que uno tiene sea más valiente… No tengo una respuesta ahora mismo para eso, así que gracias por señalarlo, me ha dado que pensar.

    Te he escuchado dos veces, me encanta el tono y la música de fondo, y he visto la referencia, desde dos sitios diferentes hemos llegado casi al mismo punto, ¿verdad?…. te digo que siempre hay un motivo para marcharse como para prevalecer…

    MUCHA, eso es lo más bonito que he escuchado en mucho tiempo, quizás demasiado 🙂 Gracias de corazon.

  • Toro Salvaje

    Yo salí de mi periferia y total para qué…
    Cuando puedo cojo la bici y vuelvo allí, saludo a los árboles que hacían de portería en mis partidillos de fútbol, los toco y les doy las gracias.
    Ahora están enormes.
    Alli también encuentro muchos recuerdos.
    Y pocos vecinos conocidos.
    Ahora hay gente de otros mundos creando sus propios recuerdos para cuando vuelvan alguna vez.

    Me ha encantado lo que has escrito.

    Saludos.

  • krudo

    Excelente texto, me hiciste recordar esos tiempos con mis amigos, aquellos que pensábamos que cada 8 días íbamos a estar compartiendo el trago y la charla, pero no fue así, poco a poco nos fuimos yendo al interior de la república, es extraño pero se recuerda todavía aquellas charlas, aquellas vivencias, vivíamos en la ciudad más importante del país y ahora estamos regados esos 4 vagabundos.

    Recibe un fuerte abrazo de esos que te hacen relucir el Código postal.

  • Ses

    Qué extraño, yo siempre pienso en la periferia como en un pulmón de oxígeno, tal vez porque vivo cerca de Barcelona, pero con el poder del mar y de los bosques.

  • Javier

    Me gusta, y me gusta el tono melancólico. Es curioso cómo nos podemos identificar gente de entornos tan diferentes, los de pueblo siempre miramos a la ciudad con esa cierta idealización, sobre todo de jóvenes, como si nosotros fuéramos un poco una periferia enorme. Y sin embargo en la ciudad cabe de todo, es como un microuniverso, también a veces se puede hacer pequeño. Buen texto.

    PD: perdona el off topic pero por casualidad, ¿has leído hace poco ‘Feria’? (por un comentario que me dejaste, me puede la curiosidad).

    ¡Saludos!

  • Beauséant

    Quizás tengas razón, TORO SALVAJE, yo a veces vuelvo a ese lugar del que hablas y, bueno, digamos que no encuentro lo mismo que tú. No tengo grandes recuerdos en esos años, tengo zonas bloqueadas.. debería volver a esos sitios con tus ojos, así seguro que saldría algo de recordar.

    Muchas gracias, MANUEA, Manuela, ¿verdad?

    Había una viñeta de Mafalda, KRUDO, que hablaba de eso mismo. De como todas esas cosas que pensabas que estarían ahí para siempre se fueron perdiendo. No en grandes tragedias, simplemente diluidas en el día a día… me gustan las descripciones de tus abrazos, dan para microcuento.

    Creo que depende mucho de la zona, SES, en algunos sitos se ha intentado cuidar y convertir en una vía de escape agradable y en otras pues es una especie de desagüe de la ciudad donde van a caer todas las cosas que no caben en la ciudad… Con mar ya es otra cosa, eso seguro 🙂

    Gracias a ti, ANNA, un placer.

    La melancolía aquí es casi marca de la casa, JAVIER 🙂 Creo que sí que de jóvenes se tiende a idealizar la ciudad porque, como dices, es un lugar enorme donde parece caber de todo. Luego con los años te das cuenta que es verdad, que cabe de todo, de lo bueno y de lo malo y, muchas veces, intentas volver a un pueblo que tienes idealizado y que tampoco era para tanto… Ya ves que lo mío es no estar a gusto en parte alguna…
    No, no he leído feria.. Ahora la curiosidad es mia, ¿por qué motivo y en qué comentario?.. Reconozco que no lo sólo no lo he leído, tampoco lo conozco… ¿Es el de Ana Iris?, tiene buena pinta.

    Gracias, ÁNGELES, era un texto a la espera de una foto… Y sí, Toro Salvaje aporta valor añadido a los textos, ¿verdad?

  • Paloma

    Yo también nací y pasé mi infancia en un barrio periférico. Me fui de adolescente, no lo echo de menos pero tampoco reniego de él. Tengo buenos recuerdos de los juegos en la calle, de mis compis del colegio, en general lo recuerdo con cariño.
    Quién sabe si hubiera sido más feliz de haberme quedado o menos o distinto.
    En el fondo el sitio no importa tanto aunque creamos que sí y estemos siempre tratando de mejorar.
    El texto es muy bueno y las fotos espectaculares.

  • Javier

    Hola. El comentario en cuestión lo dejaste en mi última entrada. Me sorprendió bastante ya que en el libro aparece exactamente esa misma frase. Una gran coincidencia. Está interesante si tienes ocasión de leerlo.

    Saludos.

  • Beauséant

    Es una buena conclusión, PALOMA, algunas peronas como yo vemos en el movimiento una virtud, casi una necesidad. El buscar algo, el moverse, es para mi una forma de afrontar la vida, pero es verdad que el sitio tampoco importa tanto, se pueden hacer muchas cosas sin moverse a la otra esquina del mundo…. Muchas gracias.

    Pues es extraño, JAVIER, lo mismo he usado una referencia en común con la autora del libro, porque ese libro seguro que no lo he leído… lo pongo en la lista de libros de pendientes porque ya tengo curiosidad 🙂

  • Beauséant

    Es verdad, no recordaba esa película, la vi hace siglos y, sí, recuerdo que me dejó una sensación extraña en el cuerpo al verla, quizás me identifiqué con ella 🙂 Muchas gracias!!

  • Maria

    No Tienes nueva entrada.. Aai que Hoy me quedo en esta que no la había visto.

    Es verdad que nos quedamos en el recuerdo de aquel barrio donde vivimos nuestra niñez. Atrapados en el recuerdo. En aquella casa donde recuerdo con tanto cariño a mis padres y hermanos. Se me saltan las lágrimas recordándolo. Me entra nostalgia del pasado. No puedo evitarlo.

    Gracias por esta entrada.

    Un placer leerte.

    Besos.

  • Beauséant

    Esta semana no he podido 🙂 ha sido una semana de esas que todo sale deprisa y mal.. no quería subir una entrada así, este sitio es un sitio sin ruidos ni prisas, ya sabes.

    Me gusta la nostalgia, me da miedo quedarme en ella, pero me gusta volver de vez en cuando a esas cosas que, quizás, recuerdo de una manera un poco falsa, pero qué más da.

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